Cuando el viento sopla…de espaldas al pueblo

Viento sobre los arboles

A pesar de sus desmanes, el viento también tiene su aquél...

El Marcelino está aventao- decían en el pueblo de doña María cuando alguno estaba chifleta. El viento, dicen, vuelve loca a la gente. Se entiende perfectamente cuando ésta vive permanentemente batida por la furia de Eolo. Y sin embargo es otro fenómeno de la naturaleza que le pone al Duende contra la mayoría. Algo le gusta.

Se identificó con   Luis Buñuel cuando  en  Mi último suspiro, sus memorias,  reconocía que le gustaban el frío y la lluvia. (Por cierto, ¿por qué no emigró entonces a Inglaterra en lugar de establecerse en Méjico?). Demos por descontado que también le emocionara la nieve, sueño blanco que perseguimos todos los nacidos de Burgos para abajo. Pero lo de disfrutar cuando el cielo se pone arisco es un poco “snob” y antisistemático.

Si al Duende le seduce el mal tiempo es precisamente porque la gente huye  de él. Calles vacías, parques desiertos, campos solitarios. No totalmente. Por una calle, por una alameda, por un sendero de cualquier monte, dos caminando  abrazados bajo un paraguas. Así es más bonito. Quizás sin viento como el de este fin de semana. Para no ser ráfagas huracanadas de película, de novelón como La posada de Jamaica -¡qué gozo cuando uno, casi imberbe, pillaba unas anginas con un libro como éste!- o de paisaje romántico, hay que reconocer que se puso algo pelma.

Dijo una vez por la radio que le gustaba el viento y su amiga doña María se le quejó.

-Se ve que no vives en un piso como el mío- protestaba airada.

Y le contó las poblemáticas del viento en el piso trece del bloque Los Arándanos. Penetraba tanto  por las cajas de los tambores de las persianas, que la doña desmontaba la tapa y aprovechaba para guardar dentro la chacina de la matanza y los quesos de oveja que se traía del pueblo.

-Algo tapan –le dijo-Y tanto los chorizos y los quesos se curan estupendamente. Eso sí, no podemos  subir la persiana. Y deja un perfume no mu delicao pa un dormitorio. Por eso sólo utilizamos de fresquera el de las nenas, que como ya se han marchado a vivir con sus parejas…

Qué talento para hacer de la necesidad virtud. A lo que no ha encontrado solución es al frío que entra por la rejilla de ventilación del gas de la cocina en días como estos.

-Están hechas de espaldas al pueblo- se queja con cierta razón- Porque si las tapas con un cartón te puedes morir intoxicá, pero si no, te pués quedar arrecía.

Y sugiere que antes de proyectar estos sistemas de aireación de espaldas al pueblo, los arquitectos, constructores, gasistas y munícipes responsables del invento se pongan a cocinar en su piso del Bloque los Arándanos un día de viento del más frío invierno. Aventá, parece que está también ella. Cualquier día exigirá también que se pueda abrir un brick de leche sin derramar ni una gota, o un CD de El Fary al primer intento. Como si el progreso fuera siempre para facilitarnos la vida…

Carta a Jorge Manrique

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A pesar de todo, no estoy de acuerdo en que cualquier tiempo pasado fue mejor...

Querido maestro

Antes que nada debo decirte que fuiste uno de los primeros escritores que admiré. Las Coplas a la muerte de tu padre se nos grababan a casi todos los escolares de mi época. Recuerde el alma dormida/ avive el seso y despierte…Las recitábamos de memoria.

En cierta manera, se me pegó el espíritu que derramaban sus versos. Quizás recuerdo demasiado. He caído en la tentación del exhibicionismo que proporciona ese invento llamado Internet: ya sabes, es como el diván del psicólogo. Tengo amigas como Cristina y Bibi que se dedican a escuchar a la gente y a ayudarla así, pero según sus normas, la terapia no funciona cuando el que se tumba en el diván es conocido. Por eso creo que he acabado en el rollo este de la red. Un lío. Me hubiera sido mucho más agradable una psicología entre gente conocida.

Recuerda mi alma dormida…Demasiado, a lo que se ve por los que aún se asoman por aquí. Recuerdo, sí. Y me critican por ello, puede que con razón.  El pasado suele tener mala prensa. Es de gente medrosa y por lo general triste.  Sin embargo es el único pavimento que uno conoce, y por el que transita con cierta seguridad. El presente no llega a ser: pasa bajo nuestros pies como una alfombra en cinta transportadora. ¿El futuro? ¡Oh!…Hubo un tiempo que soñaba con él, pero me ha hecho tantas pedorretas y está tan desgastado por la verborrea de los políticos, del lenguaje empresarial, de la publicidad y de las escuela de negocios que no me merece demasiada consideración. Además, ahora que valoramos tanto el espíritu democrático…¿Has visto algo más tiránico que futuro? ¿Ha consultado alguna vez algo  a alguien? Se presenta cuando quiere y hace lo que le sale de las narices. Lo de mitificarlo y levitar cuando se le menciona me parece recurso de cantautor con guitarra de cuerdas rotas y seso vacío. Yo soporto el futuro porque no me queda más remedio. A pesar de eso, procuro no llevarme mal con él.

Eso tampoco quiere decir que esté de acuerdo con el más famoso de los versos de tus coplas. Cómo, a nuestro parecer/ cualquiera tiempo pasado fue mejor…Si somos serios, hay que reconocer todo lo contrario. Que a pesar de todas las miserias, los peligros y los desafueros del mundo actual, cualquier tiempo pasado fue muchísimo peor. Eso sí, si nacías en una familia donde comías caliente, si tenías  cerca un parque para jugar a las chapas con tus amigos, si te sobraban cinco pesetas para ir al cine y, además no te enterabas de lo que pasaba por ahí, eras feliz. Había mucha mierda. Pero quizás ni la veíamos ni nos llegaba su hedor.

Dos notas de esta semana para demostrarte que no soy tan pesimista. El jueves actué en la convención de una empresa japonesa que celebraba veinte años de su llegada a España. Fíjate qué contradicción, yo aquí tan coñazo y aún hay quien me contrata para alegrar esos actos. Una parte importante de las ponencias fue para mostrar los programas sociales de la firma. Entre ellos, quizás el más impactante, su obsesión por la integración de los discapacitados. Un chaval llamado Pablo –también un chico Down, como el asombroso Pablo Pineda de la película Yo también- aplaudía a rabiar cuando dos compañeros de trabajo con enfermedades degenerativas que les mantienen en sillas de ruedas eran premiados por los proyectos que han desarrollado para aplicar la tecnología de la casa a  facilitar la vida de muchos impedidos. Yo me acordaba de las voces del niño del segundo de la casa donde nací, que se escuchaban por el patio. Las oí durante muchos años. Era un muchachito con una cabeza monstruosa, sin ojos, lo que entonces se llamaba, sin mucha delicadeza, un subnormal. Las escuché hasta que murió. Pensé lo terrible que ha sido la vida de los discapacitados y de sus familias hasta que la  sensibilidad social al menos les ha mirado. No, Jorge Manrique, no tienes razón. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor.

La otra –si no, no sería yo escribiendo- es una nadería importante: el descubrimiento de las rosquillas más deliciosas que he tomado en mi vida. Las sirven en una cafetería de la calle Alfonso XI de Madrid, frente a la COPE. Maravillosas. Y, al contrario que las porras y los churros, mantienen su sabor y su textura incólumes para ser, a lo largo de la mañana, un desayuno  perfecto para golosos. Un amigo mío suele decir que la mayor felicidad de este mundo está en lo que rodea a un agujero. Debe de referirse a estas rosquillas. ¿O no?…

Nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar…Yo ahora, de momento,  me conformo con ir a correr a la Casa de Campo, que está vestida de otoño. Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando…Y uno en el centro de esa rosquilla, que es la existencia, buscando dónde morder para endulzarse los días y hacerle guiños al pelmazo del futuro.

En fin, querido maestro. Espero que no te mosqueen mis observaciones a tu obra más señera. Es mi oficio, al cabo uno no es más que un espíritu travieso que te respeta y te admira.

Tuyo afectísimo

El Duende de la radio

Contra Halloween, luna de noviembre

Hay noches en las que sólo apetece vagar mirando a la luna...Errare humanum est…¿Lo diría Séneca mirando a la luna?

Durante casi dos días el Duende no escribía. Aunque el proverbio latino habla de errare como equivocarse, él miraba  esta luna de otoño, tan limpia y luminosa, y  erraba de otra manera. Errar: vagar de una parte a otra.

Miraba la luna, no es excusa, y por su oblea de luz desfilaba todo lo que a lo largo de su vida se ha enganchado a sus sentimientos. Presentes, ausentes, vivos, muertos, amores, afectos, amigos, recuerdos, deseos, sueños. El día de difuntos en lugar de mirar la lápida cubierta de líquenes donde reposan sus padres, esperó a que saliera la luna y les vio pasear sobre ella, tan ricamente. Todo lo que ha sido algo para el corazón cabe en una luna llena.  Hasta Alfa y Lulo. Alfa era una fox-terrier, Lulo un pequeño, buenísimo teckle. Murieron discretamente, la una de viejita, el otro en acto de servicio. Quien ha tenido alguna vez un perro sabe que su cariño podría ser un modelo del amor humano entre la pareja: sólo quiero estar contigo, no importe ni cómo ni donde. Sólo quiero que me lleves contigo.

Como la luna. Se irá dentro de unos días, pero volverá. Sólo quiere venirse con nosotros, y que veamos en su plenitud todo lo que aquí abajo deja tanto que desear. Qué humano es errar, vagar así. Bebiendo luna con la mirada, y cosiendo al alma todo lo que ella inspira y que probablemente sólo puede vivirse así.

Soñando con la mano perdida de Paul Wittgenstein

Paul Wittgenstein

El asombroso caso de Paul Wittgenstein no sólo inspiró sueños, sino que escribió este cuento...

Al despertar, Homper vio  en el espejo otra vez su imagen un hombre estupefacto. Qué había hecho él para merecer eso. Por qué  acababa de soñar lo que soñó.

Uno de los ingredientes del sueño, sin duda, era lo que había leído y escuchado a lo largo del día, y muy especialmente La familia Wittgenstein, una interesante biografía firmada por Alexander Waughnieto del autor de Retorno a Brideshead. Este libro además de recrear la torturada vida de esta familia y de su hijo más preclaro, Ludwig, ofrece un magnífico fresco social de un fracaso humano, del hundimiento del Imperio Austro Húngaro y de los espantos de la Gran Guerra, en la que combatieron el filósofo y sus dos hermanos varones.

La anécdota a veces se apodera de la categoría. O un drama individual puede impactar más que el catálogo de horrores que describe el autor sobre la primera Guerra Mundial. El caso es que a Homper le impresionó, sobre todo, la suerte de Paul Wittgenstein, pianista prometedor que pierde el brazo derecho en combate y que, con un espíritu admirable, consigue superar este mazazo del destino. Llegará a adquirir tal virtuosismo con la mano izquierda que hasta Ravel compuso su famoso Concierto para la mano izquierda pensando en él.

Las diabluras de la mano fantasma. Como todos los que han perdido un miembro, el pianista manco tiene que convivir por mucho tiempo con las sensaciones que le transmite la mano que ya no  tiene. Y así fue que, obsesionado por este martirio añadido  del pobre Paul, y quizás también por las noticias del día, fraguó la pesadilla del propio Homper. También él había soñado tiempo atrás en ser un gran pianista. En su pesadilla, no sólo lo era, sino que, como Paul Wittgenstein, pierde el brazo derecho  y sufre  los engaños de sus terminaciones nerviosas. Sus sensaciones táctiles son que la mano perdida sigue viva, y que además de tocar el piano como los ángeles, trinca dinero sucio como si fuera un político corrupto de los que persigue Garzón.

Naturalmente, el pobre Homper despertó a mitad de noche angustiado.

-No fastidies, Morfeo- se quejó ante el espejo del cuarto de baño como si su rostro descompuesto fuera el del dios de los sueños- ¿Por qué este dolor y el recochineo de la vergüenza?… ¡Arréglamelo, por favor!

Regresó a la cama, cerró los párpados. A su edad no es nada fácil reemprender el sueño interrumpido, pero lo consiguió. Y  la mano fantasma del pianista mutilado que creía ser le transmitió esta vez sensaciones distintas.

-Muchas gracias, amigo-le dijo al espejo antes de cumplir con el ritual mañanero de lavarse los dientes.

El Morfeo del espejo le sonrió. En la segunda parte del sueño, Homper no sólo había tocado  un milagroso arreglo para la mano izquierda de las Variaciones Goldberg. Sino que, entretanto,  el fantasma de la derecha recibía las caricias de aquel amor de juventud con el que hacía manitas en el cine,  y que nunca, nunca, podría olvidar.

Los polvorones evocan a Lawrence de Arabia

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Aquel aventurero amaba el desierto porque era limpio...como los polvorones

Lawrence de Arabia explicaba así su fascinación  por el desierto: me gusta porque está limpio.

El Duende guarda pocas similitudes con aquel héroe. Ama la aventura, pero sin llegar al arrojo del coronel británico. Su vida, al lado de la que recreó  tan excelentemente David Lean, es como uno de aquellos recortables en los que nos entreteníamos los niños antiguos. Casi todo imaginación para siluetearla cuidadosamente con la tijera, ponerla en pie con peanas de papel sobre la mesa del comedor y soñar que se podía ser héroe. El Duende también va en moto, su Vespa no es aquella ruidosa máquina que montaba el coronel cuando se encontró con la muerte, hay diferencias. También lleva gafas, pero espera que las suyas no se queden colgadas de un arbusto, como ocurre en la escena que abre y cierra el filme de Lean: hay películas que hacen mella en la memoria, y pequeños detalles de un plano que son como el pin que las identifica. Las gafas de Lawrence ahorcadas en un matojo, qué pena, el hombre que amaba el desierto porque era y estaba limpio.

El Duende se acuerda de él cada vez que desenvuelve el papel sedoso del polvorón. Porque al encanto de su sabor añade su belleza sencilla y natural. Se desmorona al primer mordisco y presenta la misma textura de una duna. Y es limpio, como el desierto que amaba Lawrence: la harina es la arena. Su capa de azúcar, de almendra molida o de ajonjolí, la superficie, la piel de ese desierto golosina. Y es limpio, limpio. Puedes comértelo en un pispás, para aliviar ese golpe bajo que a veces te propina el hambre a mitad de mañana, y quedar tan elegante y bien compuesto como Peter O´Toole.

Sorprendentemente, ninguna universidad ni centro de estudios de esos que periódicamente ofrecen informes pintorescos han publicado nada interesante sobre el polvorón. El inquieto Duende ahora selecciona en los supermercados los polvorones-polvorones, que afortunadamente se venden a granel, a elección del consumidor, y permiten  esquivar la filfa que a veces incluyen los llamados surtidos. Va a lo clásico: el polvorón de almendra, nevadito. O el que llaman mantecado, peinado con granos de sésamo. Y entre su estudio de campo sobre las inmensas ventajas de salir de casa con dos o tres polvorones repartidos en los bolsillos de la chaqueta, ha llegado a la conclusión de que se puede abrir y consumir un polvorón en el transcurso de un viaje de cinco pisos en un  ascensor convencional. Eso sí, cuando se abren las puertas en el final de trayecto, aún puede que le pillen a uno relamiéndose.

-Buenos días –dijo llevándose las manos al bolsillo cuando se topó con una bella dama en el portal- Es que tomaba un polvorón mientras bajaba- se excusó- ¿Quiere uno?…

La mujer se quedó pasmada. La segunda conclusión del estudio de campo es que la sociedad aún no está preparada para aceptar golosinas de un extraño a la puerta del ascensor.

Y la tercera es que quizás haga falta subir al Empire Estate para enamorar a una mujer con los argumentos de Lawrence de Arabia y el irresistible encanto de esta joya de nuestra dulcería llamada polvorón.

Una batallita “de espaldas al pueblo”

Silencio Banqueros

¡Ah!...Si estos políticos polemizaran menos y curraran más...

Mientras Mariano Rajoy –ya era hora- recuerda que santo Job no hubo más que uno y que el tres de noviembre dará un puñetazo en la mesa del PP, en el Bloque Los Arándanos donde vive Doña María se sigue viviendo la España real. O sea, problemas, sueños y aspiraciones.

-Ya te puedes imaginar-le dice doña María al Duende. No dormimos pensando quién será el próximo presidente de Caja Madrid.

Según esta buena mujer, Marisa tiene dos hijos en paro y a su marido Sabas, bombero, con depresión. No falla con la manguera, pero el hombre padece una disfunción eréctil, y falla con la manguera. No obstante, el tema de conversación en su familia no es el paro, ni la depresión. Como todo el mundo puede entender, lo que les trastorna es no saber cómo acabará la trifulca pepera.

-Marisa y Sabas son de Espe, y quieren que vaya de presidente ese González que va siempre con ella y peina tupé.

Adela por su parte está desesperada: la silla de ruedas de su madre, que vive con ella y con su marido Marcial, no cabe en el ascensor del bloque. Además Adela espera una operación de sus cálculos biliares -tiene turno para dentro de siete meses- y no duerme pensando que su niña Lolinchi se ha hecho maestra y va a dar clases sin chichonera y sin seguro de vida. A pesar de todo, como es lógico en cualquier familia de bien nacidos, no piensa ni en la Ley de Dependencia ni en la reforma de la sanidad o de la educación.

-Están de los nervios pensando que el presidente de Caja Madrid debe ser Rato. Es más, casi todos los días van un brujo y le encargan que haga vudú a los otros candidatos.

Por último, Jocelyn y Bernabé, acechados por las deudas,  han cerrado su peluquería de perros . Tienen dos hijos en paro, una niña medio enganchada con la droga y un cuñado desahuciado de su casa por falta de pago. Pero, naturalmente, no tienen oídos más que para la batallita que paraliza a la oposición de este país.

-Ya ves tú…-dice doña María- Van a manifestarse este fin de semana por las calles con pancartas que dicen GUINDOS PRESIDENTE DE CAJA MADRID o PIZARRO FOR PRESIDENT…¡Lo primero es lo primero!

Exacto, es cuestión de prioridades. Habiendo tantos problemas y carencias, este fuego cruzado que está desangrando al partido de la alternativa es una de esas cosas que según doña María  se hacen de espaldas al pueblo. El llorado Fernando Lázaro Carreter criticaba esta expresión, pues según el docto académica debería decirse a espaldas del pueblo. De espaldas al, o a espaldas de, lo verdaderamente grotesco es que los políticos del PP suman más mierda a la mierda de las semanas pasadas. Y,  de frente o de perfil,  lo que parecen hacer es una peseta, un corte de mangas o una butifarra a los vecinos de doña María y al resto de los ciudadanos que esperaban cambiar este gobierno por otro que  no lo hiciera tan mal.

-A mí el presidente de Caja Madrid me la refanfinfla –se ha sincerado Teófilo, que es el presidente de la Comunidad de Vecinos de Los Arándanos, el enésimo parado del reino- Yo sólo quiero que alguien me de un trabajo.

Tranquilidad y esperanza ( sin retintín). Sea cual sea el elegido, seguro que lo primero que hará cuando se siente en el sillón  presidencial de Caja Madrid es pensar en  nosotros,  levantarse de su trono de oro y venir a rescatarnos de esta odiosa crisis.

El circo del PP y otros desvaríos

mariano, Espe, Gallardón...¡Más difícil todavía!...¡Hale hooop!No es tan primaria como la mayoría, que advertimos día a día en desastre de la oposición al gobierno de España. Pero incluso desde Estados Unidos, la tía Clota también percibe que el PP es un circo.

-Pero no es porque le crezcan los enanos, como dicen casi todos los cronistas-precisa- Sino porque  aspira constantemente al ¡más difícil todavía! ¡Anda que armar la que arman por disputarse el presidente de un banco después de haberse comido el marrón del Gürtel ese!…

Y evoca Trapecio, una película de circo, un producto típico made in Hollywood que impactó mucho en su juventud. En la escena cumbre, un hercúleo Burt Lancaster en su apogeo de icono viril, recibe a una espléndida Gina Lollobrígida que vuela a sus manos tras el triple salto mortal. Bocabajo y todo, y desafiando a la ley de la gravedad, el héroe trapecista sube a pulso a la heroína y la besa en los labios.

-¿Sobrino, no te imaginas el número?…-le cuenta a Homper entre risas- En un trampolín, Rajoy y Gallardón, los dos con taparrabos de lamé. En el opuesto, en plan Pinito del Oro, Esperanza luciendo tipo con su malla tan sexy rebosante de lentejuelas. Primero salta Rajoy al trapecio, y se cuelga bocabajo. Luego salta Gallardón y se prende de él. Y finalmente, Espe. Todos los del PP llenan el circo haciendo el oficio de niños….¡Que se besen, que se besen!…Y entonces Gallardón y la Espe repiten el numerito de Burt Lancasyter y la Lollo, suena el cha-ta-tachán  y los niños estallan en aplausos…

Tía y sobrino  se ven riendo a través de la cámara de su ordenador.

-Lo del PP, tía, es un numerito que traspasa el Atlántico- subraya Homper.

Y piensa que la imagen que describe su tía podría ser un sueño pintoresco si no estuviera tan cerca de la realidad.

Sin embargo los sueños se nutren de materiales imprevisibles que se mezclan a lo loco. Lo decía Freud: pueden aparecer en un sueño una vieja amistad, un antiguo amor, un escenario de cuento, una noticia de ayer, una frustración permamente, el deseo de ligar con la pastelera, un famoso como Cayetano Ordóñez, el practicante con el que te cruzaste en la escalera antes de entrar en casa y hasta el estímulo físico que te produce.una sábana de seda. Los sueños son una ensaladilla rusa, o un castillo de fuegos artificiales que el pirotécnico no ha sabido ordenar.

-Por cierto, tía-comenta Homper cambiando el registro a serio-¿Sabes qué soñé esta noche?…Veía una masa informe, un montón de materia viva, horrorosa, que se agitaba nerviosa…Y en éstas que de esa masa gelatinosa asoma una pata de batracio, y luego una cabeza de reptil con ojos saltones…Y me doy cuenta de que es un montón de sapos copulando…

-¡Qué perversión, sobrino!….

-Que no, tía, que Morfeo es un guasón y un caprichoso…Fíjate que anoche vi una película de Nicole Kidman, que me encanta…Y podría haber soñado con ella…Pero también ayer supe que muchos sapos de la Comunidad de Madrid mueren atropellados porque el bordillo de un carril-bici les impide juntarse con sus hembras para copular…¡Los pobres sapos muriendo por amor!…

Otro cuento, otro sueño. Homper espera que el de esta noche sea más agradable. Ya venden en la pastelería buñuelos de santo, que, en su versión clásica, rellenos de crema pastelera, le trastornan. Y, sin dejar de desear mejor suerte al circo del PP y a los mártires batracios, aspira a una bacanal con la pastelera, tan seductora. Ella y él solos, a media luz los dos, música de Astor Piazzola al fondo y  tan sólo separados por una tentadora bandeja de buñuelos de santo que media entre sus labios…

Elena Salgado y el determinismo

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Una de las primeras travesuras del Duende adolescente era rebautizar a la gente con el nombre que, según él, pedía su cara. A algunas cosas y personas les cuadra más una palabra o un nombre que otro, e incluso que el que les impusieron. El acomodador del cine Colón tenía cara de llamarse Trifón, la pipera del Teatro Beatriz, Alfonsa, y un portero de balonmano de su cole –bastante mayor que él, por cierto- pedía el nombre de Arrosio. Y con Arrosio quedó en su registro particular aunque luego se apellidase Seseña.

El colegio quedaba ya muy atrás, y nunca más supo el Duende de este último hasta que un día de 1973 se metió en el cine y vio un entretenido thriller de Darío Argento titulado Cuatro moscas sobre un terciopelo gris. En esta película italiana aparecía un detective llamado precisamente Arrosio. En la misma butaca del cine, y antes de que, desgraciadamente, lo liquidara el asesino, el Duende se preguntaba: ¿y qué habrá sido de mi Arrosio del cole que nunca más he vuelto a ver? De momento, estaba vivo. Y nada más salir del cine, confundido entre el gentío de la calle Fuencarral, el Duende lo vio paseando tan campante. Allí acudía a su cita con el destino o con la casualidad el amigo Seseña, alias Arrosio. No sabe el Duende cómo le llamarían a este fenómeno los parapsicólogos. Premonición, determinismo, vaya usted a saber. Pero el fenómeno existe, vaya si existe.

El viernes en la COPE, Curro Meloso recitaba una Oda en defensa de Elena Salgado. Curro Meloso, como casi todas las caricaturas duenderas, es un poeta fracasado, Cordobés antiguo de traje negro a rayas, sombrero y patillones, quiso escribir el Romancero Gitano y el Poema del Cante Jondo antes de descubrir que, para su desgracia, se le había adelantado Federico García Lorca. A partir de entonces probó toda suerte de musas,  y concurrió de su mano a numerosos concursos, certámenes de poesía y juegos florales sin que una sola flor o un miserable accesit reconociera sus méritos. Harto ya de ninguneos, y consciente de que todos los poemas que había deseado escribir estaban mejor escritos por otros, se inspiró en lo único que podía ser original: la defensa de los políticos. Así es como cada viernes Curro Meloso elige un político en la picota y le dedica una oda, y así fue cómo la semana de pasión de la Vicepresidenta Económica se alivió con la oda que le dedicó Meloso.

El mismo viernes volvió a salir el nombre de la Vicepresidenta en un almuerzo entre amigos, algunos de los cuales la conocían. Se habló de su papelón, de su competencia/incompetencia, de la imagen que proyecta y de su carácter. Casi todos los comensales coincidían en que es de ese tipo de personas valiosas que, quizás por su timidez,  confunden simpatía con vulgaridad. El propio Duende aportó sus impresiones, que venían de sus tiempos en la cadena SER. Allí aparecía cualquier alto cargo del gobierno del PSOE para ser entrevistado, y  al verte sentado en la misma mesa que Iñaki Gabilondo te imaginaba de los suyos. La hoy Vicepresidenta fue sin embargo siempre comedida en su cordialidad. Correcta, pero fría y distante, como si su imagen de ejecutiva solvente le impidiera sonreir y demostrar su sentido del humor. Elena Salgado, tan lejos en el album de sus recuerdos, y tan presente estos días en la vida de todos los españoles.

Los caprichos del destino. Al día siguiente, sábado luminoso, el Duende se dio de bruces con ella mientras corría por el Retiro.  Ya es difícil para cualquiera identificar a los conocidos muy superficialmente cuando te los encuentras fuera del lugar donde los has visto siempre. No digamos nada si se trata de una personalidad pública que los cuenta por millares y que no se caracteriza precisamente por su efusividad. Sin embargo, en honor a la verdad, el Duende debe confesar que Elena Salgado en atuendo deportivo se acercó a él, se detuvo, le plantó dos besos y le preguntó qué tal estaba antes de continuar su saludable paseo por el precioso parque madrileño.

Al Duende, naturalmente, le temblaban las piernas. No es que la rubia le impresionara tanto como su admirada Naomi Watts, ni que temiera que la Vicepresidenta hubiera escuchado en la radio la sospechosa oda que le tributó Curro Meloso. Es que simplemente constataba que hay que tener ojo con las premoniciones, porque a veces las carga el diablo.

La hora de más

Distintas maneras de aprovechar esa hora de más que nos regala este día...

Distintas maneras de aprovechar esa hora de más que nos regala este día...

Todos los días tienen veinticuatro horas, pero aquel día de octubre cambiaba el horario oficial, y se estiraba hasta las veinticinco para adoptar el horario de invierno. El filósofo no obstante llevaba bastantes horas dedicadas a lo suyo, que era pensar.

Aquella noche, por ejemplo, había meditado profundamente sobre el color de la duda, sin llegar a conclusiones demasiado claras. También le dio vueltas a la naturaleza del caracol, del que no tenía claro si era carne o pescado, e igualmente se planteó si era más aburrida la vida de una taquillera de metro que la de  Simeón el Estilita. Estaba casi seguro de que ella se divertía bastante más, porque los sábados por la mañana iba al supermercado o a la peluquería, y además estaba leyendo Madame Bovary, mientras que Simeón el Estilita no se movía de su columna. Este importante pensamiento le abocó a preguntarse cómo aprovecharían los humanos esa hora de más que nos prestaba ese día. Y si esa conducta podría despejar otra gran interrogante que atormenta al filósofo desde la noche de los tiempos: ¿estamos hechos de la misma pasta el hombre y la mujer?

Todos los ocupantes del edificio de viviendas junto al lago donde vivía el filósofo conocían el cambio de horario. El presidente de la Comunidad había fijado un cartel en la puerta del ascensor: Cambio de Horario. A las tres de la madrugada del domingo retrasen el reloj a las dos. A esa hora, la mayoría de las ventanas de los apartamentos del edificio permanecían a oscuras. Pero afortunadamente para el observador quedaban encendidas las de dos apartamentos. En uno de ellas vivía Eudora, una atractiva mujer que a pesar de ser matemática había amado intensamente y de una manera nada racional a los dos maridos que había tenido y a un jockey pequeñito -como casi todos los grandes jockey- pero al parecer de irresistible atractivo, que se le cruzó a los cuarenta años. En el otro vivía Salomón, un hombre rico y ordenado. Tan ordenado era que, a pesar de haberse hecho millonario con un negocio tan poco excitante como la sepiolita, mineral que se utiliza para absorber el pis de los gatos de todo el mundo, aún tenía en su cerebro hueco para la poesía: Barquito de nuez, Soledad Cervical y Esquejes del aire eran algunos de los títulos que él mismo se había publicado.

La eterna pregunta como método del filósofo no le ocultaba algunas sospechas que casi bordeaban la certeza. Un día había visto a Eudora y Salomón besándose a tornillo en la esquina del edificio, poco antes de aproximarse al portal y entrar en la casa. Una noche, él mismo abrió la puerta del ascensor y se los encontró enredados en eso que cualquiera que no fuera pulcro filósofo llamaría un polvo de urgencia. De esos datos, su aguda perspicacia le había llevado a la conclusión de que había algo entre ellos. Quizás no estaban ya en la edad de amar, y sus vidas independientes así lo confirmaban, pero algo había. Sería interesante observarles en esa hora de más que les prestaba el otoño.

Durante esa hora, el filósofo vio que Salomón aprovechaba la propina de tiempo para cepillarse unos zapatos de ante, repasar minuciosamente el album donde guardaba su colección de monedas romanas, y ajustar con una diminuta pinza  el foque de la goleta Sebastiana cuya preciosa maqueta él mismo había construido. Durante esa misma hora, el filósofo no pudo ver que durante unos minutos, y ante el espejo del cuarto de baño,  Eudora peinó sus cabellos, coloreó sus mejillas y sombreó sus párpados.  Pero sí advirtió que después se apostaba en la ventana de su salón y, sin abrirla, pasó cincuenta y dos minutos mirando a la ventana de  Salomón, que no levantaba sus ojos de los importantes asuntos que le absorbían.

Y el filósofo anotó en su cuaderno de notas: cabe pensar que el hombre y la mujer tienen sensibilidades distintas…Y cerró su hora de más satisfecho de haber llegado, por primera vez en su vida, a una conclusión importante.

Katyn. Para saber lo que es malo

KATYN es una película que debía de ser de visión obligatoria para los jóvenes que apuntan maneras ultras...

KATYN es una película que debía de ser de visión obligatoria para los jóvenes que apuntan maneras ultras...

Confiteor Dei –sueña el Duende por la noche. Me confieso ante Dios tododopoderoso de que pequé gravemente de pensamiento. Pensaba que había buenos y malos. Y que, naturalmente la guerra de los buenos no era mala. Pensaba que los indios muertos, los alemanes muertos, las gángsteres muertos, los japos muertos, los piratas del Caribe muertos, los infieles muertos, los bereberes muertos, los tártaros muertos,  los soldados de la Unión muertos y todos los malos de las películas muertos estaban bien muertos. Y que la guerra que a veces en forma de soldadito de plomo, soldadito de goma, Fort Comanche de madera, escopeta de pistones, pistola de agua, arco con flechas de ventosa y una metralleta de aire comprimido que disparaba una especie de bolas de ping pong era una guerra tan santa y legítima como la que nos contaban de Don Pelayo, de Ricardo Corazón de León y del mismísimo Santiago Matamoros.

Y el Duende confiesa, además, que jugaba a la guerra y a matar malos. Y que ni siquiera le parecía algo desagradable, porque la sangre de los tebeos de Hazañas bélicas, del Guerrero del Antifaz, de Roy Rogers o del Capitán Trueno no pringaba nada. Y en las películas de Gary Cooper, Clark Gable y Robert Taylor y Errol Flyn, que mira que mataban y moría gente en ellas, apenas se veía una mancha roja. Se peleaban a puñetazos en el Saloon porque las vacas de Mac Cormack había invadido el rancho del magnate mal encarado, y apenas les quedaba un moratón en la mejilla. Hasta que en Grupo salvaje el audaz Sam Peckimpah nos enseñó que del agujero de una bala brota un borbotón de sangre, todo eran odios inocuos, guerras incruentas, dramas ingenuos. Y, sobre todo, buenos-buenos y malos-malos.

-Pues yo andaba muy cómodo  con el maniqueísmo-confiesa el Duende a su Pepito Grillo.

Había algunas sombras sospechosas. Por ejemplo, Stalin, que aunque aparecía en las fotos de Yalta entre los buenos, lagarto lagarto. Claro, que nada al lado de lo que pinta una película polaca de André Wajda, tan valiente y políticamente incorrecta como descarnada y brutal, que se titula Katyn, y que pasa discretamente por las pantallas. Stalin lagarto lagarto, no: cocodrilo, cocodrilo.

Qué tiene que ver esta guerra con la que aplaudíamos como locos en el cine del cole los domingos por la tarde cuando nos echaban Guadalcanal, Objetivo Birmania, Fuego en la Nieve o Los diablos de las colinas de acero. Aquellas del cine en blanco en negro, de los tebeos y los cromos hacían héroes de postal de Navidad, niños belicosos que no conseguíamos odiar del todo a la guerra. Pero apunten esta letanía truculenta: La lista de Schindler, Salvad al soldado Ryan, El enemigo en puertas, El pianista, El libro negro, y ahora Katyn, donde se cuenta cómo la matanza de veinte mil oficiales polacos que hasta la caída del muro de Berlín se atribuía a los nazis fue una fechoría de papá Stalin. Todas buenísimas. Sobre todo, para confirmar uno de los pensamientos más sublimes de Groucho Marx: cuanto más conozco a la especie humana, más amo a mi perro.

Confiteor Dei –soñaba el Duende esta noche, después de haber visto la última de estas terribles películas. Me confieso de haber imaginado que le daba un beso a tornillo a Marilyn Monroe y luego le tocaba las tetas...Y Dios se le aparecía encarnado en el ángel de Qué bello es vivir, y en lugar de imponerle penitencia le daba una bolsa de chuches.

-Toma, hijo…¡Si sabrás tú lo que es malo!…

La vida puede ser maravillosa


"Carpe pajaritum", podríamos decir. Porque si te metes en profundidades...

"Carpe pajaritum", podríamos decir. Porque si te metes en profundidades...

Cuántos amaneceres y atardeceres podría prestarle el Duende a los estetas. Y no necesitaría más que los de esta otoñada. Ayer tarde, sin ir más lejos. Ven, Escarlata, guapa, mira hacia poniente y vuelve a soltar tu frase: a Dios pongo por testigo…Era verdad. Qué brasas tan maravillosas las que parecía haber dejado el sol al acostarse tras la sierra de Gredos. ¿Quién puede comprar eso? Y estaba allí, gratis, a disposición de cualquiera que se parase y orientara su mirada al último resplandor de un hermoso día.

Y, dicho esto, cuántas amarguras, cuántas preocupaciones y cuántas penas. Un nuevo amigo  visitado por la enfermedad innombrable aquí, otro más despedido a la vuelta de la esquina, aquella buena amiga con depresión, ésta de cabeza porque su hijo se le escapa de las manos e inicia un camino de final imprevisible…El impacto que acusa la conciencia del Duende no siempre es proporcional a la importancia de lo que lo provoca. En el mismo fin de semana en que  se clamaba en forma multitudinaria por el derecho a la vida –qué tranquilidad no ser diputado para no votar ese proyecto de Ley del Aborto por fidelidad a la disciplina de partido-, un reportaje del periódico dominical le astilla sus escrúpulos de buen ciudadano. No es que arda el subsuelo de las Tablas de Daimiel porque la avidez de desarrollo ha secado las fuentes de lo que antaño fue laguna, que ya es preocupante. Es que ha leído en EL MUNDO que miles de caballos a lo que sus dueños no pueden o no quieren ya mantener desfallecen de hambre. Es la sequía más la crisis. Las fotos de estos pobres animales escuálidos, algunos de ellos agonizantes y ya picoteados por alguna rapaz impaciente, le atormentan, por insólitas, tanto o más que las de esas víctimas de los talibanes suicidas que hacen estallar bombas. Qué sensiblero e injusto es el ego. Puede que el día en que el mundo conoció el estallido de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, a alguien conocido le preocupara más un uñero en el dedo gordo de su mano derecha.

La vida puede ser maravillosa, decía Andrés Montes como muletilla que sonaba a insustancial. Quizás se lo creyera, pero se ha muerto a los veinte días de ir a esa escombrera donde desgraciadamente cada día se encuentran más parados.  El Duende agradece ser ciclotímico fugaz, o funámbulo por el filo de la vida que es como el filo de la sierra. En el pico más alto, se alimenta de atardeceres, de nietas, de dulce de membrillo, de algunos recuerdos y del humilde carbonero, un pajarillo precioso que ayer trinaba –vaya usted a saber por qué- como si fuera primavera. En la sima, se duele por cualquier cosa, se desespera porque en su cajón cada día aparecen más calcetines desparejados  o `porque, una vez más, le han cortado  el agua a mitad de ducha. Cuando la sima es más profunda de lo habitual, también se preocupa por el día de mañana, palabra.

La vida puede ser maravillosa. O una mierda, según se mire. El Duende no puede dejar de verla así, como un intermitente que salta del rosa al negro, las veinticuatro horas del día. Y entonces agradece mucho no ser Schopenhauer, sino un superficial que se desliza por el devenir como una pastilla de jabón ya gastada, que se escurre, se va diluyendo y cualquier día se va definitivamente por el sumidero. Pero eso sí, sin darle importancia. ¡Viva la superficialidad!

Una tentación invencible

Algunas tentaciones vienen tan protegidas que cuesta mucho trabajo llegar a verlas así...

Algunas tentaciones vienen tan protegidas que cuesta mucho trabajo llegar a verlas así...

Se la encontró en el supermercado y no supo esquivar su atractivo.

Angelín era un hombre educado en la austeridad y el sacrificio, y no cedía fácilmente a la tentación. Cuando era niño, estaba tan convencido de que el placer fácil equivalía a pecado, que ni miraba los libros de mujeres desnudas que se empeñaba en enseñarle  su amigo Pin Caporte ni se detenía en la pastelería de Elvirita.

-Eres tonto –le decía Pin- Si las mujeres desnudas fueran pecado, ¿qué le hubiera costado a Dios  vestir a Eva? Y sin embargo en todos los paraísos terrenales de los cuadros, ya la ves: en pelota.

Elvirita era casi una jamona, y aunque no iba tan ligera de ropa como Eva, no tenía el menor reparo  en despachar mostrando un osado escote con canalillo incluído. Pero más aún que sus carnes, resultaban irresistibles sus wambas rellenas de crema. Como el catecismo del padre Ripalda no decía nada de que soñar fuera pecado, Angelín dibujó en un papel una wamba de crema, la silueta de una mujer desnuda y el nombre de Elvirita, y todas las noches lo metía doblado bajo su almohada esperando que le provocase su sueño favorito.

En su sueño favorito, él miraba  una película del oeste por la tele –aún en blanco y negro- mientras  a su lado Elvirita, desnuda, le ofrecía en una bandeja un inagotable surtido de wambas de crema. Entonces Angelín desviaba la mirada de Tom Mix a Elvirita, y se inflaba de wambas mientras escudriñaba con la mirada el cuerpo de la pastelera. En realidad el sueño nunca apareció. Cuando en el papel, arrugado de puro viejo, se habían desdibujado la wamba, la silueta de la mujer desnuda y el nombre de Elvirita, Angelín hizo un burruño, lo tiró a la papelera y se juró a sí mismo que no cedería jamás a la tentación.

Pero ahora ya era un tipo maduro y solitario, y había algunas delicias que le seguían engolosinando. Esta, por ejemplo, le solicitaba desde que se vieron en el supermercado. Ya se adivinaba la Navidad, los comercios se abastecían de tentaciones y su corazón se mullía de sensibilidad.  Acércate –sintió que le decían- Ya te has resistido bastante, y bien mereces una recompensa. Llévame a tu casa y disfrútame a placer…Carpe diem, pringao.

No se pudo resistir. Se la llevó a casa dominando apenas su ansiedad. Pero cuando llegaron y se vieron a solas, dio rienda suelta a sus instintos más bajos y se precipitó sobre ella para arrancarla violentamente, como en las películas,  el traje que velaba su cuerpo. Angelín forcejeó inútilmente. No había manera. Primero un vestido que se sabía cómo desabotonar, luego una especie de camisa de fuerza imposible, más abajo una lencería impenetrable… Fuera de sí, se dirigió a la cocina, cogió el cuchillo jamonero y la emprendió a cuchilladas  con esas defensas que velaban el objeto de su deseo.  Hasta que, al fin, pudo verla desnuda y tendida  ante él. Cómeme toda, si es ese tu deseo-parecía susurrarle débilmente…

Y a fe que lo hubiera hecho con mucho gusto si, a esas alturas del sueño, la escandalera  no hubiera alertado a la Brigada de Actuación  Urgente ante la Violencia de Género. La cual  derribó la puerta y se topó, estupefacta, con un hombre desesperado que sólo había intentado abrir y probar una barra de turrón de Jijona. Con sus almendritas, su miel y su huevo perfectamente mezclados, sí, con su sabor de rey de los turrones, sí,  con esa melosidad que distingue a los placeres  más exquisitos, sí. Pero envasada  con un blindaje que no podría deshacer ni el mismísimo Fredy Krüger después de haber afilado sus garras en una fina acería albaceteña.

Obama y Zp, échale guindas al pavo

Llegó un civil con bigotes.../ Entró en el Despechpo oval / ¡A la orden, mis presidentes.../pa lo que quieran mandar!...

Llegó un civil con bigotes.../ Entró en el Despacho Oval / ¡A la orden, mis presidentes.../pa lo que quieran mandar!...

Antes de ser un simple jubileta, Homper, cómo no, soñó lo suyo.

No sólo con varias amadas imposibles, sino algo tan comprensible en la edad de la inocencia como ser héroe, santo o artista universal. Algunas noches soñaba que se ennoviaba con Romy Scheider y se casaba con ella en el castillo ese de Francisco José que salía en las películas de Sissi. Otras, que curaba cuerpos y almas como Albert Schweitzer o el padre Damian de Molokai. En otros sueños más esforzados se adelantaba a Amundsen y era el primero en poner el pie en el Polo Sur. Luego vino la vida con el formón de los rebajes, y a la vista de que su carrera le cortaba alas se conformó con pequeños suspiros de la imaginación. Uno de los últimos es escribir una zarzuela moderna que parodie con guasa castiza la España actual.

-No quiero morirme con esa frustración, como Luis Aguilé –le comenta a su tía Clota..

-Pobre, no lo sabía…-se  lamenta la anciana sin levantar la vista del punto-¿Sabes que a mí me hacía gracia? Me daba la sensación de que hacía su propia caricatura…Pero si tú tienes ese mismo capricho, no te prives…Aprovecha la entrevista de Obama con ZP. Y haz el favor de incluír como número fuerte una actualización del Échale guindas al pavo de Morena Clara¡No me digas que no tiene gracia que el Presidente de los Estados Unidos nos pida la ayuda de la Guardia Civil para acabar con la guerra de Afganistán!…

Y ella misma se pone a cantar como Imperio Argentina. Entró un civil con bigotes/ Ojú, qué miedo, chavó…/ Se echó un fusil a la cara/ Y de esta manera habló/ Echalé guindas al pavo…

Y Homper se ríe sinceramente. La pobre Guardia Civil, ese tricornio acharolado que es como la silueta del toro de Osborne de la España más negra. El benemérito Instituto, repartido por toda España en unas casas-cuarteles donde tienen que pedir vez para ir al cuarto de baño, y se asan de calor o se arricen de frío. El cuerpo armado que fundó el Duque de Ahumada, teñido de oprobio por la muerte de García Lorca, espanto de gitanos y de progres como los que nos gobiernan, dril verde y sueldo escasito, a mandar, que tanto obedecía a Azaña como a Franco o a  Zapatero. Y ahora, velay las cosas, objeto  de la negociación entre los dos líderes planetarios que arreglan el mundo desde la Casa Blanca. Ironías del destino. La misma Guardia Civil  de los cuadros de Gutiérrez Solana o de los Esperpentos de Valle-Inclán, tan pueblerina y leyenda negra, salvándole los muebles al buenismo universal que interpretan los dos  grandes pacificadores.

-Tomo nota-dice Homper-Y gracias por la idea…Ya veo un coro de picoletos irrumpiendo en el Despacho Oval bailando como la Imperio y Miguel LigeroEchale guindas al pavo/ Echale guindas al pavo que yo le echaré a la pava…Echalé guindas al pavo…/Que nos mandan a la guerra/ Lo pide la Casa Blanca…

Y encima el mismo día que los de la Memoria Histórica pretenden cambiar el Todo por la Patria de los cuarteles por un Todo por la Democracia. Todo por la Patria, por la Democracia o, como ironizaba ayer Carlos Herrera, por la Paz tria. Pero, échale guindas al pavo: todo con el denostado, arcaico y luego dirán que casposo tricornio de la Guardia Civil.

El álbum de los momentos embalsamables

Momentos así hay que guardarlos como sea...

Momentos así hay que guardarlos como sea...

Mientras no se resuelva lo del acelerador de partículas y la ciencia no nos asegure  la inmortalidad,  habrá que ir pensando en cómo perpetuar lo bueno de la vida.

Roberto Casarrubio era un compañero de trabajo del Duende que dibujaba  como Leonardo y pintaba como quien quisiera. Se enamoró de Bárbara, nacida en Alemania y dueña de un rostro luminoso como el reflejo del atardecer en una jarra de cobre. Entre anuncio y anuncio- entonces en la publicidad había artistas que concebían una página como un cuadro- Roberto miraba a su bella pareja y pintaba en expresionista. El Duende se acuerda de él cada vez que visita el Thyssen. Si el arte no estuviera tan indispensablemente ligado al marketing, podría estar ahí.

 Roberto vivía en un estudio abuhardillado, y tenía una perra a la que amaba casi tanto como a Bárbara. El pobre animal perdió un colmillo, y el bueno de Roberto se gastó cincuenta mil pesetas de la época en implantarle otro de oro. Como la perra carecía de la coquetería de  la Preysler,  era feliz luciendo su dentadura de Epulón canino. Roberto además decidió aprender a tocar el violonchelo pasados los cuarenta años, e incorporó a la familia un mono. No se sabe si también los vecinos, pero Bárbara, la perra  y el mono convivían muy contentas con aquel genio. Porque Roberto, además de sensible y superdotado,  era un amigo entrañable y divertido al que se le ocurrían ideas muy originales.

-Qué maravilla de niños-dijo un día que vio a los hijos del Duende, entonces aún tres criaturas rubias y angelicales- ¿Y si les echamos el fijativo ese que tenemos en el estudio para que se queden así?

El fijativo era un barniz que se espolvoreaba sobre los bocetos a lápiz y pastel para evitar que se difuminasen. Siempre que el Duende  vive momentos especialmente gratos para los sentidos, lo echa de menos. Le sobra la máquina del tiempo de H.G. Wells, porque no le interesa ni revivir el pasado ni asomarse al futuro. Su vida fluye tan veloz que todo es un presente en escapismo constante. Salvo que lo atrapemos con el fijativo del amigo Roberto y lo conservemos con la fragancia de la vida.

Domingo 11 de octubre de 2.009. En el campo. Ha llovido algo, y el pasto empieza a retoñar. Días luminosos. Aunque ya amarillean algunas hojas, los árboles parecen haber recobrado súbitamente algo del ya lejano verdor primaveral. ¿Su canto del cisne?…Temperatura deliciosa. Escribo el post por la tarde, al aire libre, escuchando el rumor de la fuente: un chorrito culebrino y juguetón que asoma entre una cortina de romeros florecidos. Los madroños empiezan a exhibir sus bolitas coloradas, mientras en el bancal de arriba lucen, amarillos, los membrillos. Vocecillas de las niñas, que siguen jugando, incansables, con los cachorros. De vez en cuando, un erizo de castaña que impacta sobre la hojarasca del suelo. De cuando en vez, el aleteo de los rabilargos, que aún acuden a rapiñar las últimas uvas de la parra. Recuerdos de mi madre, de algún amor, destellos fugaces de otros momentos felices. Esto pide un verso, pero lo que de repente suena son los acordes de un Bach básico que aporrea Juan desde el piano del salón. La felicidad debe de ser un mosaico de percepciones semejantes. Esto no pide un verso, pide que vuelva Roberto con su fijativo y empecemos a componer el Álbum de los momentos embalsamables.

Conoce tus fuerzas…ocultas

 

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda  maquillar algo la cruda realidad...

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda maquillar algo la cruda realidad...

Barak Obama es en sí mismo eso que ahora llaman un mantra. O sea, una fórmula de encantamiento cósmico que a él le ahorra mayores esfuerzos para triunfar. Por lo que piensa, lo que dice y lo que parece, el resto de la humanidad le hace la ola. Sólo los consabidos talibanes irreductibles le niegan su inteligencia y su liderazgo. Bush, que era torpe y encima poco simpático, se lo había puesto bien fácil. Pero de ahí a concederle a su sucesor el Premio Nobel de la Paz  por lo que hasta ahora ha sido sólo un sombrerazo de buenas intenciones, va un trecho.

-Mis amigas Edwina y Thelma están encantadas- dice la tía Clota- Ven la historia de Obama como una película de Frank Capra…Pero yo para chincharles les he dicho que este premio sólo es un desagravio por el feo del Comité Olímpico la semana anterior. Total, como las dos cosas vienen de Escandinavia, y ellas apenas distinguen…

-En España pasa lo mismo con algunos premios literarios-dice Homper- Se presentan cientos de novelas en sobres cerrados y bajo seudónimo. Pero luego casualmente el premio se lo lleva un escritor conocido que vende estupendamente.

-Ya entiendo… No dan puntada sin hilo.

-Elemental, tía Clota. Los premios son para los que se los merecen…y además dan lustre, claro.

Mantiene la tía Clota que antes que a Barak Obama deberían  haberle dado el Premio Nobel de la Paz…¡a Zapatero! Y como Homper se cae de culo de la sorpresa al escuchar semejante boutade, ella se explica.

-Mira, sobrino…No sólo fue el primero en hablar del talante y el diálogo como panacea universal. Sino que se sacó de la manga eso de la Alianza de Civilizaciones, que supongo que sonará muy bien en la Academia de Suecia. Y además, acabo de ver en la tele un anuncio de la campaña del Ministerio de Defensa y aparece Concha Velasco con un lema que dice: CONOCE TUS FUERZAS…Pueden ser tus fuerzas físicas, tus fuerzas mentales, las fuerzas eléctricas, las fuerzas vivas de tu pueblo, las fuerzas sociales…Nunca vi un ejército tan disimulado. Más pacifismo y les visten a los soldados de hermanitas de San Juan de Dios.

Subraya  Homper con una sonrisa la maldad de su anciana tía. Y se queda perplejo preguntándose cómo, puestos a premiar,  no dan un Nobel de la Gilipollez a los que, maquillando las palabras, pretenden  convertir la amarga realidad de la guerra en algo así como La ciudad de los muchachos. Y se acuerda del cabo Cristo Ancor, que en paz descanse. El creía combatir en unas fuerzas armadas, y seguramente estaba dispuesto a morir por la patria en Afganistán. Pero cayó perteneciendo a unas fuerzas innominadas y en un lugar donde, como en cualquier otra parte, sólo ocurren accidentes

 

 

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