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Dios bendiga al hijo de la Paqui

 

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Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

2

Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

3

Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarrasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectoris. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

Dios bendiga al hijo de la Paqui

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Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

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Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

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Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectorum. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los que pasan y nos dejan tanto

A los muertos ilustres les debemos mucho, pero...¿y lo que tenemos que agradecer a los muertos anónimos que nos legaron joyas como Santa Cristina de Ribas de Sil?

A los muertos ilustres les debemos mucho, pero…¿y lo que tenemos que agradecer a los muertos anónimos que nos legaron joyas como Santa Cristina de Ribas de Sil?

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Se muere Miguel Pajares, y en el plazo de un par de días le siguen famosos como Robin Williams y nada menos que Lauren Bacall.

Ponme con la Parca –le pide el director del Daily Planet a su secretaria.

La Parca, o sea, la figura mitológica esa que los clásicos pintaban como un esqueleto encapuchado con la guadaña preparada para segar nuestras vidas. La misma Muerte en persona.

-Oiga, ¿es la Parca?- pregunta el director del periódico de periódicos en el más puro estilo Gila– Que si no podía usted espaciar un poquito más los muertos ilustres, que es que nos los junta todos en dos o tres días y luego no tenemos nada sobre lo que escribir el resto del verano.

La Parca probablemente responde que ella es una mandada, y hace lo que le dicen.

-No, si no le digo que no…. Usted mate lo que tenga que matar. Pero distribuya mejor sus objetivos. Esta semana una artista, la siguiente un político gordo, la siguiente un ídolo del deporte…Al menos hasta el final de las vacaciones. Luego ya empieza el nuevo curso y volveremos a tener carnaza con las gilipolleces a las que la Humanidad nos tiene acostumbrados.

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Te preguntas simplemente si la actualidad se nutre de la realidad o del deseo.

Se muere Miguel Pajares y es realidad dramática y ejemplar. Hay que divulgarla para prevenir al personal contra el Ébola, un Jinete del Apocalipsis con el que no contábamos, y para que la especie humana recupere algo de su autoestima. El gran hombre se lo merece. Pero se mueren también un cómico como Williams y una diosa de la belle epoque de Hollywood como la Bacall y parece tal que si un flautista de Hamelin para nostálgicos hubiera recorrido las redacciones reclutando plumas famosas que bordan obituarios a la medida de su deseo.

Williams es un gran mimo, el mejor de El club de los poetas muertos, Popeye, Peter Pan, un genio que, como casi todos tipos de su clase, acaba desesperado de su talento. Maravilloso juguete definitivamente roto. ¿Por qué?… Lauren Bacall es el mito de la elegancia rubia, un último destello del Hollywood de las grandes estrellas –aunque aún la sobreviven Maureen O´Hara y Olivia de Haviland-, el indescriptible encanto de la seducción en blanco y negro. Cuentan que le bastó rascar una cerilla y cantarle si me necesitas, llámame para camelarse a Bogart, que era un tipo con alma de basalto. Literatura. El público llano hace leyendas de quien le gusta porque necesita leyendas para seguir viviendo. No desean que se pierdan, y creen que perpetuando su memoria se funden con ellos en la inmortalidad.

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Tú pasas sobre esas muertes como sobre casi todas, sin perder la perspectiva de que forman parte de la propia vida. Te sorprendía de niño ver cómo tus padres se despedían de sus padres, hermanos o de sus amigos sin que su pérdida dejara en su rostro una nueva arruga o un súbito mechón de pelo blanco en su cabeza. Ahora eres tú el que blindas tus sentimientos frente a los puntuales servicios de la Parca. ¿Ley de vida o simple instinto de conservación?

El caso es que esa semana de muertes resonantes te sorprende cerca de la Ribeira Sacra, una zona donde sobra paisaje hermoso para agradecer al Creador su buen gusto y joyas del románico como el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil para arrodillarse los que, piedra a piedra, hicieron posible ese templo en un enclave de excepcional encanto. Lo visitaste en compañía de tus amigos después de haber hecho un pequeño crucerito fluvial por el Sil en su tramo embalsado. Os ilustró el recorrido una guía culta y encantadora que, entre otras curiosidades, subrayó la significativa importancia de los miles de estrechísimos bancales –no más de un metro de ancho muchos de ellos- que los primitivos moradores del valle labraron en las laderas del río para el cultivo de las vides. Entre el espero boscaje de robles, alcornoques, madroños y otras especies mediterráneas que templan el rigor atlántico del clima local –y que colaboran a crear el tempero necesario para la uva- se distinguía el pináculo de una torre.

-Es el campanario de Santa Cristina de Ribas de Sil apuntó la guíaNo es fácil llegar allí por carretera, pero si pueden no dejen de verlo, porque es una de las joyas del románico rural gallego…

Caía la tarde cuando desembarcasteis. Para llegar a aquel monasterio que, desde el río, parecía a tiro de piedra, os perdisteis por un dédalo de carreteras y pueblos, kilómetros y kilómetros dando vueltas con la obsesión de llegar antes de que se hiciera la noche cerrada. Cuando disteis con él, escondido por bajo de un camino sin salida, tuvisteis que ayudaros con los faros del coche para admirarlo. Sólo insinuado ya entre las sombras del crepúsculo, os sobrecogió el conjunto monumental, el lugar y la emoción de haberlo descubierto en las puertas de la noche. Tantos siglos esperando vuestra visita. Tantos muertos anónimos que dejaron en esas piedras talladas el testimonio de su fe y, sobre todo, de su trabajo. Y tanto que agradecer a los que nos dejaron tanto.

El gilipolling

¿Por qué un idiota que se busca su desgracia nos debe preocupar tanto como una auténtica víctima del infortunio?...

¿Por qué un idiota que se busca su desgracia nos debe preocupar tanto como una auténtica víctima del infortunio?…

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Be beautifull, dice en sus mensajes publicitarios Bodybell.

Podría decir sé bella, ponte guapo, que luzca tu encanto, etc. Otras firmas buscan su plus de singularidad en una simple preposición: Moda Ibicenca by Tita Salupi, Arquitectura Interior by Jerónimo Dolao, Sabor y Salud by Samuel Bermúdez (este, supuestamente, sería un chef, pues ahora un cocinero es como el chamán de la tribu. Que callen los filósofos, que donde esté un cordon bleu no necesitamos más profetas de la felicidad). Pero a lo que íbamos: la paletería de creer que cualquier cosa dicha en inglés suena mejor, parece más importante, distingue de la competencia y, sobre todo, vende muchísimo más. Se acuerda el bloguero de una de las ocurrencias que le escuchó a Gila cuando nuestra cultura empezaba a ser colonizada.

-Y me he mercado unas gafas de sol que no veas…No, no tienen cristales, pero son americanas.

Se entiende lo de “que no veas”.

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Como todo lo que es anglosajón merece la indulgencia apriorística del español apocado, hasta los propios periodistas, que de hecho son la academia callejera, consagran el eufemismo, en inglés. Lo necio y lo guarro seguirá siendo igual de necio o de guarro, pero a la conciencia colectiva le sonará más gratamente. El selfy podría ser propy, pues al fin y al cabo es uno el que se hace la propia fotografía. El trending topic se puede sustituir en la lengua de Cervantes por el tema del momento, pero resultaría demasiado claro. O sea, ligeramente pueblerino. Las putitas discotequeras de un pueblo de Mallorca, al que se hace un favor no citándolo, practican felaciones a cambio de copas gratis. Sucking suena bastante fino, es discretito, pero los lobos del sexo aquí se vuelven castizos, y han recurrido al spanglish para acuñar el término mamading. Viva el neologismo sutil e ingenioso, oh poetas del desmadre,

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Entretanto, y por las mismas latitudes, jóvenes borrachos o drogotas en su mayoría anglosajones que viven el verano al límite y buscan nuevas emociones se tiran por un balcón esperando caer en la piscina o en el mar que ven a sus pies. No siempre calculan bien el salto, porque algunos de ellos se estrellan contra el suelo o las rocas y mueren. Caen cual víctimas de las pateras, o de vuelos comerciales torpedeados, o de los bombardeos en la franja de Gazza, o del terrorismo. ¿Merecen la misma compasión que estos últimos inocentes? ¿Hay que llorar también por su destino? ¿Debe el estado del bienestar mandar su SAMUR y abrirles sus carísimos hospitales como si realmente lo merecieran? ¿Es inmoral e inhumano encogerse de hombros y decirse con tu pan te lo comas, niñato de mierda, por majadero, como si no tuviéramos otras desgracias que lamentar?…

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En el Diccionario Neochorrádico, que diría Forges, a este deporte siniestro le llaman balconing. Sostiene el bloguero que más riguroso y exacto sería introducir la voz Gilipolling como “tirarse por el balcón sabiendo que lo más probable es que no lo cuentes”.

Pensando en la economía del esfuerzo, incluso podríamos reducir este imprescindible diccionario a esa voz única, GILIPOLLING,  que quedaría definitivamente redactada así:

  1. Figurada y familiarmente, practicar el balconing, o sea, hacer el gilipollas tirándose por el balcón sabiendo que lo más probable es que no lo cuentes.
  2. Por extensión, hacer la gilipollez de utilizar expresiones y voces inglesas cuando lo más claro y directo es hablar en castellano.

No más quijotadas por quien no se lo merece. Pero  recuperemos para  nuestra lengua el sabio consejo del ingenioso hidalgo a su  escudero: claridad y concisión, Sancho.

 

 

 

Mitja volta, ¡ar!

Aunque parezca mentira, la defensa de un país es una cosa muy seria...

Aunque parezca mentira, la defensa de un país es una cosa muy seria…

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¿Cómo que una ocurrencia? ¿Cómo que era una improvisación más? ¿Y quién se atrevería a hablar de despilfarro, cuando de lo que se trataba era de aplicar el bon seny, y de optimizar los recursos disponibles en la defensa de la nova Catalunya lliure e independiente? El Consell de Transició no estaba dispuesto a echar carne a la bestia de la caverna. Haciendo gala de un exquisito rigor presupuestario y de un acrisolado sentido del estado, catalán, se entiende, la primera medida fue la transformación de la rojigualda que ondeaba en todos los pabellones y edificios militares en senyeras. ¿Había comportado eso una nueva petición al Fondo de Liquidez Autonómico para abordar el cambio? En absoluto. El proyecto había sido adjudicado al industrial de Sabadell Magín Sunyé y Cardedeu, creador de la Sunyebanderola, una revolucionaria máquina que en un tiempo record cortaba las franjas rojas y amarillas de la bandera del Estado en estrechas tiras que, recosidas nuevamente con las medidas reglamentarias, formaban la bandera oficial de Cataluña. Luego añadía la estela on request, por un par de euros más. Todo muy sensato, muy patriótico y, sobre todo, muy económico.

-Porque el patriotismo y el independentismo- subrayó Bonifasi Raspujol y Ganerit, primer Jemadet de la transició-no ha de hacernos perder la cabeza.

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Hablando de cabeza, el Jemadet sí había considerado necesario en cambio sustituir la gorra de plato de la oficialidad por la barretina, tributo romántico al hecho diferencial que, además, en caso de ataque del enemigo por sorpresa, permitía acoplarse el casco encima sin perder un minuto ni desdibujar la dignidad del uniforme de paseo.

-¿Que el enemigo quiere rendirse?…-explicó el superjefe de las nuevas fuerzas armadas-Pues como en La rendición de Breda, pero como auténticos catalanes. Se quita uno el casco, caballerosamente, para recibir la capitulación del vencido, y que el enemigo vea en la barretina que no es la OTAN ni la Unión Europea ni España ni la madre que les parió, sino el ejército de Cataluña el vencedor. ¿Eh que lo captan?

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Otros elementos aparentemente menores, pero no menos significativos, obligaban a un ejercicio de optimización de recursos, materia en la que el Jemadet estaba incluso aún más impuesto que el mismísimo gobierno de la Generalitat, modelo de austeridad donde los haya. El sargento Cunillé, al que antes del sarpullido independentista todos conocían como sargento Conejero, era hijo de una maestra, y escribía los partes con mucho arte, lo que le valió el encargo de traducir al catalán el himno de la fiel Infantería, que quedó así de bonito: Ardor guerrer/ vibra a les nostres veus/ I d´amor patri ple el cor/ entonem l´himne sacrosant/ del deure, de la patria y de l´honor. La segunda estrofa del glorioso himno planteaba más problemas, pues el original dice De los que amor / y vida te consagran/ escucha España la canción guerrera/ canción que brota de pechos que son tuyos/ de labios que han besado tu bandera. Cambiar España por Cataluña era difícil, por aquello de la sílaba de más que rompía la métrica, aunque se hacía con gusto. Además: todo lo enaltecía luego esa emocionante cançó que brota de pits que son teus/ de llavis que han petonejat la teba senyera, versos que dan particular esplendor a la épica heroica.

Todo por la patria.

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No gustó mucho que la caverna mediática se cachondease de otras iniciativas fundamentales para la defensa de la futura Cataluña independiente. ¿Cómo no se iba a crear una AIECA (Agencia de Inteligencia y Espionaje de Cataluña) si era evidente que en numeras regiones de los países fronterizos habían copiado ya la fórmula del cava y en las montañas del Bergadá habían sido vistos varios practicantes de parapente tomando fotografías en pleno vuelo?…Un irresponsable pensaría que eran simples deportistas de riesgo, pero cualquier agente avezado, enterado de que dos de ellos eran de Jumilla y un tercero de Chinchón, llegaría a conclusiones altamente preocupantes.

-Estado de alarma –fue lo que le recomendaron al Jemadet- Se sospecha que el enemigo prepara el día I.

-Y eso qué es –preguntó el Jemadet- ¿El día de los Idiotas?

Non foti, meu general. ¡El día de la invasión!…

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Más datos alarmantes: en las playas de Salou habían sido detectados media docena de bañistas del sexo masculino en un provocador taparrabos con el toraco de Osborne estampado sobre el mismo paquetón de sus masculinidades. Intolerable. Mientras que varias explotaciones de pera limonera ilerdense habían sido saqueadas por cuadrillas de sospechosos morenitos que luego huyeron en dirección sur. El Jemadet pidió que le pusieran urgentemente con la Generalitat.

-¿Considera el molt honorable que estamos hablado de un casus belli?-preguntó al presidente Mas.

Hubo un minuto de silencio.

-No se precipite, general. Aún tenemos margen para el dialeg.

El president aún confiaba en sus dotes de persuasión. Le diría al presidente del gobierno de Madrid que amagar no es dar, y que pensar en la creación de un aparato de defensa para la república independiente de Cataluña no significaba hostilidad ni desconfianza hacia España.

-A más a más, – añadió el preclaro Artur- como que no nos interesa que crean que queremos imponer la inmersión lingüística en nuestro ejército a toda costa, le sugiero que, a la hora de la instrucción de la tropa, aunque las órdenes sean impartidas en catalán, se mantenga el castellano en la voz ejecutiva.

¿Mani, president?-dijo el Jemadet mientras se destocaba de la barretina y se rascaba la mollera.

Está clá, Jemadet!- ¿Que quiere ordenar la media vuelta?…Pues diga: ¡mitja volta, ar!

Entesos, president- dijo el Jemadet después de pensar por un instante.

Hablaron unos minutos más sobre las fragatas, los submarinos y otras armas de sisuasión, descartando las nucleares. Pero Bonifasi Raspujol y Ganerit, aún consciente de que la política de defensa la marca el presidente del govern, no puedo reprimir un último ramalazo de bon seny auténticamente catalán.

-Y, si le parece oportuno, president– sugirió antes de despedirse-, haga como Gila. Y llame también el enemigo para decirle que, si no les sirve de molestia, no ataquen los domingos hasta que acabe el partido del Barça.

 

Transgresores tardíos

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Aquella mañana Homper se encontró por la calle a un compañero de colegio. Se llamaba este Abelardo García de la Fuente, pero todos en la clase le llamaban Probo, pues aparte de ser perfecto en  su Conducta era también el número uno en  Aplicación. O sea, un repugnante empollón y un niño modelo, como se decía entonces. Se saludaron, se intercambiaron sus coordenadas actuales, se preguntaron por su salud, Probo pasó revista a sus hijos y nietos, le dieron un repaso a la actualidad, mientras que Homper le ilustró sobre su entretenida soledad. Y en estas estaban cuando el amigo de la infancia le escopetó una propuesta sorprendente.

-Oye, Hom…Por lo que veo tú también has acabado siendo un hombre de orden. ¿No te apetecería perder por una vez los papeles y transgredir un poquito?

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Mientras andaban juntos Probo le enumeró los sacrificios que le había impuesto su educación, y que él había soportado entonces creyendo que no había otro camino para ser un hombre de bien y de provecho.

-La lucha por la última croqueta, ¿te acuerdas que te lo dije un día?…La mía era una familia numerosa, la lucha por la supervivencia. Todos deseábamos alguna de las croquetas sobrantes después de las cuatro de ración que nos servían por cabeza. En ese momento hubiera dado mi vida por alargar la mano llevarme al plato una de ellas, pero yo era el mayor, y  mis padres me habían inculcado  la idea de que había que pensar en los demás y dar ejemplo. Y nunca, nunca, ni una sola vez en mi vida me decidí a quedarme con la última croqueta…¿Crees que alguno de mis hermanos me lo ha agradecido alguna vez?

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Cuando Homper elaboraba su propia reflexión moral sobre la actitud que debe adoptar el hombre de bien ante la última croqueta, Probo le largó otro dardo para el pensamiento.

-A veces me dan ganas de subirme a un trono de un palacio real atestado por las primeras autoridades del reino y tirarme un pedo estruendoso, ja, ja. De esos que parecen la traca final de la mascletá, ya sabes…

Homper no daba crédito a lo que escuchaba.

-¿Mande?…

-Lo vas a entender. La primera vez que se me escapó uno en la camilla de casa, cuando todos reunidos escuchábamos a Gila por la radio, mi madre me encerró en el cuarto de baño toda la tarde. A mí me pareció una injusticia, porque el abuelo se peía a menudo por el pasillo y se quedaba tan fresco. Se lo dije a mis padres: el abuelo también se tira pedos, y no le decís nada. Ellos me explicaron que el abuelo era un anciano, que no controlaba su cuerpo y que había que perdonarlo. Yo traté de explicarles que un pedo impaciente es un pedo impaciente, pero ni caso. Has de ser educado, me repitieron una y mil veces.

-Probo, tenían razón, entiéndelo…

-Lo entiendo, pero ahora ya tengo casi la edad que tenía entonces mi abuelo, y entonces no me entraba en la cabeza lo de pasarlo mal aguantando… Toda mi vida he sido como Dios manda. Eso, probo, como me decíais en el colegio: en casa, en la universidad, en el ministerio, con mis familiares y amigos, con mis vecinos… Creo que ha llegado el momento de la justicia reivindicativa. Ahora que hacer lo que le peta a uno es un ejemplo de ciudadanía aplaudido por muchos…¿por qué no tirarme el gran pedo de mi vida con ostentación y, a ser posible, con las cámaras de Tele 5 en directo retransmitiéndolo para Eurovisión?

Y se echó a reír como un chavalín después de hacer una trastada.

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-A menudo sueño que voy andando bajo la lluvia y me meto en todos los charcos –continuó relatando Probo- Los pateo feliz, no me importa nada que se me mojen los pies, chapoteo como un pato, y no pienso en lo que pasará cuando salga de ahí y tenga que volver a casa con los zapatos chorreando. Me siguen decenas de niños haciendo lo mismo, como si yo fuera un flautista de  Hamelin de los jaimitos. Alrededor de los charcos, nos miran espantadas nuestras madres. Pero no pasa nada, porque están amordazadas y atadas a los troncos de los árboles que flanquean nuestro camino de la felicidad…

Homper se rascó la cabeza, buscando una moraleja como si fuera un ajo de sabiduría nacido en su sesera.

-Pretendían nuestro bien, aunque a nosotros nos costaba entenderlo. Y tal vez hubiera sido mejor no creer nunca que lo que más nos gustaba fuera malo para nadie…

5

¿A ti no apetecía nunca rebañar con el dedo la cacerola donde tu madre hacía la crema pastelera y chupártelo luego?

-No me dejaban-respondió Homper- Decían que no se rebañaba con el dedo, que para eso estaban los cubiertos de madera.

-No valían, no eran tan perfectos como el dedo, que se llevaba toda la crema pegada a la pared de la cacerola. Ni siquiera había entonces en las cocinas esa espátula de goma  tan práctica que hay ahora. Y a mí me gustaba rebañar la crema pastelera o el chocolate de la tarta de chocolate con el dedo, pero no me dejaban…¿Habría sufrido la humanidad porque yo lo hiciera?…No. ¿Habría sido yo un niño más feliz?…¡Sí! Entonces ¿por qué me lo prohibían?

Homper asintió con la cabeza al tiempo que abría  los brazos hacia el cielo buscando una respuesta a lo imposible.

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-También me tenía que haber plantado ante don Agripino –prosiguió Probo- La Primera vez que me ordenó que me quedara durante el recreo en clase, y me dijo que le enseñara mi cuaderno de dibujo le tenía que haber dado una patada en la espinilla y después salir corriendo Aquí, aquí, súbase al estrado, me indicó el muy cabrón tras rodearme con el brazo y acercar su cara mal afeitada a la mía al tiempo que me metía la mano por la pernera del pantalón corto y me tocaba el culo, como me habían contado entonces que les gustaba hacer a los maricas. Me daba asco oler su aliento a vinazo y sentir su mejilla contra la mía como si fuera el rascador de una caja de cerillas, y más asco todavía soportar sus caricias mientras yo trataba inútilmente de que mirase los dibujos que le presentaba en mi cuaderno. Pero también me daba miedo rebelarme. Me habían enseñado que había que respetar a los maestros, y aunque sospechaba que lo de don Agripino no era lo previsto, no me atreví  a llamarle bujarrón y a mandarle a la mierda.

Homper detuvo el paso como para recuperar el resuello y suspiró.

-¿Por qué habremos sido tan inocentes?- preguntó Homper en

-O tan tontos –matizó Probo.

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-Pensaba eso  cuando ví que el niño de Amarcord le toca las tetas a la estanquera y no le pasaba nada –insistió Probo mientras cogió a Homper del brazo y reanudó la marcha- Se supone que el chaval es el propio Fellini recordando su infancia, pero podía haber sido después obispo o primer ministro en lugar de director de cine, y al mundo y al Cuerpo Místico les hubiera dado igual…

-Cierto –subrayó Homper- El mundo y el Cuerpo Místico tenían otras cosa más importante en qué ocuparse.

-Pues eso, no hay derecho en que nos educaran para ser hombres buenos. Yo me pasé toda la infancia yendo a comprar pan a la tahona y fijándome en el escote de la panadera, que estaba buenísima. Te cobraba la pistola, la fabiola y la barrita de Viena, pero sus vistas canalillo abajo eran gratis. Durante los primeros años me conformé con mirar aquel espectáculo sin disimulo, y ella me sonreía y me hacía ojitos. Luego pensé que había que pasar a la acción, y durante un par de años estuve haciendo cábalas sobre si lo procedente era abordarla directamente contra la pared, como en las películas, o preguntarle antes algo así como ¿no le importaría que le tocara las tetas?…Pero acabé la carrera, entré en la administración, salí de casa, me casé, fundé una familia, me convertí en un ciudadano de esos que llaman ejemplar y no volví por aquella panadería. ¿Crees que en el más acá o en el más allá alguien me va a premiar haber sido tan contenido?

8

-Ahora ya no me siento animado para hacerme delincuente de cuello blanco, aunque me asegurasen que me iba a indultar el gobierno. Ni para ser político autonómico y pasarme por el forro de las pelotas las sentencias del Tribunal Constitucional. Ni para engañar a los pobres ahorradores ignorantes ofreciéndoles preferenciales y salir de rositas. Ni para chantajear a la democracia amenazándola con matar si no se hace lo que me viene en gana. Estoy desanimado incluso para destaparme como indignado tardío, y sumarme a uno de esos escraches, que dicen ahora…Es tarde hasta  para hacerle un sinpa de una bolsa de panchitos a un chino y mearme en los cubatas de los del botellón del viernes, otros que se aprovechan de que la trasgresión está bien vista. Pero no será por falta de ganas, porque toda la vida de probo no se puede aguantar, ya te digo…

-Te entiendo, te entiendo, Abelardo –por primera vez le llamó por su auténtico nombre- Oye, y hablando de otra cosa…¿Cómo andas de colesterol?

-Fatal…Yo creo que el régimen que me han impuesto es lo que ha terminado de agriarme la leche que tengo. ¿Y tú?…¿También a verduritas?

-Como casi todo hombre de orden a una cierta edad. Y sigo la dieta a pie juntillas.

Al doblar una esquina les dio en la cara una ráfaga de olor a huevos fritos con chorizo que venía de una tasca cercana, y a los dos viejos amigos se les iluminó la cara.

-Oye Homper, es casi la una y al menos a mí me está entrando el hambre- dijo Probo mientras su mirada apuntaba al origen del embriagador aroma-¿Y si al fin transgredimos un poquito?

Tras unos minutos de meditación Homper dio su consentimiento. Así que ambos entraron en la tasca y se despacharon una ración de jamón ibérico, otra de queso y un plato cada uno de huevos fritos con chorizo con media hogaza de pan para rebañarlos bien. Y seguramente durmieron luego la siesta con la autoestima subida por  haber sabido acomodar su virtud a las debilidades y corruptelas que aconseja la vida moderna.

El pingüino enamorado

De vez en cuando, el bloguero ventila ss obsesiones pensando en ese fenómeno de la naturaleza que es el pingüino emperador...

De vez en cuando, el bloguero ventila ss obsesiones pensando en ese fenómeno de la naturaleza que es el pingüino emperador…

1

Te lo quieres seguir tomando con sentido del humor, así que te vistes de soldado tipo Gila,  coges el teléfono, marcas un número y surges de la trinchera imaginaria desafiando a las balas que silban a tu alrededor.

-Oiga, ¿es el enemigo?…Que si podían atacar en otro lado, que se están pasando ustedes con nosotros.

Luego miras a tu alrededor a todos los caídos de cara conocida. Paco ValladaresJuan Luis Galiardo, Carlos Larrañaga, Fernando Guillén, Sancho Gracia y el más reciente: José Sancho. Todos actores, todos buenos mozos, todos ligeramente mayores que tú, pero de la misma generación. Y la mayoría, según crees recordar, abatidos con pocos meses de diferencia por tu mismo adversario. Qué obsesión con los artistas. Menos mal que tú no eres exactamente eso. Menos mal que según IAE tú estás encuadrado en el capítulo de humoristas, caricatos o excéntricos.

2

Le mandan en el colegio a tu nieta Marina que escriba un cuento. Y ya lo debe de haber escrito. Una lástima que no le contaras antes la historia de El pingüino enamorado, que a lo mejor le había servido para cumplir los deberes.

La historia es esta. En la casa de la señora de la limpieza de una de las bases que España mantiene en la Antártida llamaron a la puerta. Abrió otra Marinita y se encontró con que el que había llamado era un pingüino emperador.

-Hola-le dijo el pingüino a la niña- Que vengo a pedirte un favor.

-¿Qué favor?

El pingüino se arremangó el faldón de plumas que cubre sus extremidades  y mostró un enorme huevo que se posaba sobre la membrana de sus patas de palmípedo.

-Que si me puedes guardar en caliente este huevo para que se vaya incubando.

-¿Pero eso no lo hace  mamá pingüina?-preguntó la niña.

-No- respondió el pingüino- En otras especies de aves eso es lo normal,  pero ella es una pingüina emperatriz. Es nuestra manera de ser. Ella pone el huevo, pero luego se lo da a su pareja, que soy yo, para que lo coloque sobre estas patas y lo incube…¿Ves?…¡Y así dos meses, de pie, pretegiendo el huevo sin que toque el suelo de hielo y sin moverme ni un minuto de mi sitio!

La niña abrió la boca asombrada. Se imaginaba lo que debía de ser la larga espera del pingüino emperador incubando el  huevo en soledad y soportando el frío polar.

-¿Y qué hace entretanto mamá pingüina? –preguntó.

-Se va al mercado. O sea, al mar para pescar, y regresa después de un mes con comida para alimentar al polluelo que nacerá. Pero fíjate qué plan, yo entretanto esperando días y noches, de pie, solos mi huevo y yo. Y ya no puedo más.

-¿Y qué quieres que haga?

-Pues que te quedes con el huevo y le pongas al calor de tu casa. Junto al radiador de la calefacción, o en la cama donde duerme el gato, o a ratos entre tus manos, para que se vaya incubando mientras yo voy a buscar a mamá pingüina.

-¿Te mueres de hambre y de aburrimiento? –preguntó la niña compadecida mientras le acariciaba.

-No. Me muero de amor –suspiró el pingüino- porque no soporto tanto tiempo sin estar  a su lado.

A Marina se le encogió el corazón al conocer la dura vida del pingüino emperador. Así que le hizo caso, se despidió el pingüino con un beso  y  se ocupó de que al huevo no le faltara el calor ni un momento.

Y  así fue hasta que, al cabo de un mes, justo cuando el polluelo empezaba a romper el cascarón del huevo, volvieron a llamar a la puerta de su casa. La niña entonces abrió y se encontró a la pareja de pingüinos emperadores que regresaban contentísimos, con sus alitas entrelazadas como dos novios y el estómago lleno de pescado. Mamá pingüina acogió al polluelo bajo su faldón, los dos picotearon un beso de agradecimiento a la niña y todos fueron felices y comieron pescadito.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

3

Te preguntas a cuento de qué viene este cuento. A cuento de nada aparentemente lógico. Simplemente intuyes que lo malo del blog de un enfermo es que acaba oliendo a éter, como los hospitales antiguos, y que de vez en cuando necesita ventilación. Abrir las ventanas y que circule el aire de fuera.

Qué grande, qué variado y qué refrescante es eso que llamamos “fuera”. Tantos mundos diferentes de tu pequeño mundo. Tantas cosas que pasan lejos de ti. Tantas vidas tan apasionantes como la de esa ave singular que es uno de tus héroes. Y tantos amigos que no ves a menudo y que incluso ni siquiera conoces.

Muchos de ellos roban un minutillo de su apretada agenda y echan un vistazo a tu blog para saber de ti. Carmen Fernández de Henestrosa, que está en Berlín con una beca Erasmus te manda un saludo y asegura que te lee, qué emoción. También lo hace Monti, María del Monte, la que dejaste de ver de niña y ahora es dos veces madre. Se solidariza contigo porque también soporta un corsé. Y los hermanos Alonso-Lasheras, tan cariñosos, agradeciéndote que dedicaras unas palabras a la memoria de su padre. O tu sobrino nieto Pedro, que aún no ha retirado la bicicleta que le ofreciste. Gente joven y, por añadidura, bien humorada, como Pedrito (un francés de sólo setenta y seis años), y como Zoupón, que bien podría llamarse Zumbón. Sólo esperas ya que te lea Marina, tu nieta, y que se aprenda el cuento para la próxima vez que le pongan esa tarea. Así, en su inocencia, irá entendiendo que no todos los machos sois egoístas, os miráis al ombligo y os ocupáis sólo de vuestra enfermedad. Y si no que se lo digan al pingüino emperador, qué prodigio de generosidad la suya.


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