Posts Tagged 'Franco'

Después de aquel 9 de noviembre

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas...

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas…

1

El 10 N llenó de alegría al pueblo, pero no mejoró nada la mamitis de la vaca de Agustí. Este no esperaba encontrar al día siguiente de la gran efemérides un Servei de Veterinari de la Generalitat de Catalunya levantado milagrosamente de la noche a la mañana junto a su propiedad. Sin embargo le habían vendido tanta ilusión de que su voto, la autodeterminación y a la postre la independencia iban a cambiar su vida, que contaba con que algún signo externo, del cielo o de la tierra, premiarían su comportamiento de buen ciudadano.

A más a más cuando yo sí que voy a cumplir con la promesa del Avi- se dijo.

2

La promesa fue en realidad una deuda contraída por su abuelo, el senyor Esteve que, desgraciadamente, no pudo cumplir en vida. El senyor Esteve había abandonado el pueblo de niño para hacer fortuna en la Ciudad Condal. Después de muchos años en oficios diversos se jubiló como cochero de don Enric Prat de la Riba, insigne político y escritor catalanista. Como entonces ni el fútbol era religión ni el Barça era més que un club, el señor Esteve, con sólo escuchar desde el pescante del coche las eruditas conversaciones que don Enric mantenía con sus amigos y correligionarios, se hizo catalanista furibundo e independentista frustrado.

-Este Franco nos ha fotut– le diría a su nieto cuando muchos años después, siendo ya taxista en Barcelona, volvía al pueblo de vacaciones- Pero llegará el día en que Franco muera y podamos votar y ver una Catalunya independiente.

-¿I aixó será bueno? –preguntaba el Agustinet en su infantil ignorancia.

-¡Y tanto!…Será tan bueno que ese día, para que lo recuerdes siempre, te regalaré una pirindola.

Una pirindola en el año 1943 era un buen regalo para cualquier chaval de pueblo. En las jugueterías de Barcelona las había más lujosas, como una de chapa serigrafiada en colores y dibujos preciosos, con sirena e incluso con música que sonaba al girar sobre su eje. El regalo del senyor Esteve, entendió el Agustinet, habría de ser una señora pirindola de esta categoría.

3

Se murió Franco. Se murió el Avi. Se murió el padre del Agustinet, al que la independencia le preocupaba menos que las vacas de las que vivía. Se votaron muchas cosas, pero nunca la autodeterminación. Entonces el Agustinet, soltero y solo en la vida, ya era lo bastante mayor como para que la pirindola no fuera precisamente el primero de sus sueños, pero todos los meses de noviembre se acercaba al cementerio y delante de la tumba de sus mayores le explicaba al senyor Esteve que aún no había llegado el momento del regalo póstumo.

-Pero no te preocupes, Avi- le decía- que el día que votemos la independencia me compro en tu nombre la mejor pirindola y la hago bailar sobre tu lápida, para que, aunque sea desde el más allá, te des el gustazo de cumplir con tu nieto.

La Rosé, que coincidía con él en la tumba de al lado poniéndole flores de plástico a su difunto marido, le mirada con cara de tonta. La Rosé había sido una mujer hermosa, pero había cosas del Agustinet que le ponían cara de tonta.

4

La Rosé y Agustinet coincidían en el Hogar del Jubilado por las tardes, donde veían juntos Sálvame y luego jugaban al parchís. La Rosé era viuda sin hijos, y vivía con su gata de su pensión, de sus gallinas, de su huerto y de bordar mantelerías para una señora acaudalada que se las encargaba cuando tenía que hacer regalos de boda. Un día, en las fiestas del pueblo, se bailó en la plaza una gran sardana en la que el Agustinet buscó la mano de la Rosér, que apretó varias veces mandándole señales. Luego, en la sesión para los mayores amenizada por la orquesta del Pep Ferrerons, especializada en boleros, valses y foxtrots, el Agustinet, por primera vez en su vida, se arrancó y sacó a bailar agarrado a la Rosér. Como nunca se habían visto tan juntos, tuvieron que hablar. Apenas hablaban cuando se veían normalmente, pero se miraban mucho. Aquel día Agustinet debió de concluir que ya no les quedaba mucho tiempo para ocultar sus sentimientos.

-Que digo yo – le susurró mientras el Pep cantaba Toda una vidaque si no nos iría mejor juntando meriendas.

La Rosér puso su cara de tonta tradicional y retiró la mirada hacia el saxofón de la orquesta de Ferrerons.

-¿Que no sería una buena cosa que nos casáramos?- insistió el Agustinet.

La Rosér acabó la pieza sin decir palabra. Al final de la fiesta, cuando los viejos del pueblo emprendían la retirada y la banda de rock duro Pebre Catalá tomaba el relevo, el Agustinet le requirió una respuesta concluyente.

-Nena, si us plau…

-Ay, no se, no se –respondió visiblemente ruborizada la Rosér- Ja en parlarem.

5

Dos días después de aquel que según los padres de la patria catalana iba a cambiar el destino de ésta, Agustí y Rosér quedaron en el cementerio. El Agustinet no tenía muy claro para qué, pero había votado el 9 de noviembre los dos síes que le pidieron. La Rosér también, y ambos debieron de pensar que era hora de ofrecer sus votos a sus difuntos, que al fin y al cabo celebraban calladamente su mes. Agustinet había ido antes al mejor bazar chino de la comarca para comprar una lujosa pirindola, que le permitiera homenajear al Avi. También compró el periódico, por si la Rosér se retrasaba y La Vanguardia era capaz de explicarle entretanto cómo la nueva Catalunya le iba a solucionar la mamitis de sus vacas, que ya eran cuatro las afectadas.

Bon día, Rosér –dijo cuando la vio aproximarse a la tumba en la que esperaba sentado tranquilamente mientras leía las noticias- Todo ha cambiado ya…

La Rosér se encogió de hombros mientras avanzaba trastabillando hacia la tumba de su difunto esposo. Mientras en su mano derecha portaba un nuevo jarrón decorado por un san Jorge alanceando al dragón, en la izquierda llevaba una bolsa del bazar chino por la que asomaban claveles rojos y amarillos.

Aixó mateig- respondió la mujer mientras sacaba brillo con su pañuelo a la boca del jarrón miniada en oro- Por eso he de cambiar las flores a mi Magí…¡Hasta las de plástico se destiñen, noy!…

Lo que siguió fue muy emotivo. La Rosér retiró los adornos descoloridos y plantó en su lugar el jarrón del san Jorge con seis claveles rojos y seis amarillos componiendo en abanico una senyera floral.

-¿Eh que es maco?- dijo la mujer mientras contemplaba su ofrenda con los brazos en jarras y por primera vez sonreía en un cementerio.

6

Agustinet derramó entonces una larga mirada sobre las tumbas que les rodeaban y dejó escapar un suspiro.

-¿Sabes que hay una nave espacial que ha volado quinientos diez millones de kilómetros hasta un cometa que se llama Churynosequé sólo para que conozcamos mejor a nuestro sistema solar?–dijo mientras sacaba la pirindola de su caja y la ponía sobre la lápida de sus muertos.

-¿Y de qué cosas se entera la nave esa? –preguntó la Rosé mientras barría con una escobilla las hojas secas que se agolpaban alrededor de la tumba de los suyos.

-Qué se yo…No creo que averigüe nada de nuestro futuro. Ni de la independencia de Cataluña, ni de la mamitis de mis vacas, ni de si quieres que nos casemos, ni…

-Yo Agustinet –interrumpió la Rosér- igual me casaría, te lo aseguro…Pero como que con este lío entre el referéndum, el Mas y el Rajoy, una no sabe si es catalana o española, y, sobre todo, tampoco tiene seguro quién le pagará la pensión, hasta que no lo tenga claro no te puedo dar el sí…

-No fotis, Rosér –farfulló el hombre a punto de sollozar.

Lo siento, noy-dijo la Rosé- Pero de momento, aixó no pot se.

El Agustí, que había ido dando cuerda a la pirindola mientras escuchaba pacientemente a su amada esquiva, la lanzó con tal ira sobre la lápida del Avi que el juguete, después de girar frenéticamente como un trompo descontrolado, saltó a la tumba de al lado y fue a estrellarse contra el jarrón de la Rosér. Este cayó de su pedestal, se hizo añicos y dejó desparramada sobre la piedra musgosa la bella senyera floral made in China.

¡La mare de Deu, que absurda es la vida, collons!- clamó desesperado el Agustinet.

Mientras desde el cometa impronunciable la sonda Philae marcaba un hito sin precedentes en la historia de la humanidad, la Rosér arrodillada y tragándose las lágrimas recogía con la escobilla los restos del jarrón, las flores de plástico, y hasta la pirindola abollada. Definitivamente el Agustinet era un buen hombre, le daba pena verle tan preocupado por la mamitis de sus vacas y tan frustrado, y además ella misma estaba harta de vivir a solas con su gata y sus gallinas. Pero creía que las cosas de comer no eran como las de la patria, y que con las cosas de comer no se juega.

-A Dios pongo por testigo –gritó al cielo encendido por el crepúsculo como una Escarlata O´Hara– que, con independencia o sin ella, yo ni vuelvo a votar ni me caso hasta que sepa quién va pagar mi pensión.

Volvieron al pueblo juntos, agarrados del bracete y en silencio. Esperaban tal vez otro 9 de noviembre más claro que les pusiera su alma en paz.

 

Un cuento para la jueza Alaya

El ujier del juzgado pensaba que la Jueza Alaya siempre aparecía con su maleta porque quería escapar...

El ujier del juzgado pensaba que la Jueza Alaya siempre aparecía con su maleta porque quería escapar…

1

Uno no se enamora de aquello que ve y le llama la atención. La cara que le deslumbra, la melena que se mece cuando pasa ante él, las curvas de su cuerpo, que se ondulan aún más cuando camina a paso firme hacia la escalinata del Juzgado. Los años de mozo que vivió en el pueblo le ocurría lo mismo. Se enamoró de la Flora al verla pasar todos los días por delante de su casa para lavar la ropa en el pilón de la plaza. Luego la Flora fue su mujer. Perra suerte que después de treinta años de matrimonio y dos hijas ya criadas, la una en Sabadell y la otra casada con un surfista canario, la Flora perdiera la cabeza. Ahora contaba al bueno de Simón las lamas de las persianas de la Residencia. Se las repetía cada día que iba a verla.

-Son 120- decía unas veces. Otras 189, o 536. Siempre con una sonrisa en la boca, convencida no sólo de que sabía contar perfectamente, sino también de que estaba curada.

2

Simón no era un hombre ilustrado, pero sabía que el mundo estaba mu revuelto. No había más que ver la cantidad de personal famoso que veía entrar y salir por las puertas del juzgado nº 6 de Sevilla, a donde fue destinado después de muchos años de servicio en otras dependencias judiciales. La ristra de caras conocidas, para lo bueno y para lo malo, que pasaban allí. Políticos, artistas, futbolistas, empresarios, exministros, exalcaldes, folklóricas, directivos de fútbol, sindicalistas. Mu revuelto, sí, el mundo estaba patas arriba, pero él estaba a punto de jubilarse, tenía un sueldo muy modesto y dos hijas desparramadas por España- lo grande que se hace España para el cariño partido- a las que no veía casi nunca. También tenía una pequeña casucha de mal vivir en el barrio de San Bernardo, y eso sí, un cachito de tierra en la Vega de Granada que heredó de sus abuelos y que acaparaba casi toda su ilusión. Su huerta primorosa, sus gallinas, su burro Pascal, su pozo, sus frutales, los chopos y alisos abanicando la orilla del río, su casita blanca y diminuta, con su diminuto patio y las buganvilias y jazmines. Entre tanta fortuna, de la que era consciente, una hartá de soledad. Su abuelo le dijo una vez que su finquita, que casualmente se llamaba Pocacosa fue un capricho que el padre del poeta García Lorca quería haber comprado para Federico, pero a Antonio eso no le decía nada, porque según él no entendía de poesía.

-Mire usté –se explicaba- yo veo las mariposas en la flores y me gustan, escucho el ruiseñor y el murmullo del arroyo, y el aroma de azahar de los naranjos y me gustan. Veo al borriquillo pastando feliz mientras espanta las moscas con el rabo y me siento feliz yo mismo. Pero luego me cuentan todas estas cosas enredás en los versos del poeta Federico y me hago un lío. Y yo necesito tener las cosas claras.

2

Ahora tenía dos cosas muy claras. Una era que la soledad del hombre solo es muy larga. Más larga que la sombra del más alto de los cipreses. Y otra que cada vez que pasaba por delante de su mesa una determinada jueza le daba un vuelco el corazón. La jueza se llamaba Alaya, que sonaba como a nombre de princesa morisca. Simón se quedó sorprendido al verla por primera vez, porque en su experiencia de ordenanza no había visto jamás una jueza que no tuviera pinta de jueza, o sea, de señora sabia, seria y mayormente aburrida, de tanto estudio, tanto folio, y tanto atar cabos de aquí para allá.

-La jurición, si es femenina, tiene que ser preferentemente fea- le dijo un día su jefe cuando aún no existía lo políticamente correcto- Para que asín se concentre mayormente en su poblemática, que es fundamental pal Estao.

Mira por donde la jueza Alaya distaba tanto de esa imagen que por primera vez en sus años de servicio Simón no veía en ella a la funcionaria, sino a la mujer con la que le gustaría compartir su cachito de tierra en la vega que tanto le gustaba al poeta García Lorca.

3

Frente a estas certezas, Simón alimentaba una duda que disparaba su fantasía: ¿por qué la hermosa jueza Alaya aparecía siempre en el juzgado arrastrando un maletín de viaje? Los más de sus compañeros del juzgado mantenían que era la forma más cómoda de transportar el sumario. Lo del sumario no acababa de estar claro para Simón. A su tío Benito lo apiolaron en la guerra por no sublevarse con el ejército de Franco tras un juicio sumarísimo, y en lo que se le alcanzaba, sumario significaba rápido, breve, resumido. ¿Cómo era posible entonces que su jueza favorita tuviera siempre tantos papeles entre manos para tener que cargarlos en un maletín sobre ruedas?

-Esta mujer se quiere escapar, y lleva el maletín preparado para eso –pensaba cuando la veía pasar rumbo a su despacho- Será trabajadora, no digo que no, pero se quiere escapar. Tan guapa como es, y con las ganas que le tienen tantos granujas, no puede ser feliz…

Sabía que esas ganas no tenían nada que ver con las que le inspiraban a él. Y soñaba con que de verdad lo que aquella mujer deseaba era evadirse en busca de la felicidad.

4

La Flora murió en la residencia un martes de abril. Simón no lloró casi nada, pues todo lo había llorado ya desde que su mujer empezó a contar las lamas de las persianas. Sus hijas vinieron justo para amortajarla, y para decirle que cada día se les hacía más difícil viajar a Sevilla. No trajeron a los dos nietos que tenía para que los conociera, y ni siquiera se quedaron para trasladar las cenizas de su madre a Pocacosa, como deseaba él, para guardar la memoria de la Flora al amor del pie de una oliva. La jueza Alaya seguía acudiendo día tras día con su maletín. Simón la miraba. El maletín de la jueza cargado de sumarios, las miradas del ujier rebosantes de deseo. La sombra de su soledad se le hizo entonces ya más larga que la del ciprés más alto de Sevilla, de la Vega de Granada y de toda Andalucía.

5

El bueno de Simón no se había detenido a averiguar si la jueza guapetona estaba casada o no. Sólo sabía que luchaba por limpiar la pocilga de los ERE, que los responsables del mismo se la tenían jurada, y que, para colmo, en España había estallado un nuevo volcán de corrupción llamado caso Púnica que, por si no lo estaba ya, amenazaba con hundir al personal en el pozo negro de la vergüenza y la desesperación.

-Ojú, qué jartible se está haciendo esto de trabajá pa la justicia-se dijo la mañana del último día de trabajo mientras se ponía el uniforme- ¿Y tó pa qué?…

Aquel día Simón se jubilaba. Antes de ir al juzgado pasó por el taller de su amigo Monchito, que le había dejado su viejo Seat Toledo a punto, lavado y reluciente como los chorros del oro. Habló luego con sus superiores, firmó los papeles pertinentes y se apostó en su mesa esperando la llegada de su admirada jueza Alaya que, cómo no llegaba tirando de su maletín. Salvo saludarla respetuosamente todas las mañanas, Simón jamás había cambiado palabra alguna con ella, pero una de las ruedas del maletín atrapado por una reja del alcantarillado le dieron pie para inclinarse a sus pies.

-¿Permite su señoría que la ayude?- le dijo mientras sus manos desatascaban la rueda.

-Oh, si, gracias –fue todo lo que dijo ella.

6

Simón sabía que no iba a tener muchas más oportunidades de verla. Así que después de presentarse, Simón Gómez Jaquetón, para servirla, y de anunciar que aquel mismo día dejaba de ser ujier del juzgado nº 6, se tomó la libertad de decirle que se había enamorado de ella con solo mirarla. Y que aunque sabía que su vida iba por otros derroteros, si quería encontrar la paz interior y un lugar de la Vega de Granada que había encaprichado al mismísimo García Lorca, él le abriría las puertas de Pocacosa.

-Pero no se lo crea –le advirtió- porque es un nombre mu mentiroso. De día se oye cantar al Genil, de noche a los grillos. Más menos como si fuese un poema de Federico, pero que se entiende mejó.

Alaya se limitó a despedirle con una sonrisa. Pero él cuando enfilaba la carretera de Granada en su viejo Seat iba encantado. Primero porque empezaba a ser un hombre verdaderamente libre. Y segundo porque su heroína no había dicho ni si ni no, y a lo mejor resultaba cierto aquel refrán de que quien calla otorga.

 

 

 

 

 

 

Un cachito de verano manchego (1)

...Y gracias a tu amigo del colegio, que es alcalde de la villa, disfrutaste del privilegio de pasar en Santa Cruz de Mudela un insólito 7 de agosto

…Y gracias a tu amigo del colegio, que es alcalde de la villa, disfrutaste del privilegio de pasar en Santa Cruz de Mudela un insólito 7 de agosto

1

Te anima mucho saber que algunos de tus conocimientos no están al alcance de personas cualificadas. Por ejemplo, la señora Cospedal es abogada del Estado, o sea, que de leyes y reglamentos sabe la tira, pero como dijo Emiliano García Page, alcalde de Toledo, ni idea de pasar el aspirador, arte que dominas con soltura siendo sólo un simpe abogado no ejerciente. Tu perspicacia te sopló que se trataba de una metáfora, que la acusó de ser incapaz de hacer limpieza en el PP. Sin embargo, a ciertas metáforas las carga el diablo: para completar su acusación el señor Emiliano añadió que los del PP no saben hacer nada sin la chacha. Habría sido más sutil refiriéndose a la empleada del hogar, a la sirvienta o a la tata.

Chacha es un apócope de muchacha que raspaba incluso cuando el lenguaje corriente no se disfrazaba de eufemismos. Sonaba a despectivo. Recuerdas el título de una revista musical que protagonizó la entonces rozagante vedette Queta Claver. Se titulaba La chacha, Rodríguez y su padre. No era alta comedia, claro. Corría 1956. Más de medio siglo después una de las grandes esperanzas del PSOE resucita el rancio vocablo haciéndose el gracioso, pero con retranca. Y acaba agraviando no sólo a su adversario político, sino a muchas mujeres y al imprescindible colectivo de asistentas del hogar.

Qué ganas de meterse en líos.

2

En Valladolid otro alcalde llamado León de la Riva enriqueció su incontinencia verbal aventando sus sospechas de que algunas denunciantes de acoso sexual se quitan el sostén y la falda en los ascensores y luego salen gritando que un compañero de viaje les ha querido forzar. Fue tan burdo su comentario que el propio munícipe pidió disculpas poco después. ¿Cómo es posible que no mida más sus palabras? Este hombre es contumaz ¿Todavía no se había dado cuenta de que un político no puede ni siquiera ironizar en público con determinados tabúes?

Los hay muy listos para los libros y sin embargo tontos para los recados más fáciles.

3

Tu amigo del colegio Mariano Chicharro también es alcalde. De los que no cobran nada por su trabajo, ojo. Rige los destinos de Santa Cruz de Mudela, localidad manchega de la que sólo recordabas el bello camino de cipreses que antaño cruzaba la carretera nacional hasta el cementerio, y las fotografías de Franco en su fabuloso coto de perdices reinando sobre un mar de patirrojas muertas. De todos tus reparos hacia la caza –que después de ver muchos documentales sobre la vida salvaje cada vez son menos- el que más te disgusta es éste: la costumbre de los cazadores de posar con sus víctimas, que se hace especialmente morbosa cuando estas lo son por cientos. Deben de ser los rituales de la caza, que se ha convertido, sobre todo,  en demostración de poderío. Hay gente pa tó. Otros exhiben trofeos deportivos de plata, o colecciones de figuritas de alabastro, Dios nos coja confesados.

El siete de agosto de 2014 las perdices de Santa Cruz de Mudela podían estar tranquilas. Lo que se celebraba allí no era ninguna cacería, sino las fiestas locales. Menos tranquilo estabas tú, encargado por el señor alcalde de presentárselas al pueblo. Lo de hablar en público, ser elocuente y no enrollarte demasiado, no es lo que se te da. Cuando te desinhibías en la radio no te veía nadie, y allá que saliera el sol por Antequera. En la noche de fiestas de la noble villa manchega te veían el alcalde y su señora –poco riesgo, pues al fin son amigos-, pero también la corporación municipal al pleno, el comandante de la Guardia Civil, el juez de paz, el médico, el cura, la maestra, el farmacéutico, la panadera, alguno de los fabricantes de navajas cabriteras, otros notables del lugar y el llamado respetable. Además te escuchaba el propio marqués de Santa Cruz de Mudela, Álvaro Fernández-Villaverde, pregonero de las fiestas. Hay que imaginárselo: un duende especializado en gamberradas e imposturas radiofónicas resumiendo la biografía y los méritos de un notable tan serio como exige su alcurnia, y que lleva en su título el propio nombre del pueblo. Álvaro es diplomático, empresario y gestor cultural de altos vuelos, y aporta un abolengo que lleva enraizado en el pueblo y en la vecina villa de Viso del Marqués más de cuatrocientos años. Su antepasado más ilustre es don Álvaro de Bazán, capitán general de las galeras de España y héroe de la batalla de Lepanto. Tenías el temor de que el pregonero recelase de tu estilo, que no podía ser el de un comunicador engolado y correctísimo. Afortunadamente la prosapia no está reñida con el sentido del humor, y el hombre encajó de buen grado las cuchufletas por las que tu amigo el alcalde te había llevado allí.

4

A ti te guiaba, además, la curiosidad. Cuando el tren te dejó en una estación solitaria plantada sobre el más adusto paisaje manchego, el termómetro marcaba 37º. Parecía el primer plano de una clásica película del Oeste. Te esperaba tu amigo Mariano, que te llevó al hotel para que descansaras hasta la horas de la fiesta. ¿Cuántas ocasiones ibas a tener de descubrir Santa Cruz de Mudela un siete agosto? ¿Qué otro motivo te podría solicitar allí?…Y sin embargo, felizmente, te encantaría saber cómo son todos las regiones y pueblos de España, ver su paisaje, conocer sus gentes, saber cómo viven, a las duras y a las maduras, bajo cero, si fuera invierno, o en esa fragua de Vulcano que te ofrecía la tarde de agosto. No te frenaste. Bebiste un vaso de agua y te echaste a conocer esa villa de casas de mucho empaque, trazo austero y calles rectilíneas que se funden con la llanura abrasada. No había un alma. Sorprendentemente, poquísimos bares abiertos. Se ve que el buen sentido de los lugareños los guarda en su casa, su bodega o su patio hasta que la noche suaviza algo la temperatura…Te dio igual. Ya habías apostado hace tiempo por un verano insólito, y ahí estabas donde nunca creía que podrías estar un siete de agosto.

Era un momento especial en un rincón de España. Es verdad que habría lugares mejores en los que estar ese día crucial, pero tu punto de vista y tu propia vivencia eran únicos, exclusivos, en cierto modo privilegiados. Te gusta tu país, y que tu amigo el alcalde de la villa te invitara a presentar las fiestas locales, velay, tenía su puntito.

Memoria de un 25 de agosto en La Granja

Enla memoria de aquel cadete, el 25 de agosto en La Granja siempre tendrá una significación muy especial...

En la memoria de aquel cadete, el 25 de agosto en La Granja siempre tendrá una significación muy especial…

1

Despiertas el 25 de agosto y tu sombra sale huyendo a La Granja de San Ildefonso. O un poco más lejos. Se mete en el túnel del tiempo y cuando sale se encuentra en ese mismo, maravilloso lugar, en 1967. Descubres a un tipo con cara de pánfilo que viste uniforme de cadete. El pobre está haciendo la mili en el vecino Campamento de El Robledo. No tiene un gran prestigio entre los universitarios eso de la mili, es una pérdida de tiempo, una prisión de dos veranos, no hacer nada a toda leche, un tributo odioso a los milicos. Él sin embargo es tan ingenuo que aún cree ver algunos ribetes románticos a la amenaza de una guerra, único pretexto teórico que lo encarcela ahí.

A la patria hay que defenderla –ha leído en alguno de los carteles plantados en el campamento- derramando por ella, si fuera preciso, hasta la última gota de nuestra sangre.

No es la consigna que impresiona más. Hay otra que firmó el propio Generalísimo en sus tiempos de la Academia de Zaragoza que dice así: Disciplina: virtud castrense que alcanza su más alta expresión cuando la razón aconseja hacer lo contrario de lo que ordena el mando.

Manda cojones.

2

O sea, le enseñaban en la universidad que había que pensar y en la mili le avisan de que ojito con esa funesta manía. Y a pesar de todo, decías, el chico llevaba una vida tan anodina, tan sinsustancia, que eso de despertarse en una tienda de campaña en medio de un bosque al toque de diana y de jugar a los soldaditos de verdad aún le sugiere alguna posible emoción. Se acuerda de Adios a las armas, la novela de Hemingway, donde un soldado herido liga con su enfermera, e inconscientemente silba a menudo Lilí Marlén, la más hermosa canción de guerra: un centinela que se enamora de una chica que ve a la luz del farol de su caserna. Historias bonitas. Le dan mucha envidia los cadetes que reciben cartas de sus novias. Y mucha más los que se abrazan con ellas a última hora de la tarde, en la hora de visita. Las novias escriben, besan y llevan tortilla de patata, chorizo y vino para merendar. El día de la jura de bandera lucen más guapas para aplaudir a sus novios. A ellos se les pone duro el mosquetón de la entrepierna, pero eso no desdice de la marcialidad obligada, porque el soldadito español, aparte de valiente, es muy macho.

Te hace el cadete una confesión íntima que roza la ridiculez.

-Yo no tengo novia, pero duermo justo debajo de un ventanuco abierto en la lona de la tienda donde por la noche siempre asoma una estrella. Entonces me imagino que de ella se descuelga una chica guapísima, se cuela en la tienda por el ventanuco, se tiende junto a mí y me duermo encantado entre sus brazos.

No le importa nada el colchón de paja, que no se puede sacudir, porque inundaría de polvo a los Quince bajo la lona. El cadete es tan ingenuamente romántico que un día escribe una encendida carta de amor. A veces hace de negro escribidor para otros compañeros que no saben decir cosas bonitas a su novia, pero esta es distinta, especial. La firma con el nombre de Silvia, que le parece elegante y no muy corriente, la dobla, la mete en un sobre, estampa un sello y escribe con letra femenina su propio nombre y dirección: Compañía de Infantería nº 31, Campamento de El Robledo, La Granja de San Ildefonso, Segovia. Después, se la entrega a su amigo Paco, que es de la Plana Mayor y marcha a Segovia con permiso. Se la da boca abajo, para que no lea el nombre del destinatario.

-Si no te importa la echas al primer buzón que veas-le encarga.

La próxima vez que llegue el cartero a repartir el correo voceará su nombre. Y el cadete pánfilo sacará pecho y recogerá la carta. Luego dirá que Silvia es muy guapa, pero muy tímida, y que no le visita porque no quiere que la tropa les vea cuando se besan.

3

El 25 de agosto, San Luis de Francia, era día de fiesta en La Granja. Las numerosas fuentes y surtidores de los preciosos jardines de palacio, cerrados casi todo el año, corrían generosamente disparando sus juegos y fantasías acuáticas para pasmo y gozo de paisanos y veraneantes allí concentrados. Fue en ese lugar y ese día cuando el aspirante a oficial de complemento conoció a Teresa, una moza bastante más mona que la chica-chica-pum-del calibre ciento ochenta y tres que describe Margarita, la marchilla ramplona esa que se canta desfilando. Al joven, vestido de cadete con su gorra de plato, se le cuadraba enseguida, pero no así a la chica. Así que tras un tanteo inicial, eso de tú que haces en La Granja, eres de aquí, estudias o trabajas, vienes a veranear o haces el servicio social en Villa Braga, etc, ambos pasearon juntos, admirando el paisaje palatino y perdiéndose, ya lejos de las fuentes, por el umbroso bosque en el que se convierten los jardines a medida que ascienden hacia las cumbres de Peñalara. Después salieron los dos del recinto de palacio y fueron a La Hípica, porque La Granja es un sitio muy fino y entonces tenía Hípica, cosa de la que no podían presumir todas las villas de veraneo. Allí se sentaron en una mesa al fresco, pidieron unas bebidas y al cabo de un rato salieron a bailar a la pista.

4

Naturalmente, bailaban agarrado.

Primero guardando unos centímetros de distancia entre cuerpo y cuerpo, pues el caballero aspirante era más parado que el caballo de un fotógrafo. Luego menos. Cuando por los altavoces sonó el Michelle de los Beatles él susurraba las frases en francés que contiene la letra, que eran las que se sabía, rozando con sus labios la oreja de Teresa. Es decir, bailaban apretado haciendo caritas. Fue la gran emoción de aquel campamento, un momento inolvidable. Pero también un amor evanescente, flor de una tarde. De repente a la chica le entraron las prisas, porque tenía que volverse a Madrid con unos primos suyos que la esperaban, y, en la emoción del adiós, el aprendiz de oficial ni siquiera se atrevió a pedirle su número de teléfono. Con su uniforme de bonito y su gorra de plato él se veía como Robert Taylor despidiéndose de Vivien Leigh en El puente de Waterloo. Mucha imaginación cinematográfica y todo ese rollo, pero al final se quedó compuesto y sin novia.

Desde ese día hasta el que abandonó el campamento como alférez de complemento, siempre durmió esperanzado junto a su ausencia. Todas las noches, mirando la estrella que enmarcaba el ventanuco rasgado en la lona de la tienda, soñaba que ella se descolgaba del cielo y se abrazaba a él hasta que despertaban al toque de diana.

5

Cuarenta y siete años después de aquél San Luis en el que corrieron las fuentes de los jardines de La Granja, tu sombra, como el cadete pardillo, busca en la noche otra estrella. La mili quedó muy atrás, tu guerra ahora es otra. El enemigo ataca de nuevo, y hay que plantarle cara. Tu amigo Pedro S.E, que lleva en campaña cuatro años, dice que si el tumor principal, que es como el Estado Mayor, está controlado, las guerrillas de esa metástasis que huronea por tus vértebras acabarán desapareciendo. La muy puñetera ha minado esta vez el terreno a la chita callando, sin dolor adicional que la cantase, y por eso tú te has quedado estupefacto al enterarte de la noticia. La procesión iba por dentro. Te dejó tan helado que pensaste en varar este blog y abandonarlo por un largo tiempo.

Pero tienes descontados los duelos y quebrantos desde que te sacaron tarjeta amarilla. No te asusta volver a talleres, ni las pequeñas náuseas, ni los trastornos digestivos, ni volver a quedarte calvo y con las orejas de soplillo al aire, como Nosferatu. ¿Sentido del humor, sentido del thumor?…

Instinto de conservación, sentido de la vida. Ahora mismo, mientras escribes estas líneas, disfrutas levantando la mirada y contemplando una increíble puesta de sol sobre Madrid. En unos minutos sólo tendrás que buscar en el firmamento las estrellas. Las hay por miles, y tan llenas de ilusión y de esperanza como la que coronaba el sueño de aquel cadete de los lejanos tiempos de la mili.

Los incorregibles bocazas

 

También le habría podido recordar su anuelita que calladito estaba más guapo...1

La primera reacción de aquellas ancianas inmortales fue de estupefacción. Una vez a la semana se reunían en la mesa eterna a tomar el te, y repasaban, a vista de pájaro, los asuntos terrenales. Aquella tarde la abuela de Cristobalito Montoro  estaba confundida, y más que eso, incluso molesta por lo que acababa de decir su nieto.

-¡Pero si siempre tuvo abuela!-se lamentaba la buena señora- Y nunca le fallé…Siempre fui de lo más cariñosa con él…¿Quién es más listo?…¡Cristobalito!…¿Quién es el más aplicado?…¡Cristobalito!…¿Quién tiene la carita de murciélago más guapa de la humanidad?…¡Mi Cristobalito!…Y ahora dice que dentro de poco España asombrará al mundo con sus logros económicos…

La pobre anciana apenas pudo retener sus lágrimas.

-¡Como si no hubiera tenido abuela!- dijo entre sollozos mientras secaba su arrugado rostro con el moquero.

-Calla, calla- le consoló la abuela de ZapateroPeor fue lo de mi Joseluisín…Mira que yo le había dicho siempre que era como un principito de cuento, igual que Bambi, tan limpio y transparente en su mirada que no sabía yo si era la abuela de un chico de León o del Niño Jesús de Praga…Pero nada, no se contentó con el jabón que le daban los artistas y su claque y tuvo que decir aquello de que estábamos a las puertas del pleno empleo, que habíamos superado a Italia e incluso a Francia y que ya éramos temidos en la Champions de la economía…¡Qué bochorno!

-¡Y qué mal trago para ti y para nosotras!-dijo la abuela de Montoro señalando a otras abuelas de la eternidad que también se sentían ninguneadas.

2

A la mesa de te se acercó  la abuelita de Pedro Solbes, recordando lo mal que lo pasó cuando su nieto Pedrito, tan solvente hasta entonces, dijo que de crisis nada de nada mientras el barco se hundía. Y por las bóvedas de otros rincones de la eternidad resonaban igualmente las voces de más abuelas decepcionadas por las tonterías que habían dicho sus ilustres nietos pese a los muchos elogios y cariños que ellas les prodigaron cuando eran niños.

-Pues mi Felipín, tan  inteligente como era, se lució con aquello de OTAN, de entrada no

-Pues mi José Antonio dijo que España era una unidad de destino en lo universal…¿Qué necesidad tenía de decir esa tontería?…

-Pues anda, que cuando a  mi nieto  Paquito se le ocurrió decir que los Principios Fundamentales del Movimiento son por su propia esencia permanentes e intangibles, y que todo quedaba atado y bien atado…

3

El descontento se había adueñado de aquel colectivo de abuelas en la eternidad. Todas creían haber amado y elogiado con el mayor cariño a sus importantísimos nietos. Pero sin embargo ellos, como si nunca hubieran tenido abuela, se habían obstinado en fanfarronear diciendo frases grandilocuentes que al poco tiempo quedaban reducidas a simples gilipolleces.

-En lugar de mimarles tanto, podíamos haberles recordado que en boca cerrada no  de entran moscas-dijo la abuela de Montoro.

-O por la boca muere el pez –añadió la de Zapatero.

-O uno es dueño de lo que calla, y esclavo de lo que dice- subrayó la abuelita de Solbes.

-O calladito estás más guapo -volvió a la carga la abuelita del ministro de Hacienda.

Las abuelitas de José Antonio  y de Franco, advirtieron entonces que el Jefe se acercaba a la mesa de te y aprovecharon la ocasión para hincarse de rodillas ante Él y pedir por todos sus nietos lenguaraces que parecen no tener abuelita.

-Perdónales, Señor- imploraron- Porque son políticos, y no saben lo que dicen…

Lo que da de sí el mapa de España

Uno se pregunta cuántos veranos le harían falta para conocer, aunque sólo fuera muy por  encima, todo lo que ofrece el mapa de España...

Uno se pregunta cuántos veranos le harían falta para conocer, aunque sólo fuera muy por encima, todo lo que ofrece el mapa de España…

1

¿Cuánto más vives más sabes?…Tal vez sí, tal vez no. A Homper  le sigue sorprendiendo descubrir a su edad cualquier cosa. Como su margen de ignorancia es infinito, circula por la vida con cara de semitono, que es esa expresión mitad de pasmo mitad de tonto que se le pone a un cantante aficionado cuando tiene que afinar un bemol o un sostenido.

-Tu acuérdate del bobo de Coria, pon su cara y ya verás cómo das la nota justa-le recomendó un veterano compañero de coro.

Desde entonces no deja de mostrarse como el bobo velazqueño en todos los órdenes de la vida. Su abuela le recordaba aquello de nunca te acostarás sin saber una cosa más y, aunque ya no tiene edad, sigue preguntando como un niño.

2

Vuelve a ser actualidad el contencioso del Peñón de Gibraltar. Homper, que ya es cuasi perro viejo, se sonríe recordando que en su colegio le enseñaron a cantar una de esas marchas del estilo de Pomporrutas imperiales con un estribillo reivindicativo que clamaba simplemente por un Gibraltar español. Como no podía ser de otra forma.

Franco también dijo aquella frase señera de que Gibraltar caerá como una fruta madura- piensa para sus adentros- Pero el maldito peñón debe de ser como esas ciruelas y nectarinas de los supermercados, que te los venden duras como bolas de cañón y jamás maduran.

Todo es dejá vu, como se señala a menudo en este blog. El  Reino Unido no declinará su arrogancia secular, el gobierno español  dejará bien claro que vale, pero sin abusar ni jalear la demagogia llanita, y al final no llegará la sangre al río. La razón es algo que el espíritu imperial tiende a pasarse por el forro de sus blasones. Por otra parte …¿valdría la pena un malvinazo hoy en la punta sur de Europa?

3

También le sorprende a Homper que, una vez autorizadas en las terrazas de verano esos pulverizadores de agua que alivia la calorina ya hayamos puesto el carro antes que los caballos, y la administración se apresure a regularlos para evitar que esas etéreas duchas refrescantes propalen enfermedades como la salmonelosis. Salmonelosis, sí. Otros veranos también saltaba a la palestra la aluminosis que ataca a los edificios. Probablemente esta es igualmente virulenta en primavera, en otoño y en invierno, pero como en verano flojean las noticias se tira de ella y de otros riesgos parecidos para dar pasto a la información, que tiene que llenar las mismas horas de radio y de televisión y los mismos periódicos todos los días del año.

Aunque a Homper y a muchos otros Gibraltar estos problemas no sean precisamente los que les quitan el sueño.

4

Nunca tan poco territorio pudo ocasionar tantos conflictos durante tanto tiempo,  piensa el Hombre Perplejo parafraseando a Churchill. Se roza el tema en una conversación que mantiene Homper con su amigo Ramón, que es diplomático y experto en política exterior, pero doctor cum laude en casi todo lo demás. A Homper le saltan las dudas como resortes inesperados, y plantea entonces una que va de topografía, y que le inquieta desde siempre.

-La superficie de un territorio…¿se mide en planta o recoge también los accidentes del terreno?

Homper imaginaba que si el Creador fuera topógrafo, sacaría la plancha, la pasaría por nuestra piel de toro quitándole las arrugas de las montañas y valles como si planchara una sábana y mediría así la auténtica superficie de España. Pero su amigo Ramón le confirma que no, que los planos y mapas se hacen sobre una medición  en planta. Por  lo cual resulta que países como el nuestro o Suiza, de suelo tan accidentado, son particularmente ricos, como bien advirtió el ínclito Bárcenas, pues entre montañas y valles suman muchas más hectáreas que las que refleja su foto satélite.

De eso va, de riqueza natural, de montañas y valles que son auténticos tesoros, de joyas del Románico primorosa y milagrosamente respetadas por el tiempo. De acostarse cada noche sabiendo una cosa más de este país que siempre guarda sorprendentes rincones  en cada hectárea de su territorio. Perdido en algún lugar de los Pirineos, Homper no tiene fácil acceso a internet, pero algo acabará contando en este dietario errático que firma el  Duende.

Las rosas y las reglas del blog

Esta imagen esta tomada a modo de préstamo de paulaysuscosas.blogspot.com

Esta imagen esta tomada a modo de préstamo de paulaysuscosas.blogspot.com

1

Después de las mil primeras entradas, y coincidiendo con la tensión que produjo el concierto, te has concedido un cierto descanso. No es pereza, es sentido de la medida. Estos días has visto que la gran aportación de España a la Bienal de Arte de Venecia es una instalación de una artista formada en Holanda que se llama Laura Almarcegui. Debe de ser que en los Países Bajos  consideran que eso de ganarle el terreno al mar sigue siendo un arte, de manera que nuestra representante en lugar de construir un polder ha acumulado unas cuantas toneladas de escombros en una habitación y, con la ayuda de una gran grúa, lo ha presentado en Venecia, tan contenta. Dice que es una deconstrucción del pabellón español, sin que tú tengas claro si se refiere al pabellón del año anterior o a éste, pero da igual, porque tampoco entiendes que Ferrán Adriá deconstruyese la tortilla de patata, con lo rica que está ésta no construida, ni destruida, ni mucho menos deconstruída, sino simplemente bien cuajada.

Te gustaría que alguien con autoridad te explicara qué significa deconstruir. De vez en cuando se ponen de moda palabras que algún listillo se saca de la manga, y los demás  picamos tontamente y acabamos haciéndolas nuestras.

2

La creación de la artista Almarcegui pretenderá ser una metáfora de la nueva realidad virtual que ha creado Internet. Vemos, eso crees tú. Tu post de hoy, o el conjunto de los mil anteriores, quizás sean uno de los millones y millones de  palabras/adoquines con los que los millones y millones de blogueros como tú estais macizando el espacio. Te imaginas éste tan colmatado de palabras que ya le deben estar rascando la tripa a la luna. Pronto podría no caber ninguna más, así que mejor dejar de escribir de cuando en cuando y ahorrarle a la humanidad pensamientos inútiles. Hoy por ejemplo estabas dispuesto a proclamar que lo de la Bienal, como lo del uso y abuso del verbo deconstruir, es una monumental gilipollez. Pero para qué arriesgarte a que te consideren ignorante, cuando  el mundo de la cultura y los gurúes de la inteligentsia siguen pontificando con éxito. Escribe menos, y de cosas menos trascendentes, como las rosas en primavera.

3

Para que alguien de por ahí te envidie, has decidido huir del mundanal ruido y pasarte tres o cuatro días seguidos en el campo. Sin grandes tareas. Los médicos te prohibieron la azada, la hoz, la carretilla y cualquier otra labor que pusiera en riesgo a tu frágil espalda. Así que aparte de echar  de comer a la perra, a los gatos, a los canarios, recoger los huevos del gallinero y regar alguna maceta, tu faena más exigente es cortar rosas.  Si los rosales fueran inteligentes serían menos prolíficos, pues toda la belleza de una rosa en su plena lozanía acaba siendo una amenaza cuando a su lado asoman cientos de hermanas que le quieren hacer la competencia. Para ti la rosa alcanza su máximo esplendor cuando en sus pétalos se empieza a adivinar la decadencia, como si fueran una película de Visconti. Pero su decadencia se presenta rápidamente, y si no actúas a tiempo, cortándolas cuando aún lucen guapas en el rosal, pronto serán naturaleza muerta. Muerta y deslucida.

Cortas cientos de rosas con tu tijera hasta que vuelve a doler la espalda. Y te acuerdas mucho de tu amigo Félix, que hundía su uña en los tallos y las arrancaba a mano, pacientemente, como si echar horas en este menester fuera de las pocas cosas importantes en las que merece la pena esforzarse. Quería darle la razón a Gertrud Stein, luego copiada por Nacho Cano. Una rosa es una rosa es una obviedad, pero también un reconocimiento. Una rosa puede ser sólo una flor, pero también un cuadro, un poema, un momento de gran placer para los sentidos, y una metáfora de lo efímera que es la vida. O sea, mucho, casi todo.

4

Se sorprende el muy agudo Zoupon de que las etiquetas de tus post barajen a menudo nombres que nada tienen que ver entre sí, ni tampoco con el título de la entrada correspondiente. No lo puedes evitar. Tienes alma de abeja, que vuelas de aquí para allá, libando algo de cualquier flor para elaborar tu propia miel, no se sabe si buena o mala, pero tuya. Estás  leyendo un libro del historiador inglés Alistair Horne titulado El tiempo de Napoleón cuando, casualidad,  te enteras de que las rosas que más odias podar se llaman precisamente rosas Napoleón. Nacen sobre una especie de lecho de pilosidades verdes que parecen un nido de pulgones, y se te antojan horrorosas. No sabes por qué las han apodado así, esta vez ni siquiera Google te lo aclara. Sólo llegas a enterarte de que a Josefina le encantaban las rosas, y que en el jardín de su palacio conocido como la Malmaisonno sería tan mala la casa- había una espléndida rosaleda. Sospechas que algún botánico pelota, conocedor de la debilidad del emperador por los fastos y la pompa, creyó que al jefe le gustaría esta variedad sobrecargada, y se la dedicó a su esposa como trasunto floral de las mamarrachadas que vestía el corso.

También piensas la que se habría armado entre la comunidad botánica si otros tiranos contemporáneos hubieran bautizado a más rosas. Rosa Stalin, Rosa Hitler, Rosa Franco, Rosa Trujillo, Rosa  Pol Pot, Rosa Pinochet, Rosa Gadaffi…No habría espinas suficientes para rosas de esta calaña.

5

Y resulta que escribes todo esto porque hoy te apetecía abordar un cuento que tienes en la cabeza, y lo dejaste para otro día por no liarte. Tienes que salir a andar, que te lo ha dicho el traumatólogo, y el cuento se te iba a enredar, y a enredar…Como este post, que mezcla churras con merinas, y se hace largo sin aclarar nada. Por Dios, que alguien regule y ponga límites cuanto antes a la nefasta manía de escribir un blog.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,336,047 hits

A %d blogueros les gusta esto: