Posts Tagged 'Unión Europea'

Mitja volta, ¡ar!

Aunque parezca mentira, la defensa de un país es una cosa muy seria...

Aunque parezca mentira, la defensa de un país es una cosa muy seria…

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¿Cómo que una ocurrencia? ¿Cómo que era una improvisación más? ¿Y quién se atrevería a hablar de despilfarro, cuando de lo que se trataba era de aplicar el bon seny, y de optimizar los recursos disponibles en la defensa de la nova Catalunya lliure e independiente? El Consell de Transició no estaba dispuesto a echar carne a la bestia de la caverna. Haciendo gala de un exquisito rigor presupuestario y de un acrisolado sentido del estado, catalán, se entiende, la primera medida fue la transformación de la rojigualda que ondeaba en todos los pabellones y edificios militares en senyeras. ¿Había comportado eso una nueva petición al Fondo de Liquidez Autonómico para abordar el cambio? En absoluto. El proyecto había sido adjudicado al industrial de Sabadell Magín Sunyé y Cardedeu, creador de la Sunyebanderola, una revolucionaria máquina que en un tiempo record cortaba las franjas rojas y amarillas de la bandera del Estado en estrechas tiras que, recosidas nuevamente con las medidas reglamentarias, formaban la bandera oficial de Cataluña. Luego añadía la estela on request, por un par de euros más. Todo muy sensato, muy patriótico y, sobre todo, muy económico.

-Porque el patriotismo y el independentismo- subrayó Bonifasi Raspujol y Ganerit, primer Jemadet de la transició-no ha de hacernos perder la cabeza.

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Hablando de cabeza, el Jemadet sí había considerado necesario en cambio sustituir la gorra de plato de la oficialidad por la barretina, tributo romántico al hecho diferencial que, además, en caso de ataque del enemigo por sorpresa, permitía acoplarse el casco encima sin perder un minuto ni desdibujar la dignidad del uniforme de paseo.

-¿Que el enemigo quiere rendirse?…-explicó el superjefe de las nuevas fuerzas armadas-Pues como en La rendición de Breda, pero como auténticos catalanes. Se quita uno el casco, caballerosamente, para recibir la capitulación del vencido, y que el enemigo vea en la barretina que no es la OTAN ni la Unión Europea ni España ni la madre que les parió, sino el ejército de Cataluña el vencedor. ¿Eh que lo captan?

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Otros elementos aparentemente menores, pero no menos significativos, obligaban a un ejercicio de optimización de recursos, materia en la que el Jemadet estaba incluso aún más impuesto que el mismísimo gobierno de la Generalitat, modelo de austeridad donde los haya. El sargento Cunillé, al que antes del sarpullido independentista todos conocían como sargento Conejero, era hijo de una maestra, y escribía los partes con mucho arte, lo que le valió el encargo de traducir al catalán el himno de la fiel Infantería, que quedó así de bonito: Ardor guerrer/ vibra a les nostres veus/ I d´amor patri ple el cor/ entonem l´himne sacrosant/ del deure, de la patria y de l´honor. La segunda estrofa del glorioso himno planteaba más problemas, pues el original dice De los que amor / y vida te consagran/ escucha España la canción guerrera/ canción que brota de pechos que son tuyos/ de labios que han besado tu bandera. Cambiar España por Cataluña era difícil, por aquello de la sílaba de más que rompía la métrica, aunque se hacía con gusto. Además: todo lo enaltecía luego esa emocionante cançó que brota de pits que son teus/ de llavis que han petonejat la teba senyera, versos que dan particular esplendor a la épica heroica.

Todo por la patria.

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No gustó mucho que la caverna mediática se cachondease de otras iniciativas fundamentales para la defensa de la futura Cataluña independiente. ¿Cómo no se iba a crear una AIECA (Agencia de Inteligencia y Espionaje de Cataluña) si era evidente que en numeras regiones de los países fronterizos habían copiado ya la fórmula del cava y en las montañas del Bergadá habían sido vistos varios practicantes de parapente tomando fotografías en pleno vuelo?…Un irresponsable pensaría que eran simples deportistas de riesgo, pero cualquier agente avezado, enterado de que dos de ellos eran de Jumilla y un tercero de Chinchón, llegaría a conclusiones altamente preocupantes.

-Estado de alarma –fue lo que le recomendaron al Jemadet- Se sospecha que el enemigo prepara el día I.

-Y eso qué es –preguntó el Jemadet- ¿El día de los Idiotas?

Non foti, meu general. ¡El día de la invasión!…

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Más datos alarmantes: en las playas de Salou habían sido detectados media docena de bañistas del sexo masculino en un provocador taparrabos con el toraco de Osborne estampado sobre el mismo paquetón de sus masculinidades. Intolerable. Mientras que varias explotaciones de pera limonera ilerdense habían sido saqueadas por cuadrillas de sospechosos morenitos que luego huyeron en dirección sur. El Jemadet pidió que le pusieran urgentemente con la Generalitat.

-¿Considera el molt honorable que estamos hablado de un casus belli?-preguntó al presidente Mas.

Hubo un minuto de silencio.

-No se precipite, general. Aún tenemos margen para el dialeg.

El president aún confiaba en sus dotes de persuasión. Le diría al presidente del gobierno de Madrid que amagar no es dar, y que pensar en la creación de un aparato de defensa para la república independiente de Cataluña no significaba hostilidad ni desconfianza hacia España.

-A más a más, – añadió el preclaro Artur- como que no nos interesa que crean que queremos imponer la inmersión lingüística en nuestro ejército a toda costa, le sugiero que, a la hora de la instrucción de la tropa, aunque las órdenes sean impartidas en catalán, se mantenga el castellano en la voz ejecutiva.

¿Mani, president?-dijo el Jemadet mientras se destocaba de la barretina y se rascaba la mollera.

Está clá, Jemadet!- ¿Que quiere ordenar la media vuelta?…Pues diga: ¡mitja volta, ar!

Entesos, president- dijo el Jemadet después de pensar por un instante.

Hablaron unos minutos más sobre las fragatas, los submarinos y otras armas de sisuasión, descartando las nucleares. Pero Bonifasi Raspujol y Ganerit, aún consciente de que la política de defensa la marca el presidente del govern, no puedo reprimir un último ramalazo de bon seny auténticamente catalán.

-Y, si le parece oportuno, president– sugirió antes de despedirse-, haga como Gila. Y llame también el enemigo para decirle que, si no les sirve de molestia, no ataquen los domingos hasta que acabe el partido del Barça.

 

La mula y los mil ducados

Algunos nacionalistas inflamados reclaman lo que parece imposible...

Algunos nacionalistas inflamados reclaman lo que parece imposible…

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Homper es el Hombre Perplejo: no nació para otro cometido. Y a fe que cada día, con su nuevo afán, acaba dando muchas oportunidades a  la hompericidad. La de ayer vino motivada por unas declaraciones del presidente de ERC Oriol Junqueras.

¡Ah, carambas!- dice parodiando lo que ha dicho por el ínclito catalán- Como que el nacionalismo no concibe que por el hecho de separarse de España Cataluña deje de ser estado miembro de la Unión Europea, la solución ha de ser la doble nacionalidad….Porque, óigame, hay mucho nacionalista que ama la lengua castellana, y el Quijote, oh, ya ya, y  las tradiciones españolas, y la tortilla española, y tot aixó. Y no sería justo privarle de este  legado cultural y sentimental…Así que ya está, cap de problema, doble nacionalidad, doble pasaporte y tothom content, pero dentro de la Unión Europea.

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Amores sospechosos. Hasta hace un ratito, España les robaba: ahora es tan maca que hasta sigue mereciendo la pena no dejar de ser español de alguna manera. La quimérica propuesta le sonó a Homper en un principio como una muestra más del bon seny, pero a poco de repensarlo asomó la oreja el piensa mal y acertarás. Llegando entonces a la conclusión de que lo que Junqueras sugería era una variante más del conocido por el interés te quiero, Andrés.

-Pues el Oriol se ha quedado corto- matizó la Venancia, vecina de L´Hospitalet de LlobregatMi marido el Magín es mes catalá que la botifarra, y como que nos han prometido que aixó de la independencia va a ser Jauja, quiere la mula y los mil ducados. O, con perdón de la expresión, el sueldo del general y la verga del teniente. Así que puestos a pedir, quiere no la doble, sino la triple nacionalidad.

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Sostiene Homper que no daba más de sí su capacidad de asombro, y que pidió a la Venancia que le presentara al Magín por si, conociendo de primera mano su original tesis, podía ayudarle a que sentara jurisprudencia. Quizás los sabios constitucionalistas que tratan de arreglar el desmadre identitario originado por el presidente Mas y sus compañeros de viaje de la leal oposición pudieran encontrar en la tesis de la triple nacionalidad más fundamento para cuadrar el círculo y conseguir que los catalanes sean nación independiente, españoles, europeos y todo lo que se les antoje.

-Que por pedir a nadie  meten en la cárcel, óigame- le explicó el Magín a un Homper ya más que turulato- Y yo a más a más de catalán y español, que ya me bastaría para seguir siendo europeo, quiero ser sueco.

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Además, la nacionalidad sueca. Así de sopetón ya no cabía más disparate. Pero Magín se explicó y a medida que hablaba sus argumentos cobraban tanto peso como los de Junqueras. Porque Magín decía que desde joven fue un enamorado de Anita Ekberg, y practicante de la gimnasia sueca, y amante del aquavit y del smorgassbord, y devoto delas niñitas que, por Santa Lucía, abren paso a la Navidad con la corona de velas encendidas ciñendo su linda cabecita, y coleccionista de todos los premios Nobel de Literatura editados a todo lujo por Planeta.

¿Pero de verdad que también quiere la nacionalidad sueca? –le preguntó Homper pasmado.

¡Y tant!- replicó el Magín- Así cuando me pidan que pague impuestos ni hará falta que me haga el sueco.

Todo por la patria-pensó Homper- Nunca hubiera sido capaz de imaginar por mí mismo la nobleza que late en el sentimiento de quien busca su auténtica nacionalidad.

Francisco, un buen día de verano

Francisco en sello1

Las razones por las que un hombre más bien escéptico pasa un buen día de verano pueden ser muy diversas. Además, tú ni tan siquiera  tienes ya tan seguro lo que es un buen día de verano. Años atrás no lo hubieras concebido sin darte un chapuzón en el mar, en un río o como poco en la piscina. Y sin esperar al menos una mirada de esa moza que salía del agua recogiendo sus formas de mujer y caminando tímidamente mientras se sacudía el cuerpo como una gacela mojada.

Ahora ni necesitas refrescarte con una zambullida. Estás en Madrid, y en el foro nunca se te ocurre que hay que bañarse. Asimilaste en su día aquella definición de Madrid como poblachón manchego lleno de subsecretarios (Cela). Desenfocada definición al día de hoy, cuando cualquier pueblo manchego seguro que dispone de una piscina municipal gloriosa financiada por la Unión Europea, que por ahí también se debe de haber desaguado la Europa de los mercaderes. Tampoco es grave lo de tu afición al secano. Con los años uno acaba reconciliándose hasta con sus manías más extravagantes.

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Sorprendentemente en este julio tan exageradamente caluroso el fin de semana refresca y el domingo amanece en Madrid nublado. Era una buena noticia. También lo era que ya no necesita España el posado en bikini de Ana Obregón para sentirse feliz. Santo cielo, qué madurez la de este pueblo.  No se sabe si porque la musa de las revistas del corazón ya no está para esos numeritos  o porque tiran más dos camisetas (las de Neymar y la de Isco)  que dos tetas, el caso es que ahora vemos mucho más futbolistas fichados y las barbas de Rajoy que el tanga de la sonriente actriz, lo que puede que tampoco sea buen síntoma.

Una llamada de teléfono de mujer te quebró las lucubraciones.

-Abuelo-  que si me llevas al Retiro, porque me aburro.

Marina tiene una voz diamantina y ocho años muy redichos. Como encabeza un pelotón de seis mujercitas  y la pequeña de las nietas sólo ha cumplido dos, te parece ya tan madura que a menudo crees pasear con una licenciada en lugar de una niña. La mañana está fresca, cuasi otoñal. Sólo un par de días antes habías escuchado por la radio que se celebraba el día de los abuelos, una de esas advocaciones estúpidas con las que se da jabón sucesivamente a casi todo y  casi todos: día de la madre, del padre, de la mujer, de los niños, del corazón, de esta o aquella enfermedad, de la música, del agua, del ahorro de energía, de los animales de compañía, del orgullo  gay, del teatro… Se te ocurre proponer que se consagre ya el Día Internacional de los que no tienen día, y se acabe con el baboseo mediático de estos homenajes. También te da por pensar que ya has hablado con la primogénita de tus nietas cien veces más de lo que tu abuelo Pablo pudo compartir contigo, y que en estos momentos un niño con abuelos es un niño con más padres y madres. Tú en particular no necesitas que te dediquen un día, porque ya lo hacen tus nietas cada vez que te reclaman como lazarillo para los días de vacaciones.

-A mí me gustaría vivir en el campo-dice la criatura mientras dais un larguísimo paseo por El Retiro– porque sales de casa y no necesitas a los mayores para pasear. Y además juegas con la perra, y te bañas, y recoges los huevos de las gallinas…

La vuestra es una mañana de conversación peripatética. A su tierna edad Marina, como cualquier niño de ahora, entre muchas observaciones y pintorescas historias que cuenta, también plantea cuestiones que te ponen en un brete.

-Abuelo, ¿por qué hay tantos pobres en la calle?…

Te callaste. Tu excusa es que era el día de los abuelos sin respuesta.

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Cuando esta España que al modo unamuniano tanto nos duele aún se lame las heridas del Avia descarrilado en Santiago, salta otra mala noticia. Tan típica del verano como expresiva de la secular estupidez humana. Un agricultor se pone a quemar rastrojos y provoca el incendio que arrasa dos mil hectáreas –hasta el momento- en la Sierra de la Tramuntana de Mallorca, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Nunca aprenderemos. Sin embargo la mañana te había dejado una huella amable, y estabas dispuesto a ver el vaso medio lleno. Aunque no eres especialmente vaticanista, sino más bien al contrario, te ha llamado la atención la claridad y la rotundidad con la que se está pronunciando el papa Francisco en Brasil, donde entre otras broncas a los políticos, a los ricos y al propio cuerpo de servicio de la Iglesia ha clamado por la laicidad del Estado. A ti, tan influido por el poder del lenguaje, te parecía que este papa era como esos entrenadores argentinos tipo Valdano que se devanan en volutas de filosofía hueca. Pero ahora has cambiado de opinión.

-¿Será Francisco el promotor de la perestroika que la Iglesia necesita?-te preguntas esperanzado.

La noticia te parece verdaderamente importante, y te ha dejado el alma contenta. Así que como en Unitel Classic –un canal de música clásica que descubriste hace poco y que te tiene entusiasmado- ofrecen por la noche una Novena de Beethoven dirigida por Daniel Barenboim y nadie vigila tus excesos, porque es otra de las ventajas de vivir solo, buscas tu partitura de la Oda de la Alegría y te sumas al coro cantando desde tu palomar como si estuvieras en el mismísimo Albert Hall donde se celebra el concierto. Ya insinuabas al principio que nunca se sabe cómo acabará un buen día de verano.

Interpretaciones y lucubraciones

Imagen prestada (eso espero) de la webwww.destellodesugloria.org

Imagen prestada (eso espero) de la web
http://www.destellodesugloria.org

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A Dios pones por testigo de que querías hoy escribir un post de cierto nivel. A veces parece que estás enclencle para subir un escrito vigoroso, pero no lo estás tanto como cree la buena gente que te llama después de tu chute de quimioterapia.

-Estarás muy cansado, ¿no?

-Bueno…No particularmente. Estoy, como diría mi amigo Félix, interpretao.

Tu amigo Félix, que era de poco comer, decía eso cuando se metía cuatro cucharadas de porra antequerana o un platín de fabes, que le gustaban mucho, y sentía como si se hubiera tragado un botafumeiro. Nunca le preguntaste si eso de quedarse interpretao era un giro gaditano. Lo decía con tanta gracia  y te divertía tanto su interpretación que se te olvidó. Uno siempre se arrepiente de no haber preguntado lo necesario a los amigos que se van antes de tiempo, sobre todo si son de Cádiz y tan graciosos como él. Su muerte te dejó muy triste, y con bastantes dudas, aunque alguna, como ésta te haga sonreír al recordarla.

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O sea, que aunque no estás cansado estás  interpretao, situación del organismo que bloquea tus buenos propósitos. Tú tratas de solucionarlo dejándote caer en tu sillón para buscar la siesta mientras, a tu lado, tu adorable hija Isabel, que te ha traído del hospital y se ha quedado a comer contigo, prepara sus clases en la Carlos III. Admiras calladamente a tu hija, que tiene madera de luchadora y de heroína, más tipo Juana de Arco (por aquello de que la encarnaron  en el cine Ingrid Bergman y Jean Seberg ) que de Agustina de Aragón, que para los de tu generación fue más bien Aurora Bautista, más racial y goyesca que lo que es tu niña

Hablas de Isabel como ejemplo y te acuerdas de otros conocidos afectados por enfermedades como la tuya. Te preguntas cómo apechugarán con ellas los que andan cortos de apoyo familiar. Porque piensas que la brigada del cariño, que encabeza tu familia y se nutre de una legión de amigos de múltiples procedencias te alivia tanto o más que la química milagrosa que va programando la oncología. Además, otra ventaja: esta terapia no te deja interpretao.

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También te consuela sentarte en el sillón, ver cómo el atardecer va patinando de dorado las fachadas de la Cornisa Imperial de Madrid, y adormecerte pensando en muchas cosas y en nada en particular. De repente cruza el horizonte una nube en la que viaja una escena de tu infancia, o una cara conocida, o un  verso suelto, o una preocupación, o un sueño, o un anhelo, o un suspiro por el tiempo ido. Dolce far niente. El cogollo del viejo Madrid te queda casi a tiro de piedra -con catapulta, eso sí- de tu palomar, pero paradójicamente los dolores el mundo casi no te llegan. Te escudas en tu malestar ocasional para blindarte  esta tarde el con el privilegio del egoísmo. Has leído en los periódicos  la palabra Chipre como nueva razón para que nos tiemblen las piernas, y resulta que tú juegas con lo primero que este nombre te sugirió cuando tu profesor  apuntaba con un puntero el mapa de geografía de la vieja Europa que colgaba en tu clase de Parvulitos.

-Chipre, pequeña isla del sur del Mediterráneo…

Y Chipre te sonaba a chicle, a chiripa, como su gentilicio de chipriota te llevaba a la gaditanísima chirigota. Para que luego se dude del significo oculto que, según los casos, nos evocan los nombres. La pequeña isla, por esas chiripas –aunque no se sepa a quién beneficia la casualidad esta vez-  que depara este circo de la economía global se estira como un chicle para estrangular con sus trampas y sus miserias a la antes opulenta Unión Europea.

De chirigota, ¿no?

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Antes de retirarte picoteas por tu correo y en tu blog, y descubres que uno de sus visitantes habituales, que firma como Jose Ramón, del que lo único que sabías es que es arquitecto y seguidor del Real Madrid, alimenta el suyo propio en la web www.arquitectamoslocos.blogspot.com.es Como decía Terele, una prima tuya jerezana, cada perzona é un alcaucil, o sea, una alcachofa a la que hay que quitar muchas hojas para llegar a conocerla. Quién te iba a decir a ti que este curioso tan inquieto por su profesión, por el jazz y por otras cuestiones de interés iba a tener tiempo para documentar un blog tan bien armado y encima dejar amables comentarios en el tuyo. La vida te da sorpresas –a quién se lo vas a decir tú. Incluso muchas de ellas agradables.

En ocasiones oigo voces…

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor...

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor…

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El sábado llovía, y a pesar de ello estabas razonablemente contento.

Es más, se te ocurrió pensar que te gustaría ser Dios, aunque te aburriera mucho la condena a ser eterno. Qué horror, imaginar una eternidad en la que se seguiría hablando de la crisis, y de Bárcenas, y de Urdangarín, y de la intransigente señora Merkel,  y de las independencias de los que están encoñados con la independencia, y de la doctrina Parot y del incierto futuro de las pensiones, y de la sanidad, y de todo el estado del regularestar, porque ya no se puede hablar de estado del bienestar.

En realidad sólo envidiabas de Dios su omnisapiencia. Y no la deseabas para desentrañar las grandes incógnitas que planean sobre nuestro futuro, y que por lo visto sólo Él sabe. Sino para conocer exactamente el número de gotas de lluvia que habían caído sobre ese trozo de campo donde apacientas tus horas de retiro. Un capricho: la sabiduría inútil. Los sabios de la tierra acaban queriendo saberlo todo, e incluso encuentran explicación para cualquier fenómeno,  pero ninguno sabrá el número exacto de gotas que derrama un chaparrón. Para eso sólo debe de estar Dios, piensas tú.

Que también sepa, quizás, cuando se acabarán las molestias digestivas que comporta el tratamiento de tu enfermedad, esos torpedos de gas que te estallan en la boca entre quimioterapia y quimioterapia. Además de dañino, qué mal educado y que poco fino es el cáncer, caramba, siempre obligándote a disimular los eructos por aquí y por allá, como don Augusto, aquel profesor de literatura que tuviste en el bachillerato. Era un buen maestro y una gran persona, y te ponía muy buenas notas. Pero debía de padecer también malas digestiones, y se quedó en tu recuerdo tanto por sus saberes como por sus indisimulables flatulencias. Qué puñetera y sectaria acaba siendo a veces la memoria.

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El domingo hacía un día luminoso, espléndido. Con las cumbres de Gredos nevadas y el ancho Valle del Tiétar  más verde y encharcado de diamantes que  nunca, tenía la vista desde tu casa algo de postal alpina, la luz de de esos paisajes de películas tipo Sonrisas y lágrimas, tan bonitos y cursis que a veces parecen falsos.

Debías por tanto sentirte feliz. Además, estabas dispuesto a escribir sobre la tierna historia de Mrs. Oswald, la viuda de aquel actor inglés cuya hermosa voz  dejó grabado para el metro de Londres  unos avisos para prevenir a los viajeros.

Mind the gap –decía la voz del actor- And stand clear of the door, please.

Mrs. Oswald no vivía cerca de Embankment, pero a menudo tomaba el metro hasta allí sólo para escuchar a su marido, que murió hace once años. Su voz le reconfortaba el corazón y le traía recuerdos vivos del amor de su vida. En lugar de ir al cementerio y rezar por él, iba a esa estación –la única  de la red de metro que aún emitía sus grabaciones, porque en las demás sonaba ya una de esas voces de mentirijillas que producen los ordenadores- y veía llegar trenes y entrar y salir viajeros mientras escuchaba a su querido marido aconsejando a los viajeros que tuvieran cuidado de no meter el pie en el hueco entre el andén y el vagón y despejaran las puertas. El texto no era  un verso de Shakespeare precisamente, pero Mrs. Oswald probablemente suspiraba al escucharlo, e incluso puede que se le humedecieran los ojos por la emoción.

Lamentablemente, un día echó en falta esa voz. Cosas de la modernización: los avisos que antes repetía Lawrence Oswald habían sido regrabados por una voz mecánica e impersonal. Entonces Mrs. Oswald escribió a la dirección del metro londinense y les pidió un favor.

-Si pudieran facilitarme una copia de la grabación de mi marido, Lawrence…-suplicó- Si no, no volveré a escuchar su preciosa voz, y me daría mucha pena.

Dice la prensa que a los burócratas del Tube les enterneció tanto la demanda de la anciana que están intentando hacer una excepción a los sistemas telemáticos que impone la modernidad. Harán bien si reponen la voz de Oswald, porque la estación de Embankment será entonces para los turistas  un hito tan romántico como el que marcaron  Robert Taylor y Vivian Leigh cuando se besaban apasionadamente en el Puente de Waterloo.

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Te fuiste a la cama con la esperanza de que tus sueños fueran variaciones sobre esta bonita historia de amor póstumo. Mala cosa fue que se te ocurriera escuchar las noticias de última hora, y, entre ellas, las que brinda a los agoreros Chipre, que antes era una isla, un país pequeño, y el menos significativo en términos económicos para la Unión Europea, pero que ahora se ha convertido para España  en un nódulo diminuto tan peligroso como los que conviven contigo en los pulmones. Lo cual que con esta metáfora, y teniendo en cuenta que hoy empezabas un nuevo ciclo de quimioterapia y tenías que madrugar para el consabido análisis, la esperanza se rebozó de pesadilla, y acabaste por no pegar ojo.

Eso si, la vigilia te dio la oportunidad de acordarte de que si alguno de tus lectores es tan devoto de las reliquias de voz como Mrs. Oswald, no tiene que ir a ninguna estación de metro para escuchar la tuya. Basta con que pinche –aquí mismo, en la columna de la derecha- el podcast de la entrevista que te hizo semanas atrás Pilar Socorro en su programa Siluetas de Radio Nacional de España y escuche.  Sabes que tu dicción  no es tan pulcra y bien timbrada como la de Lawrence Oswald, pero como el personal ya está advertido de que no hay que meter la pierna en el hueco ni agolparse en las puertas del metro, cuentas otras cosas que a lo mejor distraen de Chipre y otros fantasmas de actualidad que nos inquietan.

Yo soy dos tontos

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Yo era madrileño, y lo que he visto me ha hecho doblemente madrileño –piensa Homper mientras se afeita ante el espejo-Nacido en Madrid y hecho mayorcito en la comunidad autónoma de Madrid.

No sabía muy bien para qué había que ser de la autonomía de Madrid. A los de Madrid casi nos daba igual ser de Madrid que de Albacete. Aparte de los castizos de salón, pocos alardean de la condición de nacidos en el foro. Las más de las veces se nace en Madrid  porque hay que nacer en algún sitio, y aquí dejan nacer a cualquiera. Luego se vive, se pasea en primavera o en otoño por el Retiro o por los jardines de Aranjuez y hasta se le coge gusto a la ciudad y a la provincia.

Pero vino la fiebre autonomista, aquello de culo veo, culo quiero, y mariquita el último y hale, a inventarse una comunidad autónoma, una nueva bandera roja con estrellitas blancas, un himno que no conoce nadie y a sacar pecho. Además del Madrid de Carlos III, de Mesonero Romanos, de Chueca, de Arniches y de Gómez de la Serna, ahora teníamos el membrete de madrileños autonómicos. Jó qué gustirrinín, ¿no?

Aunque luego hablé con amigos que además de murcianos eran murcianos, otros que además de asturianos pasaban a ser ciudadanos del principado de Asturias, canarios duplicados por su autonomía y logroñeses que se sentían a gusto como tales, aunque ahora fueran riojanos, y me dijeron que no era para tanto.

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Ya se sospechaba que un gobierno central más diecisiete gobiernos autonómicos más diputaciones y ayuntamientos eran mucho mantel para tan poca merienda. No era cosa de hacer arqueología con el espíritu de Isabel y Fernando, ni nostalgia imperial del haz y las flechas, pero algunos se preguntaban si por aquello de las economías de escala no hubiera resultado más práctico seguir administrando los servicios esenciales de la comunidad nacional desde el estado central.

Ahora viene Esperanza Aguirre y reconoce una verdad palmaria: el estado de las autonomías se inventó para reconducir a los nacionalismos históricos e intentar mantener a Cataluña, País Vasco y Galicia en buena armonía dentro del estado español. No ha servido para eso. Item más: alguien decidió que café para todos y ahora, además de cornudos,  los gobiernos autonómicos nos han dejado arruinados.

Se veía de venir- dice Homper emulando al pueblo soberano- Como lo de una Unión Europea alegre y confiada, que derrama el cuerno de la abundancia sobre los pigs y no marcó desde el principio las normas de control sobre la economía de sus  miembros. Como el despelote de la banca, como la dictadura de los mercados…¿Pero no están para esas cosas los que dicen saber? ¿No se preparan para eso los  políticos? ¿O es que no se leen los papeles antes de ser elegidos por los que no sabemos de esas cosas?

Y recapitula el Hombre Perplejo: yo era español y ahora soy europeo, español, madrileño, doblemente madrileño y engañado.  O, como escribió Alberti en uno de sus poemas gamberros, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

 

A ver nenas, ¿sabéis que España no es Grecia?

Las Paraskevopoulos -las dos rubitas. Tan ignorantes y tan felices, sin tener nada claro que España no es Grecia...

Atormentado está el Duende. En su cabeza retumba sin cesar el mensaje oficial. “España no es Grecia, España no es Grecia”.  Y eso le confiere una gran responsabilidad. Dos de de sus nietas son mitad griegas y mitad españolas. A ver cómo les explica el abuelo la historia.

-A ver nenas –les dirá- Menos soñar con princesas y menos Pocoyó, que tengo que deciros algo fundamental…

Y les dirá que España no es Grecia porque no va a recortar el sueldo a los funcionarios un catorce por ciento. Ni va a subir tanto el IVA como los helenos. Ni va incrementar un diez por ciento los impuestos sobe el alcohol y el tabaco. Ni va eliminar a los pensionistas sus pagas extraordinarias. España no es Grecia porque su presidente José Luis Rodríguez Zapatero es la suma de los saberes de David RicardoKeynes, Samuelsson, Stiglitz, Milton Friedman y Paul  Krugman. O al menos eso se cree él.  Decía cuando llegó al poder que tenía talante y que dialogaría con todo el mundo, pero cuando las autoridades económicas le dijeron que había que apretarse el cinturón  les escuchó con el mismo interés que podría escuchar a Bertín Osborne.  Para listo, él, que había dado dos clases de economía con Jordi Sevilla y hasta hace un año disponía de una chistera sin fondo de la sacaba conejos ad libitum...

-¿Sabéis que España es, como el de Alicia, el país de las maravillas?…No, niñas…¡España no es Grecia!

España no es Grecia, pero su presidente algo debería de aprender de su colega griego si quiere rebajar el déficit al nivel que le exige la Unión Europea. A todos nos gusta más ser generosos y repartir que pedir, pero un presidente de gobierno no tiene por qué ser un hijo del Rey Midas y de Antoñita la Fantástica. Administrar un país es como gobernar una empresa, y no hay ningún gran empresario que no haya tenido que tomar alguna vez  decisiones dolorosas para sus empleados.

Pero España, claro no es Grecia. En España no hay valor `para hablar de sacrificios.

-Mirad, nietecitas –les dirá- España es el país donde nació mamá, y Grecia es donde nació papá. La abuela de aquí se llama Abuela, y la de allá, Yayá. Lo del jamón bueno es España, pero lo del mejor yogur es Grecia. Donde vivís es España, pero donde vais en verano es Grecia…

Felices ellas, que son griegas, españolas y, sobre todo, niñas. Y que no entienden de la viscosidad y la sinrazón de la política. Escucharán a su abuelo, que, para qué negarlo, no lo tiene mucho más claro. Y luego volverán a las princesas y a Pocoyó, que de economía tampoco saben mucho, pero que, al menos, son más amables y no arruinan a nadie.


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