Posts Tagged 'Gredos'

Dios bendiga al hijo de la Paqui

 

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Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

2

Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

3

Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarrasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectoris. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

Dios bendiga al hijo de la Paqui

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Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

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Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

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Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectorum. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Pasión y otras pasiones

Luis con su apasionante pelota mágica jugando la tarde de un viernes santo

Luis con su apasionante pelota mágica jugando la tarde de un viernes santo

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Casi sin pretenderlo, ahora que vives en una digna tibieza espiritual sientes la pasión de Cristo más que nunca. Por un momento has pensado lo que sería para ti no ya arrastrar la cruz hasta el Gólgota, sino simplemente colgar la barra de unas cortinas de IKEA. Saber que tienes la columna vertebral como una ristra de ajos medio roída te permite estas lucubraciones. Jesús, lo que han de padecer los que de verdad sufren. Por eso no debes quejarte.

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En casa de unos buenos amigos tienes ocasión de ver el esplendor de la primavera en la dehesa. Otros años es un espectáculo exultante, pero hogaño se presenta muy comedido. Está el campo falto de agua. Aunque el otoño fue pródigo en lluvias, el fustazo de los vendavales de invierno ha dejado la corteza de la tierra apenas con la humedad necesaria para que brote el pasto. Tanto el encinar como el monte bajo florecen con vergüenza, casi con temor. En lo alto de Gredos la poca nieve se limita a poner cejas blancas a las cumbres. Lagarto lagarto: ¿dónde está el vaso de agua del verano? Entretanto los partes meteorológicos revientan de alegría por el llamado buen tiempo, que lo es para el turismo y puede que para el PIB, pero no para los agricultores y para ti. Recuerdas muchas semanas santas de tu infancia en la dehesa. No había placer como caminar pisando charcos mientras los arroyos corrían desatados, y al final siempre salía el sol.

Tampoco hace buen tiempo a gusto de todos.

3

De repente te fijas en el panorama que se divisa desde la ventana del comedor y ves a una cigüeña picoteando en el herbazal y un poco más allá a tres ovejas pastando. Las cigüeñas eran en tu infancia un símbolo de felicidad, porque entonces venían de París con un bebé atado en el pico y anunciaban la primavera. Por san Blas, la cigüeña verás. Ahora como san Blas ya no es el 3 de febrero, el clima es más templado, estas aves ya no emigran y han proliferado por casi toda España, no emocionan tanto. Sin embargo a ti te siguen alegrando, tan elegantes, tan esbeltas, tan limpias en su plumaje. Con ese crotoreo de oboe tan agradable, ese planear majestuoso y ese andar lento y rítmico de filósofo peripatético que combina zancada y contracción del cuello. Parece que caminan, picotean y siguen meditando. En cuanto a las ovejas no sabes si serán churras, merinas o entrefinas, porque todas ellas tienen cara de viudas que esperan una subida de pensión. No se la subirán jamás, y así pintan esa expresión de tristeza y de mansa resignación, que unas veces irrita, y otras casi enternece. Las pobres ovejas, figurantes bíblicas en muchos de los paisajes que cuelgan en los museos, también están siendo barridas del campo poco a poco. Ruegas que no se vayan del todo, porque para ti son parte del paraíso original que jamás querrías perder.

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Has entrado en una etapa de tu vida en la que más que hacer nada te limitas a observar. Como la cultura está plagada de grandes pensamientos, te ciñes a algunas menudencias que merecen tu atención. Por ejemplo, en la tertulia después de la cena se escucharon los sonidos de la noche, el canto de una lechuza y el concierto de grillos entre los que tú creíste identificar alacranes cebolleros.

-Eso de los alacranes cebolleros te lo estás inventando, ¿no?- te preguntan con cierta coña.

Te sorprendió la pregunta, porque allí había terratenientes, cazadores y gente muy de campo, y sin embargo no sabían de la existencia del alacrán cebollero. Qué suerte disponer de internet, tener un Ipad a mano y poder argumentar tu teoría con datos elocuentes: Gryllotalpa gryllotalpa: el grillo topo, alacrán cebollero o perrito de Dios es una especie de insecto ortóptero de la familia Gryllotalpidae nativo de Europa, oeste de Asia y norte de Africa. No es tu fantasía, no: el alacrán cebollero existe, canta por la noche, vive en túneles bajo la tierra y seguramente hace estragos entre los bulbos que lo apellidan. Te encanta haber abierto este nuevo ventanuco a la curiosidad de tus amigos. También te estiraste con el Cyanopica cyanus, que es el rabilargo, y el Merops apiaster, nombre científico del maravilloso abejaruco. Afortunadamante este pájaro no se ha percatado de la sequía ni de la crisis mundial de las abejas, y sigue dando fe de que la primavera aún vuela por estos pagos, para estímulo de los curiosos y masaje de los poetas.

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Una pequeña pelota transparente rellena de agua. En su interior, un pez como Nemo, estrellitas de colores y una segunda bola que contiene un pequeño elefante de plástico y un dispositivo que cuando se agita o se hace botar la pelota lanza destellos y vibraciones musicales. Ha sido tu regalo para Luis, tu nieto de ocho meses que vive su primera primavera. Esta joya, que el niño muerde, hace rodar o tira según le peta, sólo costó 1 € en un bazar chino. Como tu tiempo tampoco vale mucho y el recental se ríe, pasas buena parte de la mañana de viernes santo botando la pelota ante los atónitos ojillos del bebé y así exprimes la polisemia del término pasión, que hoy culminará en su versión más trascendente. Otras acepciones: apetito o afición vehemente a una cosa, sentimiento de amor muy intenso, afición o inclinación viva, entusiasmo que se pone en algo…Recuerdas este viernes con respeto la Pasión de Cristo, con mayúsculas. Y luego te refugias en las pequeñas pasiones que aún alientan en ti y que necesitas para seguir viviendo. Son poca cosa, pero continuarás tirando de ellas.

Tu nieve imposible

A tí también te hubiera gustado dejar huellas sobre la nieve...

A tí también te hubiera gustado dejar huellas sobre la nieve…

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Últimamente te despiertas entre cinco y media y seis, cuando aún reina la noche. Bebes un vaso de agua para aliviar la sequedad de tu boca y te acercas a la ventana. Miras el cielo oscuro, Madrid dormido, la calle desierta, el parque fantasmal y la farola solitaria anclada ante tu palomar que te sirve para observar la lluvia. Si chorrean gotas de su sombrerito, es que está lloviendo, algo que te estimula para arrebujarte de nuevo entre las sábanas e hilvanar aún un último tramo del sueño.

No lo confiesas, porque te parece pueril, pero durante la última semana lo que de verdad te hacía levantarte de la cama con ilusión no era tanto la lluvia como la nieve, que los pronósticos, siempre proclives al alarmismo, daban por segura incluso en la capital. Vana esperanza. Sólo una ráfaga de copos como confetis cayó para cumplir el expediente y no sacar los colores a los meteorólogos. La nieve siempre te fue esquiva. Te contaron que naciste un 17 de enero que Madrid amaneció blanco y desde entonces esperaste que se repitiera el milagro por estas fechas. Inútilmente. Quizás por eso siempre te han entusiasmado las proezas bajo cero de todos aquellos que desde Scott, Amundsen y Shackelton a Sebastián Álvaro o nuestro llorado Paco Fernández Ochoa han dejado sus huellas en la nieve o en el hielo. Tú sólo has podido ser esquiador o explorador polar sobre el papel de los libros o viendo documentales. Eso sí, puedes pasarte una tarde entera siguiendo por televisión la epopeya de los pingüinos emperador o la incierta lucha por la supervivencia del oso polar. El frío te sacude cuando lo sufres, pero te fascina cuando lo ves allá lejos.

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Intentaste aprender a esquiar en Candanchú cuando ya no eras ningún niño. Además las botas te causaron unas rozaduras terribles, y pronto advertiste que a tu cuerpo le faltaba la flexibilidad y la coordinación de movimientos necesarios para practicar este deporte medianamente bien. Pocas experiencias más placenteras recuerdas que llegar la cumbre y dejarte deslizar suavemente por la pista. Sin embargo hasta lograr ese orgasmo con la montaña te pareció tan exagerado el coste –largo viaje, madrugones, colas en los arrastres, lucha contra las botas, cremalleras imposibles, etc- que pronto te convenciste de que era mejor para ti amar la nieve de lejos. Ya te parecía difícil hacer pis con el mono de esquiar siendo hombre cuando tu alter ego femenino recordó por boca de Doña María cuánto peor es ser mujer inexperta en esas circunstancias. Te lo contó después de perder su oronda virginidad alpina en la primera excursión de ACUBA (Asociación Cultural del Bloque los Arándanos) a la nieve.

-Esos arrastres que te meten en la entrepierna y que dan un tirón como si fueran sartenes violadoras –se quejaba indignada-…¡De espaldas al pueblo!

Dijo la doña que cayó con estrépito repetidas veces antes de tenerse en pie y a aprender a subir con esos primitivos arrastres. Y que pilló una cistitis en su primero y último viaje a la nieve. Pasó tantas fatigas luchando con su mono hasta conseguir ponerse en cuclillas, y tanta vergüenza intentando camuflar los círculos amarillos que dejaban en la nieve sus alivios, que no volvió a repetir la experiencia. Debió de pensar del esquí lo mismo que aquel joven británico del siglo XIX que, por consejo de su padre, el conocido liberal Lord Coitous, se lanzó a probar su hombría y aprender las delicias del amor. Querido padre. Siguiendo tus indicaciones para completar mi formación universitaria con las enseñanzas de la vida, fui al Soho y con la complicidad de una experta en esas artes, cumplí tu encargo. El resultado puede considerarse satisfactorio, pero a  fuer de sincero, matizaré: el placer me pareció efímero, el precio, exagerado, y la postura, ridícula.

Más o menos lo que dirías tu del deporte del esquí. Envidias a los grandes esquiadores, admirabas que tu añorado amigo Félix, maestro del arte de vivir con el mínimo esfuerzo, se pegase las mayores palizas por sólo unas horas de nieve en Baqueira. Pero hoy, con la espalda medio rota, te basta con imaginar que esquías persiguiendo a la sombra fugaz de una joven Greta Garbo mientras miras desde tu ventana las cumbres de Guadarrama o de Gredos cubiertas de blanco como helados de nata.

Palabras de Candeleda para recibir al 2014

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa...

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa…

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Vida de quien ve pasar la vida en el campo. Algunas mañanas, no siempre, bajas a Candeleda por esa bonita carretera que serpentea hasta morir en el Santuario de Chilla. Cuando después de unos días de intensas lluvias remite el temporal, sale el sol y rompes la mañana, el espectáculo del paisaje limpio y brillante del Valle del Tiétar, con la Sierra de Guadalupe al fondo y los lomos de Gredos nevados a tu espalda es casi medicinal.

-Mírelo usted plácidamente y respire hondo –te recomienda ese doctor discreto que llevamos dentro llamado sentido común-  Es la mar de saludable.

No crees que sea tan saludable el café  con porras del bar Tenazas, pero te da igual. Ese es uno de los placeres por los que no te importará acortar en unas horas tu vida. Las porras del Tenazas son a tu juicio exquisitas, las mejores del mundo. Mojarlas en el café con leche después de haberlas rebozado con azúcar y sentir cómo ese goloso bocado inunda tu paladar y sacia tu jindama matinal es uno de los más importantes entre tus placeres  menos importantes. Tenían antes más tradición las de El  Topo, pero a ti te parecen más finas y crujientes las del Tenazas, en cuyo bar, además puedes hojear el Diario de Ávila y el Marca condecorados ya por alguna mancha de grasa. Eso le añade al desayuno un toque de bohemia popular muy estimable.

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El precio del café con leche con una porra en el Tenazas es de un euro con cuarenta céntimos, pero hay que aclarar que la longitud de la porra es aproximadamente como la verga de un teniente de Regulares en el culmen de su exaltación. Patriótica, naturalmente, y perdón por la comparación. Su desmesura contrasta con lo justita que resulta la taza del café, con lo cual el movimiento del brazo para el mojado de la porra tiene algo de suerte del volapié. Hay que subirlo con la porra en los dedos, apuntar a la taza y atinar con la puntita como quien clava el estoque en el hoyo de las agujas. Lo bueno es que en el Tenazas siempre cortas orejas.

Después te ajustas la taleguilla y te echas a la calle a hacer tus compras. Era el Paquiro en la calle/ un torero de cartel- tarareas recordando el romance popular. Podría pensarse que, pasadas ya las nueve y media, el pueblo bulle, pero eso era en otros tiempos. Las calles y las tiendas a esas horas están semivacías, porque en Candeleda ya casi nadie se levanta a jañiquín.

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Vida contemplativa y sanamente especulativa. A falta de grandes ejercicios físicos que ya no tolera tu espalda, a veces escuchas una expresión del habla candeledana y te diviertes especulando con su origen. Levantarse a jañiquín significa por estos pagos madrugar. El cómo y el porqué de este originalísimo giro debe de saberlo Nines Moreno Monforte, autora de un Diccionario del habla candeledana que recoge peculiaridades del lenguaje popular local. Nines es una mujer capital para la cultura de esta villa. Aparte de sus inquietudes lingüísticas es la presidente de la Coral Polifónica. Gracias a su entusiasmo –ha conseguido sacar patrocinios incluso de muchos comerciantes locales-  Candeleda ya no presume sólo del espléndido mosaico de azulejos de su Parroquia, de  sus porras, de sus gargantas, de su pimentón, de sus higos, de sus quesos y de esa capra hispánica de bronce erigida en la Plaza del Castillo (donde, por cierto, tú no alcanzaste a ver castillo alguno), sino de cultura musical. Antaño la figura del pueblo era Pedro Vaquero, fiel custodio y cantor del folklore popular lamentablemente desaparecido en plena juventud. Ogaño el pueblo también disfruta de Guerrero, de Mozart, de Barbieri o de otros clásicos. Y eso es en buena parte mérito de esta ciudadana inquieta, capaz de conciliar el amor al lenguaje  popular y a la música eterna con algo tan prosaico como atender a su carnicería.

-¿Y a ti cómo te va con tu coro? –te pregunta mientras despacha carne picada después de explicarte los ambiciosos conciertos que prepara su coral.

-Regular –le dices sin disimular tu envidia por su excelente gestión- Estamos preparando la Pasión según san Mateo de Bach, pero nos han echado de la iglesia donde ensayábamos y andamos como Jesús y María cuando buscaban posada.

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En estos momentos de desánimo y crisis está de moda flagelarse con los males de la patria. Por eso valoras este dato. Si a ti te dicen hace cincuenta años que la carnicera Candeleda es filóloga, y capaz de que el Requiem de Mozart llene el noble edificio de su parroquia, pensarías que estabas en otro país de los que entonces envidiabais. Esas eran cosas de Alemania, o de Francia, o de Inglaterra, o de los países escandinavos. De las culturas que nos deslumbraban. Ahora, que tanto nos duele España por sus recortes, sus carencias y otras miserias, también nos debería alegrar por estos detalles que dan otra medida del progreso.

Piensas que es bueno mirarse en Angelines y hacer de su  ejemplo un propósito para  el año nuevo. En 2014 habrá que levantarse a jañiquín y ponerse a trabajar para cumplir nuestras ilusiones. Por pura curiosidad, te hubiera gustado conocer la etimología de jañiquín. Pero tampoco sabes por qué la palabra concertina, que significaba  a) Violinista primera de una orquesta b) Acordeón en forma exagonal, designa ahora también a esa valla coronada de espinas y cuchillas que atormenta a las conciencias escrupulosas. Misterios del lenguaje que quedan pendientes para el nuevo año.

Que lo tengan ustedes tan feliz e ilusionado como lo cantará Nines, la polifacética y muy admirable carnicera de Candeleda

El sueño de otra noche de verano

Hay que aprovechar las noches de verano para mirar el cielo estrellado y dejarse ir...

Hay que aprovechar las noches de verano para mirar el cielo estrellado y dejarse ir…

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No hay tu tía, se ha descolgado del cielo de Madrid esa especie de velo gris y espeso que teje la  calima de los treinta y muchos grados y te entra une ligera depre. Melindres. Rápidamente te acuerdas del Quijote cruzando el secarral manchego con la sesera recalentada bajo el yelmo de Mambrino y del Cid del poema machadiano, el ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana…Sus fazañas y aventuras correrían precisamente en días como éste. Esos eran hombres.

Como los que están ahora mismo encaramados en un andamio limpiando a pleno sol las cristaleras de un rascacielos mientras el sudor les empapa el mono y el arnés de seguridad. O como ese pastor, ese héroe solitario que aún se aventura en algunas zonas de España a apacentar su rebaño de ovejas o cabras. Da igual que sea a siete bajo cero que a cuarenta y dos a la sombra, no salen en la tele ni en los papeles, pero ahí están siempre. Qué tíos.

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Total, que no tienes derecho a deprimirte. De modo que te pones leer el periódico. ¿Ayudan la política y la economía? No, más bien al contrario, así que te vas al abanico de frivolidades que se abre en estas fechas en las últimas páginas de los periódicos. Benidorm para adultos por 59 euros, crucero fresco por el norte de Europa a bordo del Grand Mistral desde 464 euros, Islas griegas por sólo 246 euros, mojitos en la playa de los Lances de Tarifa por no se sabe cuánto.

Te temes que lo que te cuadra es Benidorm para adultos por sólo 59 euros. Y en ese mismo momento decides mentirte a ti mismo y asegurarte que no tienes ni 59 euros. A continuación refrescas en tu memoria otros veranos que fuiste almacenando en tu imaginario ideal, a saber, Las vacaciones de Mr. Hulot, la risa inocente de la primera infancia,  a saber, Verano del 42, la pasión algo menos cándida del primer amor imposible, a saber, Mi familia y otros animales, el libro de verano que más te hizo disfrutar, y por el que sigues pensando que siempre nos quedará Corfú.

Y a pesar de la plasta del calor africano, te vas animando.

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Mientras tanto se reinventa el saber. Un par de sabios de estos que no son del CSIC y pueden permitirse el lujo de seguir investigando han desmontado la teoría de la costilla de Adán. Iluso de ti, crees que lo entenderás, pero te embarcas en la lectura de un farragoso reportaje donde hablan de cromosomas, ADN, secuenciaciones, mitocondrias, citoplasmas y mutaciones y al final no te queda claro si Eva fue anterior a Adán, si la especie humana tiene 142.000 o varios millones más o si esta nació en Africa oriental o en los cayos de Florida, aunque también pudo ser que  fuera en Las Pedroñeras, capital mundial del ajo. Fuiste a por lana y saliste trasquilado. Querías saber algo más y, como siempre que los sabios le dan la vuelta al Génesis, confirmas que casi son más creíbles las bellas metáforas imposibles de la Biblia que las verdades demostradas de la ciencia.

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Das por hecho que las nuevas generaciones son más listas que tú, dueño de una incultura enciclopédica en materia científica. Pero aun así te atreves a escribir al Consejo Mundial del Saber que, si no les sirve de molestia, se abstengan de comunica los resultados de sus estudios complicaditos a los de sesenta para arriba, que ya os habéis hecho una idea de lo que es el mundo y el rollo de la vida, y que teméis quedaros descolocados a estas alturas.

Sin embargo dejas bien claro que recibiréis con los brazos abiertos cualquier luz que aclare la intrincada factura de la ídem, así como el método para abrir los abrefáciles sin desesperarse y echar denuestos sobre el padre de ese siniestro invento.

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Aún guardas el regusto de dos pequeños/grandes placeres que ocasionalmente te hacen bendecir el verano. Uno fue un maravilloso melocotón que te ofrecieron tus amigos Ana y Ramón la última noche que cenaste en su casa. Es difícil que un simple fruto te demande unas líneas a su atención. Más difícil aún que lo consideres como algo perfecto y que te  ilustre la utopía del paraíso terrenal, donde no te explicas que la serpiente ofreciera a Eva una manzana y que ésta picara si había melocotoneros en el Edén. Pero de verdad que aquel ejemplar era tan carnoso y tan exquisitamente dulce, jugoso y perfumado que supuso una buena dosis de felicidad completa. Quizás completa precisamente por lo poco que duró.

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El otro fue contemplar el cielo estrellado extendiendo su manto sobre la noche de Gredos. Se te olvida a veces que esta reserva de gozo de una noche de verano está siempre ahí, a disposición de cualquiera que busque respuestas para sus dudas y un escenario mágico para su imaginación. Dos amantes a miles de kilómetros de distancia pueden sentirse en contacto con sólo ponerse de acuerdo coincidir poniendo los ojos en la Estrella Polar a la misma hora. Un poeta ultraísta quizás decida dejar de escribir versos, porque ya no cabe más poesía que la noche salpicada de diamantes. Una persona castigada por el dolor recibirá de ese cielo un maná de consuelo. Un creyente con suerte quizás encuentre a Dios por ahí, navegando entre tantas estrellas fugaces de constelación en constelación, como un delfín juguetón. No hay otro espectáculo igual.

Tú te quedas pasmado tal que Homper, el hombre perplejo. No estás muy seguro de creer, ni de soñar. Sólo miras a las estrellas, te pellizcas y agradeces.

La medicina del alma

La foto es un churro, pero la "instalación" tiene su aquel...

La foto es un churro, pero la “instalación” tiene su aquel…

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Viste en un ABC reciente que en algún lugar han inaugurado un busto en honor de Mingote. Recuerdas vagamente la foto de familia y autoridades que suele recoger este tipo de actos. Junto al busto aparecen todos los que lo admiraron con cara de circunstancias. Quizás sea por lo mismo que te ha llamado la atención a ti, y es que la presunta obra de arte no se parece en nada al original. Suele pasar. Nos asombran el Moisés de Miguel Angel y el Éxtasis Bernini por la asombrosa fidelidad de sus rasgos, pero lo cierto es  que nadie había visto la cara ni tiene la fotografía  de Moisés ni de santa Teresa para comparar. O sea, que el retrato de los personajes no deja de ser un suponer.

A Mingote le van a dedicar ahora una estatua en El Retiro. Ya han convocado un concurso: Dios nos coja confesados. Más valdría que le dedicaran una placa en la que se plasmara uno de los dibujos con los que se autorretrató. Sólo unas líneas de su lápiz serían para el gran público bastante más identificables y, sobre todo, más emotivas, que lo que probablemente elegirá el jurado municipalista. Basta cotejar la estatuaria conmemorativa que jalona las calles de las ciudades y pueblos de España. ¿No son sus mejores esculturas las de aquellos a los que nunca conocimos de carne y hueso?

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A tu tío Federico Larrarte le dedicaron cuando murió uno de esos recuerdos de bronce en los jardines de Arenas de san Pedro que llevan su nombre, pero tú pasaste por allí y comprobaste que aquel bajorrelieve podía ser él o cualquier otro tío. Mejor hubiera sido sólo la leyenda: al doctor Federico Larrarte, que atendió a tantos arenenses sin cobrarles una peseta. El tío Federico Larrate siendo poco tío –estaba casado con una prima segunda de tu madre, que era la  que daba las mejores comidas y meriendas de la familia- era un gran tío. Lo suyo eran los niños, aunque no sabes si a eso hay que llamarle puericultor, como se decía entonces, o pediatra, como prefieren decir ahora. De modo que tu primera noción de un galeno se fraguó sobre la imagen de un señor sonriente, muy pulcro, elegante y simpático vestido con camisa a rayas y cuello de celuloide blanco que iba a tu casa cuando te dolía la garganta o eructabas esencias de huevo duro.

-Este niño en cama, que no vaya el colegio –decía después de auscultarte y de palparte la tripa- Y de dieta, arroz blanco, jamón de York y yogur.

Entonces te daba un cachetito en el moflete, para restarle importancia al asunto, metía el estetoscopio en su maletín de mano y se despedía.

Eran tres de tus manjares favoritos, así que tú le quedabas muy agradecido, porque te sanaba, te libraba del colegio, le daba alegrías a tu paladar imberbe y encima, en verano, hasta te llevaba de excursión en su Renault 4/4  por las carreteras de Arenas.

El tío Federico se distinguía además por su voz, que tú, en una precoz ínfula de greguerista ramoniano, asociaste a la del bocadillo de jamón, como si los bocatas de jamón hablaran. No sabías por qué, pero estabas convencido de que el tío Federico tenía voz de esa delicia, sin precisar si el jamón era de Avilés, de Teruel o de Montánchez, porque entonces lo de ibérico pata negra no entraba en tus cabales. Otra de las peculiaridades del tío Federico es que exhalaba un perfume inconfundible, el de una colonia que no oliste nunca en ninguna otra persona, y que grabó tu memoria olfativa para siempre. También lucía  en el dorso de una mano  uno de esos grandes lunares que la edad desparrama por la piel humana.

-¿Qué es eso?- le preguntaste un día.

-Un caramelo –te respondió sin darle importancia.

Tú, como buen niño, no entendías el sentido del humor. Pero te quedaste con la idea del caramelo para redondear la imagen del hombre que te ayudó a crecer. Todo positivo, todo amable. Un mal día el tío Federico se murió, y tú mojaste la  pluma en la tinta de los recuerdos para escribir El retorno del tío Federico, una semblanza imaginaria en la que resucitaba para seguir vigilando la salud de sus pacientes. Supones que aquellas cuartillas pecarían de sensibleras, pero a su hijo Adolfo, que heredó el maletín y luego te ayudaría a criar a tus hijos, le emocionaron mucho.

-Muchas gracias- te dijo por teléfono con la voz temblorosa. Era la única vez en su vida que te llamó él, porque siempre eras tú o tu mujer la que le llamaba para atender a los niños.

Ese recuerdo te estimula. Pensabas que los médicos, tan familiarizados al cabo con las glorias y miserias de la vida y de la muerte, no deben de ser propicios  a la emoción. Sin embargo muchos años después repites en cierto modo la experiencia con otro médico y te das cuenta de lo contrario. Les cuesta, probablemente están educados para la frialdad y la templanza, pero, como cada quisque, tienen su corazoncito.

3

Que la fuerza te acompañe, decía Darth Vader. Pero luego te acompaña o no, según le da. A Constantino Romero, que era quien daba voz al tal Darth, le ha acompañado sólo hasta los 65 años, dos menos de los que tú has cumplido con largueza. Sigue el desfile…

Eso quiere decir que estás en edad de riesgo, y que nada agradeces tanto como ese médico amigo que, saltándose el severo protocolo y la burocracia que hoy exige la medicina, pública o privada, te ofrece su teléfono móvil y te atiende a cualquier hora del día y de la noche. Se habla mucho de los progresos de la moderna medicina, pero a ti te nacieron en la época de los médicos de cabecera, cuando Mahoma aún iba a la montaña, y no era esta la que tenía que acudir al hospital o al ambulatorio para revisar sus debilidades. O sea, que echabas de menos al médico cercano. En más de cuarenta años de cotizante de la Seguridad Social ni siquiera recibiste la visita de ninguno de sus galenos.

-Con la de trabajo que tendrán- pensabas-¿Cómo les voy a llamar por una simple vomitera?

4

La fuerza de Darth Vader quebró con tu puñetera neoplasia y dejó de acompañarte, pero como no hay mal que por bien no venga fue entonces cuando perdiste el pudor y solicitaste la ayuda de esos médicos que, dentro o fuera de tu seguro eran tus amigos. A tu otorrino de confianza, Paco Isasa, a quien no veías desde el colegio, te lo reencontraste veinte años después trotando a tu lado entre la nube de corredores que corríais la Maratón de Madrid, y desde entonces lo llamas sin reparo alguno cuando lo necesitas. Vitín L. Barrantes, que es dermatólogo, te hace encantado la ITV de la carrocería, y te anima cariñosísimo con la autoridad añadida de haber superado su propio susto y ser un hombre feliz. El cirujano Vicente F. Nespral te arregló en su día la fontanería interior (e inferior), y es tan eléctrico atajando tus males como poniéndote en contacto con el especialista que haga falta. José Antonio Serra, que es geriatra, está abierto hasta al amanecer `para examinar tus vergüenzas y despacharte recetas adobadas con sentido del humor.

-Lo del reconstituyente  me parece bien. Lo de la muñeca hinchable –dice sin perder un ápice de su ironía- excesivo.

Y finalmente tienes a Quico L.I., que es psiquiatra,  que lleva años luchando denodadamente contra su propio bichito  y que coincide contigo en el campo los fines de semana. Tal vez por eso se ha convertido en tu mentor y supervisor, como si él fuera el prior y tú el misacantano tumoral. Qué cosas.

5

A Quico le debías un detalle, pero no es hombre fácil de regalar, pues él bebe Coca-Cola en lugar de vino, y además se ha comprado ya todos los caprichos más o menos útiles que normalmente apetecemos los hombres. Así que decidiste que más que un regalo le cuadraba un homenaje. Podías haberle encargado un busto, con el riesgo de que al artista de turno le saliera un engendro como aquel del pobre Mingote que se cita en este post, y además no tenías presupuesto Tiraste de imaginación y entonces se te ocurrió una instalación, que ese neologismo mágico con el que los artistas modernos presentan sus creaciones o sus camelos, que pueden ir desde una docena de latas de tomates ensartadas por un alambre en torno a la escafandra de un buzo –qué genial- hasta tres escarabajos peloteros disecados sobre un tablero de parchís. Asombroso, sobre todo si los escarabajos van pintados de turquesa y oro y el título de la instalación es Tres lanceros bengalíes.

 

-No te pongas estupendo- sentiste que te decía entonces Pepito Grillo- y no te comas el coco. Que Quico es más sencillo de lo que tú piensas.

6

Entonces pensaste en lo mismo que probablemente te hubiera gustado a ti, un modesto juguete de hojalata y un mensaje ad hoc, como queriendo decir que lo importante no es el valor del objeto en sí, sino su significado. Pillaste una ambulancia de los años sesenta, una caricatura suya, una foto de Gredos como marco de vuestros encuentros, y con la ayuda de tu sobrina Alicia y tu sobrino Ramón instalaste, y valga en palabro, todo esto en una caja de madera cerrada por una tapa de cristal. Lo demás fue leer el soneto en medio de un pequeño festejo entre amigos. El soneto, titulado La ambulancia de Quico, dice así

¿Por qué será que Quico, o don Francisco,

doctor en los problemas de la mente

siempre te atiende, amigo y diligente,

te duela tu locura o tu menisco?

¿Por qué no hay nieve ni rayos ni pedrisco

que frenen su atención hacia el paciente?

¿Por qué cura su optimismo impenitente

Hasta el mal más dañino y levantisco?…

La respuesta no está sólo en su ciencia,

sino en algo de aún más importancia.

Buen galeno, acude con urgencia

y para atajar cual sea tu dolencia

te acoge en su mágica ambulancia

y te inyecta cariño en abundancia.

La instalación no es para que figure en el Reina Sofía, y el soneto no hace sombra a los de Quevedo. Pero con ellos no hablaba un artista, sino sólo un amigo agradecido que mejora día a día gracias a la medicina del alma.


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