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Crónica de una endemoniada ausencia

Modelo de bloguero después de tres semanas chupando banquillo

Modelo de bloguero después de tres semanas chupando banquillo

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Supones que esa ausencia tuya tantos días es fruto del desorden. Nunca has sentido tanto caos y disparate, interno y externo, en el mundo que ves por tu ventana y en ese trajín de célúlas más bien puñeteras ellas, que desde hace tres años bailan la conga por distintas zonas de tus entresijos. Nunca.

Fue desatar su ira desmesurada el verano 2015 y empezar a presagiar una serie de sucesos que te harían ver a la vida como algo cada vez más raro. Santo cielo, pero en qué se ha convertido este tiempo. Y todo sin que las trompetas del Apocalipsis anunciaran elecciones del Frente Popular, ni incendio del Expreso de Andalucía, ni la Mano Negra, ni la resurrección de Franco ni otra jaimitada más de Artur Mas para sorprender al pueblo estupefacto. A estos y otros iluminados se les dio la mano y se tomaron hasta el codo. Generosidad de esta democracia que nos hemos dado: el margen de credibilidad en la utopía que tan alegremente se concede a los visionarios.

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Durante días y días tu costumbre de vivir informado te trajo de acá para allá como un potro desbocado. Nombres como los de Grecia, Tsiripas, Varoufakis, Grexit, la Troika, enésimo Rescate griego, Angela Mékel, duodécimo segundo tocamiento cojonero del gobierno heleno, ahí te las den, Europa, se agolpaban en los titulares junto con los de otros héroes de nuestro tiempo: Casillas, Florentino Pérez, De Gea, Van Gall, Pedrito, otro Casilla, Keylor Navas – ¿pero hay algo más que el fútbol?- y, sobre todo, el de ese titán llamado Ramos, Sergio Ramos. ¿Se iba del Madrid? ¿Se quedaba en el Madrid?

Cada día de esta nefasta serie canicular era un desayuno de lisergia, confetis tontos o noticias macabras, guerras incansables, incendios devastadores, asesinatos siniestros como los que cuando eras niño voceaban en El Caso, tanta modernidad para esto. Lo que no era feo, intrascendente, estulto, repetitivo, frívolo, canalla, desalentador –la realidad virtual que nos cocinan a su gusto los medios- era casi peor, pues enseñaba la patita traidora de la realidad misma. Por la que se filtraba como una verdad a secas tu cáncer en su esplendor. Cada minuto tuyo era un acorde de la marcha patibularia con la que comienza el último tiempo de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

Qué acojone.

Pasabas casi todo el día medio drogado, te expresaba mal, te movías peor, recomponías tu visión del mundo después de un rato sobre las noticias y al final te sentías parte de una orgía siniestra que pintaba Francis Bacon. Además, calvo y desarbolado de rumbo alguno, sentías en el agosto más caluroso de los que hay noticia, auténtico frío. Del alma también quizás, pero desde luego del cuerpo.

Menos mal que la gilipollez de vez en cuando entretiene, despabila y te vuelve a enganchar a la realidad.

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Porque, entretanto, todas estas cosas pasaban mientras tú tratabas de reaccionar y literalmente no podías.

Un empleado de le Ayuntamiento de Barcelona malguardó un busto del Rey Juan Carlos y, luz y taquígrafos delante, en una especie de caja de Galletas Loste para retirarlo de la circulación con ostentación, ordinariez y alevosía. Como si a Barcelona, Cataluña, España, la Unión Europea y el orden mundial dependieran de ese rasgo de oportunidad política de la impar Ada Coláu. Siguieron numerosos testimonios iconoclastas, no siempre respetuosos con el carácter regenerador e impecablemente democrático que inspira a la memoria histórica.

-Que no se nos tache de demagogos, un respeto –advirtieron.

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Los nuevos regeneracionistas, probablemente a falta de mejores iniciativas, arramblaron con lo que les pareció.

– Ese de esa calle era un estraperlista de tabaco, enemigo del pueblo, que lo se yo-dijeron- Fuera calle y que se la dediquen a Dióscuro Tazones, que además de activista agrario era muy buen capador, y si capabas tres machos, uno de los testículos del tercer guarro te salía gratis.

Con tantos años de historia en cantidad de pueblos, comunidades, ciudades, aparecían efigies de supuestos viejos ilustres a los que había que ir poniendo en su sitio. Que era muchas veces fuera de su sitio.

En la Asociación de Activistas Podemitas o Así habían hecho un concienzudo registro de Reyes Godos, sacando como primera conclusión la de que había muchos, demasiados, quizás, y que aunque no tuvieran que ver con las monarquías que propiciaron la degeneración de Europa, que les sonaba más, reyes fueron. Un error en la ortografía fue el causante de que el rey Recadero fuera considerado bueno, pues al menos hacía recados gratis, sin que hasta el siglo XXI un Secretario General del Ayuntaminento reparase en que el verdadero rey supuestamente beneficioso para el pueblo no se llamaba Recadero, sino Recaredo. No obstante se salvó, porque el picapedrero que tenía que degradar al monarca godo desapareció envuelto en las brumas de la leyenda, y esa dualidad rey feudal / rey que hacía favores y recados le daba cierto perfume épico a la historia del nuevo régimen. Un poco lioso, pero conveniente al cabo para el momento germinal que se abría en el horizonte.

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Entretanto, en algunos lejanos pagos de las antiguas Españas, el CONSEJO ASESOR SUPREMO DE NECEDADES PODEMOS dio con otro rey godo llamado Wamba, contra el que no se encontró más cargo que haberse dejado narcotizar, tonsurar, vestir de monje y renunciar a la corona. A eso se añade en el expediente que el Auditor recordaba haber tomado de niño unos bollos rellenos de crema popularmente conocidos como wambas, mérito no identificable en muchas dinastías, y que justificaba la indulgencia de la memoria oficial, pues a qué pueblo verdaderamente sano no le iban a gustar las wambas de crema.

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En la España de dispàrate infernal de 2015 cabía casi todo. Un asesor más refinado quiso enchironar en las buhardillas municipales al rey Favila, pero cuando se enteró de que al monarca astur se lo comió un oso –despabila, Favila, que viene el oso- y de que Favila no era Fabiola de Bélgica, que salía mucho en el HOLA y esa sí era rea de lesa dignidad democrática, tuvo que rebobinar y replantear el asunto. Para compensar propuso impulsar la gastronomía del antiguo reino astur y reforzar el hecho identitario inventando él mismo la fabada Favila, en la que se sustituía al tradicional compango por carne de oso, menos grasienta y más sana que la del cerdo, pero los conservacionistas del plantígrado armaron la de Dios es Cristo, las glorias de nuestros fogones y los gastrónomos amenazaron con más programas de TV, radio y literatura sobre el buen yantar, los hermanos Ansón anunciaron causa general para una nueva cruzada ideológica y hasta la alcaldesa de Madrid no pudo reprimir su disgusto en público.

Es que me acuerdo de mi teddy- dijo reprimiendo con cierto rubor sus pucheritos de niña buena-El que mató a Favila no se cómo se llamaba, pero al mío le llamaba Trotskín.

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Crees recordar que este momento estelar para la historia de la humanidad ocurrió en lo peor de tu crisis. Pero no hizo falta tomar medidas más severas con el asesor audaz, porque en ese momento los biólogos del Ayuntamiento de Madrid declararon superpoblación y peligro de epidemia entre las tortugas de la Estufa de la Estación de Atocha. Y al infatigable reformista le nombraron Director del Programa Salvemos nuestras Tortugas con prohibición expresa de que volviera a mencionar a los reyes godos, incluso a los Magos, a Favila, a la fabada y, por si acaso, hasta al mismísimo Balloo.

Aún de vez en cuando enreda, y sale en las tertulias empeñado en borrar de los registros al Héroe de Cascorro. Las cosas.

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El exceso de información, los fenómenos revisionistas, o el cómo dar otra vuelta de tuerca más para crear un nuevo problema donde se atisbe solución alguna, fueron llenando los días más extraños de tu vida. Estás convencido –toquemos madera- de que aquella noche, hará unas dos semanas, el cáncer y las diferentes divisiones militares que te ayudan en la batalla te habían machacado. Al margen de la cantidad de majaderías innecesarias que escuchaste consciente o inconscientemente –en el pecado llevas la penitencia, por creer que vivir es estar informado- no puedes hacer la cuenta del número de píldoras, fármacos, parches de morfina, analgésicos, heméticos, laxantes, corticoides, antiinflamatorios, jarabes, inhibidores y otros elementos que componían tu dieta. Imaginabas que eras el balón de juguete de un bazar chino, que un niño rabioso agitaba, pateaba y acababa destripando. Y que te descomoponías en millones de partículas luminiscentes que se elevaban al cielo de la noche convertidos en una sopa de tapioca cósmica bastante asquerosita.

Desmayado sobre la cama a cualquier hora, con un ojo abierto pendiente de un crucifijo que un peregrino amigo pasó por el Camino de Santiago y el otro intentando pillar cacho en la vida que aún controlabas, caíste apresado en esa gelatina indescriptible que llamamos pesadilla, compuesta de ficción, claro, pero también de hechos reales. El telón de fondo ya está descrito, la sensación de caos. Lo novedoso es que desde hacía un par de días notabas cómo tu brazo derecho iba perdiendo fuerzas, al punto de hacerte ingrato hasta el movimiento de cepillado de dientes. Lo que al final terminaba de angustiarte era que tu amigo el marqués de Betanzos entraba en el sueño para interesarse por tu salud, cosa muy de agradecer, y para pedirte por favor que, dado que ibas a ir por Asturias, si no te importaba, le ayudaras a despachar un asunto familiar algo engorroso.

-Mira te dijo- es que los Betanzos, vistas las circunstancias hemos decidido desprendernos de dos iglesias que tenemos en Galicia. Así que si no te importa te doy las llaves, te acercas por allí, te haces cargo de ellas y ya hablaremos.

No fue más explícito, cuando como jurista lo es con largueza. No te explicó si debería dirigirme al ordinario del lugar -tampoco dijo de qué lugar se trataba-, a Patrimonio Eclesiástico o a la junta provincial de Podemos. No me dio tiempo ni a preguntar si tendría que hacerme cargo de las mudanzas y si necesitaba auditoría de la recaudación en cepillos ni inventario de todas las imágenes, muebles, obras de arte, cerería y demás equipamiento. Sólo sabes que en ese momento recuperaste el movimiento del brazo como antes de precipitarte en el siniestro abismo de este verano.

Seguramente era porque las noticias alumbraban el gran momento esperado: el heroico Sergio Ramos y el inmarcesible Florentino Pérez confirmaban que el futbolista no se irá del Madrid por la módica cantidad de nueve millones y medio de euros por temporada. Lo demás son tonterías.

Pero eso no era todo. El frío congelador que te dejó en la cabeza la última radioterapia se acababa, porque tu generosa hermana Paloma te había fabricado en un pispás un gorro de punto que, aparte del calorcito, te transmiten, como se puede observar, la elegante apostura del clásico refugiado albanokosovar.

Por lo demás, marchando una de bravas.

Con el mazo dando, aunque cueste

Esperando con tu nieto que salte la rana. Manera tropecientos doce de dar con el mazo para superar el verano...

Esperando con tu nieto Luis a que salte la rana: manera tropecientos doce de dar con el mazo tras rogar a Dios que pase este verano…

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Se te ocurre destacar con cierta ilusión que a las seis de la mañana de este 31 de julio de 205, el saliente de Madrid se presentaba nimbado de nubes grises. Te asomaste, te acodaste en el balcón. Parece mentira, pero lucía bonito, contraluz de ciudad elegante. Temperaturas presentables. Era como si el azote africano de este verano hubiera relajado su intransigencia.

Aspiraste profundamente la última reserva del viento de la noche.

Al atardecer anterior, por ese cerro goyesco hoy llamado Parque de San Isidro que raramente frecuenta la beautiful people madrileña, saliste a dar un paseo con tu amiga Begoña por no perder contacto con la realidad. Era el tuyo un andar cauteloso, entreverado de dolores de espalda, de pasos algo torpes, de conversaciones que esbozabas en dos pinceladas y se te quedaban interruptas, porque estás y no estás, a veces te aúpa una arcada, a ratos te plancha el parche de morfina. Llevabas un jipijapa para proteger tu calvicie de los últimos rayos solares, que al parecer acentúan los efectos de tu última radioterapia. Averías del cuerpo por todos los frentes. Estabas contando algo y de repente la frase se te encasquilla para recordarte que hasta hace e bien poco no estabas tan agilipollado…

Debe de ser también cosas de la edad. El caso es que te sientes privilegiado por no ser ministro, ni premio Nobel, ni Florentino Pérez, ni Villar Mir, ni comunicador, ni Ada Colau, Te felicitas por ser un completo irresponsable. Un turista antiguo con bastón y sombrero de paja que vadea el verano con la curiosidad de saber si a pesar de las contrarieades conseguirá conectar con la alegría que esta estación inspira en las multitudes. Y basta.

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Tratas de observar, anotar y dar fe de vida de esta otra clase de verano por la que transitas ahora. Tienes amigos, parientes y conocidos más o menos tocados. Amigos de los que hace meses, o incluso años, sin saber nada, te mandan un correo para darte ánimos: Alfredo G. Maté, compañero de mili, también ex maratoniano y superviviente de un cáncer, Carlos Luqui, un navarro compañero de coro, que te envía oraciones y recuerdos, como Tina, como Cristina Palau, o Inés, o Rosario o Belén Agosti o como Pembertom y muchos otros a los que se te olvida agradecérselo, por tu tradicional desorden mental…

Sales a la calle poco, a por el pan o a por el melón, y siempre se te van los ojos detrás de la sombra de una chica en flor. Tú inasequible al desaliento, sacando pecho, que es como menos te castiga la espalda.Tienes que caminar como un major del ejército inglés en La India.

Algunos de tos amigos con suerte están navegando, o en grandes viajes, o en un grato retiro. Otros, anclados en casa por culpas de fracturas-tu nuera Sofía o tu amigo Javier A.V., o Temari –¡ay lo que ata la falta de movilidad!- Manuel Gasset lleva hospitalizado más de dos meses a causa de un páncreas que es como una hidra de mil cabezas y se resiste a dejar de combatir. Finalmente, unida por lazos aún más estrechos y también en el club de los tocados por el cáncer, esta noche tu querida cuñada Belén, las más sensible y finamente humorada de todas ellas- con la que hace un par de días mantenías una larga conversación sobre el arte de sobrevivir con sentido del thumor , ha sido afectada por un derrame cerebral. Te preguntas cómo con la gestión de lo que lleva encima al Señor le dará tanto para tanto tajo.

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Terapia de evasión por el recuerdo. Veraneo de Arenas de San Pedro, tal día como hoy, podías estar jugando al clavo en el jardincillo del Hotel Lourdes mientras por la cuesta que asciende desde el pueblo renqueaba el autobús de Gredos Auto y los cuatro amiguetes jugábamos a adivinar por el ronquido del motor y el ritmo de los cambios el modelo de que se trataba.

-Ea el Chato.

-Es el Ford

-Es el que va por Talavera.

Luego, por la tarde, caminata al Charco Verde con amigas y hermanas mayores y baño con bocata de pimientos fritos para regresar cantando. Planazo.

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Veraneo en la playa de Somo, cinco años más tarde. Llovería, o caería sirimiri, orvallo, orbayo (de ambas formas lo has visto escrito en Asturias), calabobos…Daba igual, ¿para qué bañarse cuando entonces erais dueños de tanto verano? Salíais del Puntal y caminábais hasta Loredo chapoteando entre los charcos que hollaba la marea mientras buscabais tesoros que arrojaba el mar: juguetes, objetos perdidos, navajas olvidadas por los pocos bañista de entonces, pelotas. Y, sobre todo, aquellas bolas de vidrio que se escapaban de las redes de pesca y que daban a cualquier rincón marinero un toque de Zubiaurre.

A Dios   rogando y con el mazo dando. Aprovechas que hoy te asisten las fuerzas para volver a la casa de Candeleda. Se comenta que el joven Luis ha echado dos o tres pasos seguidos, y ha descubierto un par de ranas alrededor de la fuentecica que le tienen loco. Y habrá luna gorda, no sabes si llena o azul. Será la última pastilla que te administres este día para seguir pactando con la buena voluntad de vencer el dichoso verano.

Tratando de volver al mundo

Este mundo tan disparatado te ha dejado tan calvo como a Varoufakis, aunque no tan perjudicado...

Este mundo tan disparatado te ha dejado tan calvo como a Varoufakis, aunque no tan perjudicado…

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Entre la sopa en que nos baña este cruel verano africano y los puñeteros pellizcos de tu enfermedad has decidido hacer como los reptiles, pero al contrario. En lugar de retirarte de la circulación e hibernar, te has plegado en un rincón de tu palomar a 25 grados y has desconectado para pasar como se pueda esta travesía del desierto. El verano es para la edad irresponsable. Desde que no te quedó más remedio que ser mayor sueñas que, cuando llega el sartenazo, sacas una enorme tijera y recortas del calendario hasta el otoño como mínimo. A hacer puñetas el verano, al menos a partir de los treinta grados. La gente ama el verano, quizás porque todos hemos sido felices chapoteando en el mar, en el río o en una piscina, o chicoleando con una niña bonita. No se lo puede amar cuando asomas la cara y un tirano invisible se te echa al cuello para ahogarte. Santo cielo, qué está haciendo la humanidad con su clima: que te paren el mundo, que te bajas.

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En este ambiente tan delicioso arrecia tu enfermedad y esa atmósfera te convierte en un arpegio suelto que hace funambulismo por el pentagrama de la realidad sin saber si tocas pie o no. Como ciudadano de tu tiempo, tratas de comprender el mundo que te rodea, lees los periódicos, ves la tele, escuchas la radio. Como campo de batalla en el que tienes que luchar contra varios frentes, has de estar pendiente de pulmón, bazo, hígado, columna vertebral, uréter derecho y últimamente diecisiete pequeñas lesiones en el cráneo que, ahora que lo piensas, tal vez sean la causa de los disparates que alimentaron durante tantos años tu carro de títeres. Ahora, por primera vez en tu vida, te envuelven en una película de morfina para aliviar los dolores, y te alivian, pero también te duermen, y en ese estado de semiinconsciencia vas registrando de forma imprecisa los grandes asuntos de actualidad, que cobran protagonismo y se dan el relevo cada dos o tres días.

Recuerdas que al inicio de tu última crisis Sergio Ramos copaba la actualidad. El héroe tratado como un villano. De repente tomaron el relevo De Gea y Casillas, pero también Casilla,y Keylor Navas, como si a estas alturas de la historia del fútbol se hubiera descubierto que sólo se juega con porteros. De vez en cuando volvía a piar Ramos, provocando un nuevo cisma en el madridismo. Lo listo que dicen que es Florentino Pérez y los destrozos que puede hacer disparando con pólvora del rey. Saltó la ola de calor, como también la historia interminable de Grecia, Grexit, Tsipras, Varoufakis el enésimo rescate y el duelo entre los arruinados y los epulones avaros del Eurogrupo. Cuando parecía amainar la tormenta económica llamaba a la puerta otra ola de calor aún más severa. Cuando esta pasaba, Tsipras se ponía flamenco y acojonaba a la zona Euro con un referéndum. Anunciaban otra vez que subía la tensión y se disparaba la temperatura y finalmente tú, que intentabas escribir un post y caías abatido por el sopor ya no sabías si el mundo gravitaba sobre Casillas y los porteros/competencia que le amargaban la vida, sobre Ramos, sobre Grecia y su circunstancia, sobre la Europa herida, sobre las olas de calor o sobre Pablo Iglesias, que ya exige retrasar aviones y empieza a ponerse demasiado estupendo.

Tú lo percibes todo medio dormido. Se te empezaba a caer el pelo a raudales –otra vez- y aprovechando que ahora queda más progre y más moderna la llamada calva varoufakiana , te vas a la peluquería del Corte Inglés y pides que te rapen al 1 . Qué lío, qué locura. Finalmente, y esperemos que sea la última, Tsipras se envaina su arrogancia y la cosa se calma hasta que el mundo mundial vuelva a reventársenos por alguna otra costura.

Por què los medios no dejan de fermentar esta actualidad tan machacona. Tú no tienes apenas aliento para subir un nuevo post, y de vez en cuando algunas de tus buenas amigas te lo recuerdan amablemente. Caes en tu sopor diario y eliges para tu ejercicio de funambulismo el canal del National Geographic. Te duermes contemplando las vidas de unas ardillas y unas focas siberianas. Gracias a Dios siempre hay otros mundos, y están en este.

Carpe minutum

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo...

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo…

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Cruzas el pinarcillo que se extiende a los pies de tu balcón y pasas junto a cuatro cacatúas verdes de esas que invadieron Madrid. Ahora picotean hierbas y gusanillos como si como si esta fuera su tierra de toda la vida. Ni se inmutan al verte. Recuerdas al tío Augusto, naturalista y ornitólogo, subdirector del Museo de Ciencias Naturales, muerto en Madrid el día de San Isidro de 1946 de un derrame cerebral. Más que recordarlo, lo imaginas, puesto que aunque llegara a tenerte en sus brazos, no sabes de él más que lo que te contaba tu madre, tus hermanas y tus primos mayores, las fotos familiares, sus libros antiguos, con preciosas láminas de animales que aliviaban tus largas estancias en la cama por frecuentes anginas, sus papeles, sus publicaciones. Se sorprendería al comprobar que un ave tropical se ha aclimatado a tu pueblo. ¿Estaría a favor del respeto a las cacatúas, o abogaría por combatirlas, como proponen ahora?

Hay dilemas éticos para cualquier cosa.

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Paseas luego por Madrid Río muy bien acompañado por dos damas y te fijas en unos galápagos que toman en el sol en un espigón del estanquito que es por ahí el Manzanares. Te preguntas si Darwin podría adivinar su edad de un vistazo. Cuando tú cogías galápagos como esos en el Tiétar, los quelonios se defendían tirándose unos pedos absolutamente disuasorios. Puaf, qué hedor. Por una simple regla de tres argumental, te imaginas al autor de la teoría del evolucionismo saludando a los gigantescos ejemplares de la Isla de los Galápagos –alguno de ellos sobrevivió hasta hace pocos años- con una pinza en las narices. Buena caricatura para el Punch.

Duda añadida: ¿serán las ventosidades de estos fabulosos reptiles tan culpables como dicen que son del calentamiento global los meteorismos de las vacas? Hay cada teoría…

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Por la tarde, tras la siesta butaquera (no pijamera), que es la que te gusta, te pones el ordenador sobre la rodilla y con la espalda protegida por el mullido respaldo tratas de sacar adelante un post que te atormenta desde el viernes pasado. Se te ha encasquillado. Tu compromiso con elduendedelaradio te reconcome como si fueras un criminal inconfeso. Tantos días sin dar señales de vida…¿A dónde vamos a llegar?

El post que tenías en la cabeza se hubiera podido titular: ¿Para qué nos sirve Europa? O así. E n la jornada de reflexión ante las Elecciones Europeas querías reflejar lo que supuso el sueño de Europa para tu generación. Europa como ungüento para curar definitivamente las heridas de la Segunda Guerra Mundial. El espejismo que nos trajo la Unión Europea con su maná de fondos y subvenciones, dinero que la picaresca nacional ordeñó a conciencia. La decepción cuando se pinchó el globo y se estrechó el cuerno de la abundancia. El escepticismo y el desinterés por la política europea, contagiada por la fobia que todo lo político despierta tras la crisis. ¿Para qué sirve Europa?, se pregunta el abstencionista que pasó de urnas el domingo después de haber mamado lo suyo, como casi todos.

-No seas tonto, papá- responde el hijo de papá rico que ha pasado a ser papá indignado- Si no hubiera Europa no habría Champions, y si no hubiera Champions…¿qué sería del próximo sueño de Florentino?…

El chaval sospecha que, consagrado definitivamente el presidente del Real Madrid como ser superior y Sergio Ramos como hijo en quien el padre tiene todas sus complacencias, no habrá dios que le niegue a Florentino una pequeña recalificación más. Por ejemplo, ampliar el Bernabéu hasta la Plaza de Castilla, o levantar unas Torres Florentonas en el Retiro para ningunear a las famosas Petronas. En fin cualquier detallito para recordarnos que debemos estar orgullosos de que Madrid sea la capital mundial del fútbol, que quien manda, manda, y que se acabó la miseria. Afortunadamente el papá indignado es propietario de una proveedora de perfiles metálicos a la constructora de Florentino, de modo que a él también le volverá a sonreír Europa.

-Tienes razón, hijo –concluye el abstencionista arrepentido dando un cachetito cariñoso a su hijo- Si no hubiera Europa ya no podríamos aspirar a la undécima…

Larga vida pues a esta Europa que parece resbalarnos.

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Pierde la final de la Champions tu Atlético de Madrid, te duele Europa (no tanto como la derrota de tu equipo), sigues anotando observaciones inútiles con las que otra veces eres capaz de añadir algo nuevo a tu blog. Sin embargo el post que iniciaste el viernes no avanza. Definitivamente se te ha atragantado. ¿Por qué? Porque vives sin vivir en ti. Va hacer casi dos semanas que terminaron las pruebas previas a tu nueva ración de radioterapia en la Dorsal 7.

-Ya le llamaremos –te dijeron en el hospital

Y sin embargo no te llaman. Revives la misma inquietud del candidato a un puesto de trabajo que espera la llamada del head hunter, del actor que cree haber sido el mejor en el casting para el papel de Hamlet o del futbolista cuyo nombre suena para uno de los equipos grandes. Tu zozobra sin embargo tiene motivos mucho menos estimulantes, y es idéntica a la de miles de sufridores que hacen cola en los hospitales públicos o privados: ¿cuándo te avisarán para pasar por talleres? ¿Cuándo decidirán los hechiceros de la tribu que es el momento adecuado para llamarte a capítulo y administrarte rayos de esperanza?

Qué duro se te hace esperar.

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Declinas tu propósito de rematar un nuevo post. Te desplomas en tu butaca favorita dispuesto a sumirte en un legítimo dolce far niente, pones la televisión y no puedes descansar. Tu atención se divide entonces entre si es hora ya de llevar tus cortinas al tinte, si sería mejor ponerte a hacer una ensaladilla rusa o si es prioritaria la suerte de los polluelos de la barnacla, una anátida que según el fascinante documental del canal National Geographic Wild, cría en los acantilados de Escandinavia. Cuando la barnacla madre ve que su pollada ya está para salir a buscarse la vida, levanta el vuelo y la obliga a saltar a tierra firme para que la siga cuando aterrice. Los patitos de barnacla, que aún carecen de plumas y no saben volar, se lanzan uno a uno al vacío como esos suicidas que antaño se tiraban por el Viaducto.

-¡He tenido una suerte de pata madre! –dirán los que no se estrellan contra las rocas.

En estas lucubraciones distraes tu larga espera. Aunque la incierta vida de las pequeñas barnaclas te inspira la más tierna de tus emociones, te llega el sueño. Te cuesta acomodar tu costillar en el cama, pero al final acabas durmiendo.

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Como tu ánimo siempre está ligeramente barnizado de ciclotimia, la preocupación con la que te acostaste se diluye cuando amaneces y te asomas al balcón. El cielo hace milagros. No lo dices en sentido figurado, sino en sentido real: miras al horizonte y el espectáculo de las nubes rasgadas por una especie rompimiento de gloria sobre la silueta de San Francisco el Grande es un milagro estético que sólo puede presagiar buenos días. Turnersobre cuya vida se acaba de presentar en el Festival de Cannes una película muy interesante- no lo hubiera pintado mejor. Enfocas la cámara de tu móvil ( la única que sabes manejar) y haces lo posible por atraparlo.

Por unos momentos archivas a las cacatúas, a Europa, Florentino el Magnífico, la Champions perdida por el Atleti, la suerte de los galápagos y de las barnaclas, el llanto de tus vértebras, el retraso de radiología, el tinte de las cortinas, la ensaladilla rusa y hasta el encaje de bolillos que te presentan la Declaración de la Renta y otros pagos pendientes. El carpe diem del clásico ya casi te parece excesivo: carpe minutum y a vivir despreocupado, que son dos días.

  

 

 

 

 

Mauricia Gormín, defensora de sueños baratos

Sueño barato nº 346: Observar aves en un lugar pintoresco  mientras meriendas un bocata de anchoas de Santoña  con pimiento morrón...Y sueños así, la tira.

Sueño barato nº 346: Observar aves en un lugar pintoresco mientras meriendas un bocata de anchoas de Santoña con pimiento morrón…Y sueños así, la tira.

Jerjes Díaz, investigador privado, abrió el sobre con la uña-abrecartas de guitarrista que cuidaba con tanto esmero y extrajo la carta que su secretaria le presentaba.

Muy Señor mío- leyó en su encabezamiento- Le ruego que lea detenidamente el encargo profesional que deseo cumpla escrupulosamente y de la manera más eficaz. Va en ello mi salud emocional, de modo que debe tomarse el asunto muy en serio. Gozo de una posición económica desahogada, por lo que le ruego que no repare en medios, aunque preferiría recibir un presupuesto de honorarios antes de ponerse a trabajar,

Vamos al grano. Desde hace meses me atormenta una voz que escucho por la radio y creo que en algún mensaje de televisión. Es la voz de un tipo joven, desdeñoso, sofisticado, de esos que parece que te perdonan la vida cuando habla. Se pone a contar cuadros y situaciones que sólo viven los multimillonarios, como si él fuera uno de ellos. Describe detalles del lujo, de la exquisitez y del elitismo que sólo los muy privilegiados pueden permitirse: tener un avión propio, islas en el Caribe, colecciones de arte con grandes firmas, coches de esos que se compran las estrellas del fútbol…El final de su mensaje es esta frase: NO TENEMOS SUEÑOS BARATOS. Es entonces cuando mi marido, que lamentablemente lleva cuatro años ya en una silla de ruedas, sale de su postración y grita enfurecido.

-¡Que se calle ese gilipollas!

Perdone usted, don Jerjes, por la salida de tono que le describo. Pero la verdad es que escuchar estos mensajes nos altera y nos saca de nuestras casillas, sobre todo a él. Mi marido ha sido hasta hace unos años un empresario hecho a sí mismo, que gracias a su trabajo y a su buena cabeza consiguió un cierto nivel de bienestar para toda la familia. Un ictus inoportuno cambió su vida, y ahora, como puede imaginar, esos sueños de los que hablan los anuncios le parecen una cruel ironía. Para colmo, la campaña la firma LOTERÍAS Y APUESTAS DEL ESTADO, que a nuestro juicio, no debería vender castillos en el aire, como son las posibilidades escasísimas de que toque un premio gordo que te cambie la vida, sino, por ejemplo, la posibilidad de cumplir una ilusión (por ejemplo, un viaje a París, pagarle una a carrera a un hijo, un coche no muy lujoso, aunque normalmente tampoco toca) y la seguridad de que, si no te cae un euro, estás ayudando a obras sociales, que también alegraría saberlo al que gastó su dinero en décimos o en apuestas.

Eso sería lo sensato, lo que no ofendería al personal cuando sonaran los anuncios. Pero se ve que hasta el estado piensa ya sólo como un nuevo rico. Cree que todos somos adoradores del becerro de oro, y que nuestro único sueño es imitar a los Albertos, a los Florentinos, a los Amancios, a las Koplowitz, al señor de Mercadona, a Messi, o a los futbolistas del Madrid que viven en La Finca. Todos a por sueños caros, todos a la felicidad por el consumo desaforado, todos ostentosos le must de Cartier, pata negra o etiqueta del mismo color. Y mire usted, perdone que le hable así, pero yo además de esposa de Fulgencio Mazo, pequeño fabricante de componentes electrónicos que ganaba su buen dinerito y en el que le ayudaba como secretaria, relaciones públicas y directora del departamento de comunicación, he procurado ser una buena ciudadana y una buena cristiana dedicando   muchas horas a visitar enfermos hospitalizados y residencias de ancianos a los que hay que hacer y servir la cena. No vea usted la cara que ponen cuando alguno de ellos escucha y entiende esa tontería de NO TENEMOS SUEÑOS BARATOS. Para ellos un sueño sería escaparse al estanque del Retiro y tomar el sol echando pan a los patos. Es baratísimo, pero no pueden conseguirlo. Y mientras tanto el majadero del anuncio esnobeándolos con un mensaje que, en el fondo, es un desprecio.

Señor Jerjes, perdone que me haya enrollado. Mi marido y yo deseamos que usted investigue el nombre de los autores de esa campaña de la Primitiva y el de los responsable de Loterías y Apuestas del Estado que la han aprobado. Deseamos ponernos en contacto con ellos para expresarles nuestro enérgico rechazo a la campaña y nuestra propuesta de que se cambie para no ofender a los muchos que tenemos sueños baratos o incluso gratuitos. Hoy mismo llevaré a mi marido, que es un gran aficionado a la ornitología a las Hoces del Duratón donde, mientras observamos las rapaces que anidan en esos riscos y escuchamos el fluir del río y el canto de las aves, merendaremos sendos bocadillos de anchoas de Santoña con pimientos morrones. Créame que este es un sueño bellísimo y sin embargo bastante asequible: contando media botella de Ribera del Duero, la gasolina el pan, las anchoas y los pimientos, no creo que llegue a los quince euros.

Además, y a pesar de que puede que este segundo encargo quede fuera de su ámbito de acción, le suplico que, si está en su mano, me facilite el nombre de algún sicario de su confianza por si debemos recurrir a él para quitar de en medio a estos manipuladores de la conciencia colectiva. Sabemos que esta solución no es la más deseable, pero a veces, entre sueños baratos e inocuos, también padecemos sueños exterminadores que nos hacen perder la cabeza. No se preocupe: si llegara a registrarse algún crimen, le garantizo que su nombre no aparecería por ningún lado.

A la espera de su conformidad y de una reunión para para acordar sus honorarios, le saluda muy atentamente

Mauricia Solano de Gormín, defensora de los sueños baratos

El orden del día

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-Qué tiranías las del poder legítimamente constituido -pensaba Silvia mientras esperaba el metro repasando en su tableta la prensa del día- Así que el presidente Zapatero cesó a su ministro de cultura Molina por ser demasiado austero y porque necesitaba una ministra joven y más glamourosa. Manda narices, manda castañas, manda ovarios…
Y sin embargo estaba lo suficientemente bien educada como para seguir sobreviviendo a base de aguantoformo. Bien educada en casa y en las aulas: ingeniero industrial, masters diversos, cuatro idiomas y el inmenso privilegio de haber opositado al empleo público y conseguido plaza de secretaria en Presidencia de Gobierno. ¿Cómo se iba a quejar, cuando la mayoría de sus compañeros de promoción aún estaban en el paro?
Su primera tarea aquel día no podía ser más estimulante. Tenía que redactar el orden del día del próximo Consejo de Ministros cuyo borrador le presentó Agustín, el hombre que mejor le caía del staff presidencial.
-Y a pesar de todo, tus ojos de zafiro siguen inundando de poesía el túnel de mis días –le recitó cadencioso al oído el secretario del subsecretario de Presidencia mientras le entregó la carpeta y puso sobre su mesa un irresistible café capuccino de máquina, la pócima matinal menos dañina para ella- Te podría decir que son de Pessoa, pero son versos de propia Minerva
Silvia le lanzó un besito, sonrió agradecida y aproximó cautelosamente sus labios al borde del vaso de plástico.
-Bébelo sin miedo, darling, que ha hecho cien metros de pasillo conmigo y debe de estar medio templado…Y recuerda que, por horrible que te sepa el café de máquina y digan lo que digan los barandas que nos gobiernan, yo te seguiré queriendo desesperadamente.
2
Los que el secretario del subsecretario llamaba barandas llevaban a la aprobación del Consejo de Ministros el siguiente minutado que Silvia empezó a teclear en su ordenador.
1. Reunión de Luis Enrique con Zubizarreta para la presunta contratación del primero como futuro entrenador del Barcelona. Petición al Consejo de Estado de informe sobre la posible incidencia de tal reunión en el tramo final del Campeonato de la Liga.
2. Informe del Instituto Nacional de Estadística sobre las posibilidades reales de los clubs Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona de ganar el Campeonato de la Liga, a fin de evitar pérdida de horas de trabajo en la especulación de estos datos que tanto inquietan a la opinión pública.
3. Cierre de canales de TDT. Análisis de la conveniencia de compensar dicho cierre con la oferta de nuevos canales dedicados exclusivamente al fútbol. La cultura debe ser siempre prioritaria en este gobierno.
4. Racismo en el fútbol. Petición de informe a la RAE para que desmienta que el HU-HU-HU dirigido por algunos asistentes a los campos de fútbol a jugadores de raza negra pueda ser considerado como onomatopeya del sonido que emiten los primates, y por tanto, ofensiva para estos jugadores. Petición de informe al Consejo Regulador del Plátano Canario sobre los beneficios en ventas del lanzamiento de plátanos a jugadores de fútbol, sean de la raza que sean. Medidas complementarias para demostrar que en el fútbol no hay racismo, sino ignorancia de unos pobres aficionados despistadillos y, a lo sumo, modales manifiestamente mejorables.
5. Petición a Patrimonio Nacional y al Ayuntamiento de Madrid para que se sustituyan algunas de las estatuas de la Plaza de Oriente, de reyes hoy casi inidentificables, por efigies de la misma estética erigidas en honor de Cristiano Ronaldo, Messi, Simeone, Diego Costa y Florentino Pérez, como reconocimiento de su bien ganado prestigio público y de sus servicios decisivos para el estado de bienestar. El rostro de la estatua de Diego Costa irá levemente patinado de oscuro, para que se confirme públicamente que en un país no racista se respeta también a los mulatos. La efigie de Florentino Pérez será dos cuartas más alta que el modelo original, para realzar el señorío tradicional del Real Madrid del que él es dignísimo portaestandarte.
6. Ministerio de Trabajo. Recomendación a este departamento para que solicite de las empresas y demás centro de trabajo máxima flexibilidad horaria a fin de que sus empleados puedan cumplir el sagrado deber de cumplir con sus compromisos futbolísticos.
7. Ministerio de Educación y Cultura. Recomendaciones al personal docente para que presenten el fútbol como el octavo arte, después el séptimo sólo en el ordinal de las bellas artes que ennoblecen a la condición humana.
8. Asuntos Exteriores. Se recuerda al ministro del departamento la necesidad de dar la mayor difusión en la Unión Europea al importante y certero mensaje del Presidente de Gobierno sobre la final de la Champions League en Lisboa: “El 24 de mayo será un triunfo del fútbol español”. Se sugiere que este slogan tenga un gran protagonismo en las próximas Elecciones Europeas, y se invita a todos los partidos políticos de aquí o de allá a que lo utilicen gratuitamente. Se propone proponer al Presidente de Gobierno como candidato al Premio Nobel de la Originalidad Intelectual.
9. Economía y Hacienda. Se autoriza al ministro del departamento para que piense en nuevos impuestos sobre el fútbol. Tanto a los partidarios de este deporte, por lo mucho que disfrutan, como a los que no lo son, por oponerse al sentir colectivo del patriotismo del balón.
10. Ruegos y preguntas. Siempre que sean de fútbol, y no de otras menudencias como el paro o los recortes.

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El opio del pueblo, el pan y el circo, Lope de Vega justificando sus comedias alimenticias con aquellos versos tan cínicos:
El vulgo es necio
y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio
para darle gusto
Esto y no hay más cera que la que arde, el que manda manda, las lentejas, que si quieres las comes, y si no las dejas. El culto al becerro de oro. El pesebrismo infinito que genera el deporte rey. Cuánto agradecía Silvia no ser política y no tener que decir que al pueblo y al fútbol, ni regañarles.
Todo le bailaba en la cabeza mientras la impresora vomitaba las copias que habría de entregar a su fiel Agustín.
-Lo primero es lo primero- le dijo al entregarle las dieciséis copias del orden del día- ¿habrá vida más allá del fútbol?…
-Podría ser…¿Te apetece que cenemos juntos el 24 de mayo?…A mí me divierte el fútbol, y soy del Atleti. Pero si tus ojos de zafiro están dispuestos a iluminar el túnel de mis días, me pierdo la final y tan feliz.
Groucho Marx decía: cuanto más conozco al género humano, más amo a mi perro. Silvia suspiró y sonrió al recordarlo. Evidentemente, no conocía a un solo perro que se llamara Agustín, pero el 24 de mayo también podría ser para ella un día inolvidable.

 

 

El coleccionista de haigas

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Josefina se enorgulleció cuando se enteró de que una de aquellas mocitas madrileñas que iban a Chamartín contentas y risueñas porque jugaba su Madrid fue ella, que se lo dijo Manoli, la farmacéutica.

-Como lo oyes, guapa- le confirmó esta- El autor del himno también fue cliente de la farmacia, no creas…Y uno  de esos días que íbamos juntas al fútbol todas las de la pandi del barrio, con nuestras bufandas y nuestros bocadillos, y la ilusión de ver a los futbolistas bajarse  del autobús, nos vio y le hicimos gracia. Musas que fuimos, aquí donde nos ven con estas lorzas –subrayó palmeándose el caderamen.

-Tiempos aquellos- suspiró Josefina.

– Ya ves –añadió Manoli mientras le largaba una caja de ansiolíticos con esa cara de resignación esclava que ahora ponen todas las farmacéuticas-…Y aquí seguimos, jodidas, pero en el himno. El de toda la vida –matizó-, porque ahora el que les gusta más es ese tan pretencioso  que canta Plácido Domingo, que donde está bien es cantando Doña Francisquita…¿Sabrán los barandas del club lo que significa aquello de zapatero a tus zapatos?

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Irían las mocitas aún más contentas y risueñas años después, cuando llegó Di Stéfano y el Madrid se disparó, empezó a encadenar un título con otro y se convirtió en un club envidiado. Y siguieron felices durante más de cincuenta años, cuando los fenómenos eran en su mayoría  españoles, salvo alguno especial que el presidente pescaba fuera.

-Zapatero a tus zapatos –pensaba Josefina dándole vueltas a la frase de Manoli-¿Qué era aquel presidente Bernabéu?…Un tío listo de pueblo que , aparte  de pescar peces en Santa Pola y genios el fútbol en el extranjero,  sólo pensaba en el Real Madrid¿Qué es el presidente Pérez?…Pues todo lo contrario: un nuevo rico que no sabe cómo darle mñas gusto a su ego.

3

Se lo dijo a sus hijos y a sus nietos, todos del Madrid.

-El presidente Pérez sólo es un coleccionista de haigas.

La veterana aficionada, con sus arrugas y sus lorzas a cuestas, tuvo que explicar a los suyos que, en los tiempos en que nació el himno del Madrid, los que se enriquecían súbitamente no eran los futbolistas famosos, sino los toreros de tronío. Y era fama que estos, para marcar territorio y compensar su incultura con signos de opulencia, iban a las tiendas de coches donde se exhibían los  Cadillac, Lincoln, Buick,  Packard y otros lujosos modelos norteamericanos y decían.

-Quiero comprar lo mejor que haiga.

Y salían de la tienda del concesionario conduciendo alguno de esos larguísimos y relucientes cochazos que deslumbraban, y que  a partir de entonces el pueblo llamó haigas.

Dice Josefina que los últimos haigas de Pérez se llaman Cristiano Ronaldo, Bale, Isco, Illarramendi. Ancelotti. Y que a Florentino le mosquea que llegue el Atleti, que ya padeció otro presidente coleccionista de haigas -Dios le tenga en el lugar que se merece- y ahora gane con autoridad al Madrid. Entre otras razones, por tener en sus filas a un chico de Vallecas que se llama Koke, y que no costó un euro porque es de la cantera.

¡Y encima a Pérez le aclaman los socios en la Asamblea!– se quejaba esta mañana a Manoli mientras le pedía una caja de Optalidon para calmar los dolores de cabeza que le trae el club de sus amores- Pobre presidente…Es tan pobre que sólo tiene dinero.

4

Mientras las forofas que antaño iban a Chamartin tan ilusionadas se lamen sus heridas, en la acera de enfrente, todo júbilo por la nueva victoria de David contra Goliat, aplauden con las orejas al coleccionista de haigas. Josefina, Manoli la farmacéutica y las otras mocitas madrileñas mentadas en el himno del Madrid así lo sienten. Porque lo del sábado no solo fue el triunfo del Atleti y del sentido común. Sino, sobre todo, la derrota de la horterada y del afán de epatar  que proyectan los ridículos nuevos ricos del fútbol.     


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