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Unos Reyes originales

Los Reyes Magos traen a veces regalos inesperados...

Los Reyes Magos traen a veces regalos inesperados…

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Ultimaba Homper sus regalos de Reyes cuando le vino a la cabeza aquella coplilla popular que hablaba precisamente de recuerdos y regalos. ¿Qué quieres que te traiga si voy a Madrid?/ No quiero que me traigas/ No quiero que me traigas/ ¡Que me lleves, sí!. Se acordaba precisamente porque tenía muy claro que, en lugar de traerle regalos, deseaba que los Reyes Magos se llevaran unas cuantas cosas que, pudiendo interesar a otras personas, convivían con él desde tiempo inmemorial sin que merecieran de su parte el menor aprecio.

-¿No sería posible que vuestras majestades magas de Oriente me libraran del retrato de la tía Adolfina?- suspiró cuando, rendido por el cansancio apagó la luz la noche del cinco de enero.

La tía Adolfina era una antepasada retratada por Federico de Madrazo. Según los expertos el retrato era un lienzo de primerísima calidad. Mala suerte que la tía Adolfina hubiera sido una gorda con doble papada y un bigotillo que sombreaba bajo una nariz carnosa y levemente ganchuda y que miraba desde su marco patinado en pan de oro con aire de inquisidora. A primer golpe de vista resultaba horrible. En realidad Homper sólo aceptó el cuadro como herencia de sus abuelos porque el que estaba realmente interesado en él era el avaro de su primo Agustín, que aparte de haberse quedado con la casona de Camorritos de forma fraudulenta, estafando a sus propios tíos y primos, era un cursi y un majadero. Desde entonces el cuadro colgaba en el oscuro pasillo de la casa de Homper sólo por fastidiar al primo. No se atrevía a donarlo a ningún museo porque no le apetecía que nadie de los visitantes le relacionara con aquel adefesio que llevaba su mismo apellido, pero tampoco quería venderlo ni subastarlo por temor a que el odiado primo rastreara el mercado hasta dar con él y adjudicárselo.

Además, a sus años le daba una pereza infinita hacer nada. Sólo esperaba pues que la magia de los Reyes cambiara el chip, y pudiera considerar que a veces el regalo más original y valioso no es el que se da, sino el que se quita.

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Jura y perjura Homper que los Reyes Magos captaron su mensaje. La mañana del 6 de enero se quedó perplejo al comprobar que en lugar de dejarle nuevos regalos inútiles que ya no le hacían ilusión alguna le habían quitado de en medio una antigua maquinita de hacer cigarrillos que guardaba en su despacho, un juego de café de Sargadelos que detestaba desde que se lo regalaron como pago de un favor, un sillón estilo remordimiento digno de un notario de Socuéllamos, el viejo sable del tío abuelo Leopoldo, capitán de coraceros, todas las videocasetes con películas añejas que esperaban su turno para llegar al punto limpio, veinte tomos encuadernados del Selecciones del Reader´s Digest con la capa de polvo correspondiente, un robot de cocina que heredó de la tía Clota y que jamás entendió y, sobre todo, el famoso retrato de la tía Adolfina.

Homper sonrió agradecido. Los Reyes Magos le habían hecho el mejor regalo librándole de aquellas presencias incómodas sin haber hecho de su parte el menor esfuerzo y, lo que era más importante, sin crearle el menor remordimiento de conciencia por deshacerse de ellas.

-Aquí es donde se demuestra que verdaderamente son magos –pensó feliz mientras cortaba para desayunar el primer tramo de su roscón de Reyes.

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La magia de Melchor, Gaspar y Baltasar se tradujo para ti este año en una caja-archivador forrada en tela y con guardas interiores de bellísimo papel que contenía tres carpetas de correspondencia. En el lomo del archivador, el indicador de su contenido: CARTAS A GUILLERMO. Y el de su autor: Luis Figuerola-Ferretti. Como prólogo de los tres legajos, correspondientes a los tres períodos que el entonces joven estudiante pasó lejos de España, una carta manuscrita del propio Guillermo, hoy un hombretón padre de tres hijos.

Hola, Papá. Los Reyes Magos han optado este año por donarte temporalmente escritos y reflexiones que pensaste que jamás volverían a ti. Pueden regresar a Oriente releídas y meditadas con la ventaja o vergüenza del paso del tiempo, o pueden devolverse a su destinatario original en su embalaje intacto. Ya sabes que los Reyes no son rencorosos……………………………………………………………………………………………

No se me ocurre cómo retomar o cerrar esa correspondencia que comenzaste hace la friolera de veintiséis años, precisamente cuando tú cumplías los cuarenta y tres años que yo he de cumplir este mismo año…Yo entonces tenía dieciséis, e iba con la cabeza más gacha que alta hacia lo desconocido. El sentido del deber y de corresponder a las altas expectativas puestas en mí me obligaban a asentir con mayor entusiasmo que el que apriori tenía ante la propuesta de un exilio voluntario. La realidad es que la experiencia fue dura, mucho más dura que lo que os pude contar o escribir, pero la asumí como natural….Lo peor era el miedo al fracaso. Que el viaje hubiera sido el ida y vuelta que me pedía el cuerpo era mi más anhelado deseo, y a la vez la pesadilla de un fiasco sin paliativos. Así que no quedó más remedio………………………………………

Hoy, transcurridos tantos años, y habiendo guardado, entre mudanza y mudanza, algunas de las cartas que me enviaste, me doy cuenta de que quizás sin ellas mi horizonte hubiera bajado de golpe, como persiana que se cierra en verano, y hubiera desistido de aprender nuevos idiomas, conocer nuevas culturas, gentes distintas, y de convertirme en quien soy. ¡Al carajo con los anglosajones! Me vuelvo a Chamberí y me dejo de embrollos!…………….. Pero no, cada semana, puntual y regularmente como no te he visto nunca dedicarte a tarea alguna –confieso que probablemente desde entonces yo tampoco haya leído nada con tantísima avidez- me llegaban los dos o tres folios escritos a doble cara, a mano o a máquina, con tachones, garabatos, con pareados, con recortes del Atleti, pero siempre llenos del sabor de casa……………………………………

Al ver que la vida transcurría con normalidad, que el mundo no se había parado de golpe como lo hizo conmigo, fui capaz de ir adivinando a la persona que había detrás de las cartas, más allá de la figura paternal, ayudándome a golpe de letras a entrever tu celosa intimidad y a saber de muchas otras personas, anécdotas, preocupaciones y muchas más cosas que no me contaste, pero que leí en el interlineado, que aunque estrecho y apelmazado me dio mucho juego en esos tiempos………………………………..

Desconozco qué hubieras hecho hoy en día, en el que la inmediatez de la comunicación no da pie a las parrafadas y divagaciones que encontré en tus cartas. Igual ambos hubiéramos pasado como los perfectos desconocidos que son a menudo padres e hijos. Esa interrogante quedó afortunadamente cerrada para mí. Y, como testimonio, quedaron todas estas alborotadas letras, con amor escritas y con eterno agradecimiento leídas. Espero que tú las disfrutes, y que algún día sirvan para que tus nietos puedan hacerlo la mitad de lo que lo hice yo.

Un beso

Guillermo

Tenía razón Homper. Los Reyes son Magos porque cuando se lo proponen hacen regalos inolvidables.

 

 

 

Pereza de la Navidad

Pereza de la NavidaD1

5 de diciembre –anotó en su diario- Ya he leído los periódicos. Al margen del catálogo de desgracias y tropelías con que habitualmente nos obsequian los medios, veo que avanza imparable la Navidad. La Lotería, los langostinos congelados, el Corte Inglés como paraíso, las mil y una iniciativas benéficas y humanitarias, los Papá Noel de peluche trepando por los balcones. Dentro de poco, me temo, algún villancico de Raphael derramando copos de almíbar en la tele, el turrón que vuelve a casa, las muñecas que se dirigen al portal, burbujas doradas y macizas como la chica de Goldfinger, famosos de esos con el pelo teñido y famosas estucadas levantando la copa de cava brindando por mi felicidad…No puedo decir que me dé náuseas, porque a mí me gustaba la Navidad. Sí me da mucha vergüenza ajena. Menudo mantra, como se dice ahora, para desatar las ganas de hacer negocio, la cursilería y la horterada al por mayor.

Ahora, de verdad, de verdad, lo que sí me produce este fenómeno es vértigo. ¿Otra vez la Navidad, tan pronto?… Flori, mi vecina de arriba, dice que le da tanta pereza meter y sacar cosas y ordenar los armarios que entre los adornos del árbol ya cuelga el bikini. Dice que queda muy bien entre las bolas, los muñecos de nieve, los lazos y las luces, y así lo tiene más a mano, porque se acabarán las navidades y el verano ya está al llegar. No es que la Navidad sea breve, aunque cada vez se adelante más, es que me voy haciendo vieja, y el tiempo, qué putada, se me escurre como el agua entre los dedos.

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El marido en los cielos, su hija Adela trabajando de enfermera en Coventry, su hijo Alfonso de cooperante en Sudán, sus tres hermanas un poco menos lejos, en Canarias, en Vigo y en Tarragona. Lucía pensaba que por tradición y, aún un poquito, por convicción, tenía que vestir su casa de Navidad. Pero sentía como si alguien la hubiera atado de los pies a la cabeza a la chaise-long y no pudiera levantarse, abrir los armarios y sacar las figuras y el dichoso abeto de plastiquillo vegetal. Ataduras invisibles, pero bien fuertes. ¿Para qué se iba a tomar la molestia? ¿Para quién?

Salió a la compra. Lo justo para comer y cenar. Y allí, mientras esperaba su vez en la pescadería, se encontró con Flori, que llamaba desesperadamente a su suegra para pedirle que recogiera a los niños por la tarde en la parada del autobús del cole y los llevara a casa.

-Es que me han llamado del Centro de Salud para decirme que hay un hueco para la mamografía, y cómo lo voy a desaprovechar-explicaba.

Pero la suegra de Flori no podía, porque tenía cistitis, qué faena, y Flori estaba tan desesperada que no se daba cuenta de que el pescadero entretanto le cortaba la pescadilla en rodajas, y no en filetes, como había pedido.

-¡Coño, y encima esto!- soltó cuando se apercibió de ello.

-No te preocupes- terció Lucía- Ya iré yo por ellos.

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Antes de volver casa, Lucía compró polvorones, y en un bazar chino, unas chuches, unos cuentos y unas pinturas. Luego, por la tarde, antes de bajar a por los niños de Lucía, calentó el horno para poner en él un cuarto de pollo con pasas, cebollitas y unas rodajas de manzana rociados de jerez oloroso. Recogió a los críos, los subió a casa, les dio de merendar, les ofreció las chuches y los regalitos, puso un CD de villancicos y así pudo abrir el armario y rescatar del altillo el árbol, los adornos y las figuritas del nacimiento. Por un momento temió que el Niño Jesús hubiera sufrido los abusos de un pederasta, que a san José le hubiese decapitado un yihadista y que los Reyes Magos hubieran estafado a toda la cristiandad llevándose los camellos cargados de regalos a un paraíso fiscal. Pero afortunadamente los males de este mundo no habían llegado hasta ahí.

Con el aroma de buen asado que invadía la casa, los villancicos, los polvorones, y las voces de los niños Lucía, pudo hacer de tripas corazón y cumplir con el viejo ritual que le habían transmitido sus padres y que, cada año más, le pesaba como una losa. Le fastidiaba dar la razón a los anuncios, pero tenía que admitir que la Navidad era para compartirla.

Las caras de este maldito Halloween

Habrá otras fiestas de Halloween con caras menos inquietantes, pero lo que es este año...

Habrá otras fiestas de Halloween con caras menos inquietantes, pero lo que es este año…

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Consciente de que a su edad provecta uno es responsable hasta de su cara, Homper se queda perplejo al mirarse al espejo después de la dichosa noche de Hallloween y no reconocerse.

-Me he visto con cara de retrato de Bacon –comenta- Por cierto, ¿tú serías capaz de describir una cara así?

Vais adjetivando al alimón. Espectral. Diluida. Confusa. Irreal. Centrífuga. Fea. Dispersa. Apesadumbrada. Difusa. Beoda. Culpable. Polimórfica. Torturada. Desconcertante. Indefinida. Nebulosa. Angustiosa. Chusca. Onírica. Monstruosa. Apaleada. Inidentificable. Sobre todo: manifiestamente mejorable.

-Pero es lo que es, para qué vamos a engañarnos –se explica- Uno se levanta con cara de retrato de Bacon y no lo puede evitar. He hecho todo lo posible por levantarme con cara de Elsa Pataky, que me parece más agradable, pero debe de ser que es cierto eso de que el hombre es el hombre y su circunstancia.

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Item mas, se pone filosófico el hombre y empieza a especular sobre si influyen más en los estados del alma –al fin y al cabo la cara es su espejo – las circunstancias propias o las ambientales.

-Pues vaya usted a saber- se te ocurre decir a ti- Ahora que cada día sale un estudio nuevo sobre casi todo, me gustaría saber si algún genio ha llegado a calcular el número de pensamientos que procesa nuestro cerebro cada veinticuatro horas. Número, calidad del y duración del mismo y profundidad de la huella emocional que nos deja.

Y vais lanzando a la mesa, como si fueran descartes de un juego de naipes, los últimos pensamientos-ideas-preocupaciones-deseos-obsesiones-aspiraciones y recuerdos que ha propiciado esta semanita previa a la noche de Halloween, como parece que hay que decir ahora, o al Día de todos Santos, como se celebraba antes. Asquito. Incompetencia. Desfachatez. Corrupción. Demagogia. Mierda. Mal cuerpo. Ignorancia. Inmadurez. Estupidez. Insolidaridad. Cataluña. Desesperanza. ¿Resignación? Rebeldía intelectual. Risa (tomárselo a). Música. Huida. Literatura. Amor. Redención. Tripas. Corazón. (Haciendo de aquéllas esto)

Y unas flores sobre la memoria de vuestros muertos, porque algunos se quejan ya de que les hayamos sustituido por las calabazas fantasmales, las manzanas caramelizadas y la estampa de Freddy Krueger. Tantos siglos de jabón a nuestra cultura y nuestras tradiciones para acabar en esto.

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Niños. Tus dos nietos recentales aún no han sido colonizados por Halloween, pero la media docena de nietas se han vestido de brujas y fantasmitas y corrían por las calles rebosantes de felicidad, como si los difuntos fueran los Reyes Magos. O témpora, o mores, pero qué le vamos a hacer. Verles felices en su bendita ignorancia viene a compensar el peso de la vergüenza que tantos como Homper y tú mismo tenéis que soportar estos días. Por cierto, hablando de niños. Ser implacable con los granujas y maleantes no obliga a extender la merecida condena social a sus hijos. ¿Te imaginas lo que las pobres criaturas tendrán que escuchar al salir de casa, en la calle, en el colegio?…

-Total –te confiesa Homper- Que después de la cataplasma de sentido del humor y de bonhomie que nos hemos aplicado, me he vuelto a mirar al espejo y en lugar de verme con cara de retrato de Bacon me he visto con la de Elsa Pataky.

-No jodas –reaccionas tan estupefacto como si fueras él- ¿De verdad que la cosa cambió tanto?

-Bueno, fue más bien un espejismo. Porque al cabo de unos segundos, aquel rostro tan hermoso se difuminó de nuevo y se recompuso con las facciones del pequeño Nicolás.

Era lo que faltaba para poner broche a estos nefastos días.

Cómo repartirse en Navidad

A todos los que de verdad quieres te gustaría regalarles un cuadro como este y unas palabras de cariño. En Navidad, o en cualquier otro momento al que podamos trasladar la Navidad...

A todos los que de verdad quieres te gustaría regalarles un cuadro como este y unas palabras de cariño. En Navidad, o en cualquier otro momento al que podamos trasladar la Navidad…

Dedicado especialmente a Inés, Angeles A., Zoupon, José Ramón, Acacia, Adela, Atticus, Capotegui, Ignacio, Catali, Alejandro S. Pablo de la T., Belén C.T., Bachí, Monti, Maribel, Lola y Frederic, Silvia, Pemberton, Quico, Cocoliso, Eduardo S., Eduardo G.A., Julio S., Charo, Cristina V., Joselepapos, Franciska, Aldara, Ana María F-F, Betanzos, Alicia M.P., Araceli, Forges, Rosi, Lola du Puit, Begoña O., Begoña Y.,  Javier S-M., José P.R., Belén A., Palinuro y Palinurova, Josepedro, Lucila, Manolo, Camiseta, Paloma, Lucila M.G., Candil, Angela, Nefausto de la Alcarria, Espiga, Pilar V., Julia, Pedro Azorín, Ramón de M., María B., Cristina P., Dolo, Mariquilla , Ata y Toñi Argenta, Nacho y Roselia, Nicolás S., Mariuca, Fernando B., Marta C., Isabel T., Cristina G.O., Nillo,Vitín y María José, Javier y Marta, etc, etc…

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No lo puedes evitar en Navidad. De la misma manera que sigues deteniéndote ante cualquier escaparate que haya puesto su nacimiento –Peter Pan no muere nunca- te fluye la larga ristra de nombres a los que quisieras felicitar. Esta es una costumbre que, a fuerza de repetirse como mera fórmula de cortesía y de comercializarse después va cayendo en desuso. ¿Dónde quedaron aquellos christmas manuscritos que traía el cartero? Fueron barridos por los EMAILS y los SMS, pero después de saturar las líneas telefónicas hasta estos enmudecen.

Tempus fugit- piensas en voz alta.

Y vuela a tal velocidad que, cuando alguien eche en falta tu llamada o tu mensaje cariñoso ya se habrá echado encima la primavera. Acaso será entonces demasiado tarde para que nadie te lo tenga en cuenta, aunque eso tampoco te consuele ahora.

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Los nombres de tus familiares, con la extensión inacabable que ese término puede abarcar. Los de tus amigos, los de tus lectores, los de quienes te han ayudado durante este año agridulce (más dulce que agrio, en el balance final). Los conocidos con peor suerte que la tuya, que agradecerán cualquier interés por su persona. Se ha espolvoreado tanta azúcar escarchada sobre el sentido humano de la Navidad que hasta puede empalagar una pizca más, pero tú eres hijo de tu tiempo, y quieres vivir tu cuento de Dickens y tu película de Capra.

Se dice ahora que la Navidad en España se alarga demasiado. Que la intensidad de las reuniones familiares deriva a menudo en bronca con los hermanos o los cuñados. Que cada año son más los inconoclastas que abominan estas fiestas y sus celebraciones. Hay quien no puede superar la alegría por decreto, el estress de cumplir todos los compromisos sociales y, sobre todo, el factor melancolía. Lo entiendes: a ti también te ataca. Sin embargo no lo bastante para enterrar definitivamente esa ilusión que olía a musgo del nacimiento, al fuego de la chimenea  y al pavo que se asaba en el horno mientras por la radio sonaban villancicos y tú garrapateabas la caligrafía más importante del año.

-Queridos Reyes Magos…-empezaba diciendo tu carta.

No sabes por qué este subidón de ternura te tiene que dar precisamente ahora, si el año tiene trescientos sesenta y cinco días para que aparezca y alegre lo que normalmente es aburrimiento y rutina. Por qué concentrarlo todo en un par de semanas de luces y confetis. Sin embargo tú también sucumbes a la tradición. Porque se acerca la noche mágica y te dan ganas  de cargar tu mochila de buenas intenciones y de visitar a todos tus seres queridos para ofrecerles tu particular turrón.

Regalarles al menos un momento de palabras cálidas.Turrón de afecto por Navidad.

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O sea, preparas tus mensajes. Oye, tú, que va a ser Navidad, y quería decirte que no olvidaré nunca lo que te has preocupado por mí. Oye, tía, que se que estás llorando por dentro, pero arriba ese corazón, que te queremos. Oye, pedazo de agnóstico, canta conmigo, que si la historia del niño de Belén no e vero, al menos  e ben trovato. Oye, amigo, que a mí lo de entrar en intimidades me da una vergüenza que te cagas, pero que quiero agradecerte tus llamadas, tu mano, tu compañía. Oid todos: los que me apreciáis y me soportáis, los que me dais todo lo que yo no sé dar, los que me animáis, los que me leéis, los que me hacéis creer más de lo que soy. Los que os vais a alegrar al saber que la oncóloga ha dado por buena mi ITV tumoral, y a vivir que son dos días…

Cuántos pedazos de turrón sentimental por repartir a tiempo.

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Reconoces que te encantaría tener don de la ubicuidad. Mientras te balanceas con un pie en la realidad y el otro ya en el sueño se te presenta  inopinadamente  una especie de elfo, te arrebata el teléfono y comienza a manipularlo.

-¿No conoces la nueva aplicación?- te dice mientras desliza su dedo por uno de esos comandos imposibles para ti.

Tú ni siquiera tienes claro lo que es una aplicación. Forma parte tus arcanos contemporáneos: aplicaciones, drones, configuraciones, programas, redes sociales, cyberbullying, trending topics, fu, fu, lagarto, lagarto. Le preguntas al elfo quién es y para qué sirve la nueva aplicación.

-Pon que soy el Duende de la Navidad –dice para tranquilizarte- La aplicación se llama Chrisor, acrónimo de Christmas on Request. Sí, ya se que te indigna que no se diga en castellano –añade al comprobar que frunces el ceño- pero no vamos a cometer la paletada de que lo entienda cualquiera, y, naturalmente, lo decimos en inglés…La cosa funciona así, primero abres el calendario, y fijas la echa y la hora. Luego introduces el nombre de la persona a la que quieres tu momento cursi y tal, una chorrada propia de la gente de tu generación…Y finalmente, si eliges la versión VIP hasta puedes elegir el escenario de tu conversación….Entonces das al comando de Chrisor el 12 de junio, por ejemplo, y en un pispás haces un viaje astral al lugar elegido y te encuentras con la persona querida en torno a un café con polvorones, o un vino con gambas, o una copa de cava con turrón, según lo que hayas pedido al camarero virtual…

Le pediste entonces una prueba con Audrey Hepburn, una de tus debilidades eternas, y en un seis de agosto, que ni ella ni tú tendréis nada mejor que hacer, seguro. Propusiste un café junto al estanque del Retiro, que lo tienes tan a mano. Y, efectivamente, el duende de la aplicación actuó y allí apareció ella en su esplendor. Te dejó tan cortado que sólo supiste sonreír y decirle feliz Navidad, aunque fuera agosto. No hacían falta más palabras, porque la emoción iba por dentro.

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A propósito, por fuera el milagro sí que había tomado el cariz de cuento de Navidad, pues aunque era verano los árboles estaban desnudos, y había muchos patinadores deslizándose sobre la superficie helada del estanque, como si aquello fuera un cuadro de Brueghel. Por allí aparecían también Bing Crosby y Danni Kaye cantando Navidades Blancas sobre un trineo tirado por renos, y el pavero que veías de pequeño en la Plaza Mayor conduciendo su tropa de pavos negros con su moco rojo, tal que un ramito de bolas de acebo colgándoles por encima del pico, y los Reyes Magos, y los Niños Cantores de Viena entonando el Noche de Paz, y la Niña dela Puebla cantando Los campanilleros, y Bach dirigiendo su Cantata de Navidad en el rincón del embarcadero, y  un Misterio en otra esquina en el que la mula y el buey se ayudaban de una estufa para calentar al Mesías. Mas otros personajes que ya no están, pero que en realidad no se mueren nunca, como tu amigo Félix, o tu hermano Carlos, o Antonio A.L., o Cuba, o Fernando Argenta. Y así más y más pinceladas entrañables de Navidad.

Todo no podía ser tan maravilloso. A la estampa se sumaron de repente Raphael, la Caballé y los demás perpetradores del spot de la Lotería cantando su cursilada de villancico. No pueden dejar de dar la murga. Pero entonces el hielo se resquebrajó bajo sus pies, y todos se hundieron.

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Sabes que no pegan las maldades en Navidad, pero tú te excusas, es una trastada tuya y del elfo éste que se ha empeñado en mostrarte la aplicación Chrisor. Entre duendes anda el juego. La cosa es que así, con esta virguería de la tecnología, vas a poderle dar a cada quisque querido su pedazo de turrón sentimental. El próximo, empezando por orden alfabético invertido, a Zoupon, a quien estás deseando conocer para expresarle la misma gratitud que hoy ofreces al que se asome a este blog.

Felices Pascuas a todos. Prometes hacer lo posible para que la aplicación Chrisor, Cristmas On Request, sea algo más que un cuento de Navidad.

Los Reyes que necesitas

Estàn las cosas tan difíciles y tú tan obsesionado por tus alifafes que quisieras pasar de ellos. Pero te acabas dando cuenta de que, a tu edad, aún los necesitas..

Estàn las cosas tan difíciles y tú tan obsesionado por tus alifafes que quisieras pasar de ellos. Pero te acabas dando cuenta de que, a tu edad, aún los necesitas…

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Por segunda vez te dan de alta en el hospital y convaleces en casa. Convaleces: piensas en el verbo sin contrastar su significado en el diccionario, por lo que interpretaste cuando lo escuchaste por primera vez. Más o menos crees que, aparte de curate, es confirmar que vuelves a valer. Le cuestión es para qué. ¿Para ejercer tus facultades intelectuales? Puede. ¿Para el ejercicio físico y el deporte? Evidentemente, no. ¿Para hacer humor, que era lo tuyo? Como mucho, ironía, que es lo que te pide el cuerpo golpeado. ¿Para mirar?  Afortunadamente sí. ¿Para lo más de lo más……?

Mejor no comprometerse.

Así que pasas la mayor parte de tu tiempo convaleciente mirando, que es lo más plácido. Mirando el paisaje urbano y sus cambios de luces, los periódicos, libros, películas que no acabas de ver. Hasta que te cansas,  acabas aparcando tu curiosidad en la apasionante vida de nuestra fauna y te duermes ante un oso polar desesperado porque no encuentra una foca que llevarse a la boca y ante una pareja de hipopótamos copulando.

-¡Criatura!- se te escapa pensando que la hipopótama también tendrá vértebras, como las tuyas.

Pero te duermes sin despejar dudas. Qué será peor para la espalda, si una metástasis en dos dorsales, que es tu poblema, o tonelada y media de hipopótamo verriondo, que es lo que ha de soportar ella.

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Entre los de la noche y los que  te invaden durante el día tu vida se está convirtiendo en un emparedado de sueños. A veces incluso la realidad te vuelve a remitir a ellos. Dicen los periódicos que a un ciudadano negro que iba a oficiar de Baltasar en la Cabalgata de Reyes de Carabanchel le ha detenido la policía. Esto más que sueño parece pesadilla. ¿Era un presunto estafador multimillonario del rango del flamante ex presidente de la CEOE? ¿Se temía que pudiera fugarse de España antes de que la justicia le echara mano? ¿No podía esperar el juez a que terminara la Cabalgata? Pues no hay chorizos en nuestro país como para entretenerse en otras causas. Al detenido tal vez hasta le iban a pagar por hacer su función. Quizás hubiera sido su único aguinaldo de Navidad. Y a los niños de Carabanchel les frustraron un rey negro de auténtica raza.

No quieres creer que a un concejal blanco le haya dado un ataque de cuernos y aspire a sucederle, No imaginas que con toda la población negra que hay en Espala aún quede un munícipe dispuesto a embetunarse por vestir los efímeros honores de Baltasar  de cabalgata. Y recuerdas que por ahí empezó a cimbrearse tu fe en los Magos de Oriente,

-Ven, Luisito, que vamos a ve a los Reyes Magos de verdad.

Te llevaron a las puertas de Galerías Preciados, que tenía entonces mejor cartel y más posibles que El Corte Inglés. Te acercaron a Baltasar, que era tu rey favorito. Y cuando su majestad hizo por ti, y se inclinó para darte un beso, por el amplio cuello de su sayón  de damasco asomó una pechuga blanca como la de un pollo. Pensaste que no era necesario seguir haciéndote el tonto para considerarte niño. Luego caíste en la cuenta de que aquel era un ascensorista disfrazado, y te convenciste de que los Reyes Magos son otra cosa.

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Adviertes que en una semana has pasado de tener un apetito voraz a tardar un cuarto de hora en asimilar un caldo. Lo que te cuesta tragar, caramba. También eres consciente de que se te está empezando a caer el pelo, y de que el espejo te presenta ahora aun tipo pálido que con dos cuartas más de talla podría  ser  el primo de Christopher Lee. Estás endemoniadamente cansado, y hasta cambiar el rollo de papel higiénico te parece uno de los doce trabajos de Hércules. Sólo estás a gusto cuando te despojas el corsé, te acurrucas en la cama de costado y duermes. Como un niño, es cierto.

Hoy te irás a la cama con una imagen extraordinaria. Se había acabado la Cabalgata de Reyes de Madrid, se supone que sin orden judicial contra ninguno de sus majestades,  y por encima de la cúpula de San Franciso el Grande viste un castillo de fuegos artificiales que dibujaban las mismas ilusiones que te impedían dormir todos los cinco de enero de tu infancia. La diferencia es que ahora duermes, sueñas y olvidas. Y aunque sigas esperándolos, solo necesitas esto  de los Reyes Magos.

 

El mejor regalo de Reyes

Aquella niña buena se durmió pensando que, por fin, los Reyes Magos también iban a recibir regalos de Reyes...

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Melchor quizás estaba aburrido ya de su poblada barba blanca.

-Tantos años ya-pensó la niña- ¿Y si se la quiere afeitar?…

Gaspar es muy posible que se doliera de las cervicales. Siglos y siglos sufriendo el bamboleo de cabalgar a lomos de un camello…¿Cómo no iba a resentirse su cuello?

-Y Baltasar…¡Pobre!…¿Habrá visto lo de las pateras?…

Y se imaginaba que el tercero de los Reyes Magos podía haber sido uno de esos negros que en estos días se aventuran a llegar a España en pateras.

-¡Qué mareo! –resoplaba la niña.

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Y se puso manos a la obra.

Papá era un ejecutivo de esos que se pasa la semana viajando, y por casa había muchas de esas pequeñas cosas insignificantes que los que viajan se traen de los aviones y de los hoteles. Y a Mamá le decían muchas veces hipocondríaca. La niña no sabía lo que significaba eso. Sólo sabía que a su madre le gustaban las medicinas más que a ella las chuches.

Encontró un kit de afeitar impecable. Y una de esas almohadillas inflables para ajustárselas al cuello y dormir en los aviones. Y una caja de Biodramina aún sin estrenar.

Lo puso todo en una de esas cestitas para el pan que Mamá compraba en los bazares chinos. Lo envolvió en un papel celofán y luego descolgó del árbol de Navidad un par de bolitas rojas y un lazo que puso en todo lo alto como remate.

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Finalmente, dejó la cesta ante la chimenea y se echó en el sofá. Quería que Melchor, Gaspar y Baltasar la sorprendieran durmiendo, como es propio de las niñas buenas la noche del cinco de enero. Y esperaba que los Reyes Magos de la crisis,  que seguramente estaban tan caninos como el resto del personal, en lugar de dejarle  juguetes, se llevaran esas tonterías que no servían de nada en casa y que ella había preparado con tanto cariño.

Los Reyes aparecieron de madrugada. Se sorprendieron un poco, pero cogieron la cesta encantados, y se fueron dejándole a la niña sólo tres besos emocionados.

Y fue el mejor regalo de Reyes que se recuerda.

El cuento del Zapatero tacaño

...Y aquellos niños que creían que el mago ZP era muy generoso, se durmieron pensando que se había quedado corto...

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El  presidente llamó a don Probo Buenafé, su profesor de Ética y teoría del talante aplicado. Quería consultarle qué le parecían sus últimas maniobras para la aprobación de los dichosos presupuestos.

-Hermoso, hijo, hermoso –ratificó el anciano docente con la voz medio quebrada por la emoción- El alumno mejora al profesor. Pero no olvides presentarlo en el parlamento con una gran frase. Por ejemplo, pedid y se os dará.

-Profesor –carraspeó el presidente- Eso me suena a evangélico, y ya sabe que nuestra laicidad…

-Comprendo, hijo, comprendo. ¿Qué te parece ésta? Poco teme a su enemigo/ quien le vence y vuelve a armar/ que en el noble es premio el dar/ y el recibir es castigo…Es de Tirso de Molina.

Pero don Probo…Recuerde que Tirso fue sacerdote…Además, los nacionalistas no son enemigos, sino caros amigos…-rectificó sobre la marcha-Quiero decir amigos muy queridos…No quiero vencerles, sino convencer a todos de que es el bien común lo único que me importa…

Se hizo un silencio.

-Bueno, José Luis-dijo don Probo-Tú eres un hombre brillante…¡Di algo de tu propia Minerva!…

Se despidieron, colgaron ambos el teléfono y el presidente se quedó a solas con su cuaderno de pensamientos geniales. Estuvo escribiendo un rato, con intervalos en los que su mirada se perdía en las hojas de los árboles del jardín, ya nimbadas de otoño. De repente volvió sobre algo de lo escrito y lo subrayó con lápiz rojo. La frase decía así: la cesión de competencias no  es sino el glaseado necesario de  la justicia distributiva.

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Decían que los nacionalistas del norte y los del sur estaban dando saltos de alegría. Pero no era del todo cierto. Puestos a mirar bien los tejemanejes que se había traído con los que apoyaban sus presupuestos, hasta resultaba rácano.

En el norte, la pequeña Edurne estaba desconsolada. Ella esperaba los tres Reyes Magos hubieran reforzado al Olentzero para que las navidades de Euzkadi fueran mucho más felices, y  que el gobierno de España hubiera plantado la Torre del Oro al borde de la ría de Bilbao. Y llena de oro hasta los topes, claro. Pero de eso, nada.

Entretanto más de dos mil kilómetros al sur, Pedrito miraba el anochecer sobre una playa canaria con cierto desencanto. No entendía que su padre no hubiera apretado un poco más en las negociaciones.

-¿Ves, papá? –dijo apuntando a la luna- Sale como siempre.

-Claro, hijo…¡Pero las aguas del mar son ahora nuestras!

-¿Y qué les hubiera costado cambiar también la luna para que  saliera con forma de plátano?


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