Posts Tagged 'San Francisco el Grande'

Verano en Madrid. Días insólitos (1)

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27 de julio de 2014. Primera observación: aquellos otros veranos en los que cada despertar era una gozosa esperanza de aventura se esfumaron. Ahora los repasas con cierta alegría, porque ´la edad de la irresponsabilidad se te antoja un paraíso. Pero también con no menos escepticismo, porque ya no es igual, y no pasa nada. Te maravillaron como unos fuegos artificiales en la noche y se guardaron directamente en el álbum del recuerdo cuando explotaron fundidos en las tinieblas del pasado.

Tan ricamente. Cada día que pasa te atormenta menos la nostalgia. Ciertos avisos del destino, que acojonan cuando los ves de lejos, producen un efecto benéfico cuando hacen presa en tu carne. Ahora los veranos son otros: menos aventura, menos promesas, menos bulla, menos fantasía. Y no pasa nada. La pasión y los sueños van ahora por otros derroteros.

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El verano es la estación más apetecida por los que identifican este tiempo sólo con vacaciones. Tú prefieres verlo como tránsito necesario hacia el otoño. Pensar que dentro de un par de meses quizás hayan vuelto las lluvias y el pasto verde de los campos ahora yermos te lo alivia. El verano es para los muy ricos o para los muy pobres. A la medianía alérgica al calor, a las carreteras atestadas, a las aglomeraciones de gordos y gordas en carne viva e invasora o a toda playa donde tengas que defender tu parcela de toalla como si fuera tu vida, el verano cruel y despiadado que azota a España de la línea de Burgos para abajo os produce cierta alergia.

La esperanza es que miras todas las mañanas el salir de sol y compruebas que este despierta cada vez más tarde. Y que mientras el 21 de junio despuntaba bastante a la izquierda de las cúpulas de San Francisco el Grande, ya se asoma sobre torres y edificios que quedan muy a la derecha, camino de lo que en unos meses será el solsticio de invierno. Entiendes que este tránsito ponga tristes a los pueblos del norte, pero en España, tan sobrada de sol, a ti te gusta porque te consuela del implacable flagelo canicular.

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No es un verano cualquiera, y por tanto no rulas como en los anteriores. De vez en cuándo te preguntas qué atraerá más a los fieles de tu blog, si lo que tiene este de dietario o las historias inventadas que vuelcas en él. ¿Dónde estás, qué haces? –te preguntan algunos amigos- Otros años lo sabíamos por el Duende…La verdad es que viajas poco. Salvo volver a pasear a Miss Daisy, cinco días por Asturias, prácticamente nada. Te sujetan en Madrid algunas gestiones pesaditas, una obligada visita a talleres para pasar otra ITV y, los fines de semana, la llamada de Carlos Santos, que sustituye a Pepa Fernández como presentador de No es un día cualquiera de RNE y necesitaba tripulantes de tu perfil. Gracias. Un estudio de radio ahora te parece más estimulante que la playa de Formentor. Te permite romper el ostrakóm, aquella piececita de barro que los griegos enviaban a los que merecían la condena del ostracismo, que por algo se llama así. En un estudio de radio, lamentablemente, no hay chicas en bikini, pero tú sientes que los abuelos de ahora, además de acompañar a damas y hacerse cargo de nietos diversos, aún servís para algo más.

Y te animas.

(Continúa mañana)

 

El jardín de las sevicias

Cualquiera de los monstruitos de verano que uno se encuentra por el centro de Madrid podría tener cabida en los delirantes paisajes del BOSCO...

Cualquiera de los monstruitos de verano que uno se encuentra por el centro de Madrid podría tener cabida en los delirantes paisajes del BOSCO…

De vez en cuando el Creador enfocaba el catalejo a las playas de Río, de la Costa Azul y de California. También echaba un vistazo a las de los buenos hoteles de Marbella, de la Costa Brava, de las Baleares y de Comillas, donde igualmente abunda la gente guapa. No era picardía, injustificable en su caso. Era para consolarse.

-Quiero recordar que yo no hice el ser humano tan feo como se empeña en mostrarse cuando llega el verano- pensó mientras valoraba los cuerpos esculturales que se paseaban por allí.

El día anterior no había hecho más que disfrazarse de ciudadano perplejo y andar por el centro de Madrid. Santo cielo, qué espectáculo. Sabía que el concepto de belleza no es único ni universal, que las modas van conformando distintos estilos, y que para muchos la libertad y la comodidad del propio cuerpo están por encima de la estética. Pero no podía sospechar que con los calores, la modernidad liberase en tal forma su afición por el despelote y el feísmo. Pantalones piratas, calzones de lycra más y más cortos, chandals, barrigas al aire, camisetas de baloncesto, tatuajes hasta en los sobacos, crestas de puerco espín o penachos como el del casco de Escipión el Africano en las cabezas, gorduras prietas, morbosidades desparramadas, aretes y pendientes, sospechaba, hasta en la punta de la minga y en las simas del monte de Venus, torsos musculados y rostros pintados de arco iris predicando el orgullo Gay. En los pies, o deportivas o sandalias fraileras o chancletas. Mayormente chancletas. Daba igual que te asomaras al hall de un hotel de lujo, al estanque del Retiro, al ábside de San Francisco el Grande, a las salas del Museo del Prado o al Corte Inglés. Por doquier, el desprecio al decoro y también al prójimo, puesto que no a todos los que no son como nosotros les parece bien que el personal se luzca en la calle como si estuviera en el solárium de su casa.

-Demonios –dijo Dios llevándose las manos a la cabeza- ¿Y qué reservan ahora para la intimidad?…

Eran los encantos del verano, ya anticipadas por el Bosco en algunos de sus cuadros más famosos. Cualquiera de los guiris y paseantes que atiborran el centro de Madrid estos días de verano con el atuendo que imponen los tiempos podrían figurar perfectamente entre la chusma burlesca, los trasgos imaginarios y otros monstruos que aparecen camuflados en ese paisaje apocalíptico que es, por ejemplo, El jardín de las delicias.

-Eso sí –precisó el Creador visiblemente escandalizado- Teniendo en cuenta que esa carnavalada demuestra demasiada crueldad con la estética ciudadana, habría que llamar a este cuadro El jardín de las sevicias.

Lo ve el bloguero y de verdad que añora el bendito invierno. Tan frío, es verdad, pero tan digno tapándolo casi todo.

Esperando a Banksy

Si al menos los grafiteros de tu barrio tuvieran la gracia de Banksy...

Si al menos los grafiteros de tu barrio tuvieran la gracia de Banksy…

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Nadie te quitará esta tranquila tarde de otoño en la que no te llama nadie. Tampoco pulsa el portero automático ningún lector de contadores para pedir que le abras el portal, y ni siquiera te atormentan  los papeles acumulados  en la mesa alrededor de tu ordenador. Que esperen su archivo, qué pereza tan horrorosa da eso de ponerse a ordenar.  Antes habías almorzado  escalibada con  melva y un buen plato de lentejas, todo cocinado por ti, viste el final del Telediario y el pronóstico del tiempo y te dormiste en tu butaca favorita sin llegar a enterarte de si va a llover el sábado. Después de la siesta un café con hielo, música y lectura frente a tu vista de Madrid.

Y el reloj dejando caer discretamente los minutos de la tarde.

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De cuando en cuando levantas la mirada del libro que te traes entre manos y la pones en el paisaje urbano que te ofrece el ventanal. Es un alivio. Porque lo que has observado esta mañana cuando regresabas  al pequeño bloque de pisos donde está tu palomar te ha dejado traumatizado. Esos simpáticos terroristas de la estética urbana que se conocen como grafiteros han perpetrado otro adefesio más en una casa que era discretita y sin pretensiones, pero limpia. Garabatos, signos indescifrables en varios colores, nombres a medio escribir, pintadas hasta en la acera. Los chicos debieron de graduarse en gorrinería urbana cum summa laude. Para que las huellas de  su talento sean  indelebles, los chafarrinones de la vidriera del portal los han marcado con ácido, y ahí quedarán hasta que la comunidad se rasque el bolsillo y pueda pagar otra puerta.  Y se creerán artistas.

Hace falta subir cinco pisos y volver la vista hacia Madrid en una tarde de otoño para olvidar la afrenta.  Pero qué triste es resignarse a la incuria y a la falta de educación.

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Por un Banksy que ha destacado en algunas ciudades americanas e inglesas con la gracia y la originalidad de su street art  -ojo, no tienes claro si eso es otro eufemismo- cuánto gamberro y cuánta ofensa gratuita está obligado a soportar el ciudadano actual a cuenta de los dichosos sprays. Podría ocurrir que la sociedad se rearmara en educación estética, y que los rebeldes inconformistas aprendieran a protestar sin cabrear a tanta gente ni manchar la cara de los edificios. Quizás es soñar: el Ayuntamiento de Madrid  se gasta al año cinco millones de euros en borrar pintadas –no las de tu casa, desde luego-, y no sirve de nada. A diferencia de los músicos callejeros, de los mendigos y de las prostitutas, a los que, por lo visto se les puede reeducar o al menos multar, los grafiteros son invisibles. Y, lamentablemente, inmunes.

Por eso tú te quedas embelesado viendo desde casa cómo languidece la tarde de otoño sobre Madrid. No acude Banksy a maquillar la cara de tu barrio pintarrajeado, más quisieras, pero el crepúsculo no falla. Primero patina de ocre y rojizo las fachadas del Palacio Real y de la Cornisa Imperial, luego cubre con pan de oro el Seminario ya la cúpula de San Francisco el  Grande y finalmente apaga las luces del sol para que la noche tienda mansamente su manto azul sobre la capital. En menos de media hora tus ojos han contemplado un Madrid pintado por Antonio López García, otro de Beruete, otro de luz más desvahída que podría ser de Turner y uno nocturno y fantasmal que le apuntas a Monet. Lo que ensucian los grafiteros y no arreglan ni el Ayuntamiento ni el famoso Banksy, al menos lo hace olvidar por un momento el mágico juego de luces de cualquier tarde.

Los Reyes que necesitas

Estàn las cosas tan difíciles y tú tan obsesionado por tus alifafes que quisieras pasar de ellos. Pero te acabas dando cuenta de que, a tu edad, aún los necesitas..

Estàn las cosas tan difíciles y tú tan obsesionado por tus alifafes que quisieras pasar de ellos. Pero te acabas dando cuenta de que, a tu edad, aún los necesitas…

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Por segunda vez te dan de alta en el hospital y convaleces en casa. Convaleces: piensas en el verbo sin contrastar su significado en el diccionario, por lo que interpretaste cuando lo escuchaste por primera vez. Más o menos crees que, aparte de curate, es confirmar que vuelves a valer. Le cuestión es para qué. ¿Para ejercer tus facultades intelectuales? Puede. ¿Para el ejercicio físico y el deporte? Evidentemente, no. ¿Para hacer humor, que era lo tuyo? Como mucho, ironía, que es lo que te pide el cuerpo golpeado. ¿Para mirar?  Afortunadamente sí. ¿Para lo más de lo más……?

Mejor no comprometerse.

Así que pasas la mayor parte de tu tiempo convaleciente mirando, que es lo más plácido. Mirando el paisaje urbano y sus cambios de luces, los periódicos, libros, películas que no acabas de ver. Hasta que te cansas,  acabas aparcando tu curiosidad en la apasionante vida de nuestra fauna y te duermes ante un oso polar desesperado porque no encuentra una foca que llevarse a la boca y ante una pareja de hipopótamos copulando.

-¡Criatura!- se te escapa pensando que la hipopótama también tendrá vértebras, como las tuyas.

Pero te duermes sin despejar dudas. Qué será peor para la espalda, si una metástasis en dos dorsales, que es tu poblema, o tonelada y media de hipopótamo verriondo, que es lo que ha de soportar ella.

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Entre los de la noche y los que  te invaden durante el día tu vida se está convirtiendo en un emparedado de sueños. A veces incluso la realidad te vuelve a remitir a ellos. Dicen los periódicos que a un ciudadano negro que iba a oficiar de Baltasar en la Cabalgata de Reyes de Carabanchel le ha detenido la policía. Esto más que sueño parece pesadilla. ¿Era un presunto estafador multimillonario del rango del flamante ex presidente de la CEOE? ¿Se temía que pudiera fugarse de España antes de que la justicia le echara mano? ¿No podía esperar el juez a que terminara la Cabalgata? Pues no hay chorizos en nuestro país como para entretenerse en otras causas. Al detenido tal vez hasta le iban a pagar por hacer su función. Quizás hubiera sido su único aguinaldo de Navidad. Y a los niños de Carabanchel les frustraron un rey negro de auténtica raza.

No quieres creer que a un concejal blanco le haya dado un ataque de cuernos y aspire a sucederle, No imaginas que con toda la población negra que hay en Espala aún quede un munícipe dispuesto a embetunarse por vestir los efímeros honores de Baltasar  de cabalgata. Y recuerdas que por ahí empezó a cimbrearse tu fe en los Magos de Oriente,

-Ven, Luisito, que vamos a ve a los Reyes Magos de verdad.

Te llevaron a las puertas de Galerías Preciados, que tenía entonces mejor cartel y más posibles que El Corte Inglés. Te acercaron a Baltasar, que era tu rey favorito. Y cuando su majestad hizo por ti, y se inclinó para darte un beso, por el amplio cuello de su sayón  de damasco asomó una pechuga blanca como la de un pollo. Pensaste que no era necesario seguir haciéndote el tonto para considerarte niño. Luego caíste en la cuenta de que aquel era un ascensorista disfrazado, y te convenciste de que los Reyes Magos son otra cosa.

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Adviertes que en una semana has pasado de tener un apetito voraz a tardar un cuarto de hora en asimilar un caldo. Lo que te cuesta tragar, caramba. También eres consciente de que se te está empezando a caer el pelo, y de que el espejo te presenta ahora aun tipo pálido que con dos cuartas más de talla podría  ser  el primo de Christopher Lee. Estás endemoniadamente cansado, y hasta cambiar el rollo de papel higiénico te parece uno de los doce trabajos de Hércules. Sólo estás a gusto cuando te despojas el corsé, te acurrucas en la cama de costado y duermes. Como un niño, es cierto.

Hoy te irás a la cama con una imagen extraordinaria. Se había acabado la Cabalgata de Reyes de Madrid, se supone que sin orden judicial contra ninguno de sus majestades,  y por encima de la cúpula de San Franciso el Grande viste un castillo de fuegos artificiales que dibujaban las mismas ilusiones que te impedían dormir todos los cinco de enero de tu infancia. La diferencia es que ahora duermes, sueñas y olvidas. Y aunque sigas esperándolos, solo necesitas esto  de los Reyes Magos.

 

Feliz Navidad, Belén

Mi Belén es mejor que la foto, pero está lleno de buenas intenciones

Mi Belén es mejor que la foto, pero está lleno de buenas intenciones

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¿Te estarás obsesionando por el nuevo sesgo que ha tomado tu salud?

Sabes que es un tópico infumable, pero ya han pasado días desde que entraste en este nuevo club tan peculiar de tocados sin fronteras y te has refugiado en eso tan socorrido de que la vida sigue. Crees que el aviso te ha oreado la sesera, que razonas algo más, y que exprimes de cualquier nadería un zumo que antes eras incapaz de sacarle a las cosas. Dios, ese amanecer, qué maravilla, cómo no te habrías fijado antes, las cúpulas de San Francisco el Grande dibujándose  entre la niebla aún dorada por el relumbrón de las farolas de la noche, si es un Turner sólo pintado para ti. Santo cielo, qué placer ese vino con un par de amigas mientras paseabais por los alrededores del Mercado de San Miguel, y qué delicia el hojaldre de morcilla con pimientos que le acompañaba. Qué paz sentarte a leer luego con la espalda bien protegida por tu corsé y el respaldo de tu mullido sillón  viendo caer la noche sobre el Madrid donde naciste y que no empezaste a apreciar hasta que cortaste tu cordón umbilical con tu pasado. Vas engastando en tu collar de vivencias pequeñas piedrecillas que coges al paso y que ahora te parecen diamantes.

 

Qué ilusión haber visto  en el parque que tu nieta ya monta en bicicleta.

Hasta esta última frase te parece por sí sola una `poesía

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La vida sigue.

Entre tanto sobresalto apenas has caído en la cuenta de que se ha presentado la Navidad.Te lo ha avisado Bing Crosby, al que por cierto, también le das gracias por haberla cantado con esa clase de crooner de terciopelo. Aunque sigas esperando inútilmente que alguna de las tuyas también sean Navidades Blancas, y puedas sentir el deslizarse de tu trineo sobre la nieve. Y lo recuerda luego  Harry Belafonte con otro de tus villancicos favoritos que te descubrió hace años aquel  gran Angel Álvarez en la SER.Dedicaba este la tarde de la Nochebuena a repasar los villancicos clásicos, y entre ellos el  del cantante negro, que te encandiló porque decía tan bien el inglés que lo entendías y todo. Qué bonito te parece ahora haber sido tan simple como para que te emocionasen esas cosas. Qué agradable sentirse tan libre que ni te asusta parecer un cursi..

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Y recuerdas que tienes que poner el belén. El nacimiento, como decían en la casa de tus padres, y luego en la tuya y la de tu familia. Ahora sólo cuentas como base con un velador redondo, apenas cuarenta centímetros de diámetro. Has descabalgado a los Reyes porque no te caben los camellos, has prescindido de lavanderas, labradores, pescadores, aguadores, castañeras, hilanderas, de Herodes y su soldado, de pandereteros y tañedores de zambomba, adoradores diversos, burros, vacas, cerdos, gallinas, pavos y  de todos los figurantes tradicionales de los nacimientos populares. Pero haces caso omiso del Papa y, pese al minimalismo obligado,  ni licencias a la mula y el buey ni colocas a los Magos viniendo de Andalucía, sino de Oriente, como te contaron de chico. 

 

Por cierto, ¿le habrá dado a Benedicto XVI  un ataque de zapateritis? Con la de reformas que necesitaría la doctrina de  la Iglesia y ahora se entretiene en retocar lo irrelevante. Quizás para descolocar a los que no sabéis si tenéis fe, pero sí al menos ilusión por la Navidad.

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Y tú reconoces que eres de esos. Llegaban estas fechas, sonaban los villancicos, te contaban historias hermosas de ángeles que anunciaban, pastores pasmados al rescoldo de la buena nueva, Mesías empañolado entre pajas, estrella viajeras, Magos  de oriente y la larga coletilla de cuentos de Dickens o de cerilleras de Andersen que seguían al rebufo de la mágica fecha y creías empezar a entender que era parte de tu otro yo, que había otra vida además de tu casa, tu familia,  cama, tu pupitre, tu sacapuntas, tu pelota de goma y tu cara de niño de posguerra peinado con brillantina. La Navidad era el primer gran misterio de eso que no entendías y llamaban espiritual, el Dios que se hace hombre, la redención. La esperanza

-¿Será de verdad todo eso? -te preguntas aún.

Da igual, diciembre se pone húmedo, mimoso y evocador. Así que vuelves a escuchar música de Navidad y sacas del altillo del armario la caja donde duerme tu espíritu navideño el resto del año para montar tu nacimiento.

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Ahora es tan pequeño, tan humilde, que se queda exactamente en un belén. La expresión un belén tomó  una deriva festiva y populachera, pero el nombre de Belén es uno de los más hermosos que puede llevar una mujer. Lo dices y sugiere paz, elegancia, serenidad, dignidad y dulzura envuelta en un sonido que es un poema de sólo dos sílabas: Be lén.

Curiosamente, no has conocido nunca una Belén vulgar, y todas ellas han dejado alguna huella en ti. Pero hoy tu recuerdo va por aquella chiquilla de dieciocho años menuda morenita, tímida, ojos oscuros, labios grueso de mulatita y un encanto especial en sus movimientos. Fue una de las `primeras chicas con la que saliste, y con los años acabaría siendo tu cuñada: la más sensible, la más fina e intuitiva, la más graciosa sin pretender serlo y la que más abnegada y generosamente ha demostrado lo que es el amor humano.

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Por eso hoy tu belén, el que miras arrobado, es también tu Belén. Acabas coincidir con ella en el mismo hospital donde tú empezabas a luchar contra tu cáncer mientras dos habitaciones más allá su marido Gonzalo, que peleó lo que pudo, cayó abatido porel suyo. Y te llega el dolor de Belén, su entereza y su sonrisa aún en la adversidad, tal que un mensaje transido de lo que nos debería dejar a todos la Navidad, que es la capacidad de renacer en la esperanza.

-Feliz Navidad, cuñadita-le dices a pesar de todo.

Pusiste en tu belén una pequeña luz zenital que ilumina al Niño. Y así, mirado de cerca, la ilusión produce su efecto. A su alrededor, por entre los bufidos de la mula y el buey y las pajas del pesebre, sientes que el misterio funciona. Gonzalo permanece vivo en el recuerdo de todos porque, entre otras cosas, le mantiene vivo el amor y la delicadeza Belén, que es el nombre de un portal para la eternidad.

Despertar bajo la lluvia

Desde hace tiempo, este bloguero cree que no hay cuadro más hermoso que ver llover...

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¿Cuántos ruidos caben en una vivienda dormida? ¿Qué puede romper el silencio nocturno de un pequeño piso apartado de las grandes vías urbanas, si no habita en él un gato, ni un loro, ni un ratón que forma parte ya de la familia? Pero qué familia, si uno vive solo.

La madera tarda en morir, le dijeron cuando empezó a escuchar sus quejidos en la casa del campo, que tiene el aire de una casa rural, pero sin turistas. De repente algo cruje en esa casa lejana. Y el dormido abre un ojo, y por un momento se siente en una película de  miedo. Ya está, el asesino, que viene a por mí. Pero no, es el alma de la casa, ratones, carcomas, pájaros que anidan bajo las tejas, inclusos salamanquesas, tan delicadas, el viento que de vez en cuando despierta y da señales de vida. Y la madera, que creemos que es materia inerte, pero que o está viva o alberga vida. Vigas de castaño, entarimado, carpintería de pino que envejece precipitadamente para parecerse a la humilde casa de cabreros en la que se instaló, escalera de las que acusan hasta el paso ligero de las niñas madrugadoras.

-Buenos días, abuelo –le despierta a veces al Duende una voz delicada y susurrante que  ni siquiera espera al clarear del día. Entre seis niñas siempre hay una madrugadora que que necesita conversación.

Pero qué niñas, si en este palomar urbano uno vive solo. Y qué ratones, o pajaritos, o salamanquesas, o carcomas, si en este pisito alto apenas hay carpintería natural, y la poca que hay está blindada de barnices plásticos poco agradables de roer. Y qué madera se va a atrever a crujir en estas condiciones.

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O sea, que el ruido era un ladrón, que venía a por el televisor o a por la cubertería de IKEA, pues no cree el Duende que le interese la Enciclopedia Británica, que pesa tanto en el saco y ya no interesa a casi nadie. O si no es el ladrón, será el sádico ese que de vez en cuando necesita asesinar y salir en la prensa. Porque el ruido no está claro, pero ruido es, y esta vivienda es tan poca cosa que no puede permitirse el lujo de fantasmas que cierran las puertas y marcan pasos misteriosos. Ah, claro, seguro que es el sueño, que no tiene por qué tener lógica. Una noche uno sueña que la vecina es Romy Schneider, cuando es evidente que no puede ser, porque Romy Schneider, aunque fuera maravillosa, murió hace muchos años, y porque la vecina, además, es de Cantimpalos, y de darse un aire con alguna actriz conocida sería más bien otra Gracita Morales, que en paz descanse también. Los sueños mienten, pero es que además el Duende está seguro de haber despertado, y sin embargo algo araña su silencio habitual.

Se pellizca, no lo cree, ¿será posible?…Lo acaba de reconocer, es la lluvia, que tamborilea sobre la carcasa del aparato de aire acondicionado. Epur piove…, que diría Galileo, más maravillado aún de que a  esta España condenadamente seca, que, como es lógico, también gira con el resto del planeta, no se le haya olvidado el sonido del llover.

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El encantador ruidito de la lluvia, qué delicia. El reloj marca las seis y media, no son horas de levantarse. El bloguero trata de conciliar el sueño. Pero empieza a imaginar el indescriptible olor de la tierra mojada, y el pasto que empieza a verdear, y  los árboles que ya encuentran motivos para que estallen las yemas de sus hojas, y la bendición que esto supone para los cereales, y para las vacas, y para las ovejas, y para las pobres cabras que aún resisten en las laderas de Gredos y para el caballito que ve desde su ventana  en el campo, y que ya debe de tener el morro en carne viva de tanto besar el suelo buscando algún tallito fresco que llevarse a la boca. El bloguero está despierto, pero se atreve a soñar que quizás incluso habrá nevado en las cumbres, y volverán a correr los arroyos, y puede que hasta se animen los ríos.

Y salta de la cama.

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No eran horas de levantarse, pero cómo se va a perder uno el espectáculo. Es tan emocionante como el amanecer del día de Reyes. De modo que uno se sienta ante la ventana, con el ordenador de por medio, y contempla el desperezar del 21 de marzo, la fachada occidental de la capital sacudiéndose la noche para emerger de entre la niebla de la lluvia menuda. Va descubriendo poco a poco el Palacio Real, la catedral de la Almudena, San Francisco el Grande, el rascacielos de Telefónica, el Círculo de Bellas Artes más lejos, el Pirulí, una silueta apenas perceptible en el gris panza de burro que uniforma el horizonte. Todo ello envuelto en el elegante velo de la lluvia.

Es fácil la comparación, imagínense esos paisajes húmedos y nebulosos, entre dos luces, de Turner, de Monet, de Utrillo. Uno ve este amanecer, imagina, lo valora todo y lo escribe como lo imagina. Y no es fanfarronada, pero puede asegurar que si alguno de estos cuadros tan valiosos colgara hoy de las paredes de su  vivienda, seguiría mirando embobado la lluvia que cae sobre Madrid.

-Lluvia, cuánto te quiero -le dice – Espera que me ponga un impermeable, que salgo a darte un beso.

Noticias del desasosiego de Gregorio Samsa

¿Cómo decirle al pobre Gregorio Samsa que no todo es desasosiego?...

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Praga 17.3.2011

Querido bloguero

A lo que veo, andas siempre balanceándote entre la realidad y la ficción, como un funámbulo por su cable. Por si te sirve como un nuevo motivo de reflexión, voy a contarte lo que me ha pasado hace bien poco.

Como recordarás, desde que Franz Kafka se ocupó de mí (véase La metamorfosis) yo me desperté una mañana convertido en cucaracha. No es lo que más  me podía gustar, pero es inútil protestarle al creador. Él hace lo que le viene en gana, y no te consulta para nada. Acabé aceptando mi condición y acostumbrándome a mi cambio de imagen. Llegué a convencerme de que hasta en las cucarachas hay clases. No es lo mismo lucir unos hélitros pulcros y planchados como si fueran el frac de David Niven que ser una criatura de cloaca, como a menudo se ve a mis congéneres.

Cuando ya estaba razonablemente contento con mi suerte, me desperté una mañana y me llevé la misma desagradable sorpresa que el día de mi primera metamorfosis. Me miré al espejo y vi que mi fisonomía había sufrido tres nuevas mutaciones. En primer lugar, mi cabeza era una la de un humanoide. No tenía antenas, pero iba peinada con una cresta de gallo como la que llevan ahora los modernos. Qué espanto. En segundo lugar, en vez de seis patas, las reglamentarias,  sólo tenía dos, pero éstas calzaban zapatos de rejilla, que siempre he odiado. Además, no me los podía quitar: eran parte de mi cuerpo. Finalmente, en cada uno de mis hélitros, de inmaculada negrura como te explicaba, había estampados  a modo de tatuaje en tinta blanca dos rostros. En una de mis alas se podía ver la cara de Enric Sopena. En la otra, la de Angela Merkel. Imagínate el cuadro.

¡Ay, Señor qué confusión! En fin, no te pido que hagas de señorita Francis y me des tu consejo para calmar mi zozobra. Pero… ¿entiendes algo? Si es así, escríbeme contándomelo  y te quedaré muy agradecido.

Un saludo afectuoso de tu amigo y lector

Gregorio Samsa

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Madrid 22.3.011

Querido Gregorio

Gracias por tu consideración, pero me temo que poco te puedo ayudar. Cuando amaneciste convertido en cucaracha la cosa parecía chocante, un suceso extraordinario. Pero hoy  casi nada sorprende. El mundo parece es una pella de plastilina, un kaleidoscopio que cambia el panorama a cada nuevo giro, una canica explosiva, un planeta descerebrado.

Fíjate. La guerra…¿Es buena o mala? Depende. Ahora hasta los pacifistas se hacen los suecos. Gadafi: hace tres años le dábamos la llave de oro de Madrid y ahora le mandamos F-18 por ser un malvado oficial. Japón: ha visto morir  a casi doce mil de los suyos arrasados por un terremoto y un tsunami y aquí nos asustamos por el impacto de la fuga nuclear de Fukushima. Las dudas derivadas: ¿es bueno o es malo el desarrollo? ¿Es el estado del bienestar una necesidad o un lujo inalcanzable? ¿Vale todo con el pretexto de la libertad? ¿Hay que arriesgarse con la energía nuclear, o rescatar el frío que pasé en mi infancia como algo sano y natural?

Y eso sin tener en cuenta que el clima también ha perdido el oremus.  Hay veranos que se incrustan en el invierno e inviernos que de repente se disfrazan de verano. Dicen que las aves y los insectos se vuelven locos, ya no saben ni cuando emigrar ni cuando aparearse o dedicarse a hacer miel. A los osos polares se les derrite su habitat por el cambio climático. A muchos observadores se nos derrite también el sentido común. En una tele  hay un hombre enloquecido que exporta entre sollozos las desgracias de su matrimonio. Es un famosillo que se llama Víctor Sandoval, y no clama contra su mujer, sino contra su marido. Las noticias dan cuenta de que otro bárbaro acaba de matar a su señora en un pueblo de Granada con un cuchillo y un martillo. Y van…ni te cuento.  Eso sí, hace dos días era el Día mundial de la Poesía, y hoy es el del agua, que es tan buena y tan poética.

No te puedo ayudar, Gregorio. La crisis va mucho más allá de la economía: todo es crisis.  Se  desvanecen mis referencias, y cuanto más observo y estudio, más dudo. Sólo la última luna llena me ha aportado algo de claridad. Decían los astrónomos que era la más hermosa que veríamos en muchos años, y salí a admirarla  por un Madrid dormido tras un glorioso domingo de primavera. Afortunadamente,  la noche era ideal para pasear, y el Parque del Oeste, el  Palacio de Oriente y hasta San Francisco el Grande parecían ajenos a este desasosiego general que padecemos.

-También la luna sigue ahí –pensé- Qué tranquilidad, ¿no?

Por lo demás, me solidarizo con tu malestar. El kiki no me va, nunca he podido soportar los zapatos de rejilla  y hay tatuajes matadores. Pero ya lo dijo el poeta: vivimos en la punta de una aguja. Quizás mañana tus cambios también encajen en esta normalidad tan absurda.

Un abrazo afectuoso de tu amigo y admirador

El ex Duende de la Radio.


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