Posts Tagged 'Rajoy'

Muti en Toledo y Bruckner en Candeleda

Se puede hacer cultura en todos los niveles. Con Muti y Verdi en Toledo, o haciendo sonar a Bruckner en Candeleda...

Se puede hacer cultura en todos los niveles. Con Muti y Verdi en Toledo, o haciendo sonar a Bruckner en Candeleda…

1
Te llama tu admirada amiga Lucila y te cuenta que, por un despiste, su marido ha rechazado la invitación a “un concierto en Toledo este sábado” y ha preferido perderse en su finca de Extremadura. Reconoces que si a ti te lo cuentan así tu reacción hubiera sido la misma. Tienes muy presente que otros amigos residentes en Barcelona, habían reservado su visita a la gran Exposición El Griego de Toledo el fin de semana anterior y se encontraron con un avispero de turistas.
-Prefiero ver cualquier apóstol del Greco a solas-que contemplar El entierro del Conde de Orgaz con medio aforo del Nou Camp resoplando a mis espaldas- debieron de pensar.
Lo entiendes y lo compartes. Toledo siempre estará ahí. Hay pinturas del Greco en cantidad de museos y conventos españoles. Y el encuentro entre la obra de arte y el espectador exige un mínimo de sosiego, de intimidad y de respeto por el silencio imposible en esos eventos culturales a los que inmediatamente se les abrocha el flujo de visitantes que provocan. ¿Dónde va Vicente? Naturalmente, donde va la gente. La realidad es que el marchamo de calidad de una exposición para la inmensa mayoría es precisamente eso, que se encuentra allí con otra inmensa mayoría, y eso da confianza y compensa su esfuerzo.
-Algo tendrá el Greco, cuando tantos lo bendicen –se consuela luego el turista mientras se abanica y ¡por fin! se enfrenta a solas en el velador con una jarra de cerveza.
De la masa para ver maravillas, líbrame Señor. Ya me encontraré con ella en ese Juicio Final que, por cierto, también pintó Theotokópulos.
2
Y, sin embargo, esta vez tu amiga Lucila tenía razones para mosquearse. El concierto no era uno de tantos, sino un Requiem de Verdi dirigido por Ricardo Muti en la Catedral de Toledo. Y precisamente en honor del Greco. Tú lo cantaste una vez en el Auditorio Nacional y aún se te ponen los pelos punta recordando su inicio, un pianísimo tenso, sobrecogedor y emocionante. Volverías a cantarlo aunque fuera por el alma no ya del gran pintor, sino del mismísimo Nerón si te lo pidieran, pues la ventaja de la gran música es que trasciende de cualquier circunstancia, e independientemente de su estilo y de sus intenciones establece una relación particularísima de la sensibilidad humana con lo que suena. Puede que resulta una gilipollez tu metáfora, pero hacer música–dirigir, tocar, cantar e incluso escucharla – es tan satisfactorio o más que hacer el amor.

Luego, además, no tienes que añadir ni una palabra.
3
Ricardo Muti es un purasangre de la dirección orquestal: carácter, genio, figura. Cualquiera que es capaz de estudiar una partitura y conducir puntualmente su ejecución ya merece tu admiración. Pero el lúcido e irónico discurso suyo cuando en 2009 recibió el premio de Músico del Año de la revista Musical América –no se lo pierdan si aman la música y disponen de nueve minutos para pinchar You Tube– explica magníficamente por qué tantos hemos soñado en un momento de nuestra vida con ser como Muti. En términos de pura gratificación espiritual, la suya debe de ser la profesión mejor pagada del mundo.
Quien le ha visto sobre el podio habrá imaginado en él a un mosquetero, y en su batuta a un florete que se bate por la música y la cultura. Más recientemente, después de dirigir el Va pensiero de Nabucco en Roma, el director napolitano tuvo las agallas de detener la representación, reprocharle a Berlusconi, que seguía la función desde un palco, sus recortes presupuestarios en cultura y animar al público después a repetir con el coro el famoso lamento de los esclavos sin patria. Su mensaje en la celebración del 15o Aniversario de la Unidad de Italia era valiente y claro:  sin cultura no hay identidad. Sin ese alma colectiva…¿quién puede hablar de patria?
4
¿Recorto –aún más- servicios sociales, sanidad o pensiones, o le meto la tijera a Cultura, Educación e I+D? La opinión generalizada, incluso sabiéndose que la manta presupuestaria es demasiado corta para cubrir cabeza y pies, es que no hay recortar más que el coste de los políticos. Y en ningún caso la cultura, que produce tantas estrellas y que encandila por igual a ilustrados e ignorantes. Tener que despejar esa duda es una de las múltiples razones por las que estás encantado de no ser Rajoy. Cuando eres pueblo, se te comprende el derecho a la utopía. Si no eres pueblo, pero sí comunicador a la page, la utopía es obligada. Si eres el baranda del gobierno, guardas la utopía en el desván y miras a la despensa.
En el erial que según los más catastrofistas es hoy la cultura en España –como si lo demás fuera una fiesta—tú disientes ligeramente y apuntas signos esperanzadores. Mientras Requiem de Verdi y Muti eran gran noticia en Toledo, a 145 kilómetros de allí, en tu querido pueblo de Candeleda, que nunca fue nada parecido a Salzburgo ni a Bayreuth, José Antonio Muñoz de la Calle dirigía a la Coral Polifónica del pueblo y a un jovencísimo Grupo de Cámara Consort que debutaba en un concierto de música sacra con obras de Gounod, Victoria, Telemann, Vivaldi, Frisina y Anton Bruckner.
Te impresionó sobre todo escuchar un hermoso, y para ti desconocido Agnus Dei de Bruckner en el pueblo donde antaño la música corría a cargo sólo de las rondallas populares. Bruckner en Candeleda, sin apenas presupuesto, sin IVA especial, pero con buen gusto, ilusión y trabajo. Será un milagro, pero lo cierto es que la cultura del pueblo fluye a pesar de los políticos y de los predicadores.

Una ucronía catalana

iniesta_1369819984_png_13698199841
La historia había reservado esta fecha para nosotros –se dijo Magín orgulloso cuando recibió los resultados de la votación. Se sentó en una silla, puso su cartera de pie sobre sus rodillas, inclinó la cabeza sobre ella y se echó a llorar. Un observador insensible hubiera creído que sus lágrimas eran convencionales, agua y sal como las derramadas por cualquier lacrimal, pero él sabían que cada gota se descomponía en diminutas moléculas, que las había de color rojo y amarillo, y que cuando resbalaban por sus mejillas iban trazando sobre su rostro la inconfundible huella de la Senyera. Se sacó el pañuelo del bolsillo de su chaqueta y se las enjugó. El pañuelo, como el algodón, tampoco engañaba: eran lágrimas de emoción, pero inconfundiblemente catalanas Se levantó y buscó el cuarto de baño, levantó la tapa de la taza del retrete y se dispuso a orinar. El chorrito, como si fuera el de la fuente de Montjuich, también se descomponía en estrechas rayitas de líquido rojo y amarillo.
-¡Y no me escuecen!..-gritó jubiloso- No son las hematurias que de vez cuando bien me joden…¡Es que hasta mis riñones depuran catalanidad!…
Se lavó las manos, se refrescó el rostro, se miró en el espejo. No cabía en sí de felicidad. Sacó de su bolsillo el teléfono móvil y marcó el teléfono de la Nuria.
-¡Hemos triunfado, nena!- dijo entre sollozos-¡Ya podremos ser lo que queramos!…Pero no se lo digas al hereu, déjame que sea yo el que le dé la gran noticia.
2
El plan había funcionado a la perfección. El comando secreto del FRENCOÑAR (Frente de Encoñados con la Autodeterminación y el Referéndum) había desplegado todos sus efectivos una semana antes en la capital del Reino. Valiéndose de una red de Mataharis y Philbys de nueva generación que actuaron con una meticulosidad, una discreción, una imbatible capacidad de seducción y una inteligencia excepcionales, habían conseguido inocular en los botellines de agua mineral de todos los representantes de los partidos opuestos a su proyecto un compuesto químico que durante veinticuatro horas alteraba sus facultades volitivas, y necesariamente les impelía a votar en contra de sus convicciones. Al fármaco le llamaron coloquialmente Arturina, y no tenía más efecto secundario que el dejar en los diputados la misma sonrisa autocomplaciente, como de soyelreydelmamboysonríoporquemesaledelníspero, que el ausente Molt Honorable President de la Generalitat exhibía en todas sus comparecencias públicas. En el momento de emitir su voto, un par de diputados del partido del gobierno llamaron tía buena a la diputada Pilar Rahola, y tres diputadas de la coalición ITAI (Irredentos y Tocapelotas por la Autodeterminación Imposible) hicieron ojitos a Rajoy y a Rubalcaba mientras les lanzaban besos y les piropeaban con epítetos como cachas y macizos, pero según el Observatorio de la Igualdad y de la Dignidad en los usos parlamentarios dichas actuaciones no restaban validez alguna a la votación. Por la misma razón tampoco se anuló el voto de un diputado en cuyo índice de la mano alzada se distinguía perfectamente un moco verduzco, ni el de otro padre de la patria que aprovechó el mismo gesto para hacer una peineta con incierto destino

.
El caso es que, contra todo pronóstico, la propuesta del Parlamento de Cataluña para organizar una consulta secesionista salió triunfante. Y el cerebrín Magín, diseñador y ejecutor de la hábil estrategia de persuasión contra la intransigencia española, pudo al fin vivir su momento de gloria.
3
Cerebrín Magín estaba tan ahíto de triunfo que prefirió desmarcarse del resto de su equipo y volver sólo en el AVE. Hasta Zaragoza sólo pudo sestear, soñando el primer desfile que festejaría a la nueva nación que inevitablemente saldría del referéndum. De Zaragoza a Lleida anotó pequeños problemas sin importancia que el nuevo gobierno habría de resolver para demostrar que la independencia tenía sentido. Cómo convencer a Europa de que ganaban un nuevo socio, cómo remendar el agujero de la deuda y el déficit, cómo poner en marcha una sanidad, una educación, una justicia y una defensa propias, cómo relanzar la economía, cómo acabar con el paro, cómo pagar la pensión de la yaya, cómo convencer al Estado de que el Barça debería jugar por el momento la Liga española…
Ah, el Barça…Habían sido sus últimas temporadas deslumbrantes el mejor argumento para que su pequeño Maginet, el hereu, entendiera lo que significaba la Catalunya triomfant que se canta Els Segadors. Y el noy lo entendería, claro que entendería que, pudiendo elegir lo que sus ciudadanos quieren ser, Cataluña sería la soñada por los nacionalistas de toda la vida.
4
La capital estelada respiraba euforia. Pero Magín sólo quería llegar cuanto antes a su casa para abrazar a su pequeño y anunciarle la gran noticia por la que tanto había luchado.
-¡Maginet! –clamó el cerebrín abriendo los brazos al nen que le recibía con la samarreta del Barça- ¡Ya podemos celebrar el referéndum!…Ya podremos elegir la patria a la que queremos pertenecer.
El heréu se llevó el dedo a la boca, pensativo.
-¿Qué no lo entiendes, noy?-dijo el gran estratega sacudiendo al niño por los hombros.
El chico entonces se volvió de espaldas y le mostró al padre el nombre  estampado al dorso de su camiseta de su gran ídolo del Barça, el hombre que posiblemente más hecho por la gloria de Cataluña en los últimos años.
-Entonces, pare…-preguntó el hereu sonriendo como un ángel- ¿ja podrem ser de Fuentealbilla como el Iniesta?

Saulo, ¿por qué me persigues?

Incluso los más virtuosos necesitan alguna vez una caída del caballo para darse cuenta de que quizás el suyo no es el  camino de la perfección... (La Conversión de San Pablo según Il Pamiglianino)

Incluso los más virtuosos necesitan  una caída del caballo para darse cuenta de que quizás el suyo no es el camino de la perfección…
(La Conversión de San Pablo según Il Pamiglianino)

1

No engañes a nadie que se asome por aquí. Al principio esto podrá parecer uno de esos cuentos tontorrones con los que inicias algunos post, pero debes dejar bien claro que es un alegato. Un alegato en re sostenido mayor por ejemplo, que así sonará como más dulcificado por la música, pero no menos firme y solemne que esas proclamas altisonantes de los indignados. Es un alegato contra la estulticia, la hipocresía y el desprecio por los demás, aunque el protagonista del mismo no sea más que lo que en los relatos clásicos llamaban “un hombrecillo”.

2

Ya has citado el asunto que motiva tu alegato, la música. ¿Y por qué al hombrecillo le atraía tanto la música? Dice que sintió su hechizo cuando vio en Fantasía al legendario Leopoldo Stokowsky dirigiendo un ballet de hipopótamos dibujados por Disney mientras la orquesta tocaba la Danza de las horas. Qué encanto aquello de poder jugar con melodías y ritmos, y revestirlos de imágenes tan divertidas como imaginativas. Qué delicia, esquivar así las miserias de la vida.

Había otro motivo para añorar y desear la música. Llegó el hombrecillo a su primera juventud, y observaba que un colega que rasgueaba una guitarra susurrando suramericanadas de María Dolores Pradera y sus Gemelos mientras le hacía ojitos a una chica mona ligaba bastante más que él. Otro amigo mayor, más serio y preparado, le inició en la música clásica. Fue en verano, cuando los poros de la sensibilidad primeriza se abren y están amorosos. Aquel amigo, que poco después tomaría los hábitos de cartujo, ponía por las noches la Quinta Sinfonía de Beethoven en un primitivo tocadiscos que instalaba bajo una higuera, e invitaba a escucharla mientras el hombrecillo y su pandilla miraban las estrellas. Ahora a los momentos así se les llama iniciáticos, esdrújula que entonces no existía, pero que los que van de intelectuales gastan mucho. El hombrecillo, absorto en ese milagro conjunto que obraban la noche estrellada y el genio de Bonn sólo sabía entonces que no le gustaría morirse sin haber intentado antes ser música.

3

Sin enseñanza alguna, y manifiestamente inepto para engañar siquiera al instrumento más simple, el hombrecillo acabó cantando en un coro. Primero piezas sencillas y populares: que si eres como la nieve, que si tiro el pañuelico al agua, que si río arriba, río abajo, que si la bella Lola, que si se enamoró la paloma, y luego se equivocaba, que si no te vayas de Pamplona, que si los campanilleros y otras sonrojantes letras regionales o populares. Más tarde, en un salto de calidad y de criterio, música sacra a capella. Y de ahí, feliz  como el torero que se doctora en Las Ventas, a cantar con orquesta piezas de clásicos.

Entonces el hombrecillo se vestía de smoking, iba a la iglesia de turno con sus partituras, se incrustaba en la obra que siglos antes habían compuesto Vivaldi, Bach, Mozart o Beethoven y cumplía sus sueños. Aquello de aprender una partitura clásica sin apenas saber leer una nota exigía muchas horas de ensayo, pero el hombrecillo creía que valía la pena. Al fin se sentía por lo menos una parte infinitesimal  del tinglado de la hermosísima farsa. Ya no escuchaba la música, sino que estaba en ella.

Y era feliz, a qué negarlo.

4

Un día, al hombrecillo le contaron que el Coro del CEU San Pablo buscaba voces para conciertos importantes, y allá que se apuntó. Aparte de formar excelentes universitarios, el CEU tiene a gala inculcar en su alumnado el espíritu humanista y cristiano de su santo patrono. También –a Dios rogando y con el mazo dando- ha hecho suyo el ritual de las universidades anglosajonas distinguidas, y gusta de adobar sus actos académicos con coros que realzan su solemnidad, y mitigan en los padres de los graduados el dolor de pagar la pasta gansa que cuestan sus matrículas.

El pacto que le ofrecieron al hombrecillo y a los demás cantantes ajenos a la institución era claro.

-Mira, vas a tener que cantar en varias misas solemnes con obispos y autoridades, y en ocho o diez graduaciones por temporada. Pero a cambio también podrás hacerlo en el gran concierto anual que celebramos el día de la Conversión de san Pablo. Un gran evento cultural y social del que estamos orgullosísimos. Vaya lo uno por lo otro.

Gracias a ese intercambio de prestaciones el hombrecillo empezó a sentirse importante. Es cierto que los actos litúrgicos y académicos le resultaban tan aburridos que en esos momentos se hubiera cambiado por un corista del Teatro Chino de Manolita Chen, pero el fin justificaba los medios.

Así que el hombrecillo se tragaba los denuestos y cumplía como buenamente podía.

5

Esta temporada al coro se le pidió un esfuerzo más. El CEU iba a investir como Doctor Honoris Causa al presidente de la Comisión Europea Van Rompuy, con Rajoy de padrino y presencia de múltiples personalidades. Había que engalanar el acto añadiendo al repertorio habitual  el Himno a la Alegría  de la Novena Sinfonía –por aquello de Europa, a ver si caen- y el Aleluya del Mesías de Haendel, como colofón del acto que a todo el orbe cristiano llenaba de gozo.  Para eso hubo que programar horas extras de ensayo y dedicar prácticamente una mañana entera ad majorem gloriam de la institución. Como si en ello les fuera la vida a los cantantes, y no  a todos los prebostes que, al reclamo de la notoriedad del evento, atestaban el aula magna con sus vistosas mucetas, birretes y demás parafernalia. El hombrecillo y sus compañeros cantaron disciplinadamente. Les gusta cantar, no salir en la foto, y aún esperaban ilusionados el gran concierto del año.

6

Mala suerte fue que la crisis también hiciera mella en el espíritu generoso que alienta en el CEU. Y que considerando que este año no había dinero bastante para montar el Requiem de Mozart,  que era lo previsto, los jefes pidieran que se apañara un concierto de piezas a capella, que resultaba más baratito. Eso sí, había que desplazarse a la Universidad que la institución tiene en Montepríncipe -20 kilómetros desde el centro de Madrid- y con los hombres de smoking y las mujeres de largo, que lo exigía la dignidad del evento y la de los asistentes. Tal cual si en lugar de un coro menesteroso estuviéramos hablando del New Philarmonía, qué carambas.

Y peor suerte aún fue que, tras comprobar que su sueño quedaba en el alero, y cabreado por el trágala de un programa de emergencia, el coro se encontrase el día del concierto con el aforo del gran aula magna ocupado por diez personas. Había reservadas cuatro filas para las autoridades, pero sólo una de las que levitaron aplaudiendo a Van Rompuy y Rajoy consideró que merecía la pena escuchar al coro ese día. No había cámaras de televisión, no había dignidades europeas, no había políticos de relumbrón. Sólo se ofrecía música coral. Por tanto, ni era necesario molestarse en buscar figurantes para cubrir el expediente. ¿Cabe mayor desprecio que no hacer aprecio?

El  hombrecillo asegura que nunca se había sentido tan humillado.

7

Como pacta sunt servanda, y al día siguiente tocaba misa del santo patrón, las huestes corales volvieron a la capilla de la Universidad a cumplir su compromiso. Todos los barandas que el día interior faltaron al concierto deben de ser buenísimos cristianos, porque al acto religioso no faltaron. Haciendo de tripas corazón, el maltratado coro cantó lo mejor que pudo, aguantando estoicamente una plúmbea homilía en la que el oficiante recabó la necesidad de que el espíritu de San Pablo se encarnara en todos los presentes. El hombrecillo entretanto tragaba bilis, y se preguntaba cómo era posible que con tan eximio patrón  sus pupilos ignorasen aquello de los sepulcros blanqueados, y mostraran con los pobres cantantes que ellos mismos habían solicitado tan poquísima delicadeza. Ofuscado en su humillación aún caliente, el hombrecillo se notaba poseído por una ira nada cristiana. Y aunque comprendía que el santo de Tarso no tenía la culpa, sentía la necesidad de expresar ante sus homónimos del CEU un lamento parecido al que sonara en el camino de Damasco.

-Saulo, Saulo…-dijo el hombrecillo- Si no querías que cante…¿por qué me persigues para que adorne tus festejos? Y si de verdad quieres un coro… -añadió para no callarse nada- ¿por qué nos das el coñazo y nos machacas con tu desprecio?

Francisco, un buen día de verano

Francisco en sello1

Las razones por las que un hombre más bien escéptico pasa un buen día de verano pueden ser muy diversas. Además, tú ni tan siquiera  tienes ya tan seguro lo que es un buen día de verano. Años atrás no lo hubieras concebido sin darte un chapuzón en el mar, en un río o como poco en la piscina. Y sin esperar al menos una mirada de esa moza que salía del agua recogiendo sus formas de mujer y caminando tímidamente mientras se sacudía el cuerpo como una gacela mojada.

Ahora ni necesitas refrescarte con una zambullida. Estás en Madrid, y en el foro nunca se te ocurre que hay que bañarse. Asimilaste en su día aquella definición de Madrid como poblachón manchego lleno de subsecretarios (Cela). Desenfocada definición al día de hoy, cuando cualquier pueblo manchego seguro que dispone de una piscina municipal gloriosa financiada por la Unión Europea, que por ahí también se debe de haber desaguado la Europa de los mercaderes. Tampoco es grave lo de tu afición al secano. Con los años uno acaba reconciliándose hasta con sus manías más extravagantes.

2

Sorprendentemente en este julio tan exageradamente caluroso el fin de semana refresca y el domingo amanece en Madrid nublado. Era una buena noticia. También lo era que ya no necesita España el posado en bikini de Ana Obregón para sentirse feliz. Santo cielo, qué madurez la de este pueblo.  No se sabe si porque la musa de las revistas del corazón ya no está para esos numeritos  o porque tiran más dos camisetas (las de Neymar y la de Isco)  que dos tetas, el caso es que ahora vemos mucho más futbolistas fichados y las barbas de Rajoy que el tanga de la sonriente actriz, lo que puede que tampoco sea buen síntoma.

Una llamada de teléfono de mujer te quebró las lucubraciones.

-Abuelo-  que si me llevas al Retiro, porque me aburro.

Marina tiene una voz diamantina y ocho años muy redichos. Como encabeza un pelotón de seis mujercitas  y la pequeña de las nietas sólo ha cumplido dos, te parece ya tan madura que a menudo crees pasear con una licenciada en lugar de una niña. La mañana está fresca, cuasi otoñal. Sólo un par de días antes habías escuchado por la radio que se celebraba el día de los abuelos, una de esas advocaciones estúpidas con las que se da jabón sucesivamente a casi todo y  casi todos: día de la madre, del padre, de la mujer, de los niños, del corazón, de esta o aquella enfermedad, de la música, del agua, del ahorro de energía, de los animales de compañía, del orgullo  gay, del teatro… Se te ocurre proponer que se consagre ya el Día Internacional de los que no tienen día, y se acabe con el baboseo mediático de estos homenajes. También te da por pensar que ya has hablado con la primogénita de tus nietas cien veces más de lo que tu abuelo Pablo pudo compartir contigo, y que en estos momentos un niño con abuelos es un niño con más padres y madres. Tú en particular no necesitas que te dediquen un día, porque ya lo hacen tus nietas cada vez que te reclaman como lazarillo para los días de vacaciones.

-A mí me gustaría vivir en el campo-dice la criatura mientras dais un larguísimo paseo por El Retiro– porque sales de casa y no necesitas a los mayores para pasear. Y además juegas con la perra, y te bañas, y recoges los huevos de las gallinas…

La vuestra es una mañana de conversación peripatética. A su tierna edad Marina, como cualquier niño de ahora, entre muchas observaciones y pintorescas historias que cuenta, también plantea cuestiones que te ponen en un brete.

-Abuelo, ¿por qué hay tantos pobres en la calle?…

Te callaste. Tu excusa es que era el día de los abuelos sin respuesta.

3

Cuando esta España que al modo unamuniano tanto nos duele aún se lame las heridas del Avia descarrilado en Santiago, salta otra mala noticia. Tan típica del verano como expresiva de la secular estupidez humana. Un agricultor se pone a quemar rastrojos y provoca el incendio que arrasa dos mil hectáreas –hasta el momento- en la Sierra de la Tramuntana de Mallorca, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Nunca aprenderemos. Sin embargo la mañana te había dejado una huella amable, y estabas dispuesto a ver el vaso medio lleno. Aunque no eres especialmente vaticanista, sino más bien al contrario, te ha llamado la atención la claridad y la rotundidad con la que se está pronunciando el papa Francisco en Brasil, donde entre otras broncas a los políticos, a los ricos y al propio cuerpo de servicio de la Iglesia ha clamado por la laicidad del Estado. A ti, tan influido por el poder del lenguaje, te parecía que este papa era como esos entrenadores argentinos tipo Valdano que se devanan en volutas de filosofía hueca. Pero ahora has cambiado de opinión.

-¿Será Francisco el promotor de la perestroika que la Iglesia necesita?-te preguntas esperanzado.

La noticia te parece verdaderamente importante, y te ha dejado el alma contenta. Así que como en Unitel Classic –un canal de música clásica que descubriste hace poco y que te tiene entusiasmado- ofrecen por la noche una Novena de Beethoven dirigida por Daniel Barenboim y nadie vigila tus excesos, porque es otra de las ventajas de vivir solo, buscas tu partitura de la Oda de la Alegría y te sumas al coro cantando desde tu palomar como si estuvieras en el mismísimo Albert Hall donde se celebra el concierto. Ya insinuabas al principio que nunca se sabe cómo acabará un buen día de verano.

Mejor en lo peor

El carbonero común no quiere saber nada de la encuesta de la EPA...

Afortunadamente, el carbonero común no quiere saber nada de la encuesta de la EPA

1

Cuando despiertas aún está la luna llena suspendida en el cielo para recibirte.

-Buenos días.

Buen detalle.

Sin duda se ha percatado del feo vicio que te persigue desde que a Franco le dio por morirse gota a gota y esperabas anhelante el parte del equipo médico habitual, o sea, que la luna te ha sorprendido ya escuchando la radio. Tus padres se engancharon a Marconi durante la Guerra Civil para escuchar el parte, tu generación se hilvanó con el transistor en la transición para quedar definitivamente cosido a él el 23 F. A tenor de lo que escuchas hoy, si no tienes el corazón de piedra pómez, como parece a menudo por la frialdad de muchas de tus reacciones, debes empezar por cuestionar los buenos deseos de la luna.

-Buenos días…¿de qué?

Resulta que la EPA le ha dado a nuestros barandas el enésimo machetazo en sus planes de recuperación. Y que entre las urgencias de la troika europea y las drásticas medidas de nuestro gobierno, la cola del paro, de la miseria y de la desesperanza crecen y crecen sin cesar.

En estas condiciones la luna debe entender que sea casi irresponsable sentirse a gusto y considerar, simplemente, que hoy pueda vivirse un buen día. Así que organizas tu primer soliloquio moral de la jornada en torno a este debate: ¿es legítimo ir a contracorriente y sentirte hoy mejor que antes de la encuesta de la EPA?

2

No lo puedes evitar, pero te has retirado al campo a tomarle el pulso a la primavera y ese primer contacto con la naturaleza después de días capitalinos te ha puesto contento. Con perdón. Recuerdas los teatrillos con que jugabas de niño, en los que tras una estructura de cartón gruesa silueteada y decorada como el telón de una bombonera del siglo XIX colgaban una serie de decorados que le daban profundidad al escenario y enriquecían la perspectiva. Primero un bosque, luego una montaña, en otro decorado un verde prado surcado por un río, y en el forillo del fondo, sobre un risco empingorotado en el que se recorta la luna, un castillo iluminado. Y circulando por entre ellos y las figuritas de los personajes, tu propia fantasía, impaciente por aproximar aquella mentirijilla plástica a la realidad soñada.

Algo de esa magia encuentras en la nueva visita a tu observatorio de Gredos. Lo que es en invierno una vista desnuda de los árboles caducifolios rendidos de tristeza es ahora una explosión de vida vegetal en distintos planos por entre los cuales te mueves con la misma emoción con que lo hacían las princesas y los caballeros de capa y espada en el teatrillo de cartón. Será una belleza efímera, como la de todas las primaveras, pero entretanto ayuda a olvidar la cruda realidad.

3

¿Es legítimo distraerse así mientras tu país se duele de miseria y de indignación? Te encoges de hombros incapaz de vislumbrar siquiera una sola receta. En estos momentos das gracias a Dios de no ser nadie. No ser Rajoy,  ni ningún otro político, ni el Papa,  ni empresario, ni gurú de la economía, ni banquero, ni hombre de pensamiento, ni periodista, ni tertuliano, ni gente de peso en la sociedad. Estás feliz de ser una anotación al margen. En estos momentos incluso no le tienes ninguna envidia a Dios. Probablemente él también está abrumado por las estruendosas meteduras de pata de su  querido género humano.

-Debería haberle hecho un poco más listo-estará pensando- Ahora todos me señalarán a mí como responsable último de esta carajera.

4

Entretanto dos simpáticos carboneros picotean en tu ventana, y suscitan otras dudas más asequibles, aunque tampoco las sabrás contestar. ¿Son pareja? ¿La misma pareja de todos los años, que quiere anidar bajo el mismo hueco de la misma teja?¿Vienen aquí porque les gusta el sitio o para presumir, porque saben que los miras?

Entretanto pones en marcha la primera fabada que piensas tomar desde que los médicos te pusieron en estado de alarma. Estos mismos médicos han decidido que el tumor está tranquilito y contenido, y que tú quedas libre de obligaciones hasta el control de junio y sólo debes responder a lo que te pide el cuerpo. Esta misma semana atendiste a la invitación de Julia y probaste tu salud despachando los huevos encapotados que te prometió en este mismo blog. Deliciosos. Y comoquiera que que el invierno nos quiere dar este fin de semana su último beso, y van a bajar las temperaturas, y tienes las fabes y el compango esperando desde hace meses, y has consultado con tu amigo Pablo Estrada, natural de Grado, los tiempos de cocción y la recomendación de coronar los ingredientes clásicos con una cebolla, un tomate y una zanahoria, que deberán retirarse al final con toda la grasa superflua que absorberán, y además te encanta la fabada y puedes echártela en la andorga con la seguridad de no convertirte en un Vesubio en erupción sobre dos piernas, pues te pierdes en estas debilidades y te olvidas de que la vida es un drama.

5

Ma non tanto. El martes, a la vuelta de tu última revisión con indulgencia cuasi plenaria sonó el teléfono, levantaste el auricular y escuchaste una voz fresquita y tierna, perfectamente modulada.

-Abuelo. Estoy muy contenta porque sé que estás…-y aquí la voz más repipi del mundo de tu querida nieta Marina  titubeó prudentemente-… mejor.

Estás mejor, como aventuraba la niña repipi, cuando todo está peor. Y crees que, aunque  suene a afrenta, debes proclamarlo. Porque es cierto que sólo eres uno entre cuarenta millones de españoles, pero en esa infinitésima proporción, gracias a ti España está ligeramente menos peor.

 

Buenos días y buena suerte

1
-No sabes lo mucho que me alegro de verte-le dice al Duende su amigo Javier A.V. mientras se funden en un abrazo.

-Lo entiendo. Aunque te alegrarías igual si yo fuera la persona a la que más odias.

Y se echa a reír.

Javier A.V., competente ingeniero aeronáutico y empresario, abrazaría encantado a una boa constrictor que fuera a visitarle. Acaba de salvarse del abrazo de la Parca, que es incluso más molesto y peligroso que el de aquella. Javier A.V. se había retirado hace poco, y afrontaba la nueva etapa de su vida con el júbilo que da poder hacerlo con todos los deberes cumplidos y suficientes reservas para ser más que feliz. Una mujer encantadora, hijos, nietas, un profundo bolsín de amigos, buena salud aparente, aficiones muy significadas, una casita junto al mar, pasión por el golf, mucho ánimo y curiosidad intelectual para seguir interesándose por casi todo. Javier siempre fue un matriculín y un vehemente cumplidor de todo lo que acomete. El Duende le enganchó para el coro del CEU y en menos de cuatro meses, y sin estudios musicales, cantaba con su voz de tenor los corales del Paulus de Mendelssohn y el Mesías de Haendel como si estas piezas fueran la Vaca Lechera.

Pero la semana pasada viajaba hacia Sevilla con Marta, su mujer, cuando cruzando la provincia de Jaén, en la misma autovía, sintió una profunda opresión en el pecho y un sudor frío que en un pispás le empapó la camisa. Javier presume saber de casi todo, a veces incluso molesta de lo que sabe, pero en este caso su saber resultó providencial. Tuvo la certeza de que estaba sufriendo un infarto de miocardio. Salió de la autovía, se detuvo en el primer edificio que encontró, un hotelito rural entre los olivos, y desde allí pidió auxilio para que llamaran al 112. En veinte minutos apareció un ambulancia de la sanidad pública. Le estabilizaron, le trasladaron a Andújar, luego a Jaén, donde le intervinieron de urgencia. Y ayer le recibió en su casa a este Duende que suscribe con la alegría inusual que, a la vista de los hechos, es más que fácil de explicar.

2
Javier se hacía leguas de la eficacia y del exquisito trato que recibió de todo el personal sanitario que le atendió. Y afirmó que duda mucho de que en ningún país del mundo haya un sistema de sanidad pública como el nuestro. Como es un sabelotodo, quizás tenga razón. No se sabe por cuánto tiempo.

Eso fue lo mejor de la jornada. Lo peor, ya la pueden imaginar. Habló Rajoy, nos recordó que pintaban más bastos de los que creíamos que hay en la baraja y el Duende, que cada día se siente más privilegiado, se acostó a pesar de todo acongojado. Acongojado, no acojonado. Acongojado por la suerte de los que más sufren en sus carnes esta purga de realismo a la que desde hace un par de años nos han sometido. Ahora lee mucho acerca de la historia de la España del pasado siglo. E imagina lo mucho más que debieron sufrir sus padres, como todos los de su generación. Antes de la guerra, con esa España tan pobre e invertebrada, en la guerra y en la posguerra.

Y salieron adelante. Como salió adelante Europa tras la gran devastación de la Segunda Guerra Mundial.

3
Positivo: no han creado impuestos sobre la puesta de sol, ni sobre la brisa del mar. No se han programado tasas por respirar, no gravarán el sueño, no se sube el IVA por jugar al parchís ni por el placer de rascarse la espalda, no recortarán el cariño, no congelan el amor. Si besas a una tía buena, ni Rajoy, ni Draghi ni la Merkel te pueden reprochar nada. Podemos escuchar gratis a los pajaritos, a Beethoven e incluso al vecino que se afeita cantando a Bisbal. Y podemos sonreír, e incluso derramar lágrimas de la emoción, viendo un paisaje en el que juegan esos felices ignorantes que son los niños.

Negativo: a este valle de lágrimas nos conducen los mismos políticos que nos camelaron con la convicción de que el estado del bienestar era un pozo sin fondo, que nos vendieron una Europa que era una vaca ubérrima con las tetas llenas de oro líquido, que nos convencieron de lo uno y lo simple era una paletada, y que lo guay es tener muchas patrias, muchas banderas, muchas autoridades, muchos gobiernos, muchas nomenclatura. Muchas sanguijuelas. Los mismos que pensaban que el pueblo, como era tonto, sólo les votaría si le prometían lo imposible.

¿Cómo es posible que tantos, durante tantos años y tantos gobiernos hayan sido tan irresponsables, nos hicieran cómplices involuntarios del desbarajuste y ahora nos conviertan en sus únicos responsables finales?

Jodó, petaca. Y de esa melopea de mal entendida utopía participaron políticos de todos los colores. Es que es lo que hay. Pero sursum corda, que mañana vuelve a salir el sol y tampoco nos cobran nada por ello. En positivo, como el amigo Javier A.V: buenos días y buena suerte.

El sueño de un infierno de verano

1
Durante los tres últimos días el calor en Madrid está siendo insoportable. Hoy se decía que la temperatura de anteayer había sido la más alta registrada en un mes de junio desde que se hacen mediciones meteorológicas. Oh, qué alegría. Entretanto, claro, lo que preocupaba era la prima de riesgo, el rescate, las especulaciones sobre si Del Bosque sacará otro falso 9 para intentar ganar a Portugal y el temor de que Cristiano Ronaldo reedite el espíritu de Aljubarrota en la semifinal de mañana. A nadie le se le ha ocurrido denunciar que el mundo sea cada día más un horno.

2
Homper está convencido de que este comportamiento del clima es un castigo divino. Un castigo merecido por el abuso del planeta. Homper ha querido facilitar el correctivo a la divina Providencia lanzándose a la calle para atravesar Madrid. Tiene gestiones pendientes, y cree que si pasa la mañana sudando la gota gorda por las calles de la capital, esperando su turno en la Mutua para que hagan un duplicado del carnet de conducir, que ha perdido estos días, y para que le cambien el domicilio que consta en el permiso de circulación del coche, un engorro de documentos, certificados, escrituras y la madre que parió a la administración, el sufrimiento descontará dos o tres años de purgatorio.

4
Luego hace otra cola en un ambulatorio de la Seguridad Social para que conviertan su tarjeta azul en otra de pensionista, que es lo que le corresponde. Calcula que el sufrimiento será equivalente otros tres años más de purgatorio. Lo cual le dará derecho a poner el aire acondicionado en casa y lanzar un poco más de CO2 a la atmósfera. El podrá sobrevivir, aunque sea a costa de calentar un poco más la tierra con su climatizador. En la oficina de la Mutua hay muchas personas, y ninguna de ellas es una chica guapa que entretenga la espera. En el ambulatorio hay numerosos inmigrantes, y varias señoras gordas que abren y cierran el abanico a la vez que suspiran.

-‘¡Ay, Señor, qué calor!- dicen, como si fueran figurantes de una película de Almodóvar.

Fuera, Madrid se cuece a unos 40º. Homper mira el panorama, no sabe ya si perplejo o fundido por el paseo, por la africanada de la temperatura o por el espectáculo. Esto es sufrir a conciencia.

5
Por la tarde, el cielo arenoso tiñe el horizonte de gris panza de burra. Es como si Madrid estuviera sumergido en una sopa asquerosa. Homper no se atreve a salir de casa. Repasa la cartelera y comprueba asombrado que apenas programan películas para niños, él que pensaba rescatar a sus nietecillas del sartenazo y pasar dos horas con ellas en un cine refrigerado. No lo hará porque, al final, los cines de Madrid no quieren niños en verano.

En la tele sestea viendo la odisea de los pingüinos emperador, a los que supone felices de vivir en la Antártida. También nuevas malas noticias, esta vez por culpa de Moody´s. Y entonces el sueño se apodera de él y se duerme.

6
Al final, la reacción nacional ha sido estruendosa. Se ganó a Portugal, pero los ilustrados saben que eso no era suficiente para lavar la afrenta que nuestros enemigos nos afligen. Lo publicaron los confidenciales, lo difundieron las emisoras de radio y televisión, y las dichosas redes sociales terminaron de caldear el ambiente. Como si hicieran ahora el mismo papel que la judeo-masónica y el contubernio de Munich en tiempos de Franco, la conspiración de Merkel, los mercados y las agencias de calificación se cebaba con España.

-Nos tienen envidia por ser Campeones del Mundo de Fútbol, por Nadal, por Alonso.

-Nos odian porque la roja arrasa.

-¿Y quién es Moody´s para poner nuestros bancos a los pies de los caballos?

-¿Y cómo pueden tratar así a nuestros bonos?

7
Los teléfonos zumbaban como metralletas. Se llamaban Rajoy y Rubalcaba, los ministros, los líderes de los partidos, los periodistas económicos, los presidentes de los bancos, el Banco de España, la CEOE, los sindicatos. Todos indignados.

Y tenía razón. Ahora las agencias de calificación no sólo rebajaban el valor de nuestra deuda y ponía a nuestros bancos a la altura de los bonos-basura. Esta vez fueron demasiado lejos. Ahora osaban afirmar que los españoles la teníamos muy pequeñita, y que por muchas reformas que hiciéramos, nunca llegaríamos a mear tan lejos como los alemanes.

Menos mal que Homper despertó de la siesta y advirtió que todo había sido el mal sueño de una tarde de verano


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,336,003 hits

A %d blogueros les gusta esto: