Posts Tagged 'Javier Capitán'

Otra anécdota y un pobre buzo

Ayer Javier Capitán me informaba acerca de su nueva publicación. No me pillaba por sorpresa, pues en días anteriores me avisó de que no sería capaz de resistir la tentación de publicar las anécdotas de la “mente paralela” – así lo bautiza él – de nuestro Duende.

Aquí les dejo la lectura.

Luis, los zapatos y el buzo – por Javier Capitán

javiercapitan

y no hubo zapatos para el buzo…

Los duendes sí existen

Braulio y Narcís Serra

Narcís Serra busca cabida en los presupuestos del Estado para la iniciativa de Alta Velocidad propuesta por su asesor en Tecnología y Defensa Braulio

¿quién disfruta de su propia voz en una grabación reproducida? ¿quién lo hace de su receta sin la aprobación de los comensales? ¿quién es feliz cuando los suyos sufren o se atormentan?

Las respuestas a las dos últimas son conocidas por nuestra propia experiencia, y el alto componente social del que depende la existencia del ser humano. Y la razón acerca de la relativa incomodidad que nos produce escucharnos a nosotros mismos, tiene más que ver con la ciencia acústica; acostumbramos a escucharnos desde nuestro cuerpo, con resonancias que nuestra propia voz causa en nuestra cabeza o estómago, pero no acostumbramos a escucharnos desde otro emisor como un altavoz o un teléfono móvil. El Duende también rehuía de locutar en la radio con voz propia y no tanto oculto tras uno de sus personajes.

Y El Duende, no podía ser él sin todos sus duende-adictos, familia y amigos. Evidencia plasmada en dos lecturas recientes:

  • El post 25 de diciembre ha sido un rescate de la hemeroteca de El Duende gracias al fiel amigo, comentarista de este blog, y admirador Bête en Sauce
  • Una lectura que os invito a disfrutar es de otro compañero del Duende, Javier Capitán, quien nos recuerda las evasiones y vida en dos mundos paralelos de papá. Luis Figuerola-Ferretti por Javier Capitán. Muchos años y trabajo juntos, contados desde un compañero que no sólo tuvo que echar horas con él, sino acompañarle y convivir en sus dos mundos, el real, y el de El Duende.

Al Duende no le gustaría publicar la foto que adjunto; ya sabéis, vergüenza de verse desde el otro lado… pero vale la pena observar la expresión de Narcís siguiendo la propuesta de Braulio con interés y atención, no vaya a ser que de repente comience a leer al revés.

Ya vemos que no hay Duende sin otros duendes. No dudéis en señalar cualquier relato de este blog para su re-publicación y deleite de los seguidores, o escritos propios que queráis compartir con todos desde este blog.

Luis Figuerola-Ferretti por Javier Capitán

Volando como Nils

Viste tan cerca a las grullas, que te dieron ganas de subirte a una de ellas e iniciar un viaje como el de Nils Holgersson...

Viste tan cerca a las grullas, que te dieron ganas de subirte a una de ellas e iniciar un viaje como el de Nils Holgersson…

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Era cuando Javier Capitán y tú estabais en el candelero, y os reclamaban para animar cualquier ceremonia de esas en las que inevitablemente hay que aguantar discursos. El evento en cuestión era una especie de premios naranja y limón que las Sudacas Unidas entregaba a las personalidades que ese año habían sido amables y comprensivos o, por el contrario, antipáticos y esquivos con sus reivindicaciones. Javier y tú ibais llamando a los galardonados, para bien o para mal, y estos, haciendo gala de un notable fair play y de sentido del humor, recogían su diploma y su trofeo. Os alternabais en ese protocolo mil veces repetido a partir de que se universalizó la entrega de los Oscar de Holllywood. Llamabais al personaje, le recibíais con una cuchufleta de vuestro repertorio, le dabais el engendro de rigor –una metopa, un cenicero, una bandejita, una estatuilla indescriptible, el catálogo de horrores conmemorativos es extensísimo- el galardonado agradecía la atención y a otra cosa, mariposa.

No todo era tirar de vuestras imitaciones, que también las dejasteis caer. Había que hacer de presentadores y animadores al uso, es decir, simpáticos, no histriónicos. Y tú perdiste los papeles. Parece que Fraga aquel año había sido sorprendentemente amable con las sedicentes sudacas, y se merecía el premio naranja. A ti te traicionó el subconsciente y ante el pasmo de la organización, de Capitán y del propio galardonado le otorgaste el limón. No pasó nada. Metida la patita, la sacaste, arreglaste el entuerto con una faena de aliño y la gente se rió más que si lo hubieras hecho bien. ¿Sentido del humor o simple sentido común?

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Invocas este recuerdo porque el Director de Emisiones y Continuidad de Canal Sur ha tenido que dimitir. ¿Su delito?: un fallo humano en la retransmisión de las campanadas de fin de año sustituyó siete de estas por dos spots publicitarios que se colaron de rondón en el tradicional protocolo. Parece que las siete uvas sustraídas eran fundamentales para la suerte colectiva de Andalucía. Primera uva eliminada: se va acabá el paro, quillo. Segunda uva: nos va a tocá er Gordo, pishita. Tercera uva: vas a triunfá en el amor, tío, de lo juro por mis muertos. Cuarta uva: vamo a tené una Feria y un Rocío que no se va a podé a aguantá. Quinta uva: la cosesha va a sé demasiado. Sexta uva: se va acabá con la corrución, digo. Séptima uva: se eliminan los impuestos, por la gloria de mi madre. Parece que lo que se les guindó a los andaluces que se quedaron compuestos y sin campanadas era el paraíso. Años atrás TVE mandó al ostracismo a Marisa Naranjo por cometer una fechoría parecida: ¡haber confundido las campanadas de los cuartos con los de las cuatro primeras horas del año nuevo!

Hay cosas que sencillamente no se pueden tolerar, ¿no?

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La ilusión, cuando no la superstición, es la droga más barata para amansar al pueblo. Lo piensas cuando cruzas andando la Puerta del Sol y ves las colas que aguantan impávidos los devotos de Doña Manolita, como si esta tuviera el monopolio del Gordo de la Lotería. Creemos que la sociedad de la información lo está desmitificando todo, pero hay zonas a donde jamás llegarán la razón ni la lógica. Lo ratificas viendo la rapidez con que ruedan cabezas responsables por un asunto, como de estas desdichadas uvas de la suerte, que no pasa de ser una torpeza convertida en anécdota.

¿O es que realmente creen los andaluces soliviantados que las uvas escatimadas iban a cambiar sus vidas?

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Tú hace tiempo que pasas de las uvas, y que sólo alimentas ilusiones pequeñitas, que se pueden cumplir y están al alcance de cualquiera, o ilusiones tan imposibles que son pura fantasía. Cuando viste el amanecer este último 1 de enero entre encinas, en medio de la escarcha que alfombraba el posío, tu ilusión era echarte a pasear al sol de la mañana y escuchar el crunch crunch del dibujo de la suela de tus zapatos al romper la virginidad del pasto helado.

Aún era rosado el tono de la nieve que corona Gredos, pero ya hacía horas que las grullas picoteaban por el amplio Valle del Tiétar, en busca de bellotas. Una de ellas se dejó aproximar tanto que te acordaste del maravilloso viaje de Nils Holgersson a bordo de un ganso y quisiste emularlo. Imaginaste entonces que, al igual que el protagonista del cuento de Selma Lagerlöff, te subías a lomos del ave y la grulla te llevaba volando a ver el mundo. Buena experiencia para comprobar lo poco que somos a vista de pájaro y lo conveniente que es hilvanar las ilusiones con lo que realmente queda a nuestro alcance. Volar y hacer volar a la imaginación, pero sin perder la perspectiva.

Espérame en el cielo, Manolo

Escobar1

Sigue el desfile. Estás en una edad en que se te mueren hasta los inmortales, y lo peor de todo es que ni siquiera te afecta como crees que te debería afectar. Procesas con naturalidad el instinto de supervivencia: si hay otra vida, seguramente pasará menos tiempo para que te encuentres con el difunto en el más allá que el que pasaría aquí hasta que volvieras a saludarlo.  Así que el muerto al hoyo y el vivo al bollo, o aquí paz y después gloria. Debe de ser que, aunque no lo quieras, se te acorchan los sentimientos. Lo que otros llaman simplemente ley de vida, que como apostillaban los romanos es dura lex, sed lex. Se muere Manolo Escobar y su España sigue a lo suyo. De imprescindibles está lleno el reino de los cielos.

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A ti, reconócelo, la muerte de los famosos te suela afectar poco. Incluso la de aquellos a los que, sin ser amigos tuyos, has conocido de algo. Pero no todos los famosos han sido iguales, incluso en la breve y superficial relación que mantuviste con ellos. Cuando desapareció sigilosamente Tola te dio verdadera pena, porque te parecía un verdadero talento televisivo, una auténtica revolución como presentador incisivo y mordaz, y además fue de los que indirectamente más te ayudó en tu carrera radiofónica. Te entristecía ver que, lejos ya su magnífico Si yo fuera presidente, la gente apenas se acordaba de él. Murió Juan Luis Galiardo y de verdad que lo sentiste, pues después  de haber soportado una bronca suya –por un asunto un tanto divertido- y de haber vacilado con él un par de veces en la radio te parecía un tipo simpático, ingenioso y de gran honestidad intelectual, capaz de convertir su pasado de seductor en una caricatura de la insoportable levedad del ser. No sabes si antes o después también voló Antonio Mingote, que a base de ver sus chistes tantos años era como de la familia, y como otra muerte de buenazos puedes catalogar la de José Luis Borau, personaje que te despertaba infinita ternura y al que recordabas de cuando rodaba para tu agencia spots publicitarios en su casa antes de lanzarse a ser figura del cine.

En ese mismo orden preferente colocas a Manolo Escobar.

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Ni una sola de sus canciones estaría en la lista de tus 500 favoritas. El Ejido, Badalona, Benidorm, su famoso tupé, una troupe de hermanos como palmeros y guitarristas, todo el argumentario de tópicos españolistas en unas letras sin el perfume de Quintero, León y Quiroga…Nada de lo que le ha subido al pedestal de la gloria popular te emociona particularmente, incluso caería en el caleidoscopio del sinete folklórico que hacía en la radio una tal Esmeralda Clamores nacida de tu repertorio. Y sin embargo le admirabas. Admirabas la sinceridad de su vida y de su cante, deseoso siempre de dejar en el aire una fragancia amable y positiva. Admirabas al hombre machadianamente bueno que habitaba en esa alma que respiraba honradez y una casi conmovedora ingenuidad.

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Cuando se le pide a un personaje famoso su participación en una campaña de publicidad es muy normal que éste exija un cojón de mico primero y luego, con la boca chica, cumpla sin dar demasiadas facilidades. Vanitas vanitatis Tú viviste esa misma experiencia con otros personajes públicos, que decían veinte segundos de mensaje para un banco sin cambiar su cara de marmolillo y en una hora de rodaje se llevaban lo que cobraba Curro Romero por una corrida de entonces. Ninguno te había dado las gracias porque te acordaras de él para proponerlo como prescriptor, y, de paso ganarse una pasta. Ya creías que eso era lo normal entre las celebridades. Por eso te sorprendió que unos meses después de acabada una campaña para anunciar los PAC de la Unión Europea a través del Banco Santander en la que aparecía Manolo Escobar cantando desde lo alto de un tractor Billetes, billetes verdes/ pero qué bonitos son, recibieras una llamada de teléfono en tu agencia.

-Hola –te dijeron al otro lado del teléfono- Soy XX, sobrino de Manolo Escobar y su representante. Que mi tío dice que le gustaría ir a hacerte una visita.

Se presentaron tío y sobrino en tu despacho. Y, como si el ilustre cantante fuera un debutante feliz por haber ganado sus primeras pesetas gracias a ti, te abrazó sonriente y ceremonioso.

-Toma-dijo entregándote  un bonito cuadro a pastel- Y muchas gracias por haberte acordado de mí.

Manolo Escobar era un buen coleccionista de arte moderno. No sabes, ni te importa, qué cotización tiene la firma de aquel pastel. Cuando lo miras, sólo piensas en lo que valía el hombre que lo regaló, un ídolo de masas que nunca perdió la perspectiva de la normalidad. Un buen tipo que sabía estar a la altura de su fama.

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En el campo, un poco triste, pero contento de otra parte. No sabes si es por la muerte de Manolo Escobar , pero qué manera de llorar el cielo. Desafías al temporal y sales a pasear bajo la lluvia removiendo los erizos de las castañas por si descubres un boletus. En estas te llama por teléfono tu amigo M.G.

-Qué alegría me da escucharte –te dice- Y menudo el susto que me he llevado…¿Creerás que me han llamado para decirme que habían escuchado por la radio que te habías muerto?…

Desde que va hacer un año pensaste que te podías morir en breve plazo, a ti estos despistes no te dan ningún yuyo. Por lo que te cuentan, hoy Javier Capitán evocaba en su programa de RNE la colaboración que mantuvisteis él y tú con el fallecido Manolo en un programa bastante horribilis de Tele 5. No sabes cómo se expresó Capitán, que no suele hacerse líos, pero alguien lo escuchó a medias, se precipitó en sus conclusiones y creyó que el difunto eras tú, hasta el punto de llamar a tu amigo ya citado para darle el pésame. Que la noticia no sea cierta te da una doble alegría. De una parte, ya te consta que los pocos que recibieron la mala nueva lo sintieron de verdad. De otra, sigues vivo. Y con ánimo para cantarle a tu admirado Manolo Escobar  el bolero aquel de Espérame en el cielo…

Un encuentro con Forges

Muchas de las observaciones de Forges te recuerdan a las que hacía tu doña María en la radio...

Muchas de las observaciones de Forges te recuerdan a las que hacía tu doña María en la radio…

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A veces tiras del hilo de un día cualquiera y acabas encontrando un poco de  literatura. Todo empezó cuando las noticias dieron cuenta de que el el bloqueo de la administración de los Estados Unidos podría provocar un batacazo económico treinta y dos veces superior en su cuantía al que supuso la quiebra de Lehman Brothers.  Las gracias de la economía global.  No es justo –pensaste- ¿Por qué  los grandes pelotazos de los ricos sólo tienen repercusión en sus bolsillos y sus ruinas nos arrastran a todos?

Vana pregunta, porque las cosas son como son, y tú qué pito vas a tocar en esto. Así que a vivir, que son dos días.

Advertiste que este en particular era día de macarrones con tomate, chorizo y queso. No sabes qué sienten los demás, pero tú tienes claro que tu cuerpo hay  días de que desea imperiosamente macarrones con tomate, o días de lentejas, o de filetes de gallo rebozados, y momentos de morder desesperadamente un bloque de jamón de York o una tajada de esas grandes  ruedas de queso Emmental  que exhibían las mantequerías antiguas.  En días así,  son esos bocados tu necesidad inmediata, y colmarla,  tu felicidad posible. Bueno, pues el día del miedo al enésimo soponcio económico tu hambre exigía ese plato tan sencillo, pero tan gratificante.

Y te pusiste  a ello.

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Todo fue bien hasta que tuviste que abrir un sobre de queso rallado para esparcirlo  sobre la fuente de  macarrones. Hubo un tiempo en el que abrir cualquier sobre o paquete era algo al alcance de cualquiera, pero desde que el sector alimentario inventó el termosellado de los envoltorios y  esa fuente de cabreos y frustraciones sin límite que llaman abrefácil , ese momento constituye uno de los más delicados y difíciles para la autoestima.

-¿Seré capaz de hacerlo –te preguntaste- o este puto queso rallado me volverá a recordar que soy incapaz también para esto?

Obviamente, el abrefácil se salió con la suya, y no cedió a tus ímprobos esfuerzos. No pudiste liberar el queso rallado hasta que recurriste a las tijeras de cocina, que junto con el cuchillo jamonero tantos cortes te han producido en esa labor sencilla como debería ser sacar un alimento de su envoltorio. El nuevo fracaso te planteaba el dilema de no saber si eras realmente un imbécil o los fabricantes de abrefáciles son lo más siniestro y vesánico de la especie humana.  En ese momento, además,  sentiste dentro de ti a doña María, aquella criatura radiofónica que para casos como éste siempre decía la misma sentencia.

-Esto está hecho de espaldas al pueblo.

 

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La vida es a veces una cadena de casualidades. El día anterior te había llamado la atención el chiste de Forges  sobre abrefáciles que reproduces aquí. Eso coincidió con la llamada una amiga para avisarte de que en el programa de RNE No es un día cualquiera que presenta Pepa Fernández, ella, el propio Forges y ese trasgo genial de finísimo humor llamado Juan Carlos Ortega habían evocado tus años de radio junto con Javier Capitán y Julio César Iglesias, rindiendo un particular y cariñoso homenaje a tus títeres de cabecera como fueron Braulio, Esmeralda Clamores, el padre Bonete y la ya citada gladiadora del hogar.

[Escuchar el programa pinchando aquí, minunto 45 aprox.]

 

–¿Estaré muerto? –pensaste al escuchar sus palabras a través del podcast de RNE a la carta- Porque normalmente sólo se habla de la gente así de bien cuando ya no puede escucharlo…

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También debe de ser casualidad  que el maestro Mingote, y Forges  nacierais el mismo día 17 de enero con algunos años de diferencia. Y casualidad fue que hace dos o tres semanas te lo  encontraras paseando por el centro de Madrid, y que anduvierais juntos un ratito contando vuestros respectivos arrechuchos, a Dios gracias si no vencidos al menos amansados, y hablando de la radio, de las cosas de la vida y de esta costumbre que tenemos los jubiletas –él aún no del todo- de echar a andar cada día para recuperar la ilusión de la salud y aventar los recuerdos.

Te sorprendió la frase con la que te despidió antes de entrar a hacer unas compras en el nuevo Mercado de San Antón.

Pues me alegro mucho de verte así de bien –dijo mientras te daba un apretón de manos y te sonreía- Y te doy las gracias por existir, porque sin gente como tú, te lo digo en serio,  esto sería mucho menos soportable.

Pasmado te quedaste, viniendo aquello de un agudo observador y fabricante  sonrisas inteligentes al que de verdad admiras. No le dijiste que lo tuyo no fue ningún esfuerzo especial por resistir a la enfermedad.

Tampoco le pudiste decir entonces que a pesar de la amenaza del cataclismo económico que nos persigue, y de lo gilipollas que uno se siente por culpa de los abrefáciles, aún te entusiasma pasear por la vida y seguir descubriendo amigos.

 

La no soledad del bloguero de fondo

Para minimizar nuestras penas y soledades, nada como acordarnos de que también es una criaturita de Dios...

Para minimizar nuestras penas y soledades, nada como acordarnos de que también el mítico Kraken es una criaturita de Dios…

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-¿No es maravilloso?-decía uno de los narigudos  de Forges mirando por sus anteojos desde su bunker- ¡Se llama Adolfo!…

Fue uno de los chistes de la transición. Y debió de aparecer en EL PAÍS más o menos cuando aquel lúcido historiador llamado Ricardo de la Cierva  publicó un artículo que hizo historia: ¡Qué error, qué inmenso error! Así recibíamos en España a Adolfo Suárez a uno de los pocos que hoy se salva de la pira en la que la opinión pública he decidido quemar a los políticos contemporáneos. Cuántas veces nos pasamos de listos.

Te acordaste de esta anécdota viendo hace no mucho una de las películas más divertidas que recuerdas desde hace tiempo. Se llama El nombre, Le prénom en francés, una comedia francesa que ridiculiza los prejuicios de la progresía a partir de la  intención de un tipo que va a ser padre de bautizar a su hijo con el nombre de Adolfo.

-¿Te vas a atrever a ponerle ese nombre, con lo que significa  para los franceses de nuestra generación?- dice el amigo progre escandalizado-¿Le vas a poner el mismo nombre que el de Hitler?

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Nadie se escandaliza por poner José a un neófito, por más que así se llamase otro gran ogro del siglo XX, Josif Stalin. Los nuevos historiadores están sulfatando sus prejuicios, y del nefasto Adolf y el no menos canalla Josif van concluyendo que tal para cual, entre monstruos andaba el juego. Lo absurdo no es tanto establecer un ranking de dictadores crueles como creer en el determinismo de los nombres. A ti por ejemplo Adolfo es un nombre que te remite a tu primo Adolfo Larrarte, hijo del tío Federico, que fue el médico simpático y elegantón que venía a curarte las anginas cuando eras niño. El tío Federico olía siempre a una colonia que tu excelente memoria olfativa sólo recuerda en él. Decían que se parecía a Marcial Lalanda, torero madrileño de mucho cartel y larguísima trayectoria, ya retirado entonces  Le tenías mucho cariño al tía Federico, porque cuando estabas malo de la tripa te recetaba arroz blanco, jamón de York y yogures, manjar de dioses que entonces se expedía en las farmacias, como el vino español en la Nueva York de la Ley Seca, según cantaba Conchita Piquer.

Años después el primo Adolfo fue el médico de tus hijos, hasta que murió prematuramente, con su sonrisa de cantor de jazz cubano y su nombre, que a ti te parecía más de príncipe de cuento que de espadón sanguinario. El color del cristal con que se mira todo. Puede parecer una tontería, pero con hebras tan volanderas como estas se tejen muchas memorias, y algunos libros de recuerdos, gustan casi tanto como las novelas. Al menos a ti, seguro como estás de que no hay ficción más jugosa que la vida misma.

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Todas estas digresiones se te ocurren porque en tu último post aparece el comentario de un Adolfo bueno, como tu primo,. No vas a presumir de memoria: en este momento no le recuerdas. Pero él a ti, sí, afortunadamente. Dice haberte visto hace años en Londres en  un bolo para empresas con Matías Prats  y, cómo  no, con Javier Capitán, y que guarda  un buen recuerdo de ti que ahora quiere traducir en expresiones de afecto y de ánimo.

Las necesitas, ya lo creo.  La broma de tu cáncer se está poniendo pesada: piensas en la química que almacena tu cuerpo después de diez sesiones de radioterapia, dos oleadas de quimioterapia y tan abundante medicación y te dan vahídos. La última semana de tratamiento te ha convertido además en un vago impenitente. Te ha inyectado tanta flojera y tanto miedo a la debilidad de tus defensas que ni sales, ni lees, ni escribes ni te sientes capaz de poner orden en tus papeles de casa. Sólo quieres tumbarte, entornar los ojos, evadirte y dormir soñando que estás como un chaval y que trepas al Himalaya sin corsé. Eso sí, por primera vez en tu vida temes al frío. Ya no te separas de una buena manta que dejas caer sobre tu sueño, allá donde te pille. Pensabas que esas eran costumbres de tu abuelo, sin tener en cuenta que ahora el abuelo pachucho eres tú.

Por cierto, Adolfo probablemente no te vio en Londres, sino en Estocolmo, donde en los tiempos en que las grandes empresas ataban perros con longanizas os contrataron para amenizar una multitudinaria convención de IBM. Fue un viaje de trabajo delicioso, a todo plan, conociste la bellísima capital sueca y te alojaste en el mismo Gran Hotel que hospedó a Greta Garbo en sus días de gloria.

Qué suerte has tenido –te dices a ti mismo para animarte- Pensar que llegaste tan lejos haciendo chorradas, y que encima te pagaban por ello.

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Por un prurito de decencia intentas agitar el banderín de la curiosidad, y tratas de asomarte al exterior y no ignorar que el mundo sigue girando malgré ta maladie. Es más, te da vergüenza colonizar con un parte médico el interés de los nosabescuántos parientes, amigos, conocidos y despistadillos que brujulean por la red y de vez en cuando se asoman a tu blog.

-Yo también te sigo-  te recuerdan cuando hablan contigo.

Te ruborizas y te quedas pasmado, porque a pesar de tu aislamiento no dejas de enterarte de las cosas realmente importantes que pasan en el mundo, de la cantidad de libros y artículos interesantes que se publican, de los estrenos de películas y de obras de teatro que sorprenden, de las exposiciones y otros eventos que recabarían tu atención si estuvieras sano. El planeta sigue girando, y produciendo noticias y novedades sorbetiempos y sorbeatenciones sin duda más interesantes que lo que escribes. Mas a pesar de todo siempre hay alguien, oh maravilla,  que para por aquí.

Lo agradeces infinito, y te inflama el ego, bastante chuchurrío por cierto a estas alturas. Pero no puedes dejar de relativizar y parafrasear a Groucho Marx.

Nunca podría leer un blog que admitiera como autor a un tipo como yo.

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Por esos caprichos de la actualidad la crisis parece que se esconde por unos días en un segundo lugar, y sobresalen otros males que nos afligen. Mali, las violaciones de mujeres en La India, la muerte del sargento Fernández por evitar que  inocentes saltaran hechos pedazos. Persisten las matracas cuasi seculares, como el afán de etiquetarse de catalán, europeo, de la Cochinchina o de Antequera, buen lugar para inventarse una metanación, aunque sólo sea por enredar. O el cinismo defender a los presos de ETA creyendo que eso es más progresista que honrar a las víctimas asesinadas. Ah, y la ración de corrupción, que no falte, y de frivopollez habitual: ¿es Mourinho ángel o demonio? ¿Será él el culpable del insoportable ardor que castiga tu esófago?…Te ratificas en tu idea: hay otros mundos, y no están en tu neoplasia. Hay otros objetivos de la curiosidad humana.

Y entre todos, en este mundo tan sensible para unas cosas y tan cubierto de piel de elefante para otras, te llama la atención poderosamente que al fin unos japoneses han filmado a novecientos metros de profundidad en el Pacífico norte a un calamar gigante que mide ocho metros, y eso que tenía dos tentáculos cortados. El mítico Kraken, que según las leyendas nórdicas atacaba los barcos y devoraba a sus tripulantes, existe. Vive en las profundidades abisales, en la oscuridad y olvidado de todos. Hasta ahora, que nos habíamos inquietado por el atún rojo, por la incierta suerte de los osos polares ante el cambio climático, por la disminución de rinocerontes en Africa y por las dificultades para del lince para reproducirse en cautividad, no habíamos tenido ni un solo recuerdo piadoso para el calamar gigante, también criaturita de Dios, por feo que sea.  Como si él no padeciera enfermedades, como la tuya, agravada en su caso por la pavorosa falta de luz y de compañía.

-Dios mío –suspiras a la manera de Bécquer¡Qué solos se quedan los Kraken!…

Para que vayas poniendo las cosas en su lugar y valorando tu suerte.

 

¡Aleluya!

Y a pesar de todo, conseguiste cantar EL MESÏAS ajustándote el corsé...

Y a pesar de todo, conseguiste cantar EL MESÏAS ajustándote el corsé…

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Clavadito. Te acostaste aquella anoche después de haber cumplido tus deberes musicales encorsetado –qué guasa, cantar con más de cuatrocientos colegas El Mesías de Haendel  aprisionado por un corsé-  te acomodaste en postura semifetal, como  dormías cuando eras chaval, y apagaste la luz a la 1 de la madrugada. Así quedaste, igual que uno de esos niños Jesús del Barroco que duermen de medio lado en tantas tiendas de antigüedades hasta que dieron la 6,45 y poco después escuchaste el saludo de Carlos Herrera.

-Me alegro, buenos días.

 Y a continuación el goteo de vinagre sobre las heridas colectivas que nos ha abierto esta  crisis que parece el quinto jinete del Apocalipsis. Nuevos datos terroríficos de la caja de la Seguridad Social, que está lo que se dice canina. Nuevas estrellas en el amplio catálogo de ilustres de políticos y empresarios chorizos y corruptos. Evasión de 50 millones de euros del que fue baranda de los grandes empresarios, qué alegría, Virgen María. Más ajustes reclamado desde Bruselas. Nueva bronca con los catalanes a cuenta de otro borrador de ley sobre la enseñanza de la lengua, más despidos en IBERIA, huelga en la sanidad pública de Madrid, comedores sociales abarrotados, dependientes abandonados por lo que fue el estado del bienestar…¿Y por qué se alegra Carlos Herrera?

 Recuerdas además que estás tocado, cosa que olvidas mientras duermes. Eppur se ridi, diría estupefacto si te viera Galileo. Te ríes porque, a pesar de la crisis/Apocalipsis amaneces, que no es poco, y como cantaba Serrat, hoy puede ser un gran día.

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Te pones en plan  filosófico estupendo y reflexionas. Así las cosas, y siendo uno más entre más de siete mil millones …¿puedes hacer de tu blog un altavoz de tu ego? ¿Te has creído el ombligo del mundo? ¿Te ha entrado el síndrome del escritor de libros de autoayuda ante los marrones de la vida? ¿Le sirven a  alguien tus lucubraciones? ¿Buscas la notoriedad por la enfermedad?…Piensas que tu blog no era ya más que para cuatro incondicionales, no eres Belén Esteban, ni Savaterni Arcadi Espada, ni Gerard Piqué, por hablar de nombres de distinto calibre que comunican y agitan al personal. Da igual. Un día te partiste de risa con Shirley Valentine, una marujona de Manchester desencantada que hablaba con el microondas para aliviar la sacrificada soledad del ama de casa.  Como aquella Doña María en la que te desdoblaste para rajar y rajar, de lo que fuera de lo humano y lo divino. Pues eso, entiéndelo así. Te has despojado de ese aire distante que te da veces  tu mirada ausente y tu cabellera blanca y alborotada, más propia de un primo de Woody Allen  o de un de un profesor emérito algo raro,  y te has rebozado de humana vulgaridad.

 Y reconoces  que, como a tantos, te gusta contar tu visión de la vida, abrir la alcancía de recuerdos y sentimientos y sentirte reconfortado con el masaje  afectivo de otros que creías lejos de ti. Vivimos la otoñada ideal para las setas. Velay, las amistades también han rebrotado por todas partes como champiñones, boletus, níscalos y trompetillas. Pasea tu ánimo por un bosque encantado, más aún al ver el amanecer  de rubí entreverado de nubarrones oscuros  desde tu ventana a saliente. Es el mismo cielo de Lo que el viento se llevó, en horario matinal. Te dan ganas entonces de ponerte brazos en jarras en plan Escarlata y parafrasearla.

-¡A Dios pongo por testigo de que  nunca más volveré a quejarme ni a cabrearme  por naderías!

 Tu sentido del ridículo no llega  a tanto. Te limitas a abrir la ventana y a tirar una foto con el móvil por si eres capaz de subirla para ilustrar este post. No será Lo que el viento se llevó, sino lo que te trajo el viento de tu dichosa neoplasia: una oportunidad de disfrutar de la vida  de otra manera.

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Pierre Bauer, un francés, alsaciano, que fue destinado a España por su compañía y vive aquí con su familia desde hace treinta años, compañero de coro en el Via Magna cuando cantabas ahí.  Te sentabas a su lado en los ensayos, por ser el más próximo a ti en edad entre un plantel de jóvenes voces y porque os unían afinidades electivas. Se pueden forjar amistades en lo que dura un ensayo y los prolegómenos de un concierto, que eran vuestras juergas comunes. Educadísimo, culto, de fino humor, gran conversador. Pierre, casi diez años más abuelo que tú, es alto, delgado, de planta noble, barba y bigote, como un retrato de caballero antiguo. Se lo imagina uno con el quepis coronando su testa y podría ser un héroe de la batalla del Somme en el momento de recibir  la Legión de Honor. No sólo te da ánimos, te dice que Chantal, su  mujer es asidua de tu blog, y aún ha reclutado a varios compatriotas para le que echen un vistazo de vez en cuando. Alaba tu aplomo y tu guiño a la vida cuando el destino te amenaza, y te arenga recomendando que afrontes la batalla que te espera d´un pas gaillard, et la fleur au fusil.

Chapeau, mon ami.

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Perico, sobrino nieto guapete y simpático con cara de travieso de película americana de los años 50. Está el muchacho hecho polvo, porque un desalmado le ha robado la bicicleta, y a esa edad la bicicleta importa mucho más que un tío abuelo que ni siquiera te ha llevado nunca al circo. Pero él no sólo no te cuenta  su problema, sino que pide que te pongas bueno y además desea que el Atleti gane el  Madrid para que te consueles. Tu equipo vuelve a perder el derby, pero él volverá a tener bicicleta, y quizás tú también tu salud. 

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José Pedro, probablemente el amigo de vida más sana que has tenido nunca. Ni una copa, ni un cigarro, ni un solo exceso en sus costumbres, tan correctas como cabe exigir a un embajador. Con él corrías por el campo, y un 31 de diciembre  compartiste una San Silvestre Vallecana, recuerdo que une mucho.Pero la vida te da sorpresas, y al poco le aparece un cáncer agresivo de pulmón de no fumador. Tú no hiciste más que llamarle de vez en cuando, el clásico cómo vamos, el polivalente ánimo, volveremos a correr juntos. Él, hombre serio y de fe, creía que cada llamada era quimioterapia mágica, de las que no duelen, pero sanan. Tres años despuéses un hombre nuevo, sigue en el tajo, viaja por todo el mundo, ha vuelto a los largos paseos y a trotar en el gimnasio. Últimamente te manda mensajes desde La Indiay desde Namibia. Aún quedan tramos  para volver a correr juntos.

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Ruben Vidal, un joven pintor de Alcañiz, te conoció un día que apareciste por su pueblo para hacer un programa allí con tus compañeros de RNE. Te sorprendió entonces por su sensibilidad y refinamiento,que reparte entre los lienzos y los pentagramas, pues también es un amante de la música y canta en coros. Rubén se fue a Berlín con una beca y reside allí con Vera. Impresionado por tus comentarios sobre los cuadros de los hospitales, dice que te mandará un boceto suyo para cambiarte el horizonte. Esto pinta maravillosamente. 

7

Aquel paraíso en el Valle del Tiétar que compró uno de tus bisabuelos fue el territorio donde te enseñaron a amar la naturaleza. Tu gran maestro de campo fue el tío Jacinto, el guarda, que de no estar estado plantado allí como una de las encinas, hubiera paseado por cualquier libro de Delibes, tanta sabiduría y finura de lenguaje rural como destilaba entre la pana y la boina. Cuando el tío Jacinto  se jubiló heredó la guardería su hijo Cheles, algo mayor que tú, que  de niño arrancaba la corcha de los alcornoques y en ella esculpía con su navaja unos toros preciosos que te regalaba para que jugases con ellos. Era el tiempo en que se inventaban los juguetes. Apareció por allí el arquitecto José Luis Fernández del Amo, amigo de tu padre, y quedó fascinado por los toritos de corcho. 

-Te cambio uno por otro de cartón piedra- propuso. 

E hicisteis el trueque 

Con el tío Jacinto y Cheles aprendiste que las lluvias de otoño ponen  a la tierra amorosa, que la cogujada anidaba en el suelo o  al borde del acirate y el abejaruco en los agujeros de los barrancos, que un bledo colgado de la oreja espanta los mosquitos y que el sapo que cruza el camino barrunta agua. Te enseñaron a distinguir un lentisco de un romero, y el romero del brezo, y este del cantueso, y este otro del tomillo salsero. También con el viento solano, agua en la mano, aunque luego matizaban. 

-En invierno, pero no en verano. 

Cuando hace treinta años la finca cambió de manos Monti, la hija de Cheles, era una chiquilla juncal, morena, muy viva y asilvestrada.  Creció, se casó, tuvo hijos, vive en Madrid, pero hace mucho tiempo que no la ves. Ni siquiera te explicas que pueda seguirte por este dédalo disparatado que es tu blog, pero asoma por él para decirte que reza por tu salud a la Virgen de Chilla, que es la que tenemos más cerca. Qué adorable. Piensas razonablemente que con la que cruje a España tendrá la Señora milagros más importantes en qué ocuparse, y además examinas tu fe y ves tierra casi baldía en barbecho permanente. Pero recuerdas al tío Jacinto y a Cheles, y acabas confiando en la oración de Monti. En este otoño hasta un erial puede ponerse amoroso y hacer que fructifique la esperanza. 

8

Miras atrás y te quedas pasmado. Cual si fueran los ratoncillos de un flautista de Hamelin, resulta que ahora te siguen voces amigas escondidas en el pasado que salen de su discreto escondite para darte ánimos, para abrazarte, para cargarte las pilas. Parientes mas o menos cercanos, amigos y amigas de la infancia, del colegio, de la universidad, de  los guateques, de tu antiguo oficio publicitario, de tu pasar por la radio, de tu vida musical, de tus escritos en MARCA, de tus ráfagas de senderista, y hasta de la zona más convencional de tu biografía se revuelven contra el destino, y te ponen paños calientes. Muchos con argumentos sólidos. Manolo H.H., que apenas se inmutó cuando antes de entrar de entrar en antena le confesaste tu mal, te dice luego con una sonrisa que a sus cuarenta y tres años y con tres hijos los médicos sólo le daban tres meses de vida por un cáncer de colon avanzado. 

-Me operaron, me radiaron, me dieron quimio, me hicieron de todo- te cuenta como quien pasó unas paperas- Yo entretanto seguí haciendo las madrugadas de RNE, para que se me notara menos la angustia. Y aquí estamos. No hay que bajar los brazos, amigo…< 

Tu primo J.M. Pazos, desde Bilbao, te recuerda algo parecido. Pasó el mismo calvario hace veinte años, cuando aún se sufría el cáncer de tapadillo, como si la palabra propalara el mal fario. Ahora este arquitecto tranquilo, tanta infancia juntos en el campo, vive su retiro feliz entre Las Arenas y Altea, donde le gusta navegar.Está joven, terso, casi con la misma cara de niño empollón de entonces, cargado de hijos y nietos. Hizo una buena maniobra, desbordó su tumor y su pesadilla y esta se perdió por popa para siempre. Sursum corda. 

9 

Recuerdas entonces que convives con muchos otros que llevan años lidiando toros tan peligrosos como el tuyo y ahí siguen, tan campantes. 

Y lees mensajes y correos o escuchas SMS de lo más variados. Tus sobrinas asturianinas, Cecicilia. Elenita y Dani, otros sobrinos que se han establecido en Shanghay, Lola y Fred, desde el Canigó, Chumby 2 desde Compostela, Amado, el camarero del bar de la Universidad Carlos III donde  es profesora tu magnífica hija Isabel, dos Cristinas, Itziar, Rosi y Silvia que vuelven desde la época dorada de los guateques, como si aún se escuchara al fondo canciones de Adamo o del Dúo Dinámico. Resistiré- sobre todo esa- Resistiré. Julián 29,  el sabio Angelus P, Zoupon, Franciska, May, Charivari, Atticus 444, Cerdido, José Ramón, tu prima Ana, Joselepapos,  Violette, el Marqués de Betanzos, Julio…Adela Fornés te regala además filosofía práctica  invocando un pensamiento que Lezama Lima asimiló de los holandeses.< 

No puede impedirse el viento -dice el poeta cubano-, pero pueden construirse molinos. Molinos que, como los de Don Quijote,  exorcicen la locura e igualmente la convoquen. Pues es hermosa y fértil locura la de intentar transformarnos. Molinos que extraigan agua cristalina de la tierra cansada. Para que la hierbita verde pueda seguir pujando entre las piedras frías dando nuevo sentido a ésta, nuestra aturdida vida cotidiana (más o menos sic). 

Es fantástico. El flautista de Tumorín, transportado en loor de seguidores, te ayudará a construir molinos para que estos, con sus aspas,  irriguen y fertilicen tu alma y se disipen definitivamente las nubes negras. Qué suerte, ¿no? 

10

Reconoces entretanto que tenías hasta hace poco la cabeza a pájaros, y que el toque de atención te ha obligado a serenarte y a ordenar al menos lo esencial. Una mano benéfica te ha regalado un pastillero, lo que te obliga  a sentarte, abrir unas cajitas de plástico que marcan días y horas e introducir en ellas las pastillitas correspondientes para completar tu semana de farmacopea. Entre la medicación debe de haber algún fármaco euforizante, porque tú deberías estar echo un asquito, como un geranio lacio o un perro apaleado. Pero, muy al contrario, desde que  te dieron la mala nueva te sientes impulsado a hablar, a comunicar, a enredar, a multiplicar tus `presencias, a dar fe de vida. En cierto sentido, has perdido el sentido del pudor. 

Lo que propicia que, cuando Carlos Herrera pide desde Almería llamadas de oyentes que hubieran `participado en rodajes de las grandes películas que tuvieron como escenario la provincia, tú te precipites al teléfono y cuentes sin el menor recato cómo un día de invierno de 1968 en el que hacías tus prácticas como Sargento de Complemento  en Infantería Mecanizada te largaste en compañía del sargento Quintín a conocer Almería  y, de paso, a ganar otra vez la batalla del Alamein para acabar desembarcando con las tropas del general Patton en Palermo. No hay que ser humildes ante grandes divos como el Herrera. Él habrá ganado muchos premios, Quintín y tú conquistasteis un Oscar de Hollywood. En él sólo erais dos cabecitas que asomaban por la escotilla de la torreta de los carros con una gallardía probada, pero ahí quedaba vuestra huella en la historia del cine. 

11

Antes de ese momento glorioso, y mientras los carros viajaban por tren desde Madrid, tú le recogiste al sargento Quintín en tu 600 Descapotable y pusiste rumbo a Almería, que entonces parecía lejanísima. Quintín tenía que reservar alojamientos para los oficiales y suboficiales que venían por detrás, tú ibas de figurante, a cumplir tu mili en una guerra como la de Gila. Como tu compañero sabía que el viaje e era larguísimo y que no era cosa de gastar tiempo ni dinero en paradas de avituallamiento, incluyó  en su equipaje una gran cazuela de conejo guisado que le había preparado su señora. Comisteis conejo, merendasteis conejo, cenasteis conejo. Y cuando, a la mañana siguiente de llegar a Almería a las 3 de la madrugada y de despertar en una modesta pensión de 30 pesetas la habitación fuisteis a desayunar, aún te ofreció conejo de desayuno. Austeridad castrense y optimización de recursos se llama eso, aunque tú preferías un café con leche y una tostada. 

Durante aquel viaje el sargento Quintín, como es lógico, te habló de su familia. Y de ella se te quedó sobre todo el nombre de una de las hijas que te hizo especial gracia: Petra Mari. Aún no te habías asomado a la radio, pero casi veinte años después, cuando nace en ti Doña María y te inventas una familia para ella, adoptas ese mismo nombre para la tercera de sus hijas. La auténtica Petra Mari, la hija del sargento Quintín te ha confesado estos días que se lo imaginaba. Después de decirte en un e-mail impagable que su padre, hoy comandante jubilado, se había emocionado con tu recuerdo al escuchar su nombre, te cuenta que te seguía desde que estabas en la SER, y que siempre se había preguntado si la Petra Mari radiofónica nació durante el rodaje de Patton. 

Hoy soy médico de familia en La Paz de Madrid, y mi hermana Emilia celadora en el mismo centro –vienen a decirte- Ambas estamos familiarizadas con tu enfermedad, con el dolor y con la importancia de mantener tu actitud positiva. Aquí estamos, para lo que necesites, para lo que nos pidas y para demostrarte la calidad de la sanidad pública. Y aunque la cazuela de conejo siga siendo tradición familiar, también podemos invitarte a un arroz con bogavante, que nos sale divinamente. 

Recuerdos de la mili, de un largo viaje, de una guerra de pacotilla, de un sargento al que no has vuelto a ver, de tu vida en la radio, de unas mujeres encantadoras a las que no conoces y de una cazuela de conejo. Este guiso de la vida desparrama un aroma de ternura que te hace sonreir  y, de hurtadillas, aflojar alguna lágrima. Parece casi otra de las maravillosas Historias de la Radio de Sáenz de Heredia. 

12

Más aún. Como los designios del Señor son inescrutables y además la radio obra extraños milagros, reaparece en tu vida Fray Vicente Ferrer de Alayrach, fraile de de la trapa de San Isidro de de Dueñas en Palencia. Sólo dos flaqueza humanas distraían hace veinte años a este hombre de Dios de sus deberes espirituales: el Athletic de Bilbao, su eqipo de fútbol favorito,y las imitaciones de La verbena de la Moncloa, que seguía apasionadamente a través de su transistor no se si en vísperas, en tercias o en la repetición de maitines. Poco le importaba al buen fraile que, además de chuflas y remedos de los políticos y otros personajillos, por allí aparecieran la irreverencia y la gamberrada, y que los papas y el padre Bonete que incluías en tu repertorio distaran del respeto a la ortodoxia católica presumibles en un trapense de regla severa y tarlatana de lija. Fray Vicente te había idealizado, consideraba que Dios había obrado en ti maravillas, y que lo que hacías junto a ese sublime artista y gran imitador que es también D. Javier Capitán era poco menos que caridad cristiana, pues si, tal que afirma San Teresa, también entre pucheros anda Dios, cómo no va a andar con los que cocinan la risa. 

Esta doctrina suya se trufaba en larguísimas cartas con citas de San Agustín, de San Juan de la Cruz, de San Pablo y de todas las Escrituras habidas y por haber, con  la propina de oraciones por ti, tu familia al completo y hasta el envío en ocasiones de los deliciosos bombones de la Trapa que tanta fama hicieron. Tal era el entusiasmo de Fray Vicente por tus coñas radiofónicas que, casi cinco años después de haberte esfumado de la antena, e ignorante de que además bromista eras notoriamente impío, aún te llegó una carta con una petición insólita. Iba a celebrar los cincuenta años de su ordenación como trapense y su sueño era que después de la santa misa de acción de gracias y del almuerzo con sus familares y amigos más íntimos…pudiérais Javier Capitán y tú dedicarle una sobremesa de chascarrillos e imitaciones. 

 ¡Oh maravilla!… La verbena de la Moncloa sería por un día, previo nihil obstat del señor Obispo y el visto bueno del Padre Prior, La verbena de la Abadía.  

13

Te quedas pasmado, no te puedes imaginar la escena ni en una película de Berlanga, tú  en el refectorio,  después del almuerzo, dedicando a Fray Vicente un discurso del Rey, cantando Litlle flag como Esmeralda Clamores, predicando como el pade Bonete, o bendiciendo lo postres como Benedicto XVI. Y todo ante la miraa atónita del obispo, del prior y del propio Fray Vicente, que entonces descubrirá el tinglado de la farsa y no sabrá si darte las gracias por el regalo o preparar en el claustro mismo del convento un auto de fe para inmolarte en él, por hereje e iconoclasta. Te lo imaginas, te sonríes te carcajeas…Es la magia de la radio, el ilusionismo de sus voces y sonidos convertido en surrealismo. Pero el reto te divierte y te apetece. Así que le escribes a vuelta de correo –el e-mail aún no ha entrado en la abadía- y te comprometes. 

-Si puedo, no faltaré- le dices. 

Si puedes. 

14

…Porque aunque la celebración será por Pentecostés te han llegado malas noticias, y puede que entonces no estés para fiestas. Así que le escribes apresuradamente para que no se forje vanas ilusiones, le cuentas que tienes un tumor, y que aunque lo llevas con humor no sabes si te responderán los títeres. Eso sí: le pides por favor que en lugar responder a la presente por carta, tenga la bondad de  acusar recibo y darse por enterado utilizando ese invento llamado el teléfono, para lo cual le facilitas tu número del móvil y también del fijo, por si San Isidoro de Dueñas tiene tarifa plana, que en todo hay que pensar. 

15

Te llama Fray Vicente en la sobremesa. Tú acabas de almorzar en casa de tu hermano Pablo, y atiendes la llamada delante de tu cuñada Marliesse y de tu sobrino Daniel. Fray Vicente te saluda con la voz temblorosa, lanza un torrente de jaculatorias y latinajos, se lamenta de tu enfermedad, asegura que tiene a todo el convento rezando por tu sanación y está convencido de que Dios no sólo te salvará, sino que hará posible que amenices sus bodas de oro con la Trapa, pues no faltaría más. Alejado seguramente en el convento de lo que es la moderna psicología, intenta el buen hombre ayudarte recordando que eso tuyo le pasa a cualquiera, que dos hermanas suyas a las que quería muchísimo murieron las pobrecitas de cáncer, pero que una prima llamada Justina a la que casi quería tanto como a sus hermanas vivió varios años, aunque al final también murió, no se sabe si antes o después de hacer imitaciones en un festejo. 

-Como nos pasará a todos, Don Luis-razona con toda lógica- Porque todos hemos de morir en Cristo. 

Pero su misericordioso afán de visitar al enfermo, consolar al triste y, en definitiva, hacer caridad cristiana no puede reprimir su humana curiosidad como oyente de la radio. Está hablando con un duende que, junto con Capitán y Julio César Iglesias le ha estado engatusando durante años, y ahora quiere saber detalles que le intrigan. 

-Por ejemplo –añade-, y perdone que me aparte del tema…Yo me reía muchísimo cuando don José Bono, que es tan buen cristiano y entonces era presidente de Castilla la Mancha, prometía que el AVE a Ciudad Real pasaría por donde el pueblo se lo pidiera, ¿verdad?…Y entonces había una paisana que criaba cerdos y se llamaba Belarmina que aparecía siempre para pedirle que el AVE se detuviera junto a su granja, para así poder cargar los cerdos en el tren y llegar antes a la feria… 

-Caramba, qué memoria la suya, Fray Vicente… 

-Sí, sí, pero me queda una duda…¿Usted hacía de Bono o de Belarmina?… 

Fray Vicente Ferrer de Alayrach tiene medio siglo de vida conventual a sus espaldas, y debe rondar los ochenta, pero en el fondo es como un niño. 

13

Aún queda la traca final. Cuenta Fray Vicente que junto a él, escuchando la conversación telefónica,  está el hermano Jesús, que ingresó en la trapa en 1949, y que recibió a Franco con ondear de banderas cuando el entonces Generalísimo visitó la abadía de la que inauguraba algún pantano por la zona. 

-Porque era usted  el que imitaba al Caudillo, ¿verdad?- inquiere Fray Vicente para no columpiarse otra vez. 

-Sí, el Caudillo, como usted dice, era de mi negociado… 

-Ay, Don Luis, pues perdone que se lo pida….¡Pero le haría tanta ilusión al hermano Jesús que lo imitase!… 

Le dices que se ponga al teléfono el hermano Jesús ybte lo pasa. Le saludas, impostas la voz hasta aflautarla lo suficiente, ceceas las eses y con el perfeto acento gallego y el tato que caraterizaba al Invito inicias tu discurso. 

Trapencez todoz…Permitdime que me entrometa en la intimidad de vuestra abadía para zaludaroz dezde la dieztra de Dioz Padtre todopoderozo y agradecer la adhesión inquebrantable del Hemano Jesús, fiel exponente de laz virtudes criztianaz y paytrióticaz que han engrandecido a nueztra glorioza patria…Hermano Jezúz…¡Uno! Hermano Jezuz ¡Grande!…Hermano Jezúz ¡Libre!…¡Arriba Ezpaña! 

Por el teléfono se adivina entonces que el ancianísimo hermano Jesús se está emocionando, y grita enfervorizado. 

-¡Eso, eso!…Sí, viva Franco…Porque él acabó con la masonería, y con el comunismo, y con todos los males de España… 

No escuchas más, estás valorando lo pintoresco de la situación e imaginando que  Berlanga está ahí, contigo,  rodando una secuencia que luego aparecerá partida en dos cuadros. En de la izquierda un par de frailes viejecitos escuchando el teléfono a punto de levitar. En el de la derecha tú embutido en un corsé ortopédico imitando a Franco mientras a tu alrededor tus hermanos te miran ojipláticos. No escuchas más porque en realidad te estás descojonando de risa, y comprobando los insólitos efectos hilarantes que a veces puede producir una neoplasia. 

14

Acabarás tu primera semana fuera del hospital otra vez en la cama de tu casa, recostado como el Niño Jesús del Barroco para descansar mejor. Irás remansando la euforia, porque te han rebajado la dosis de Cortisona, y una vez encajadas las piezas en el nuevo puzzle de tu vida debes regresar a la normalidad y, como dice el Rey, entrar en talleres. Llegarás a esta hora fatigado, a veces asustado, pero al cabo más que satisfecho de la respuesta de tu familia, de la reacción de tus amigos y conocidos, de lo que tus ojos han visto y tu corazón ha procesado. Lo más hermoso ha sido volver al campo y comer con los tuyos en el jardín, al sol de diciembre, mientras el otoño del Valle del Tiétar, con Guadalupe a lo lejos, se ofrecía en todo su esplendor y las nietas correteaban a tu alrededor. Parecía que la vida no puede tener límites. 

Pero más emocionante aún ha sido cumplir tu ilusión de cantar, este año con más razón que nunca, El Mesías de Haendel…con el corsé, porque era un reto personal.  Camino del Auditorio te detuviste para ver a Marina, tu nieta mayor, que estaba malita. Y ante ella, acompañado por wl profesor Rod Mac Crowry, amigo de la casa con el que hiciste senderismo en Escocia y tenor aficionado, ensayasteis por última vez el Aleluya, que la niña, asombrada y feliz,  tarareaba a su manera. 

-¿Y quién era tu abuelo? –puede que le pregunten algún día. 

Y ojalá conteste. 

-Pues un señor que se puso malo por Navidad y pesar de todo cantaba el Aleluya tan contento.


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