Posts Tagged 'Valle del Tiétar'

El coche de tus sueños

Echas de menos  aquellos coches a los que podías subir sin arrugarte y ver el paisaje desde una cierta altura...

Echas de menos aquellos coches a los que podías subir sin arrugarte y ver el paisaje desde una cierta altura…

1

Sabed que soy de aquel tiempo en que los coches de verdad olían a gasolina y al cuero de sus asientos, y en que los de juguete eran de hojalata y colgaban del techo de las cacharrerías o de los tenderetes de feria –se te ocurre escribir para algún capítulo de la autobiografía que nunca llegarás a publicar. Hubieras podido añadir que te fascinaban los automóviles porque en tu casa no había de eso, eran lo más fantástico que soñabas entonces, y sin embargo pasabas días, y a veces semanas, sin montar en uno de ellos. Los veías por la Castellana, en las películas y en unos anuncios de los viejos ejemplares del National Geographic Magazine que te entretenían cuando guardabas cama por culpa de las anginas. Los Hispano Suiza, los Cadillac, los Packhard, los Dion Bouton, los Peugeot, los Buick. Aquellos modelos parecían que sólo podían ser propiedad de Gary Cooper, del Duque de Windsor, de Manolete o de gente así.

No teníais coche en casa, cierto, pero en los veranos de Arenas de san Pedro, tu padre contrataba el taxi del Agustinillo lo atiborraba de familia y de cestas de merienda y este os subía por el Puerto del Pico para llevaros de excursión a los pinares de Navarredonda o, por el contrario os bajaba hasta el Monte el Rincón para bañaros en el Tiétar. El Agustinillo era gordo, y tenía un Ford de color beige con los guardabarros pintados de negro, ruedas de radios y trasportines desplegables, para que en él cupieran casi tribus enteras. Después de comer la consabida tortilla y los filetes empanados, mientras tú merodeabas por los arenales del río buscando galápagos, el Agustinillo abría las puertas delanteras de su Ford para crear corriente y dormía la siesta despechugado y con el pie izquierdo apoyado en el estribo de coche, sobre el que descansaba la rueda de repuesto. Debían zumbar las moscas, pero no las recuerdas.

Sí recuerdas en cambio que al regreso, ya de noche, mientras aquel viejo coche de la década de los treinta vibraba y parecía desguazarse a cada bache siguiendo las infinitas curvas ascendentes o descendentes, según la ruta elegida, tú mirabas por la ventanilla a las estrellas y éstas te seguían, como si también se hubieran apuntado a la excursión. Qué emocionante. Muchas carreteras ni siquiera estaban asfaltadas. Al acabar el viaje te gustaba pasar el dedo por las manecillas de las puertas y recogías el polvo que se acumulaba en ellas. Era polvo del mismo color que el beige de la pintura, y es que el Agustinillo era muy sabio y debía de pensar que así se ahorraba en lavados.

El coche, ese sueño que te trasplantaba de la ciudad al campo en un ratito, te cambiaba la vida. No reparabas en muchos más detalles, aunque luego, de tanto mirarlo, te inspirabas en su silueta, en su calandra y en los tapacubos para ponerle cara. El pequeño Renault 4/4nada que ver con lo que ahora se llama todo terreno- era sonriente, aunque a veces se te antojaba una viejita. El Peugeot y el Wolksvagen, del que entonces sólo se conocía el escarabajo, tenían aspecto más severo, incluso triste. Los grandes modelos norteamericanos con sus espectaculares maleteros y alerones evocaban esplendor, comodidad, poderío. Lo que luego se llamaría el factor imagen.

-Quiero un coche muy güeno –era fama que pedían los toreros convertidos en figuras millonarias- El mejor que haiga.

Y con el mote de haigas se quedaron esos cochazos cuyos últimos vestigios aún ruedan, como fantasmas de otro tiempo, por la isla de Cuba.

2

Comprabas un desideratum que se llamaba coche, y no necesitabas saber mucho más. Si tenía motor, ruedas, volante y asientos, ya habías ganado licencia para el sueño, y billete para la aventura de hacer caminos, descubrir paisajes y evadirte. Luego la industria evolucionó, los coches se sofisticaron y a ti, que permanecías en la infancia del automóvil, te complicaron la vida.

Lo has notado ahora, en que después de casi catorce años con el mismo modelo debes pensar en el cambio. Cada vez te cuesta más girar el cuello para aparcar casi cinco metros de carrocería. Los coches, incluso los pequeños, son cada vez más grandes, mientras que los garajes y aparcamientos se reducen progresivamente. Cada día se te hace más penoso sentarte al volante, porque antes subías al coche, pero ahora tienes que agacharte para entrar en él como si bajaras a un sótano. Para tu espalda dolorida y tus tranquila manera de conducir, lo ideal era un coche como los viejos taxis de Londres, cambio automático que te de menos trabajo, velocidad de crucero que te permita ver el paisaje y leer todas las señales y pocos mandos y botones que no te compliquen la vida. Imposible. Ahora todos los coches están llenos de cosas que no entiendes ni te interesan, y te hablan de siglas, controles TCS y ESP, detectores, par motor, luces led, cristales tintados, anclajes Isofix y Top Tether, lector de MP3, equipo de audio con conexiones USB y Aux, airbags – como si no pensaras más que en estrellarte- y retrovisores calefactables. Por cierto…¿para qué carajo quieren calefacción los retrovisores? ¿Significa eso que también tienes que activarla tú? Claro que es casi peor lo de ordenador a bordo…

3

Te gustaría poner de moda la teoría de la prescindibilidad, el minimalismo, la simplificación como método. La cruda realidad es sin embargo que el signo de los tiempos no va contigo. En lugar de tanto refunfuñar, deberías leer e informarte de lo buenos que son ahora los diseñadores de coches, que los hacen –dicen- cada vez más atractivos. Lástima que ya seas demasiado viejo para cambiar, y que al final te vayas a conformar con cualquier antigualla que te lleve de aquí para allá sin demasiadas humillaciones. Eso sí, por si a alguien le interesa poner epitafio cuando hayas hecho el último viaje, allá va una idea: “Murió feliz, porque no tuvo que leer instrucciones”

Volando como Nils

Viste tan cerca a las grullas, que te dieron ganas de subirte a una de ellas e iniciar un viaje como el de Nils Holgersson...

Viste tan cerca a las grullas, que te dieron ganas de subirte a una de ellas e iniciar un viaje como el de Nils Holgersson…

1

Era cuando Javier Capitán y tú estabais en el candelero, y os reclamaban para animar cualquier ceremonia de esas en las que inevitablemente hay que aguantar discursos. El evento en cuestión era una especie de premios naranja y limón que las Sudacas Unidas entregaba a las personalidades que ese año habían sido amables y comprensivos o, por el contrario, antipáticos y esquivos con sus reivindicaciones. Javier y tú ibais llamando a los galardonados, para bien o para mal, y estos, haciendo gala de un notable fair play y de sentido del humor, recogían su diploma y su trofeo. Os alternabais en ese protocolo mil veces repetido a partir de que se universalizó la entrega de los Oscar de Holllywood. Llamabais al personaje, le recibíais con una cuchufleta de vuestro repertorio, le dabais el engendro de rigor –una metopa, un cenicero, una bandejita, una estatuilla indescriptible, el catálogo de horrores conmemorativos es extensísimo- el galardonado agradecía la atención y a otra cosa, mariposa.

No todo era tirar de vuestras imitaciones, que también las dejasteis caer. Había que hacer de presentadores y animadores al uso, es decir, simpáticos, no histriónicos. Y tú perdiste los papeles. Parece que Fraga aquel año había sido sorprendentemente amable con las sedicentes sudacas, y se merecía el premio naranja. A ti te traicionó el subconsciente y ante el pasmo de la organización, de Capitán y del propio galardonado le otorgaste el limón. No pasó nada. Metida la patita, la sacaste, arreglaste el entuerto con una faena de aliño y la gente se rió más que si lo hubieras hecho bien. ¿Sentido del humor o simple sentido común?

2

Invocas este recuerdo porque el Director de Emisiones y Continuidad de Canal Sur ha tenido que dimitir. ¿Su delito?: un fallo humano en la retransmisión de las campanadas de fin de año sustituyó siete de estas por dos spots publicitarios que se colaron de rondón en el tradicional protocolo. Parece que las siete uvas sustraídas eran fundamentales para la suerte colectiva de Andalucía. Primera uva eliminada: se va acabá el paro, quillo. Segunda uva: nos va a tocá er Gordo, pishita. Tercera uva: vas a triunfá en el amor, tío, de lo juro por mis muertos. Cuarta uva: vamo a tené una Feria y un Rocío que no se va a podé a aguantá. Quinta uva: la cosesha va a sé demasiado. Sexta uva: se va acabá con la corrución, digo. Séptima uva: se eliminan los impuestos, por la gloria de mi madre. Parece que lo que se les guindó a los andaluces que se quedaron compuestos y sin campanadas era el paraíso. Años atrás TVE mandó al ostracismo a Marisa Naranjo por cometer una fechoría parecida: ¡haber confundido las campanadas de los cuartos con los de las cuatro primeras horas del año nuevo!

Hay cosas que sencillamente no se pueden tolerar, ¿no?

3

La ilusión, cuando no la superstición, es la droga más barata para amansar al pueblo. Lo piensas cuando cruzas andando la Puerta del Sol y ves las colas que aguantan impávidos los devotos de Doña Manolita, como si esta tuviera el monopolio del Gordo de la Lotería. Creemos que la sociedad de la información lo está desmitificando todo, pero hay zonas a donde jamás llegarán la razón ni la lógica. Lo ratificas viendo la rapidez con que ruedan cabezas responsables por un asunto, como de estas desdichadas uvas de la suerte, que no pasa de ser una torpeza convertida en anécdota.

¿O es que realmente creen los andaluces soliviantados que las uvas escatimadas iban a cambiar sus vidas?

4

Tú hace tiempo que pasas de las uvas, y que sólo alimentas ilusiones pequeñitas, que se pueden cumplir y están al alcance de cualquiera, o ilusiones tan imposibles que son pura fantasía. Cuando viste el amanecer este último 1 de enero entre encinas, en medio de la escarcha que alfombraba el posío, tu ilusión era echarte a pasear al sol de la mañana y escuchar el crunch crunch del dibujo de la suela de tus zapatos al romper la virginidad del pasto helado.

Aún era rosado el tono de la nieve que corona Gredos, pero ya hacía horas que las grullas picoteaban por el amplio Valle del Tiétar, en busca de bellotas. Una de ellas se dejó aproximar tanto que te acordaste del maravilloso viaje de Nils Holgersson a bordo de un ganso y quisiste emularlo. Imaginaste entonces que, al igual que el protagonista del cuento de Selma Lagerlöff, te subías a lomos del ave y la grulla te llevaba volando a ver el mundo. Buena experiencia para comprobar lo poco que somos a vista de pájaro y lo conveniente que es hilvanar las ilusiones con lo que realmente queda a nuestro alcance. Volar y hacer volar a la imaginación, pero sin perder la perspectiva.

Entre los ángeles

Hay visiones de la naturaleza que le hacen a uno creerse un ángel...

Hay visiones de la naturaleza que le hacen a uno creerse un ángel…

1

Sólo unos días antes de esta Navidad despertaste en el campo y miraste al amplio valle del Tiétar. Lo que en otros días claros de anticiclón es panorama de encinares y de una especie de sabana africana que la vista extiende hasta la sierra de Guadalupe, parecía un mar de nubes blancas cuyas olas morían contra las laderas de Gredos. Crees que el fenómeno se da cuando las altas presiones producen lo que los meteorólogos llaman inversión térmica. El caso es que Candeleda y las tierras del valle quedaban bajo una espesa capa de niebla mientras tú desde tu casa disfrutabas de un sol radiante y veías cómo el Almanzor nevado acogía entre sus larguísimos brazos ese mágico mar improvisado por el amanecer. Te pareció un espectáculo natural fascinante. Por un momento imaginaste que sólo los ángeles y tú podíais gozar de tal privilegio.

2

Pero…¿existen los ángeles? ¿Y es verdad que no tienen sexo? ¿Será cierto que a todos protege un ángel de la guarda? En esta materia, como en casi todas, sigues apacentando tus dudas. Sin embargo, desde que la enfermedad te obliga a pensar más tienes la sensación de que eres rico en ángeles vigilantes y cariñosos. El que se presentó ayer en tu casa con un bizcocho de limón para felicitarte la Navidad es Inés. Es una excelente fotógrafa, está casada y es madre de tres hijos, pero te sigue llamando jefe, pese a que va hacer casi veinte años que dejasteis de trabajar juntos. Otros ángeles del sexo femenino llevan el nombre de Alicia, Ana, Ángeles –es un ángel plural- Begoña, Beatriz, Carmen, Carolina, Conchita, Francisca, Isabel, Julia, Lola, Lucila, María, Marta, Paloma, Pilar, Rosario, Silvia, Soledad, Teresa…No hay last ni least, porque para apuntalar el alma tanto te vale un jamón de pata negra como una simple llamada telefónica. Como te sirve también la atención de Borja, Carlos, Eduardo, Javier, José Pedro, Manuel, Miguel Ángel, Paco, Pepe, Quico, Rafael, Ramón, Rubén, Víctor y alguno más, que son del sexo masculino y que te han acompañado y ayudado a lo largo de este tiempo de mil maneras distintas. Tienes ángeles amigos que son hoteleros rurales, psicólogas, altos funcionarios, médicos, coralistas, abuelos y abuelas, compañeros de la radio, empresarios, amas de casa, jubilados, artistas. Otros son embajadores, y en la parte insospechada de su curriculum mantienen aficiones tan singulares como la cría de burros.

Afortunadamente, de todo hay en tu viña. No es como la del Señor, pero tampoco te puedes quejar.

3

Creías que esa legión podría rondar por allí, y compartir contigo esa percepción de poderío sobre la belleza que te ponía en bandeja el día. Aún esperas y deseas que les llegue. Ojalá puedan ver el mundo, la vida y la Navidad como si de verdad volaran entre los ángeles.

Palabras de Candeleda para recibir al 2014

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa...

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa…

1

Vida de quien ve pasar la vida en el campo. Algunas mañanas, no siempre, bajas a Candeleda por esa bonita carretera que serpentea hasta morir en el Santuario de Chilla. Cuando después de unos días de intensas lluvias remite el temporal, sale el sol y rompes la mañana, el espectáculo del paisaje limpio y brillante del Valle del Tiétar, con la Sierra de Guadalupe al fondo y los lomos de Gredos nevados a tu espalda es casi medicinal.

-Mírelo usted plácidamente y respire hondo –te recomienda ese doctor discreto que llevamos dentro llamado sentido común-  Es la mar de saludable.

No crees que sea tan saludable el café  con porras del bar Tenazas, pero te da igual. Ese es uno de los placeres por los que no te importará acortar en unas horas tu vida. Las porras del Tenazas son a tu juicio exquisitas, las mejores del mundo. Mojarlas en el café con leche después de haberlas rebozado con azúcar y sentir cómo ese goloso bocado inunda tu paladar y sacia tu jindama matinal es uno de los más importantes entre tus placeres  menos importantes. Tenían antes más tradición las de El  Topo, pero a ti te parecen más finas y crujientes las del Tenazas, en cuyo bar, además puedes hojear el Diario de Ávila y el Marca condecorados ya por alguna mancha de grasa. Eso le añade al desayuno un toque de bohemia popular muy estimable.

2

El precio del café con leche con una porra en el Tenazas es de un euro con cuarenta céntimos, pero hay que aclarar que la longitud de la porra es aproximadamente como la verga de un teniente de Regulares en el culmen de su exaltación. Patriótica, naturalmente, y perdón por la comparación. Su desmesura contrasta con lo justita que resulta la taza del café, con lo cual el movimiento del brazo para el mojado de la porra tiene algo de suerte del volapié. Hay que subirlo con la porra en los dedos, apuntar a la taza y atinar con la puntita como quien clava el estoque en el hoyo de las agujas. Lo bueno es que en el Tenazas siempre cortas orejas.

Después te ajustas la taleguilla y te echas a la calle a hacer tus compras. Era el Paquiro en la calle/ un torero de cartel- tarareas recordando el romance popular. Podría pensarse que, pasadas ya las nueve y media, el pueblo bulle, pero eso era en otros tiempos. Las calles y las tiendas a esas horas están semivacías, porque en Candeleda ya casi nadie se levanta a jañiquín.

3

Vida contemplativa y sanamente especulativa. A falta de grandes ejercicios físicos que ya no tolera tu espalda, a veces escuchas una expresión del habla candeledana y te diviertes especulando con su origen. Levantarse a jañiquín significa por estos pagos madrugar. El cómo y el porqué de este originalísimo giro debe de saberlo Nines Moreno Monforte, autora de un Diccionario del habla candeledana que recoge peculiaridades del lenguaje popular local. Nines es una mujer capital para la cultura de esta villa. Aparte de sus inquietudes lingüísticas es la presidente de la Coral Polifónica. Gracias a su entusiasmo –ha conseguido sacar patrocinios incluso de muchos comerciantes locales-  Candeleda ya no presume sólo del espléndido mosaico de azulejos de su Parroquia, de  sus porras, de sus gargantas, de su pimentón, de sus higos, de sus quesos y de esa capra hispánica de bronce erigida en la Plaza del Castillo (donde, por cierto, tú no alcanzaste a ver castillo alguno), sino de cultura musical. Antaño la figura del pueblo era Pedro Vaquero, fiel custodio y cantor del folklore popular lamentablemente desaparecido en plena juventud. Ogaño el pueblo también disfruta de Guerrero, de Mozart, de Barbieri o de otros clásicos. Y eso es en buena parte mérito de esta ciudadana inquieta, capaz de conciliar el amor al lenguaje  popular y a la música eterna con algo tan prosaico como atender a su carnicería.

-¿Y a ti cómo te va con tu coro? –te pregunta mientras despacha carne picada después de explicarte los ambiciosos conciertos que prepara su coral.

-Regular –le dices sin disimular tu envidia por su excelente gestión- Estamos preparando la Pasión según san Mateo de Bach, pero nos han echado de la iglesia donde ensayábamos y andamos como Jesús y María cuando buscaban posada.

4

En estos momentos de desánimo y crisis está de moda flagelarse con los males de la patria. Por eso valoras este dato. Si a ti te dicen hace cincuenta años que la carnicera Candeleda es filóloga, y capaz de que el Requiem de Mozart llene el noble edificio de su parroquia, pensarías que estabas en otro país de los que entonces envidiabais. Esas eran cosas de Alemania, o de Francia, o de Inglaterra, o de los países escandinavos. De las culturas que nos deslumbraban. Ahora, que tanto nos duele España por sus recortes, sus carencias y otras miserias, también nos debería alegrar por estos detalles que dan otra medida del progreso.

Piensas que es bueno mirarse en Angelines y hacer de su  ejemplo un propósito para  el año nuevo. En 2014 habrá que levantarse a jañiquín y ponerse a trabajar para cumplir nuestras ilusiones. Por pura curiosidad, te hubiera gustado conocer la etimología de jañiquín. Pero tampoco sabes por qué la palabra concertina, que significaba  a) Violinista primera de una orquesta b) Acordeón en forma exagonal, designa ahora también a esa valla coronada de espinas y cuchillas que atormenta a las conciencias escrupulosas. Misterios del lenguaje que quedan pendientes para el nuevo año.

Que lo tengan ustedes tan feliz e ilusionado como lo cantará Nines, la polifacética y muy admirable carnicera de Candeleda

Cada día es un “collage”

Si uno fuera capaz de difundir por las redes sociales estos pellizcos tan agradables...

Si uno fuera capaz de difundir por las redes sociales estos momentos tan agradables…

1

Entras en Facebook y confimas que no sabes por donde te andas. Te encuentras con que cuarenta personas están esperando que les confirmes tu amistad. A  algunas no crees conocerlas de nada, pero no te fías ya de tu memoria, y te preocupas del qué dirán. ¿Pensarán que eres un ingrato, un maleducado, un borde, un malqueda? A Acacia Núñez le gusta Belle de Jour,  y le pone a la película tres de cinco estrellas. María X dice que le gusta la foto que ha publicado Paco X. Tú no sabes qué decirles. Ni de Belle de Jour -que viste hace más de treinta años, y te gustó, sobre todo por Catherine Deneuve ni de la foto de Paco ni del sursumcorda.  Francisco Colomer te invita a un concierto. ¿Qué haces, cómo le comunicas que  ese día no puedes, aprovechas al menos su oferta para preguntar por su vida? Te encoges de hombros, suspiras, sigues enredando en esa red social que hizo millonario a un joven despabilado. Sabes eso gracias, al cine, a la película que crees que se titulaba La red social, muy aplaudida por cierto, aunque tampoco la entendiste muy bien.  Entender todo, qué quimera. Cuarenta solteras muy presentables te están esperando en una cosa que se llama Meetic o así. Te imaginas el protocolo: ¿estudias o trabajas?, ¿y a qué colegio fuiste?, ¿qué prefieres un sushi o un buen plato de callos con garbanzos? Al lado de la foto de una chica guapa que hace de reclamo te ofrecen unos botines Sebago Mog  con un gran descuento. Pero no en esta página, sino en Amazon, para más lío. Cierto que no te interesan nada los botines, no usas botines. Tampoco buscas consejos de belleza, ni recetas. Sólo te gustaría tener claro cómo funcionan las redes sociales, por qué arrasan, por qué se ha desarrollado tanto ese nirvana virtual. ¿Habrá salvación fuera de Facebook y de Twitter?

2

En tus palos de ciego has ido a dar con la foto de Eduard Punset, cómo no, ese genio de la comunicación omnipresente y mirífico. Tú también le ves y le escuchas de vez en cuando, y reconoces que en ese momento propendes a la levitación. Aunque luego repasas lo que ha dicho y ni te crees la mitad, ni entiendes la otra mitad de lo que ha querido decir ni te parece que aunque fuera cierto y lo entendieses en su totalidad el eco mediático que despierta su cabeza neoeinsteniana es para tanto. Es tan genial que incluso cuando su discurso  sea a veces un buñuelo de viento te sigue pareciendo respetable. El hábito y el monje.

3

Caíste en Facebook por regatear un poco la rutina diaria de tus mañana. Luego leíste la prensa, por la que cada día pasas un poco más deprisa. Resulta que eres un poco más viejo que ayer, y que acumulas más en el apartado del deja vu. Tu teoría: dejar que la actualidad se consolide para tratar de asimilarla. Entretanto se descubren las causas de los terremotos en la costa de Vinaroz y el inexplicable porqué de las víctimas de Lampedusa  -los sapos nuestros de cada día- te  llama la atención  una frase de John Banville, uno de esos muchos escritores que esperan el Nobel. El escritor tiene que ser amoral –dice el novelista irlandés- Su única obligación es escribir obras maestras. Supones que las entrevistas buscan estas frases sentenciosas de las que probablemente se acaban arrepintiendo sus autores. ¿No hubiera sido más prudente decir que lo que puede ser amoral es la escritura, pero no el escritor, que no deja de ser uno más en la colmena humana?  La verdad es que luego lo piensas y admites que la lista de grandes genios de la pluma está llena de amorales, y de tipos que piensan en soltar de vez en cuando frases que epaten a la gente corriente como tú. Llegar a famoso es poder dejar caer cualquier chorrada y conseguir que algún pavo  invierta segundos de su tiempo en desentrañarla.

4

Tu tiempo diario de observación combina lo que más te impacta de los medios con lo que ves en tu entorno inmediato. Y lo que ves este domingo de otoño en el campo, después de una semana en la que las lluvias dejaron  ciento cincuenta litros de agua por metro cuadrado, no puede ser más alentador. La atmósfera limpia y luminosa, las nubes flotando en un cielo azul purísima mientras se devanan en cromatismos caprichosos para tentar a los pintores. El suelo vuelve a estar húmedo y a tapizarse de verde. Supones que la emoción del otoño es aún mayor en la España seca, de la cornisa Cantábrica hacia abajo, donde el flagelo del estío dejó amarillo cualquier asomo de pasto. Aún no se han tornasolado las hojas de los árboles del jardín, pero se han reanimado los regatos, y el murmullo del agua que baja de la sierra, el olor a tierra mojada y la deliciosa temperatura te traen como un beso de primavera a destiempo  que se expande por todo el valle del Tiétar.

5

Piensas que cualquier día de tu vida, como la de todo hombre, es un collage donde sobre los trazos de lo que pasa pegas tus impresiones y tus pensamientos. Entre unos y otros, compondrán el cuadro de este seis de octubre.

Mientras escribes esto viene Mas, la vieja perra de la casa, y se tiende a tu lado para dormir. Al poco, llega el gato y se arrebuja junto ella. La perra ni se inmuta, como para demostrar que a pesar de las diferencias hasta podemos llevarnos bien con nuestro peor enemigo. El collage se completa con este toque de ternura animal. No estás seguro de que la metáfora sea verosímil, ni de que le beneficie a casi nadie. Pero a pesar de tu torpeza tecnológica y de tu dudas sobre las redes sociales, te gustaría atrapar este pellizco de sosiego y, malgré tout, de satisfacción íntima y difundirlo por Facebook o por Twitter. Que consten tus buenas intenciones.

Fe de vida de la primavera

Cerezos en lorAsombrado. De repente se hace presente la primavera, ha brotado la flor los de los cerezos y desde tu casa puedes escuchar el murmullo de dos corrientes de agua que, avivadas por el deshielo súbito, bajan de la sierra más contentas que nunca. A una, la de poniente,  le llaman arroyo o garganta Candeledilla. Tiene un nombre modesto, como Candeleda, pero de segunda división. Sin embargo es mucho más arrogante que otros cursos de agua que, al contrario que éste, se quedan secos en verano. Ahora bien puede pavonearse: en algunos tramos particularmente empinados, sus pequeñas cascadas y toboganes discurren por un cauce de roca y verdor rodeado de robles y castaños, y si lo miras de abajo arriba se asimila a los ríos que hace año y medio viste en las Highlands de Escocia. Recortas idealmente la escena y piensas que sí, que efectivamente podrías estar allí.

A tu izquierda, por saliente, también se hace presente otro murmullo de agua. Este no es más que un regato, un maniantal  tan sobrado ahora que rebosa y culebrea por una pequeña montañita de rocas musgosas y robles gorjeando como un pajarillo un poco cursi. Es cursi, pero vale un potosí.  Si el placer de escuchar un curso natural de agua se vendiera en algún sitio, no tendría precio. Es curioso, leíste en una ocasión que Harley Davidson había protegido legalmente el peculiar sonido de los motores de sus motos, que es parte de su leyenda. No soportaba que otras marcas pudieran imitarlo. Pero nadie es dueño de sonidos que surgen espontáneamente, sin patente ni copyright, y que son un regalo para cualquiera que sepa apreciarlo.  Los dos o tres `primeros gorgoteos de una botella de vino cuando escancia su precioso contenido en la copa, por ejemplo. El canto del agua que se precipita ladera abajo mientras contemplas el Valle del Tiétar en la primera jornada de auténtica primavera: tu emoción de este día.

Porque el resto era una especie de cansancio dulce, de procesar el egoísmo que genera tu enfermedad olvidándote del mundo, de dejar pasar las horas en un dolce far niente, leyendo al sol a ratos, dando paseos cortos, visitando a las gallinas o cortando camelias para que tus nietas llenen floreros mientras tú destilas como puedes el malestar de estómago que te impone la quimioterapia. No es grave. En días como éste te olvidas de él, te quedas maravillado al sol disfrutando del paisaje, y tu existencia queda suspendida en el aire como si fuera uno de esos arpegios de Debussy que no sabes cómo ni cuando va a estallar.

P.S. Hay que ver la de chorradas que se te ocurren algunas tardes.

En ocasiones oigo voces…

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor...

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor…

1

El sábado llovía, y a pesar de ello estabas razonablemente contento.

Es más, se te ocurrió pensar que te gustaría ser Dios, aunque te aburriera mucho la condena a ser eterno. Qué horror, imaginar una eternidad en la que se seguiría hablando de la crisis, y de Bárcenas, y de Urdangarín, y de la intransigente señora Merkel,  y de las independencias de los que están encoñados con la independencia, y de la doctrina Parot y del incierto futuro de las pensiones, y de la sanidad, y de todo el estado del regularestar, porque ya no se puede hablar de estado del bienestar.

En realidad sólo envidiabas de Dios su omnisapiencia. Y no la deseabas para desentrañar las grandes incógnitas que planean sobre nuestro futuro, y que por lo visto sólo Él sabe. Sino para conocer exactamente el número de gotas de lluvia que habían caído sobre ese trozo de campo donde apacientas tus horas de retiro. Un capricho: la sabiduría inútil. Los sabios de la tierra acaban queriendo saberlo todo, e incluso encuentran explicación para cualquier fenómeno,  pero ninguno sabrá el número exacto de gotas que derrama un chaparrón. Para eso sólo debe de estar Dios, piensas tú.

Que también sepa, quizás, cuando se acabarán las molestias digestivas que comporta el tratamiento de tu enfermedad, esos torpedos de gas que te estallan en la boca entre quimioterapia y quimioterapia. Además de dañino, qué mal educado y que poco fino es el cáncer, caramba, siempre obligándote a disimular los eructos por aquí y por allá, como don Augusto, aquel profesor de literatura que tuviste en el bachillerato. Era un buen maestro y una gran persona, y te ponía muy buenas notas. Pero debía de padecer también malas digestiones, y se quedó en tu recuerdo tanto por sus saberes como por sus indisimulables flatulencias. Qué puñetera y sectaria acaba siendo a veces la memoria.

2

El domingo hacía un día luminoso, espléndido. Con las cumbres de Gredos nevadas y el ancho Valle del Tiétar  más verde y encharcado de diamantes que  nunca, tenía la vista desde tu casa algo de postal alpina, la luz de de esos paisajes de películas tipo Sonrisas y lágrimas, tan bonitos y cursis que a veces parecen falsos.

Debías por tanto sentirte feliz. Además, estabas dispuesto a escribir sobre la tierna historia de Mrs. Oswald, la viuda de aquel actor inglés cuya hermosa voz  dejó grabado para el metro de Londres  unos avisos para prevenir a los viajeros.

Mind the gap –decía la voz del actor- And stand clear of the door, please.

Mrs. Oswald no vivía cerca de Embankment, pero a menudo tomaba el metro hasta allí sólo para escuchar a su marido, que murió hace once años. Su voz le reconfortaba el corazón y le traía recuerdos vivos del amor de su vida. En lugar de ir al cementerio y rezar por él, iba a esa estación –la única  de la red de metro que aún emitía sus grabaciones, porque en las demás sonaba ya una de esas voces de mentirijillas que producen los ordenadores- y veía llegar trenes y entrar y salir viajeros mientras escuchaba a su querido marido aconsejando a los viajeros que tuvieran cuidado de no meter el pie en el hueco entre el andén y el vagón y despejaran las puertas. El texto no era  un verso de Shakespeare precisamente, pero Mrs. Oswald probablemente suspiraba al escucharlo, e incluso puede que se le humedecieran los ojos por la emoción.

Lamentablemente, un día echó en falta esa voz. Cosas de la modernización: los avisos que antes repetía Lawrence Oswald habían sido regrabados por una voz mecánica e impersonal. Entonces Mrs. Oswald escribió a la dirección del metro londinense y les pidió un favor.

-Si pudieran facilitarme una copia de la grabación de mi marido, Lawrence…-suplicó- Si no, no volveré a escuchar su preciosa voz, y me daría mucha pena.

Dice la prensa que a los burócratas del Tube les enterneció tanto la demanda de la anciana que están intentando hacer una excepción a los sistemas telemáticos que impone la modernidad. Harán bien si reponen la voz de Oswald, porque la estación de Embankment será entonces para los turistas  un hito tan romántico como el que marcaron  Robert Taylor y Vivian Leigh cuando se besaban apasionadamente en el Puente de Waterloo.

3

Te fuiste a la cama con la esperanza de que tus sueños fueran variaciones sobre esta bonita historia de amor póstumo. Mala cosa fue que se te ocurriera escuchar las noticias de última hora, y, entre ellas, las que brinda a los agoreros Chipre, que antes era una isla, un país pequeño, y el menos significativo en términos económicos para la Unión Europea, pero que ahora se ha convertido para España  en un nódulo diminuto tan peligroso como los que conviven contigo en los pulmones. Lo cual que con esta metáfora, y teniendo en cuenta que hoy empezabas un nuevo ciclo de quimioterapia y tenías que madrugar para el consabido análisis, la esperanza se rebozó de pesadilla, y acabaste por no pegar ojo.

Eso si, la vigilia te dio la oportunidad de acordarte de que si alguno de tus lectores es tan devoto de las reliquias de voz como Mrs. Oswald, no tiene que ir a ninguna estación de metro para escuchar la tuya. Basta con que pinche –aquí mismo, en la columna de la derecha- el podcast de la entrevista que te hizo semanas atrás Pilar Socorro en su programa Siluetas de Radio Nacional de España y escuche.  Sabes que tu dicción  no es tan pulcra y bien timbrada como la de Lawrence Oswald, pero como el personal ya está advertido de que no hay que meter la pierna en el hueco ni agolparse en las puertas del metro, cuentas otras cosas que a lo mejor distraen de Chipre y otros fantasmas de actualidad que nos inquietan.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,334,311 hits

A %d blogueros les gusta esto: